Adrián Bonilla: "En Ecuador hubo una intención fanática de coloniaje educativo"

Adrián Bonilla: "En Ecuador hubo una intención fanática de coloniaje educativo"
Lo que ocurrió en América Latina en la última década, sobre todo, fue la adaptación a estándares transnacionales que no fueron producidos en la región; pero en esa adaptación el Ecuador tuvo la vocación más fanática de transnacionalizarse, de asumir casi colonialmente algunos criterios producidos en otras regiones del mundo.
03 de Octubre del 2018
Redacción Plan V

Adrían Bonilla

Director del Senescyt, PhD, exrector de la Flacso-Ecuador y exsecretario general del sistema Flacso, de América Latina.

¿De su experiencia en la educación, cuál sería el diagnóstico actual del estado de la educación superior ecuatoriana?

La educación superior está transitando a una etapa distinta de reconocimiento de procesos de calidad, pertinencia e innovación. Lo que tuvimos fue un periodo de casi 30 años, previo al año 2010, de desregulación. Lo que produjo ese periodo fueron universidades públicas capturadas en lógicas clientelares por organizaciones políticas, de distinto signo; pero fue un hecho común que deterioró completamente los procesos de aprendizaje e investigación. Y en el caso de las universidades particulares la desregulación produjo negocios, muchos de ellos fraudulentos, donde se daba clases sin infraestructura suficiente para no mencionar los casos de tráfico de títulos, de venta de servicios que terminaron en procesos de cierres de estas universidades.

Pero hubo buenas universidades también ¿o no?

Sí hubo buenas universidades, pero por excepción. Pero en términos generales tenemos un ambiente deprimente del conjunto de la educación superior ecuatoriana.

¿Qué pasó en el 2010?

Tuvimos una ley que empezó a implantarse en el 2012, que como reacción al periodo previo produce una cantidad enorme de regulaciones que se levantaban sobre la sospecha. Esto produjo una relación tensa entre el Estado y las universidades, era una relación fundada en la suspicacia, en la desconfianza, en la cual las regulaciones se producían bajo la suposición de que había que evitar la infracción. Esto genera un momento de híperregulación —que estamos viviendo aún— que entorpece los procesos, que da pocas posibilidades de gestión a las universidades, que genera distorsiones al régimen de calidad en donde el proceso adjetivo, que es la evaluación, se convierte en sustantivo, cuando en realidad la evaluación es un instrumento para el objeto, que es asegurar la calidad. Esta distorsiones de la Ley de Educación Superior se corrigen en el 2018, como consecuencia de un consenso producido por la Senescyt, acompañado por las universidades. De este modo se genera una serie de reformas, que mantienen estable al sistema de educación superior, pero al mismo tiempo flexibiliza la gestión de universidades públicas y privadas. También estas reformas transparentan algunos procesos, como aquellos que tiene que ver con la presencia de algunos grupos de gestores o regentes en las universidades privadas y esto produce un nuevo concepto de calidad, basado en la necesidad de complejizarlo, no solamente en la infraestructura y en las publicaciones en revistas indexadas, sino en la vinculación con la sociedad de transformación del entorno, de prácticas de innovación y aplicación de conocimientos; más la aplicación de un sistema, en la ley, de educación técnica y tecnológica, que antes no existía. 

En estos últimos seis años, ¿cuáles son las distorsiones de esta ley de Educación Superior?

Creo que la distorsión más importante en términos de educación superior es la construcción de un régimen de calidad basado en la competencia y en la individualización del proceso de conocimiento. Se buscaba que los profesores de las universidades puedan producir papers publicables en revistas extranjeras. Desde el 2012 al 2017 tienes universidades que reciben más dinero, contratan más profesores pero reciben menos estudiantes. Otra distorsión importante es la sobre regulación. Esta vuelve lentos, parsimoniosos y a veces imposibles de desarrollar, a los procesos de las universidades. Y en el peor de los casos tenemos lógicas de control político, pero auspiciadas probablemente desde el Estado y que se dan en los procesos de intervención. 

¿Este proceso de control político estaba vinculado a la acreditación y categorización de las universidades?

Lo que tenemos es un sistema fundamentado en la vigilancia y la intimidación, que se produce como consecuencia de la sospecha. Esto produce estas distorsiones. Ahora, el escenario previo era mucho peor, pero lo que se produce como consecuencia de la distorsión no es aceptable y eso es lo que e intenta corregir con las reformas a la Ley de Educación Superior y con las políticas contemporáneas de educación superior.

¿Cómo fue superado el escenario anterior?

De lo que se trata es de complejizar el proceso de aseguramiento de la calidad; introducir otro tipo de categorías, que vuelvan más pertinente la educación con las necesidades nacionales; que no pierdan de vista la internalización, pero las necesidades del Ecuador no son las de Corea del Sur, no son las del Este de los Estados Unidos, no son las de las provincias más orientales de la China; son las necesidades del Ecuador, que no se parecen a las de Oregon o Palo Alto, California. Estas necesidades tienen que ser vinculadas a los procesos de innovación, y tiene que haber pertinencia respecto a lo que el Ecuador es, no a lo que el Ecuador se imagina o representa en estadísticas. Creo que hay una buena transformación en el proceso de aseguramiento de la calidad, que tiene que reflejarse en estímulos y desincentivos en la fórmula de distribución de recursos a las universidades. Por ejemplo, hay universidades que contratan muchos profesores, sin tener suficientes estudiantes. Hay innovaciones y actualizaciones que tienen que ver con un mayor grado de autonomía para las universidades, lo cual está bien, pero sin perder de vista que toda autonomía tiene como corresponsabilidad la transparencia. Las universidades pueden ser todo lo autónomas que quieran, siempre y cuando sean transparentes y estén sujetas a la visión de las entidades de la propia comunidad académica, pero también a la sociedad, a los jueces, a la contraloría, a las instituciones de control del Estado que tengan la capacidad de examinar con sus propias reglas las decisiones que se toman en las universidades, las cuales no son feudos ni entidades soberanas, son entidades autónomas, que es distinto.

Otro tema adicional es el acceso a la universidad; hay una enorme brecha de estudiantes que se quedan sin cupo, ¿por qué sucede esto?

Es estructural y tiene que ver con el sistema. Estructural en el sentido de que hay cada vez más personas que se gradúan de bachiller y que hay cada vez más personas que no pudieron acceder en los años pasados y generan una masa mayor de personas que presionan por entrar a las universidades, públicas sobre todo, y hay un cupo limitado en la infraestructura universitaria. Esta es una determinación de carácter estructural que hay que mirar, porque son situaciones que no dependen de las decisiones políticas; y otra razón es sistémica, que tiene que ver con el sistema de educación superior, en el cual, por ejemplo, no se incentivaron los procesos docentes, no se tomó en cuenta la necesidad de ampliar el acceso. Se incentivaron dos ejes: infraestructura y publicaciones —ni siquiera investigación—.  Ahora, en términos de accesibilidad digital, la universidad ecuatoriana esté mejor que el promedio de América Latina; la conectividad, el acceso a redes, bases de datos muy completas. 

 

Lo que tenemos es un sistema fundamentado en la vigilancia y la intimidación, que se produce como consecuencia de la sospecha. Esto produce estas distorsiones. Ahora, el escenario previo era mucho peor.

¿Y el acceso a recursos online y educación a distancia?

Hay recursos online, pero no tenemos facilidades para la educación a distancia. Los reglamentos ecuatorianos de la educación superior supusieron que era una educación de segunda categoría. La educación en línea puede producir procesos educativos tan o más potentes que la educación presencial, sobre todo en un mundo llenos de recursos en este ámbito. Es una educación en tiempo real, con cualquier cantidad de recursos pedagógicos, que podría mejorar en mucho el acceso en el Ecuador, pero los reglamentos ecuatorianos tienen que modificarse, son obsoletos porque fueron producidos por personas que creían que eso era una magia misteriosa que producía una educación de segunda categoría, lo cual no es así.

En el contexto de América Latina, como está la educación superior ¿hacia dónde va la región?

Lo que ocurrió en América Latina en la última década, sobre todo, fue la adaptación a estándares transnacionales que no fueron producidos en la región; pero en esa adaptación el Ecuador tuvo la vocación más fanática de transnacionalizarse, de asumir casi colonialmente algunos criterios producidos en otras regiones del mundo. Creo que estamos en un momento en que esa etapa —que fue muy intensa en algunos países, pero que en el Ecuador, insisto, fue más que en todos— está siendo evaluada, criticada y corregida. Creo que hay una visión latinoamericana, que se construye desde la necesidad de pensar la educación superior como un hecho que tiene que vincularse cada vez más a las sociedades y a las necesidades locales, antes que a lo estándares de sociedades distintas. 

¿Por qué el Ecuador ese fanatismo en aplicar lógicas educativas transnacionales, si lo que teníamos era un gobierno que propugnaba constantemente la soberanía nacional, el patriotismo...?

No, tenías una visión modernizadora de la sociedad con lógicas casi decimonónicas (del siglo IXX); esta idea del progreso, suponiendo que hay etapas de la historia que son superiores a otras; que te llevan a realidades de carácter prescriptivo, que son el reflejo de otras realidades. Es como llegar a una ciudad coreana, mirar un consorcio de empresas vinculadas a las universidades, regresar al Ecuador y decir "quiero una igualita aquí", y construir algo que nunca se adaptó a las necesidades nacionales.

¿Está hablando de Yachay?

Yachay son dos procesos. El uno es la universidad, que ha sido estabilizada, se ha adaptado a las lógicas de las otras universidades que se fueron creando y en año y medio será como cualquier otra universidad pública ecuatoriana. Ya está funcionando en esa dirección. Pero, el problema que tenemos es con la llamada Ciudad del Conocimiento, que fue erróneamente concebida desde el principio, porque se trató de crear un parque industrial al estilo de una sociedad que lo creó hace casi cuarenta años, que no es una respuesta a las capacidades productivas del Ecuador, ni a las visiones que eventualmente la empresa pública o privada tenía entre sus necesidades. Es un proyecto que no recibió inversión que no sea en infraestructura del mismo Estado, inversión que tiene varios problemas y que ha sido observado por Contraloría. 

Hay datos, provenientes de los últimos exámenes de acceso a la universidad que muestra la persistencia en la saturación en algunas carreras, ¿cómo se puedo solucionar eso?

Las carreras más demandadas en el Ecuador son las de Ciencias de la Salud (Medicina). Tiene que ver con las vocaciones de las personas y la percepción de que los médicos y las enfermeras tiene un trabajo estable, que puede sacar personas de la pobreza y asegurar el futuro. Administración de Empresas sigue siendo también una carrera muy demandada. La idea aquí es que es una carrera que puede adaptarse a cualquier necesidad de un sector público que exige requisitos de carácter académico. Lo que ocurre es  que el Estado no puede ni debe intervenir diciendo a las personas qué tienen que estudiar. Las personas eligende acuerdo a sus vocaciones y a sus visiones. Cierto es que hay carreras muy demandadas pero estas no ofrecen cupos para todos y esto produce problemas de frustración, porque los muchachos aplican, como en la Universidad de Cuenca, más de 5000 aspirantes para 250 cupos en la Facultad de Medicina. Esto produce la frustración de 4750 personas. 

¿Esto tiene alguna solución práctica?

Hay que informar mejor, para que los muchachos y las chicas puedan aplicar. Hemos hecho enormes esfuerzos en eso. Es un trabajo de todos los días, porque siempre habrá más personas tratando de entrar a la universidad y los cupos van a ser limitados. Ocurre en todas partes del mundo. 

¿La educación técnica ayudará al acceso?

La idea es construir un sistema de educación técnica que sea equiparable en términos de esfuerzo, pero que se aprenda de distinta manera a la educación superior universitaria. La idea de la educación tecnológica es que uno aprende haciendo y se profesionaliza inmediatamente. Es la diferencia que hay entre un acuicultor, que es un técnico, y un biólogo marino que viene de la Universidad. Ambos pueden trabajar en una camaronera, pero son dos profesiones distintas. 

Si ambos títulos tienen un valor de tercer nivel, ¿cuál es el valor agregado de estudiar una ingeniería, por ejemplo?

Se homologan al tercer nivel, pero son profesiones distintas. La una es una profesión técnica que tiene la capacidad de introducir conocimientos para hacer algo de modo inmediato y la otra es una profesión convencional de carácter universitario, que te da posibilidades de construir conocimientos, aplicarlos e investigar.