Así denunció al Gobierno en Europa Manuela Picq

Así denunció al Gobierno en Europa Manuela Picq
Ante la Subcomisión de Derechos Humanos del Parlamento Europeo en Bruselas, la académica franco-brasileña Manuela Picq denunció los sucesos de su deportación del Ecuador al ser cancelada su visa. También llamó la atención sobre los manejos autoritarios de un Gobierno cuyo lobby en Europa le permite presentarse como "revolucionario y de izquierda".
18 de Febrero del 2016
Mateo Martínez Abarca

BRUSELAS, BÉLGICA.- Es el el 17 de febrero de 2016 y hace una mañana fría de invierno en esta ciudad, sede del Parlamento Europeo y donde se ubica el "pequeño departamento de clase media" que hace algunos años compró el presidente Rafael Correa.

La periodista y académica franco-brasileña Manuela Picq lleva un largo abrigo para protegerse del clima, pero también la chalina azul que le ha acompañado desde aquel 13 de agosto de 2015 en que fue detenida y golpeada, para luego verse forzada a abandonar el Ecuador.

Actualmente se encuentra refugiada en la Universidad Libre de Berlín, en Alemania, y sigue impedida por el Gobierno ecuatoriano de volver al país que ella considera su hogar porque -como dice el ministro Guillaume Long, la patria es donde se lucha. Varias veces, por instrucciones expresas de la Cancillería, los cónsules ecuatorianos en varias ciudades se han negado a darle un visado de cualquier tipo para volver al Ecuador.

Actualmente se encuentra refugiada en la Universidad Libre de Berlín, en Alemania, y sigue impedida por el Gobierno ecuatoriano de volver al país que ella considera su hogar porque -como dice el ministro de Cultura Guillaume Long, también de ascendencia extranjera-, la patria es donde se lucha. Varias veces, por instrucciones expresas de la Cancillería, los cónsules ecuatorianos en algunas ciudades se han negado a darle un visado de cualquier tipo para volver al Ecuador.  

El de Manuela es uno de los casos más representativos de exilio político forzado durante el gobierno de Rafael Correa. Tuvo que dejar atrás su pequeño departamento en Guápulo y el cielo azul de los Andes, su trabajo como académica en la Universidad San Francisco de Quito y, sobre todo, a su compañero de vida, Carlos Pérez Guartambel, el presidente de la Ecuarunari.

En los ojos de Picq se ven los efectos del exilio, pero también la claridad que solo puede proveer una inmensa fuerza y valentía. Invitada por la organización Front Lines Defenders, viajó a la capital belga para participar con su testimonio en una sesión especial de la Subcomisión para Derechos Humanos del Parlamento Europeo, que, junto a diversas organizaciones de la sociedad civil, acaba de crear hace poco tiempo un consorcio que incluye mecanismos de protección para defensores de los DD.HH. La sesión se organizó en torno a un debate más técnico sobre este mecanismo, las actividades del consorcio y las organizaciones participantes, pero especialmente sobre el conocimiento de casos concretos de defensores de las libertades fundamentales.

La Subcomisión está presidida por la eurodiputada española Elena Valenciano, quien milita en el Grupo de la Alianza Progresista de Socialistas y Democrátas e integrada por 30 miembros titulares de España, Hungría, Alemania, Suecia, Portugal, Lituania, Francia, Austria,Suecia, Italia, Eslovaquia, Bulgaria, Polonia, Rumania, Hungría, Luxemburgo y Reino Unido.

La Subcomisión ha demostrado interés en la situación de los derechos humanos en América Latina, y recientemente recibió a opositores venezolanos. 

Y, en este punto específico, el testimonio de Manuela Picq sobre el retiro de su visa en Ecuador llamó la atención sobre cómo se inserta la realidad ecuatoriana en el marco general de deterioro de la situación de derechos y libertades en el mundo. 


En Bruselas, sede del Parlamento Europeo, miembros de una subcomisión escucharon el testimonio de Manuela Picq.

Con un “Imanalla” (buenos días en Kichwa), Manuela empezó relatando la creciente vigilancia, intimidación y hostigamiento de la cual asegura fue objeto por parte de los organismos de seguridad interna ecuatorianos, en los meses previos a su detención violenta en el mes de agosto. Habló sobre el maltrato de la policía, los golpes en la cabeza y rostro, las detenciones en el hospital Eugenio Espejo y en el hotel para extranjeros a la espera de la deportación.

Pero sobre todo, se dirigió a la Subcomisión recordando otros casos de represión en el Ecuador, como el de los 10 de Luluncoto y las mujeres de Saraguro, que según su criterio, fueron víctimas de tipos de violencia específica de género. Se refirió además a la persecución a la prensa y la censura, la criminalización de la protesta social particularmente de los pueblos indígenas y la restricción de las libertades académicas, señalando el caso particular de la Universidad Andina Simón Bolívar, que ha recibido la amenaza de ser expulsada del país. Fue todo un desafío abordar la compleja situación de DD.HH- humanos en el Ecuador en el escaso tiempo de ocho minutos que le concedió la Subcomisión.

Manuela Picq pidió un pronunciamiento del Parlamento Europeo en apoyo a la libertad académica y de expresión en el Ecuador, la visita in situ de una delegación al país y la consulta permanente con organizaciones civiles ecuatorianas.

Pero Manuela no solamente se quedó en la denuncia y pasó en la parte final de su intervención a la propuesta, solicitando un pronunciamiento del Parlamento Europeo en apoyo a la libertad académica y de expresión en el Ecuador, la visita in situ de una delegación al país y la consulta permanente con organizaciones civiles ecuatorianas previa a la firma de cualquier tratado de libre comercio entre la Unión Europea y nuestro país. Manuela afirmó finalmente que la democracia no muere solamente a través de golpes de Estado, sino también como consecuencia de la lenta erosión de las libertades.

La reacción de varios eurodiputados ante las denuncias de autoritarismo del régimen correísta fue de asombro y solidaridad, quedando en desprestigio aquella imagen -cada vez más resquebrajada-, de un gobierno que se presenta a sí mismo en el concierto internacional como “democrático” y de “izquierda”.


Ataviada con ropa de los indígenas andinos, Manuela Picq se retrató con funcionarios del Parlamento Europeo. 

Durante el resto de la tarde, Manuela mantuvo reuniones privadas con la vicepresidenta del Parlamento Europeo Ulrike Lunacek y con Brigitte Bataille, encargada de DD.HH. del grupo de la alianza progresista de Socialistas y Demócratas, que participa en el Parlamento.

Fuera del alcance de las tácticas de silenciamiento que impone el Gobierno en el país, el exilio al que fue forzada terminó convirtiéndose en la posibilidad de una plataforma mucho más grande para alzar su voz. Durante la noche, quise preguntarle cómo se sentía tras el trajín de su día en Bruselas. Manuela estaba llorando, exhausta. Un sentimiento de saudade recorría sus palabras. Me dijo que sintió la presencia de Carlos, como si estuviese a su lado al dirigirse a los eurodiputados. Luego la distancia del hogar, los meses que pasan y finalmente un vacío inmenso. Tristeza -dice Manuela- pero a la vez también ternura. Una ternura tan intensa que le impide romperse. Y desde ahí, continuar hacia adelante con la lucha.