Huahua, para saber quiénes somos y de dónde venimos

Huahua, para saber quiénes somos y de dónde venimos
José Espinosa y Citlalli Andrango presentaron Huahua en el Festival Internacional de Cine Documental, los EDOC. Una película honesta acerca de la identidad quichua-otavalo, del arraigo y el futuro de un niño por nacer, y que intenta responder a la pregunta más importante en la vida de esta pareja: en qué mundo, en qué cultura y con cuál identidad será educado.
11 de Mayo del 2018
Redacción Plan V

Jueves 17 de mayo, Incine Sala 3/19h00, Sábado 19 de mayo, Cumandá Parque Urbano / 16h00

Este es el testimonio de José Espinosa (Joshi):

Huahua es básicamente la historia de cómo los padres vamos a criar a los hijos, pero en nuestro contexto, como quichuas, creemos que nuestra identidad se va definiendo por el espacio en que se desarrollan los huahuas. Huahua es una palabra en apariencia simple, pero implica todo. Desde concebir al bebé y cómo va creciendo.

El cine qe vengo haciendo está vinculado a mi entorno social y siempre busco autoretratarme. La película nace de un miedo que Citralli y yo tenemos como pareja, el cual es: qué hacer si vamos a tener un hijo, dónde lo criamos, si en la ciudad o en el campo. Esto pasa en mi casa, en mi familia. Tengo un hermano casado con una mujer rusa, otro casado con una estadounidense, otro con una venezolana. Cada sobrino tiene su propia identidad, muy alejada —lastimosamente— de la nuestra. Y digo lastimosamente por que mis papás y mis abuelos quieren que tengamos su identidad; pero la globalización ha hecho que cada uno de estos sobrinos, que han crecido en otros espacios, tengan su propia identidad y no las que mis papás quisieran.

Lo otro de la película es que nosotros también nos cuestionamos sobre nuestra identidad. Creo que es algo que los quichuas-otavalos tenemos, no podemos definirnos de un modo u otro sino que hay ahora una variedad de identidades

En nuestro caso, si yo voy a criar un huahua aquí, lo ideal para mi es que crezca con las cosas que mis papás me inculcaron. Y no solo en casa sino en la historia, la propia dieta que tenemos, que es muy estrecha con los granos, que estamos mucho más apegados a la tierra... Creo que todo eso define la identidad del huahua. Lo otro de la película es que nosotros también nos cuestionamos sobre nuestra identidad. Creo que es algo que los quichuas-otavalos tenemos, no podemos definirnos de un modo u otro sino que hay ahora una variedad de identidades, que se han creado a partir de una raiz, pero no es que estas nuevas identidades han creado conflictos dentro de nuestra sociedad; al contrario, creo que estas nuevas identidades se han creado para que sigamos sobreviviendo en el tiempo. Creo que la raiz se mantiene, a pesar de ser un quichua urbano, o un quichua del campo, porque a pesar de que se han modificado cosas tiene un nuevo tipo de identidad, pero han conservado la raiz, y creo que se trata de eso: de cómo ir adaptándose en el tiempo y en el espacio.

 

Un quichua es una persona que habla el idioma quichua. Para nosotros implica mucho más. Por ejemplo, tengo el cabello largo y habo y entiendo el quichua; pero para algunas nuevas identidades ser quichua no implica tener el cabello largo, es más, algunas identidades no lo tienen, pero se identifican como quichuas porque o sienten dentro. Otros dicen que es quichua quien está en la parte rural, cerca de la tierra y otros dicen: no, yo vivo en la ciudad, pero uso la vestimenta tradicional y soy quichua. No hay una definición rigurosa de qué es ser quichua, nuestra película trata precisamente de esas diversas identidades que se han creado en el tiempo.


Fotograma de la película Huahua. Citlalli Andrango, en la gráfica, es la pareja de José Espinosa, director de la cinta.

Citlalli se hizo la pregunta: ¿cuál identidad asumo? Ella es hija de una padre quichua y su madre es mestiza mexicana. Ella, Citlalli, se asume como una mujer quichua de Imbabura. Ese es importante, porque te define de dónde eres y quién eres. Pero ella también dice: dentro de mi habita otra identidad, que es la mexicana y también la mestiza. Y ella dice que puede convivir con todas estas identidades: ser mestiza mexicana no hace que sea menos indígena y viceversa. Yo soy un quichua urbano, porque nací y crecí en la ciudad de Otavalo. Tengo otra realidad; mis papás vienen siendo cristianos evangélicos y tuve una educación muy distinta al resto por la idea de estar más apegados a la Iglesia. Lo rico de eso es que todo esto nos hace ser orgullosos de algo.


El rodaje de la película duró seis semanas, y tuvo varias locaciones en Quito y Cotacachi.

El largo camino de la identidad

Cuando era adolescente. como todo otavaleño decidí emigrar. Viví casi diez años en Estados Unidos, en Portland y Seatle. Yo era uno de los pocos indígenas en el colegio donde estaba. Yo era el indio del colegio y me gritaban y ofendían y tenía roces con la gente. Me llegué a preguntar si el que estaba mal era yo. Fuera del país es donde me doy cuenta que yo no tenía nada malo. Que era distinto, pero nada negativo. Y ahí asumo que no debería darme vergüenza ser indio. Cuando uno es muy chico le afectan esas cosas. Así que mis papas me mandaron donde un hermano mío. Esas dos ciudades son mucho más abiertas, más progresistas y tienen otro tipo de visión. Estar ahí me cambió la vida y retorné sabiendo que no tenía por qué avergonzarme de ser indígena. Allá tenía mi vida "hecha" pero me faltaba algo, que era estudiar. Yo era un inmigrante ilegal, trabajaba en el comercio y la música, lo que hacen los otavaleños. Nada de cine aún, tenía acercamientos con la fotografía, me compré mi primera cámara, de rollo... luego salté a lo digital, a las computadoras. Mi hermano empezó grabando música y vendia sus discos. Yo decido regresar a estudiar cine, no sabía por qué pero era el cine. Regresé al Ecuador a los 26 años de edad y entré a Incine, me preparé y ha sido un proceso un tanto largo para este, mi primer largometraje, pero ha valido la pena.

La idea de aubiografiarme, o autograbarme viene de Incine. Camilo Luzuriaga tiene en su programa una manteria que se llama Autorretrato. Huahua nace en un grupo de amigos y con un proyecto. Tenía el proyecto sobre las nuevas identidades de los jóvenes, pero algo me faltaba. Pero no había lo que me gusta hacer: retratarme. Y con Citlalli dijimos: hagamos un guión entre los dos y hablemos de un miedo de los dos, y este es respondernos qué hacer si tenemos un hijo, dónde lo criamos. Es un miedo verdadero, y la premisa es verdadera. La idea del documental, es una docuficción, es que el embarazo de Citlalli sería "falso" pero todo lo demás gira en crear el ambiente alrededor de esta hipótesis para ver las reacciones de las personas a nuestro alrededor y con nosotros mismos. Cuando a ella le ponemos la barriga, se empiezan a generar cosas, a preguntar cosas del embarazo... cuando se interactúa con la familia todos entramos en el papel de creernos que estaba embarazada. Es un ejercicio que salió muy bien.

La película, desde la idea a la proyección, duró cuatro años de labor. El rodaje fue de mes y medio, la edición duró dos años y un año más tomó la banda sonora. Decidimos trabajar con el grupo El trencito de los Andes, que ahora se llama Laboratorio del huevo cuadrado. Son músicos representantes de la tradición de Imbabura, pero no son quichuas, son italianos. Ellos vieron primero la película y decidieron apoyar con la banda sonora, pero lo hacían a su tiempo porque era un apoyo con paga mínima. Es muy importante que tenga banda sonora propia, pensada en cada escena. En financiamiento, la patada incial la dio el Consejo Nacional de Cine. Ganamos un premio llamado Premios Comunitarios, de USD 12.000 y era para un cortometraje. Pero el proyecto tenía su potencial para largometraje y decidimos lanzarnos. Pero ese dinero no alcanzaba ni para la primera etapa, pero al principio trabajamos con un crew (equipo técnico) de diez personas y todo se fue en sueldos. Lo demás han sido ahorros de nosotros como pareja y apoyos familiares y de amigos, hornados solidarios, rifas solidarias... También hemos tenido apoyos técnicos en especie.

Nosotros, como pareja, ya resolvimos el conflicto de dónde criar al huahua, pero lo que nos interesa es dejar planteadas las preguntas. Dónde criar un huahua, cómo hacerlo. Qué identidad vamos a construir con él. No solo como un tema inherente a los quichuas, sino para todo el mundo. Nos ha pasado con el público que la ha visto: un chico nos dijo "yo no sé que soy ahora" y otro se preguntaba cómo mismo dirigirse a nosotros, porque no sabía si el término correcto era indígena o era quichua. Y han reconocido que el término longo o "longuear" es incorrecto.  Y también es bueno que nos cuestionemos sobre qué es ser ecuatoriano, que es un tema de identidad que aún no resolvemos, porque siempre hemos querido ocultar nuestra parte indígena y hasta rechazarla. Y hay que tratar de asumirla, porque todos somos una mezcla de un montón de cosas.

Creo que Huahua es una película honesta, nosotros somos honestos con el tema que planteamos, y ese hace que el público se haya indentificado. En al festival de cine en Cuenca la película recibió el premio del público. Las dos muestras en Cuenca las dos muestras tuvo público lleno, no lo esperábamos porque somos desconocidos en el medio, pero fue el trailer de la película lo que motivó. Presentarla al público es cerrar el círculo. Que le guste o no, ya es otro tema.