El Carpazo, Terrasónica y otras locuras...

El Carpazo, Terrasónica y otras locuras...
Cada vez son más y mejores las iniciativas que, sin fondos públicos, se desarrollan en la Capital. Son festivales privados que cuentan con la presencia de artistas nacionales e internacionales.
11 de Mayo del 2016
Desirée Yépez, enviada especial a Brasil*

La música es un punto de encuentro. La idea está clara para los gestores culturales quiteños que desarrollan e impulsan iniciativas en torno a ese arte. Es así que cada vez son más los proyectos de festivales que, exitosamente, se presentan en la Capital. Lo interesante es que los promotores logran que el público pague por una entrada con el fin de ver a artistas nacionales e internacionales con una propuesta alternativa e independiente. Además, estos espectáculos se autogestionan y prácticamente no reciben un centavo de las arcas públicas.

El Cumbión, Saca el diablo, El Carpazo y Terrasónica suenan en la escena independiente y destacan por la calidad de la curaduría. En redes sociales se constata la expectativa y la acogida que generan estos espacios. El próximo 21 de mayo y 11 de junio es el turno de Terrasónica y El Carpazo, respectivamente. Sus organizadores se refieren al proceso de producción.

Terrasónica: fusión de música y medio ambiente

El pasado 27 de marzo el anuncio de la llegada de Natalia Lafourcade a Quito generó conmoción en Facebook. Una publicación indicaba que la artista mexicana, ganadora de seis Latin Grammy, se presentaría en la capital el próximo 21 de mayo como parte de Terrasónica. Entonces la pregunta ¿de qué se trata?

Ivis Flies, uno de los mentalizadores del proyecto, explica que Terrasónica surgió hace un año y medio, cuando Steven Degenais ‘Stich’, músico y gestor cultural,  planteó la idea. El concepto del festival nació de fusionar la música y el medio ambiente. Se trata de un proyecto al aire libre, que contará con espacios recreativos, participativos y de aprendizaje sobre temas afines al cuidado de la naturaleza.

El sábado 21 de mayo se desarrollará la primera edición del festival, donde además de tres artistas internacionales y tres nacionales habrá conferencistas, talleres, yoga, una feria ambiental  y ‘food trucks’. “La idea es llevarle a la gente una experiencia bacán, que se aprenda algo y se reflexione sobre la propuesta”, comenta Flies. Natalia Lafourcade es la protagonista del cartel. Pero en el escenario también estarán Tulipa Ruiz (Brasil), Alibombo (Colombia); y los ecuatorianos Bueyes de Madera, Mateo Kingman y los Swing Original Monks. “Una de las potencias de Terrasónica es la curaduría”, afirma su organizador.

El proyecto es un emprendimiento privado, absolutamente autogestionado desde sus productores y no cuenta con apoyo estatal. Para lograrlo, Flies explica que se depende de armar un buen equipo de trabajo distribuido en la producción, levantamiento de fondos y comunicación. Magui Tavella es una de las piezas claves. La argentina es la productora general de Music Wins, de Buenos Aires, uno de los espacios más importantes de música independiente en la capital porteña.

En la primera edición del festival que se desarrollará en la Quinta San Luis de Lumbisí se espera un aforo de aproximado de 5 000 personas. Los asistentes pagarán una entrada de aproximadamente 50 dólares (USD 45 hasta el 15 de mayo y USD 48 desde el 16 de mayo hasta el día del concierto). En ese sentido, Flies dice que emprender en Ecuador es duro. “Vivimos en un país en donde el entretenimiento para adultos es casi tomado como delincuencia. La represión policial hacia los actos de emprendimiento cultural es agresiva. Hacer cultura es un camino lindo, pero no tenemos ninguna facilidad… Ni siquiera se aprueba la Ley de Cultura, después de que se envió el primer borrador a la Asamblea Nacional hace ocho años. Se ha cambiado nueve veces de Ministro… Parece que no somos un sector importante en la sociedad y para nada prioritario. Seguimos siendo un sector artesanal”, reflexiona.

El gestor cultural critica el que no se entienda que el entretenimiento, la cultura, hace bien a la comunidad. “Nosotros dependemos de nuestras ideas y nuestro empuje”, concluye.

El Carpazo: una experiencia que rompe con la monotonía

El Carpazo nace de la necesidad de búsqueda y creación de un espacio en donde se pueda hacer música en buenas condiciones. Por USD 42, es posible escuchar el próximo 11 de junio a 15 bandas, disfrutar de una feria de diseño y arte independiente, un escenario lúdico, un patio de comidas y bebidas y una rueda moscovita. Es una experiencia enmarcada en el concepto de un día perfecto, un momento que rompe la rutina y la monotonía. 

La iniciativa se realiza desde hace cuatro años, de manera enteramente independiente y autogestionada. Para hacerlo, José Fabara explica que recurren a recursos que ahorran de ediciones anteriores. La organización también cuenta con gente cercana, familiares, que invierten en el proyecto. “Todos los años nace de un capital semilla y confiamos en la comunidad que compra la entrada. Esta es la cuarta edición y la mayoría de ingresos proviene de la venta de boletos”.

En la tercera edición de
El Carapazo, aproximadamente 3000 personas pagaron por asistir al festival. Este año se espera que el número de asistentes se incremente.

El Carpazo requiere de una inversión inicial de aproximadamente 30 000 dólares y no tiene apoyo de fondos públicos. Fabara, uno de sus organizadores, indica que aún hay prejuicios que dificultan el desarrollo de este tipo de proyectos. “La sociedad todavía ve la música y el arte como algo de vagos y bohemios, especialmente el rock. El Estado tampoco lo ve como una fuente de trabajo e ingresos, desconociendo la cadena de producción que se genera alrededor”, señala. Aproximadamente 200 personas se involucran para que el festival pueda llevarse a cabo. A ese dato hay que sumar a los proveedores de alimentos, sonido y los dueños del lugar a quienes se alquila el espacio…

“En ciudades como Buenos Aires, Santiago de Chile y Bogotá se ha calculado que la cultura genera el 5% del Producto Interno Bruto (PIB). En esas capitales hay una ola de festivales que ha permitido que la gente se cuestione por qué en Ecuador no pasa lo mismo. Aquí hay público dispuesto a pagar una entrada para ver a la banda que le gusta”, acota Fabara. Y las cifras le dan la razón.

El público de El Carpazo crece anualmente. Durante la primera edición se contó con 800 personas, el segundo año con 1300, en 2015 fueron casi 3000 y este 2016 se esperan entre 3500 y 4000 asistentes. Quienes asisten al festival se identifican con una propuesta que incluye un abanico de géneros que va del rock, coquetea con el punk, y pasa por el indie, ska, reggae, pop y algo de electrónica.  

Su organizador sostiene que se proponen bandas que logran que la gente se conecte porque son buenas. Esta cuarta edición el cartel que se presentará en la Quinta San Luis de Lumbisí será: Cuarteto de Nos (Uruguay), Onda Vaga (Argentina), Astro (Chile), Vectores (Chile); y los ecuatorianos Guardarraya, Rocola Bacalao, La Máquina Camaleön, Jazz The Roots, Mamá Soy Demente, Jodamassa, 3VOL, Sexores, Paola Navarrete, Les petit Bâtards y Radio Invasor.