La literatura ecuatoriana también tiene rostro de mujer

La literatura ecuatoriana también tiene rostro de mujer
Observadoras, sensibles, minuciosas, inquietas. Así podría describirse a las tres escritoras que este 2015 lograron reconocimiento internacional con sus obras. Los textos de María Fernanda Ampuero, Sabrina Duque y Gabriela Alemán obtuvieron premios y/o nominaciones de las organizaciones más relevantes de escritura. ¿Cómo y por qué lo hacen? Ellas responden.
14 de Diciembre del 2015
Desirée Yépez

María Fernanda Ampuero:
“Era escritora antes de saber escribir”

María Fernanda Ampuero está enferma. Sí, es portadora de un virus incurable: la pasión por la escritura. “Nunca dejo de escribir, nunca. Eso es como un virus, como una enfermedad incurable. Es como tener un trastorno obsesivo compulsivo. Tú me cuentas algo y yo pienso ‘qué buena historia sería esta’”.

La conversación con la guayaquileña, radicada hace una década en Madrid (España), transcurre vía skype. A través de su voz -dulce, aguda- es posible acercarse a un personaje que vive desde las letras, que habla y escribe sin tapujos.

Como buena ‘guayaca’ María Fernanda habla sin parar. “Mi mamá dice que yo la corregía cuando ella me leía libros, antes de saber leer. Por los ‘dibujitos’ yo le decía ‘no, ahí dice tal cosa’… Como que era escritora un poco antes de saber escribir. Creo que más bien era la obsesión, la locura por ser lectora, mi desesperación por leer yo misma”, explica.

Su desenfreno por las palabras, que se traduce en talento, ya ha sido reconocido a escala internacional. De hecho, este 2015 obtuvo el primer lugar del V certamen de relato y narración oral Los hijos de Mary Shelley, en España. El concurso nació con el objeto de difundir la ficción y la narrativa de terror. La ecuatoriana participó con el cuento ¿Quién dicen los hombres que soy yo?

La relación de María Fernanda con la literatura data desde su niñez. Es por eso que llegada la adultez optó por esa carrera en la universidad. “Estudiaba para dar clases. A mí me gustaba escribir, leía, y había que ganarse la vida”. Para ella la docencia pintaba el mejor de los panoramas.

Pero la vida no quiso que ella fuera solamente la ‘profe Ampuero’. Un curso para producción radial mandó al garete todos sus planes.

“Alguien me dijo que abrirían unos cursos de radio. Esta es una historia rarísima porque si yo tenía distancia con el periodismo, más con la radio. Estaba sin hacer nada y fui”. Los profesores del taller eran dos periodistas de la BBC, a quienes Ampuero los recuerda como fascinantes. “Gente que había estado en guerras, en momentos históricos, con trayectorias vitales que me fascinaron”. Con ellos se gustaron, se cayeron bien, y en el proceso de hacer programas con enfoque radial, la escritora se enganchó con la posibilidad de hacer mini crónicas, de poder contar historias.

María Fernanda fue la única persona del curso que dio el salto al periodismo. Casi sin darse cuenta, la cronista se internó en la redacción de diario El Universo, empresa que estaba a cargo de la emisora radial. “Me pusieron en economía. Esta es una parte absolutamente horrible de mi vida, que la recuerdo con espanto. Lo único que puedo hacer es agradecer a los compañeros que estaban en esa época, al editor Rubén Darío Buitrón que vio más allá de mi mediocridad e incompetencia absoluta para redactar dos líneas de economía”. La periodista en formación lloraba todos los días en el baño, sin excepción, y era el hazme reír del periódico.

“Había sido profesora, no estaba acostumbrada a ir a ruedas de prensa, no sabía qué preguntar. Soy de letras, jamás sumé dos más dos”. La guayaquileña describe esa etapa como uno de los círculos de  La Divina Comedia, de Dante. A pesar de las vicisitudes había algo en ella que la impulsaba a seguir. Y estaba en lo cierto. Su editor asimiló que su talento era contar historias con color y con personajes. De ese modo dio el paso a desarrollar otra tónica. “Estaba en mi papayal, porque eran temas humanos, cercanos. Era muy divertido, en primera persona, me metía a los recovecos de la ciudad a explorar…”.

Para el 31 de diciembre de 2004 ya estaba en un avión con destino a España. María Fernanda quería ser testigo de un suceso histórico,  y el proceso de migración que arrancó desde el 2000 era uno de ellos. “Me llamaba la atención pensar en esa gente que venía y cambiaba el rostro y cada casa del Ecuador. Un fenómeno histórico que también se manifestaba aquí (España). Me fascinaba entender cómo el mismo fenómeno cambiaba dos países a la vez”.

A su llegada, la cronista se encontró con una sociedad que no era la suya, con la categoría de extranjera, algo que no había vivido. Si bien vivió una temporada en Argentina, su arribo a Madrid fue distinto. “Ser extranjera pobre es lo que es ser inmigrante. No tiene nada de romántico ni nada de atractivo, ni interesante, ni folclórico”, enfatiza.

Con su experiencia profesional, la escritora consideró que sería fácil encontrar trabajo y compenetrarse en la sociedad, pero no fue así. De todos modos, nunca calló. “Me esforcé por contar las cosas, por entrar a los sitios, por hablar con la gente, por que me cuenten y luego contarlo, por intentar acercarme lo más posible a la realidad e intentar que se comprendiera lo que es ser inmigrante”. A través de la escritura logró abrirse un espacio en la capital española. “Intentaba escribir donde podía, a veces sin cobrar, estando por todos lados, luchando, luchando mucho, mucho, mucho”.

Fue tal su perseverancia que en 2012 fue nombrada una de los 100 latinos más destacados e influyentes de España. Ese año también ganó el premio de la Organización Internacional de las Migraciones para la Mejor Crónica.

María Fernanda Ampuero lo hizo. Luego de repartir tarjetas telefónicas, ahora puede jactarse de vivir plenamente de su oficio: escribir. Es profesora del máster del periódico ABC y la Universidad Complutense de Madrid, también de La Casa del Lector. Además, escribe para las revistas Diners, Soho, Clave (Ecuador); Piauí (Brasil); Frontera D (España); Anfibia (Argentina)…

Actualmente también escribe un monólogo del cual no quiere decir más. Esta sería su segunda producción teatral, luego de La Señora Lola.

Al preguntarle si está en sus planes volver a Ecuador, María Fernanda dice que ya no hace planes. Por ahora es feliz en Madrid, pues es el lugar que eligió. “Aquí está mi casa, mi dirección”.

Sabrina Duque:
“Los peores tiempos siempre
traen los mejores relatos”

Gabriel García Márquez ya sentenció que hay que contar el cuento, y contarlo bien. Esa es la premisa de Sabrina Duque, ecuatoriana que este 2015 fue nominada en la categoría texto de la tercera edición del Premio Gabriel García Márquez. El reconocimiento lo otorga anualmente la Fundación de Nuevo Periodismo Iberoamericano (FNPI) y es uno de los más importantes en el quehacer periodístico.

Sabrina cuenta historias reales. A diferencia del ‘común’ de los periodistas, ella se toma su tiempo. Algo que califica como un lujo, en un momento en donde la inmediatez se impone. Le gusta “contar personas” y narrar las cosas que las vidas de esas personas puedan enseñar, llamar la atención, abrir los ojos… Pueden ser futbolistas, directores de dibujos animados, neurólogos o sonidistas de cine. Así como Vasco Pimentel, el protagonista del perfil que le mereció la nominación de la FNPI.

Cuando la guayaquileña se graduó del colegio, a sus 17 años, recibió Noticia de un secuestro, de García Márquez, como regalo. “Me sedujo tanto que quise escribir algo así, se convirtió en un sueño”, comenta. Es así que a los 18 años ya era pasante en la redacción de diario El Comercio, en Guayaquil. Fue periodista de prensa escrita hasta los 30 años.

Su afán era ser “discípula” de Alma Guillermoprieto, cronista mexicana. Quería escribir no ficción, buena no ficción, y en el diario escribió retazos de lo que era su sueño. Al salir de El Comercio decidió alcanzar su meta.

Lo que hizo fue conseguir el correo electrónico de Julio Villanueva Chang. El cronista peruano es fundador y editor de la revista Etiqueta Negra. “Él es y siempre será el editor de mis sueños”. Sabrina no perdió el tiempo y le propuso un tema: las cincuentonas en Río de Janeiro (Brasil).

La periodista vivía en la ciudad carioca cuando se puso en contacto con Villanueva Chang. Sucede que ella es una trotamundos, es de las que arma maletas y se instala, temporalmente, en algún lugar. La primera vez que lo hizo fue cuando estudió durante un verano en Alemania. “Conversar con la gente mientras esperas el metro, ir al mercado… Todo eso te da otras formas para ver el mundo”, explica. Sabrina incluso aprendió cinco idiomas para salir a contar el mundo, así como lo hace Alma Guillermoprieto. Pero el azar le puso a un diplomático en el camino, con quien decidió hacer su vida y es por eso que anda de “gitana”. “Me encanta vivir, entrar en una cultura como una invitada, pero alguien que se va a demorar en partir. Estoy siempre lista para mirar al mundo con ojos de recién llegada”.

Entre idas y venidas, la historia de las brasileñas no fue la primera que publicó en Etiqueta Negra. Fue una sobre Cristiano Ronaldo, pues para aquella época ya estaba en Lisboa (Portugal). Sabrina no se considera una ecuatoriana arraigada. Es hija de un exiliado cubano, entonces fue criada con la idea de "volver" a la tierra de su padre. “Estoy lista para irme en cualquier momento. No me tomo las idas y venidas como algo tan serio”.

La relación con el editor peruano y la cercanía con la corriente del ‘nuevo periodismo’, ese 'género' que permite trasladar a las personas al lugar donde ocurren las noticias y conmoverlas, la acercó a la cronista que quería ser. “Aún no llego a mi ideal, pero siento que di un salto enorme y me acerco a lo soñado”.

De hecho, Julio Villanueva le regaló el personaje con el cual obtuvo la nominación de la FNPI. El editor de Etiqueta Negra quería escribir el perfil de Vasco Pimentel y comenzó a hacerlo en Lima. Luego el sonidista volvió a Lisboa y a su vida de cineasta. Julio quería cazarlo para escribir. “Yo había estado haciendo un seguimiento de Vasco, tomando apuntes por un año, para dárselo de regalo a Julio. Pero cuando él (Julio) vino a Lisboa se dio cuenta de que no podría hacerlo. Y me lo encargó. Me quedé emocionada y feliz, pero también aterrorizada”, recuerda.

También fue el peruano el que insistió para que envíe el texto al concurso, ella accedió en el último momento. “La nominación es el mayor honor que podía imaginar. Hasta ahora no lo supero. Ir a Medellín y encontrarme con toda la gente que estuvo allá, escuchar las ponencias, las conversaciones de estos grandes periodistas. La noticia de la nominación casi me causa un infarto”.

Si bien no ganó, la nominación ya supone un premio entre más de 1000 trabajos enviados al concurso. En ese contexto, la mirada de Sabrina es esperanzadora frente a la crisis que enfrenta el periodismo a escala mundial. “Los peores tiempos siempre traen los mejores relatos. Contar historias también es poner a la gente frente a un espejo y hacer que miren cosas que a veces prefieren ignorar”.

Gabriela Alemán:
“El periodismo literario sí es un recurso
para enfrentar el autoritarismo”

Al buscar a Gabriela Alemán para incluirla en este artículo no fue posible concretar una entrevista. La escritora estaba en Bogotá (Colombia), participando de las actividades previas al Premio García Márquez. Sin embargo, resulta injusto no hacer un repaso por su actividad literaria al ser de las más destacadas.

Para muestra, el más reciente reconocimiento. Gabriela fue finalista del Premio Hispanoamericano de Cuento Gabriel García Márquez 2015,junto a otros cuatro escritores de Latinoamérica. El premio es considerado como el más importante de narrativa en español.

Su más reciente libro, La muerte silba blues, fue la obra que peleó consagrarse como la mejor del galardón. En una entrevista concedida a diario El Tiempo, la escritora explicó que todos los títulos de los cuentos que recopila en su obra son de películas de ‘Jess’ Franco, director de cine español. Además, el blues es un género que, de alguna manera, recorre todos los textos de la colección. En ese sentido, ella la describe como una música desgarrada, que habla de pérdidas y traiciones. “Los cuentos, todos, tienen la pérdida como trasfondo”, indica.

La historia del aterrizaje marciano en 1949, que generó en el incendio de Radio Quito, es el cuento más largo y el que abre la colección. Hay otro que tiene forma de diario, sobre una mujer extranjera que vive en la Amazonía ecuatoriana en los años 30 del siglo pasado.

El Diario del Huila, de Colombia, también recogió declaraciones de la ecuatoriana sobre su producción literaria. “El cuento tiene un envión, una fuerza que viene de su forma que no tiene la novela. No sé si yo lo elegí o lo que quería contar me eligió y el mejor medio para hacerlo era el cuento. Además, tenía ganas de experimentar con la forma del libro, armarlo como un rompecabezas y el ciento me ofrecía esa responsabilidad”.

En ese sentido, otros de los títulos que permiten recorrer su trabajo son Poso Wells, Body Time, Fuga permanente, Zoom, Maldito corazón y Álbum de familia. Las letras son el centro del mundo de Gabriela. Y eso quedó claro en marzo de 2014 cuando obtuvo el primer lugar del premio CIESPAL, de crónica. Su texto, Los limones del huerto de Elisabeth, fue el ganador.

La crónica, de aproximadamente 30 000 caracteres, aborda la vida de Elisabeth Nietzsche, hermana de Friedrich Nietzsche, y su intento por construir una colonia alemana en Paraguay, a fines del siglo XIX. Alemán también ha editado textos en Colombia, Perú, Cuba, Paraguay, Uruguay y España. “Son algunos años de escribir y aprender. El premio me alegra mucho por ser de crónica. He trabajado con grandes editores como Leila Guerriero, Camilo Jiménez y Diego Fonseca”, decía en aquella entonces durante una entrevista concedida para Plan V. En esa conversación que reflexionó sobre el periodismo literario, ella reconoció que dicho género “sí es un recurso para enfrentar el autoritarismo”.

Incluso el escritor mexicano Jorge Volpi, incluyó a Gabriela Alemán en su lista de narradores destacados en la literatura actual de América Latina, de su ensayo ‘El insomnio de Bolívar’.