Retrato del último aristócrata conservador

Retrato del último aristócrata conservador
El sabio ignorado, la biografía de Jacinto Jijón y Caamaño, con la firma del Pájaro Febres Cordero, recorre la la historia de este país de los primeros lustros de este siglo, desde la mirada y la acción de un personaje multifadimensional, que dejó un enorme legado al Ecuador.
10 de Octubre del 2016
Redacción Plan V

Portada del libro, editado por Grijalbo, editorial mexicana que ahora pertenece a Penguin Random House.

El sabio ignorado es la nueva propuesta literaria de Francisco, el Pájaro, Febres Cordero. Editada por Grijalbo, esta es la biografía de uno de los personajes cimeros del conservadorismo ecuatoriano, en los primeros lustros del siglo XX. Jacinto Jijón y Caamaño fue un personaje con mayúsculas, quizá el último aristócrata, pero a la vez un sabio que dejó un enorme legado al país, desde la arqueología, la literatura, el arte, la empresa, la política, el pensamiento social y el activismo católico. El Pájaro, en esta entrevista, aborda una historia que le tomó dos años investigar, y que ahora presenta como homenaje a uno de esos personajes que hicieron este país a pulso, con un amor profundo por la patria, esa que fue obra de hombres y mujeres de este talante y no de la fundación de un mesías. 

Hay un primer momento que llama la atención en el libro y es cuando confiesas que has resuelto abandonar el lenguaje académico y ser fiel a tu estilo desde el relato... 

Cuando comencé a investigar la vida del personaje lo hice con base en textos, documentos, libros; el producto que me iba saliendo era académico, con citas al pie de página, con comillas.... Así trabajé largamente, pero los resultados, de una versión a otra, no me satisfacían. Era un lenguaje impropio, que no era mío. No soy académico ni historiador. Soy un periodista. Entonces, en determinado momento, viendo que con ese texto me traicionaba, con la información que tenía comencé a exprimirme el cerebro y a escribir con un lenguaje que es el mío: el de las remembranzas, más suelto. Y ahí entró también una etapa que no me había siquiera imaginado, y son las partes noveladas de ciertos momentos históricos de Jijón. Todo lo que hay en el libro está basado en la historia, pero el ámbito en el cual algunos de estos hechos suceden es invención mía, porque tenía los datos y estos acartonaban el libro, entonces decidí novelar ciertas circunstancias reales. 

Por ejemplo, el diálogo entre él y su esposa en la habitación matrimonial, cuando Jacinto Jijón resuelve separarse de la dirección de la Academia de Historia. Uno dice: a qué hora el biógrafo se metió en el cuarto.

Sí, tengo el dato de esa separación, la bronca con su cuñado, eso estaba, pero eso podía resumirse en dos líneas y una cita y el tono académico no se rompía. En otro pasaje ocurre igual, en la batalla de San José. De eso tenía entrevistas, versiones, documentos, pero todo eso me encasillaba a ese lenguaje académico. Entonces, me imagino la batalla con los datos que son ciertos. Lo del hotel Ritz de París es otro pasaje. Uno puede decir: Jacinto vivió cuatro años en el Ritz y ahí acaba la cuestión, pero un lector se va a plantear cómo era el Ritz, los personajes y algunos datos como que Jijón vivía con un perro que hacía las necesidades en el baño, como cualquier humano.

Estos datos, del perro de Jijón, por ejemplo, de dónde los sacas, es muy difícil que estuviera en un documento o algo...

Hay muchas cosas familiares y anecdotarias cuyo aporte se debe a Jacinto, el nieto. Aunque lo conoció poco tuvo una gran cercanía, pero imagino que después, en las conversaciones familiares fue recopilando estas historias de su abuelo. Él tiene un registro maravilloso de la vida cotidiana de Jijón y Caamaño, y fue él quien me aportó una enorme cantidad de datos de ese orden. Los datos cayeron en mis manos de manera circunstancial, por ejemplo la bronca que tiene su mujer, María Luisa Flores, con Max Uhle (el arqueólogo alemán, socio de Jijón). Tengo una carta en la cual ella le recrimina de ese tenor a Uhle, lo pongo como un diálogo, pero en realidad tengo un documento. 

Jijón es un sabio sui géneris, un personaje que aborda muchas dimensiones, un político, un científico, un empresario, solo le faltó ser pintor y músico para ser un hombre del renacimiento.

Exacto, es esa vocación renacentista, humanística, seguramente por influencia de su preceptor Giancinto Pankieri, sacerdote salesiano. Pero su mente era multifacética. Abarcaba una enorme cantidad de aspectos. Pongo un ejemplo de cómo calcula el cauce de un río y la energía para mover los molinos en las aguas del río San Pedro. Abarcaba varios aspectos del conocimiento humano y si a eso sumas la política, sus libros sobre política, sobre arte... te quedas deslumbrado del personaje. Es lo deslumbrante de Jijón, a qué horas hacía eso, cómo, no sé...

Y viajaba mucho, como exiliado, y hasta resolvía quedarse a vivir por años en algún sitio que le gustaba...Le gusta el cine, se va a Los Ángeles y se queda a vivir años, por ejemplo.

Mientras su hijo terminaba la secundaria, se instalan en California durante cuatro años, viene un ratito para la candidatura presidencial, pierde, se regresa... Vivía ahí y estudiaba.

¿Por qué este personaje deslumbrante es ignorado?

La explicación que da Enrique Ayala Mora es interesante. Los conservadores pierden, ganan lo liberales, gobiernan los liberales y el pensamiento conservador, que no fue solo de Jijón, va siendo soterrado por la élite triunfadora en las primeras décadas del siglo pasado. Entonces ser conservador era una especie de estigma a quienes pensaban y actuaban también bajo la égida religiosa. 

Es el tema del catolicismo, que creía debía ser una extensión de la política...

Él se formó bajo los lineamientos de la Rerum Novarum, que era una encíclica progresista de Leon XIII. Esa preocupación social, em imagino, le nace de ahí.

Claro, él se formó bajo los lineamientos de la Rerum Novarum, que era una encíclica progresista de Leon XIII. Esa preocupación social, em imagino, le nace de ahí. Es un conservador de avanzada, progresista. Pero conservador al fin y al cabo, muy católico, tanto que se hace enterrar con el hábito de los dominicos.  Ese pensamiento conservador va siendo minusvalorado por los liberales, y tampoco los conservadores hacen lo suficiente para que su doctrina se mantenga. Eso pasa con muchos de los personajes de nuestra historia. Si de algo debe servir un libro como estos es para que se rescate a esa gente que hizo al Ecuador en aquellas épocas, y lo hizo con uñas y dientes, en condiciones adversas, las de un país pobre, agrario y que van siendo sepultadas por la historia. Y más en esta época en que parecería que el gobierno es el fundador de la república, no, no, no. La república estaba hecha por otro tipo de hombres y mujeres. Por ejemplo, esas figuras inmensas de González Suárez, y de Isidro Ayora desde otra vertiente. Y así una cantidad de gentes que aportaron con honestidad al desarrollo del país. 

Jijón y Caamaño representa un pensamiento que, dices, es derrotado, pero este país sigue siendo conservador en muchos aspectos. ¿Ese conservadurismo se mimetizó y se expresa en temas más cotidianos?

Claro que sí, pero además no olvidemos que había una lucha por liberarse de la Iglesia. Alfaro con su Ley de manos muertas, con sus leyes agrarias despoja a la Iglesia de sus bienes. Vuelve laica la educación y despoja a la Iglesia y eso crea un gran fraccionamiento en el país. Este pensamiento religioso va, poco a poco, tornándose caduco y va postergándose con ciertas ideas que surgían en el mundo, que hacen que los conservadores sean considerados retrógados. Este conservadorismo progresista se plasma, creo, en la Democracia Popular, que era un partido conservador pero de tinte progresista.

Hay otro momento en el libro, en el cual  Jijón y Caamaño se entera en París del asesinato de Eloy Alfaro. Y dice que a pesar de la arbitrariedad de los masones esta es una muestra de la barbarie que vive el Ecuador.  ¿Por qué un conservador de cepa, enemigo de los liberales, se impacta tanto por una muerte como esa?

Ahí hay una parte novelada y es realmente la única trasgresión histórica. Porque él estuvo en el Ecuador en el asesinato de Alfaro y se va a Francia dos meses después. Pero su impacto frente a este asesinato es cierto, Creo que nadie medianamente racional pudo haberse quedado indiferente frente a ese tan salvaje asesinato. A pesar de que ya había ido a Europa con fines de estudiar arqueología, eso le conmueve y se dice que debe prepararse para regresar y servir al país. Él reflexiona sobre el destino del país, porque llevaba al país en su alma. Pudo haberse quedado en Europa como un niño bien, como tantos otros gran cacao, pero el país siempre lo angustió; desde sus orígenes más remotos, hasta el arte, la literatura.

Pudo haberse quedado en Europa como un niño bien, como tantos otros gran cacao, pero el país siempre lo angustió; desde sus orígenes más remotos, hasta el arte, la literatura.

Algo raro en este tiempo...

Ese sentimiento de patria era muy arraigado, ahora, con la globalización hay un menor sentimiento de país, también porque las comunicaciones hacen que las fronteras se abran; ahora hay mucha mayor migración, las familias se disgregan. Antes, lo único que tenían era su patria. Era un país en construcción, que estas gentes iban haciendo a pulso, con su vida. Por eso se explican las luchas intestinas, los combates, hasta la muerte.

¿Qué tiempo trabajaste esta investigación?

Más o menos dos años, desde la primera conversación que tuve con Jacinto, su nieto. No lo había hecho antes porque las cosas llegan a veces inconscientemente. Tenías adentro este personaje, la relación familiar, pero no había la circunstancia o el interés suficiente  hasta que hay un detonante y este fue esa conversación con Jacinto. Tu abuelo, le dije, era un personajote y ahí como que entendí que mi obligación era mirar este personaje, analizarlo y fue una etapa de deslumbramiento, o pero también de angustia porque tenía una pila de documentos e información, ¿y ahora?

Tu vas proponiento el texto con capítulos muy cortos, no es un texto seguido...

Creo que eso es un vicio del periodismo. No puedo escribir textos muy largos. Me salen textos cortos que se van armando. Y otra cosa que me pareció necesaria es contar la historia de cómo iba haciendo el libro.

Lo que Javier Cercas llama el relato real.

Me pareció que esa era necesario, para no traicionarme, para contar al lector los dramas que uno estaba pasando. Y descubres entonces otro  personajote, como el Conde, fueron cosas que iban surgiendo en el camino.

¿Qué te enseña este personaje, Jacinto Jijón y Caamaño?

Más que enseñarme algo, me causa una enorme admiración. Por sus múltiples aportes, por esa vida azarosa pero tan productiva en distintos órdenes. Si te imaginas la cantidad de obras que escribió te sorprendes, obras con una enorme investigación. Era un sabio de muchos estudios y acciones. Además tenía correspondencia con institutos del exterior, compraba bibliotecas enteras, financiaba revistas, científicos. Y dejó un legado impresionante. El museo arqueológico debe ser uno de los más grandes de América Latina, sin duda. En este se exhiben 1300 piezas arqueológicas, pero el acerbo son 13 mil. Todo lo que él descubrió es una cosa sorprendente y gratificante para cualquier ecuatoriano.