Cynthia Viteri, sin maquillaje

Cynthia Viteri, sin maquillaje
Cynthia Viteri, candidata de un partido de centro derecha, es vista por su madre, una abogada militante de la izquierda radical. Esta es también una crónica del primer acto de masas realizado con miles de mujeres en Machala: su discurso va por la reivindicación femenina, más aún cuando recibe ataques machistas nada menos que del presidente Correa.
12 de Octubre del 2016
Redacción Plan V

Golpeado y con el rostro ensangrentado, así llegó Rafael Jiménez Malta a su casa. Era el 28 de mayo de 1944. Apenas cruzó la puerta, exclamó: “Mataron a Aníbal Miranda”, refiriéndose a un viejo amigo suyo, caído en la revuelta. En las calles, un estruendo masivo provocado por armas de fuego. La Gloriosa estaba en su punto más alto. Fue la noche en que miles de guayaquileños derrocaron al gobierno de Carlos Arroyo del Río, dando paso al segundo período presidencial de José María Velasco Ibarra. Leonor Jiménez era entonces una niña de 5 años. Hoy tiene 77. Pero este recuerdo todavía la sobrecoge.

Leonor mantiene claro el recuerdo de su padre. Hombre de familia y alto dirigente de Concentración de Fuerzas Populares (CFP). Amigo de su fundador, Carlos Guevara Moreno. No era raro que a su casa llegasen Assad Bucaram o el propio Jaime Roldós. Pero su pensamiento ideológico se alineó tempranamente a la izquierda. A los 16 años, en 1955, lideró por el Colegio Guayaquil la huelga nacional de estudiantes secundarios, en respuesta a la muerte de Isidro Guerrero, joven caído en Quito durante una refriega. Luego, apenas obtenido su primer empleo, como telefonista de la Casa de la Cultura de Guayaquil, sacaba tiempo para introducirse en reuniones con la élite de intelectuales socialistas, además de seguir su afición por el ballet y adelantar los estudios de jurisprudencia.

¿Qué siente ella, Leonor Jiménez, como militante de izquierda, al ver que su hija es una de las figuras más visibles de un partido de derecha? Responde: “Por encima de todo está la ética, la honradez, el trabajo. Ya tenemos un gobierno que se dice de izquierda y qué hemos sacado".

No fueron sus únicos actos de rebeldía. Se destacó como abogada. Ataviada de botas, bluyín y camisa a cuadros, consiguió expropiar algunas haciendas y revertirlas a favor de campesinos. Se topó algunas veces con León Febres Cordero, quien a su vez defendía los intereses de los empresarios. Llegó a ser juez civil del cantón Yaguachi. Pero el salto más importante hasta ese momento, lo dio al convertirse en la primera intendente de Policía del Guayas, reemplazando a Abdalá Bucaram, cuñado del entonces jefe de Estado, Jaime Roldós. Esto luego le produciría algunos dolores de cabeza. Bucaram había renunciado a ese cargo para postularse al Consejo Provincial. Perdió la elección. Quiso regresar y se topó con que su despacho ya estaba ocupado. Vendría una época de presiones que, lejos de amedrentarla como mujer, reafirmaron su pasión por la justicia.

Leonor destaca como su mayor logro profesional haber sido la primera, y hasta ahora única, presidente de la Corte de Justicia del Guayas, cargo en el que permaneció hasta que el Consejo de la Judicatura Transitorio, compuesto por personajes afines al gobierno, la destituyó por cuestionar al juez que dio 40 millones de dólares de indemnización a Rafael Correa, por el caso El Universo.

La política sigue atravesando su vida. Leonor Jiménez es madre de Cynthia Viteri, candidata presidencial por la alianza conocida como La Unidad, en representación del Partido Social Cristiano (PSC). Y, ¿qué siente ella, como militante de izquierda, ver que su hija es una de las figuras más visibles de un partido de derecha? Responde: “Por encima de todo está la ética, la honradez, el trabajo. Ya tenemos un gobierno que se dice de izquierda y qué hemos sacado. Un gobierno que no incentiva la superación de las personas, sino solo el revanchismo. ¿Qué nos han hecho las ideologías? A veces pienso que son el verdadero opio del pueblo”. 

De su hija destaca su valentía, puesta a prueba cuando se vio obligada a salir adelante siendo madre a los 16 años, pero sobre todo su sinceridad: “Lo que ven en televisión, en entrevistas, eventos políticos, es lo que ella es. Así es su carácter, su forma de ser”.

Martes 04 de octubre. 22:30. Cynthia Viteri se prepara para el evento de masas que se llevará a cabo al día siguiente en Machala. La ciudad bananera es una de las plazas duras del PSC. Las bases del partido han organizado un acto y esperan la llegada de cinco mil mujeres. Viteri será la estrella. Y a esa hora, en su domicilio, aún sigue puliendo el texto del discurso que dará el miércoles. Le acompaña su madre. Juntas intercambian palabras, repiten frases, se hacen preguntas, ríen, comentan…

Miércoles 05 de octubre. 20:00. Las canchas de la ciudadela del Seguro Social están repletas. La candidata presidencial de La Unidad llega a la capital de El Oro en el asiento delantero de un auto blanco. Sus simpatizantes lo rodean. Trata de descender. No puede. Le piden fotos. La acarician. La abrazan. Le agarran de la ropa. Viteri logra entrar al sitio cruzando un estrecho camino, rodeado por miles de sillas plásticas. La escena se repite a cada paso: la abrazan, la tocan, le piden fotos…


Machala es un bastión socialcristiano. Viteri estuvo acompañada por el exalcalde de esa ciudad, Carlos Falquez Batallas.

Las canchas de la ciudadela del Seguro Social están repletas. La candidata presidencial de La Unidad llega a la capital de El Oro en el asiento delantero de un auto blanco.

Gloria Coloma Carrión, de 80 años, se coloca una camiseta amarilla con el logo del PSC. Llegó al evento desde la ciudadela Patria Nueva, a unas cuadras de distancia. Cabello blanco, ojos color avellana, quizás 150 cm de estatura. Se ubica al pie de la tarima, pero un aluvión de socialcristianos la obliga a retroceder. Tiene seis hijos, pero considera que está sola en la vida. Su plato favorito es el caldo de gallina, que una vez compartió con Carlos Falquez Batallas, cuando éste todavía era alcalde de Machala y había inaugurado una obra en su barrio. “Por mi Dios que ella va a llegar a la Presidencia. Por el sufrimiento del Señor. Estamos desamparados, nos han abandonado”, solloza. Hace señas con la mano hacia donde está Viteri. La candidata de La Unidad responde. Ambas sonríen. Viteri le pide que se acerque. La anciana lo hace. Se miran. Hablan. Se funden en un abrazo…


Viteri  se abraza con una simpatizante, Gloria Coloma, de 80 años de edad, que llegó para participar en el mitín.

Los organizadores creen que hay más de cinco mil mujeres en el evento. Hablan de ocho mil. En la tarima,  el animador repite esa cifra como un mantra. Una y otra vez. También grita. Alaba al alcalde de Machala, al PSC, a Viteri. Centenares de banderas amarillas ondean. A los costados, humo y olor de carne asada. Los puestos de pinchos también pueden movilizar a las masas. Es turno para el discurso de Falquez Batallas. Y, como si fuera un abuelo que regaña a sus nietos, dice al público que es hora de un cambio, que el país debe salir adelante, que no pueden volver a equivocarse en las urnas…

21:20. Comienza el acto central: el discurso de Viteri. “…Dónde están las mujeres de Machala, de El Oro, las madres solteras, las casadas, las trabajadoras. Las abuelas que se fajan por sus nietos. Dónde está la hija, la madre, la esposa. Aquella mujer que levanta cada día su hogar…”. Un fuerte arranque a voz en cuello que es respondido por la algarabía de las machaleñas.

El día anterior, Rafael Correa había dicho que la candidata presidencial de La Unidad debiera hablar de maquillaje y no de economía, lo que para muchos dejó en evidencia el lado más cavernario y misógino del jefe de Estado. Viteri contraatacó: “El gobierno ha tratado de burlarse ayer de nosotras, porque cree que porque fui vendedora de Yambal o vendedora de comida o de ropa usada, no merezco gobernar esta nación. Pero soy cada una de ustedes, he seguido sus huellas y todas ustedes están en mí…”. Sus palabras retumban a través de la potentísima amplificación, mientras dos pantallas gigantes mostraban rostros de mujeres partícipes del evento, simbolizando el repudio a la violencia, la ignorancia y la exclusión que encerraron las palabras de Correa.

 

Rafael Correa ofendió a miles de mujeres al menospreciar a Cynthia Viteri. Sus palabras fueron rechazadas en el mitín político de Machala.

Pero esta noche calurosa en Machala, vestida de blanco y con su cabellera de leona rubia, la aspirante al cargo más importante del país seguía elevando los decibeles. Una gran marea amarilla de camisetas socialcristianas respondía. “Alcen sus manos, enséñenle al mundo cuánto ustedes han trabajado para levantar esta nación, enseñen sus manos, sus manos limpias que trabajaron, que lavaron, que estudiaron, que levantaron al caído, que se sacrificaron por los que menos tienen, por los más desvalidos. Así somos las mujeres, capaces de levantar un hogar, pero también capaces de levantar un país…”, exclamó, dejando que su voz se perdiera entre los miles de gritos.No es la primera vez que la líder del PSC responde un ataque del Mandatario contra ella o su familia. En el 2011, cuando éste le exigió a su madre que renunciara al cargo de presidente de la Corte de Justicia del Guayas, por usar el término “jueces golondrinas” para referirse a Juan Paredes, juez del caso El Universo, la ahora candidata presidencial respondió con una carta pública: “Ud. realmente es ignorante. Ignora que mi madre, la Abg. María Leonor Jiménez de Viteri, entró a la función judicial hace aproximadamente 25 años, cuando yo era una jovencita estudiante, ¿por qué tendría que renunciar ahora? ¿Por qué Ud. lo ordena? ¿Qué, cree que la función judicial es su hacienda y que los jueces son sus peones y que al más puro estilo gamonal ordena despedirlos? ¡Vaya a ordenar a los lacayos que aún le temen!”. La carta resultó premonitoria: cinco años después de meter las manos en la administración de justicia, Correa hace exactamente lo que ella dijo.

El discurso duró un poco menos de 18 minutos. Mujeres cabezas de familia, madres solteras, abuelas con sus nietos. El primer evento de masas de Viteri en esta precampaña electoral fue un éxito, según los organizadores. Glenda Lupu, una empleada de 37 años llegó con otras 11 mujeres. Al final del acto sentenció con una paradoja: "ella tiene los pantalones para gobernar este país”.

Abundan las historias de políticos que han soñado toda su vida con llegar al poder. Algunos lo lograron. Francisco Latorre, el amigo íntimo de Rafael Correa, narró alguna vez que el actual Mandatario fantaseaba con Carondelet desde la adolescencia y que la premonición de que alcanzaría su objetivo le sobrevino en medio de una partida de ajedrez. Algo similar le había pasado a Mauricio Rodas, excandidato presidencial y actual alcalde de Quito, quien, según contó su madre a la  revista Diners en la edición de noviembre de 2014, cuando era niño hasta había ideado un eslogan: “Mauricio es servicio”.

Pero la historia de Cynthia Viteri no comienza así. Familia de clase media. Nació y pasó su niñez en una casa de dos plantas ubicada en Colon 421, entre Chile y Chimborazo. Pleno centro de Guayaquil. Posiblemente su mayor desgracia fue la muerte por cáncer de Yul, su hermano. “Nos destrozó el corazón. No hay semana en que no visite su tumba”, dice la madre, Leonor, como si no hubiera pasado el tiempo. Y han pasado más de 35 años desde entonces.

A la actual candidata a presidente, la vida se le vino de golpe apenas salida de la niñez: fue madre soltera a los 16 años.

A la actual candidata a presidente, la vida se le vino de golpe apenas salida de la niñez: fue madre soltera a los 16 años. Ella está orgullosa de que eso no detuvo sus sueños. Lo ha recordado reiteradamente en sus discursos. En Tulcán, cuando fue presentada oficialmente como precandidata a la Presidencia, narró cómo enfrentó su precoz maternidad: “…a ustedes jóvenes, a los que el Estado les ha dicho qué estudiar, que al que quiere ser médico le dice que vaya a que construya casas, al que quiere ser abogado le dice que mejor se haga ingeniero. Las puertas que ven cerradas, se abrirán. No pierdan la esperanza. No importa lo que estén viviendo. Se puede. Siempre se puede. La esperanza y la resistencia es lo único que me mantuvo de pie hace más de 30 años, cuando tenía más o menos la edad de ustedes. Fui madre adolescente. El cuarto curso lo estudié mientras vomitaba por mi embarazo o tenía los consabidos mareos, pero ¿me retiré? No. La universidad la continué sola, con tres hijos que mantener, ¿me retiré? No. Estudiaba en el colegio por las mañanas y en la tarde trabajaba en un supermercado, no tenía carro, usaba mi bicicleta…”.

Cynthia Viteri está a un mes de cumplir 51 años. Y tiene 20 de matrimonio con Joaquín Villamar: “mi esposo, mi mejor amigo, mi compañero”, como se refirió a él cuando aceptó la candidatura de La Unidad. Es madre de cinco hijos. Vive en una casa en Urdesa, al norte de Guayaquil. Comparte su espacio con Fulana, Perencejo, Bienvenido, Chivito, Roco, Spoty, Max… Son sus cinco gatos y cinco perros. El último en llegar fue Spoty, que aterrizó en el hogar Villamar – Viteri hace dos meses. Proviene de Mapasingue, zona de donde su hija Julianna lo recogió malherido. No es la única mascota con problemas. Roco es ciego. Max está saliendo de un cáncer. Son animales que vienen de las calles, que probablemente morirían si no fuera por la ayuda de la aspirante presidencial y su familia.

La política está en su ADN. No solo su abuelo materno fue un activo dirigente del CFP, sino que su bisabuelo paterno fue Justiniano Viteri Jaramillo, uno de los caudillos liberales que luchó junto a Eloy Alfaro. Y, ¿realmente piensa que va a ganar la próxima elección? Amalia Gallardo, una colaboradora, no lo duda ni un segundo: “Cynthia va a ser la primera presidenta del Ecuador, con la gracia de Dios”. El equipo de la candidata de La Unidad está compuesto casi todo por mujeres. En ese grupo también están Mónica Zamora, Elizabeth Hidalgo, Susana González… son amigas que se conocen hace años, incluso desde la época colegial. Y están convencidas de que esta campaña será como una gran operación matemática. “En política nunca hay que restar ni dividir, sino sumar. Pero a mí más me gusta multiplicar”, subraya Amalia.

La pelea no es sencilla. Viteri se enfrenta a un oficialismo que lleva diez años en campaña, a un banquero que lleva cinco y a un viejo político aupado por los grandes movimientos sociales y de izquierda de la Sierra ecuatoriana. Se enfrenta también, quiera que no, a luchar contra la misoginia de propios y extraños, y los intentos de minusvalorizarla por ser mujer y por provenir de un partido donde manda un líder de la vieja escuela, llamado Jaime Nebot.

Por lo pronto, la última encuesta de Informe Confidencial, realizada con motivo de la Convención para designar candidato de la coalición opositora liderada por el PSC, arrojó que Viteri y Lasso están separados por 3 puntos, un empate técnico. ¿Cuál ha sido la base para ese resultado? Pisar a fondo en Guayaquil, Machala Babahoyo, Esmeraldas… Y, ¿cuál es el próximo paso? Viteri y su campaña están convencidas que la próxima y principal estación a conquistar es Quito.