Los gobiernos 'progresistas' son otro tipo de bicho político

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Los gobiernos 'progresistas' son otro tipo de bicho político
Eduardo Gudynas hace una descripción del extractivismo y la matriz productiva de los llamados gobiernos progresistas de Sudamérica. El intelectual, catedrático y ambientalista propone, a la par a la crítica al modelo desarrollista, alternativas para salir del extractivismo debido a los impactos sociales, culturales, políticos y económicos que tiene para nuestras naciones.
04 de Marzo del 2015
Redacción Plan V

Eduardo Gudynas

Montevideo, 1960. Secretario Ejecutivo del Centro Latino Americano de Ecología Social, CLAES. MSc en Ecología Social.. Su área de trabajo apunta a las estrategias en desarrollo sostenible en América Latina, con especial énfasis en la conservación de la naturaleza, la situación de las áreas rurales, y los límites y posibilidades que ofrecen la integración regional y la globalización para alcanzar la sustentabilidad. 

¿Qué es el extractivismo?

Es un término que tiene historia por detrás y se lo vincula directamente a los impactos de la explotación petrolera y minera en los países del sur. Y fue acuñado hace décadas para referirse a situaciones muy graves que ocurrían en los países petroleros de África y del Medio Oriente. Más recientemente, el concepto ha sido reformulado para enfocarse en la exportación de grandes volúmenes de recursos naturales o la exportación en la cual su explotación exige una gran intensidad y por tanto tienen altos impactos ambientales, y que el destino de esta exportación es a los mercado globales. Explotación de petróleo y minería no es sinónimo de extractivismo, que es emprendimientos de gran volumen, explotados con alta intensidad y que se exportan.

¿También el monocultivo?

Bajo esa definición también son actividades extractivas el monocultivo, donde el ejemplo más claro es la soya en el Cono Sur. Son exportaciones de materias primas como productos primarios, sin industrializar. Es también  extractiva la pesca de altos volúmenes de pescado para hacer harina y exportarlo como harina de pescado, las piscinas camaroneras. Bajo esta nueva concepción se incluyen  a sectores agrícolas y forestales.

La crítica al extractivismo involucra a casi todos los productos de exportación, lo cual nos dejaría como país sin recursos para exportar y por tanto para vivir como país.

La crítica al extractivismo pone como evidencia que las ofertas exportadoras de nuestros países son realmente muy pobres porque están basadas en pocos productos. Por tanto, puede haber casos donde un país diversifique su matriz de exportación con varios productos y eso permite reducir la presión extractivista. Hay varios países que tienen un importante sector extractivo pero que su oferta exportadora no son solo materias primas. Los dos casos que se pueden ilustrar son Canadá y Australia, que exportan muchas cosas pero también materias primas. En tercer lugar, la crítica al extractivismo pone en evidencia el impacto social y ambiental de la producción. Podemos tener exportaciones de recursos naturales con mucho menor impacto social y ambiental; puedo tener una exportación agropecuaria diversificada, que es muy distinta a una exportación basada en la soya. Puedo tener una oferta agrícola diversificada y basada en alimentos naturales que es muy distinto a exportar solo soya.

¿El extractivismo es un sistema cultural o tiene raíces culturales?

Yo digo que tiene raíces culturales. Hay algunos autores que creen que todo el desarrollo es extractivista. Yo no lo creo así, las estrategias de desarrollo de los países son complejas, hay unos rubros extractivistas pero el desarrollo y el extractivismo no son sinónimos, por más importante que sea el petróleo, por ejemplo para Ecuador. La reflexión que hacemos es: por qué a pesar de tantos impactos sociales y ambientales los políticos, por la vía conservadora o la progresista son extractivistas y por qué la gente lo tolera. Y lo que hay que admitir es que hay unas raíces culturales latinoamericanas que aceptan y toleran el extractivismo y lo ven bien.

¿El extractivismo y sus impactos, incluso de sectores sindicales que están convencidos de que la contaminación es un costo que hay que pagar?

Hay una herencia histórica de décadas, del sueño latinoamericano de que somos países con grandes volúmenes de recursos naturales y que nuestro problema era que no sabíamos explotarlos. Ese es un mito que viene desde la colonia. Luego, hay un sentido de revancha: luego de tantas décadas de sufrir en los mercados internacionales, ahora que tenemos altos precios en las materias primas porqué no aprovecharlo. También hay una cierta pereza en los gobiernos progresistas de no haber sido capaces de haber seguido explorando caminos alternativos distintos a la  dependencia de materias primas; no disponen de otras herramientas de desarrollo, y por lo tanto vuelven a caer en las materias primas.