Cambios en la Constitución: El reacomodo del poder

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Cambios en la Constitución: El reacomodo del poder
Los cambios en la Constitución no son sino el reflejo del reacomodo del poder en el seno del Gobierno, donde el Grupo de Guayaquil, con el vicepresidente Glas a la cabeza, ha acumulado un enorme poder nacional e internacional. El Grupo maneja los temas sustantivos del poder, mientras que para el resto, la llamada izquierda del correísmo, queda lo adjetivo, al operación política, los puñetes en la esquina. Esta es la tesis del doctor en Sociología y politólogo, Luis Verdesoto, quien la desarrolla en esta entrevista.
23 de Junio del 2014
Juan Carlos Calderón

Luis Verdesoto

Cientista político, catedrático de universidades en Ecuador, Bolivia y España. Autor de numerosas publicaciones sociológicas y políticas, consultor político.

¿Qué reflejan estas enmiendas constitucionales que está planteando el Presidente?
Lo que está pasando en torno las enmiendas  constitucionales es la expresión de que cambió la coalición con la cual el gobierno compareció a Montecristi y la que existe actualmente en el gobierno. Evidentemente son dos coaliciones distintas, diría que los hegemonizadores, los dueños de la coalición son distintos a los que compartían Acosta y Correa al inicio del gobierno y la de ahora, que es el Grupo de Guayaquil, básicamente. Aquí tenemos un bloque de gobierno, que está poniendo determinadas partituras. Evidentemente en el camino hay la Constitución de Montecristi cuando se dijo: hagamos una Constitución que refleje la correlación de fuerzas y que ponga instituciones que no muevan nunca esa correlación de fuerzas. Es decir, hemos ganado esta Constitución con participación, con el carisma de Correa y por tanto esta correlación de fuerzas debe ser congelada de dos modos: con instituciones que congelen esa correlación, por eso es una Constitución que se mete mucho en temas de desarrollo, Constitución que parece más un modelo de desarrollo que el diseño de la gobernabilidad de un país y se propone una segunda cosa, que fue una reforma constitucional muy atada al inmovilismo de esa Constitución. A los 300 años que iba a durar: enmiendas, que son temas accesorios de mera redacción, errores pequeños, reformas que debían pasar por una consulta popular y una Asamblea Constituyente si es que hubiera cosas más de fondo.

¿Qué pasa en la actualidad?
Que esto cambió. De un lado salió esta corriente que formaba parte del gobierno y era más radical en términos discursivos, de las instituciones y del proyecto de desarrollo, y quedó la parte más pragmática que ha llegado a otras alianzas tanto locales como internacionales. Es evidente que el gobierno tiene este momento un conjunto de nuevos aliados. Para ello, el gobierno necesita asegurar y ratificar que su fórmula de éxito, que es la de control político, de intercambio entre las necesidades sentidas de los ecuatorianos y menos democracia. En el fondo lo que vivimos es una suerte de compensación, un intercambio: yo te quito democracia pero te doy más carreteras. Esta que ha sido la fórmula de éxito es la que se vende ante los aliados internacionales y nacionales, y es lo que representa, básicamente, que se pueda introducir la matriz productiva en el país.

Al principio se planteó que sea la reelección indefinida sólo para el Presidente.
Si bien la llave que abre estas enmiendas es la posibilidad de que la cabeza de este esquema de gobierno se reproduzca indefinidamente, y al ver las primeras reacciones populares y de las élites en contra, se deciden dos cosas: abrir el tema de la reelección indefinida a todas las autoridades, tratando de involucrar a todos los poderes y buscar aliados en todas las funciones del Estado, y luego resuelven que, dado que van a propinar un golpe duro en términos políticos, deciden pasar como enmiendas todas las reformas constitucionales que creen debieran pasar para asegurar esta forma de gobernabilidad. Evidentemente, al hacerlo por la vía de enmienda evitan a su vez de que otras reformas, que pudieran venir de otros segmentos del espectro político puedan intentar intervenir, y claro, esto puede ser una bola de nieve, de una Constitución que evidentemente no está bien hecha, que pueda crecer y que pueda terminar en una Asamblea Constituyente. No solamente porque a los ecuatorianos nos guste empezar todo de nuevo, comenzando por el gobierno que es un adanista, sino porque efectivamente esta Constitución arrancó pedazos de la historia ecuatoriana, bastante de lo bueno que hizo el país en su historia, y procuró recomenzar todo desde el principio, en un espíritu revolucionario casi jurásico, y no recogió los avances históricos del país, ni los avances de la democracia.  Ahora nos encontramos con una enorme cantidad de enmiendas. Todo podrá ser enmienda de ahora en adelante. Y a través de esa trampa introducir reformas constitucionales sustantivas.