Duque: el camino a la victoria y los desafíos de su gobierno

Duque: el camino a la victoria y los desafíos de su gobierno
¿Cómo se explica la elección de un candidato que hace unos meses era poco conocido, y cuáles son las tareas y dilemas que habrá de resolver dentro y fuera de Colombia? Este sigue siendo un país de centro-derecha, y mientras este sector logró unirse alrededor de Duque, la izquierda no logró unificarse detrás de Petro. En segunda vuelta Duque recibió el apoyo de los partidos tradicionales (Liberal, Conservador, Partido de la U, Cambio Radical, Partidos cristianos, Opción Ciudadana), mientras que Petro no pudo dar garantías —o las tuvo que firmar en mármol— a los líderes de la centro-izquierda.
18 de Junio del 2018
Nicolás Liendo/ razonpublica

Balance de una jornada

Con una votación sin precedentes Iván Duque ganó las elecciones de segunda vuelta y será el próximo presidente de los colombianos hasta el 2022.

Duque obtuvo 10.373.080 votos (53,98 por ciento) mientras que Gustavo Petro alcanzó 8.034.189 (41,81 por ciento). La diferencia con respecto a la  primera vuelta se redujo apenas en un dos por ciento, lo cual sugiere que la moderación marcada del discurso de Petro después de la primera vuelta no fue suficiente para acercarse al candidato uribista.

Antes de seguir adelante debo destacar dos buenas noticias para la democracia colombiana:

  • Las elecciones fueron las más pacíficas en la historia, sin candidatos asesinados, sin puestos de votación amenazados, sin electores impedidos para expresar libremente su voluntad política.
  • El aumento sustantivo de la participación electoral —producto en muy buena parte de esa misma reducción de la violencia— ; aunque Colombia tenía apenas una tasa de participación promedio de 44 por ciento, para sorpresa de muchos esta vez ascendió a 52 por ciento, lo cual implica que más de 19 millones de ciudadanos votaron para escoger al nuevo presidente. 


Iván Duque recibió el apoyo cerrado de los partidos tradiconales, mientras que en el lado de Gustavo Petro, la izquierda no logró conformar un frente único. La población percibió la dispersión e incluso el cambio de discurso del petrismo, para obtener votos.

Un largo camino al Palacio de Nariño

Iván Duque Márquez llega con 41 años a la presidencia de la República, convirtiéndose en el tercer presidente más joven de la historia.

Este atributo de juventud, que algunos relacionan con la inexperiencia, también puede leerse como renovación, ausencia de compromisos politiqueros e intachable reputación. O sea que la juventud es lo que uno hace de ella. Puede servirle para tener más energías para trabajar, y una mayor cercanía con más del 70 por ciento de los colombianos que actualmente tienen la misma edad o menos: un presidente joven para una población joven.

También es cierto que más y más países escogen presidentes jóvenes, cómo son los casos de Emmanuel Macron (40 años) en Francia, Justin Trudeau (46 años) en Canadá o Jacinda Ardern (37 años) en Nueva Zelanda. Sin embargo Colombia estaría yendo en contravía de esos países, donde poblaciones viejas escogen líderes jóvenes, porque aquí la mayoría de los votantes son jóvenes. Esto sin duda puede acelerar los procesos de cambio y modernización social del país.

Uno por uno, Iván Duque fue convenciendo a propios y extraños de sus cualidades como líder, y de su carácter moderado dentro de una coalición con apoyos heterogéneos, pero siempre dentro del espectro político de la centro-derecha.

En julio de 2017 Duque comenzó su precampaña con niveles significativos de resistencia dentro del Centro Democrático —tanto así que algunos líderes sostenían que era “santista” y que “carecía de los valores propios del uribismo”—. Sin embargo en diciembre se impuso a través del mecanismo de encuestas privadas sobre otros cinco precandidatos de su partido. Luego, gracias al acuerdo entre los ex presidentes Uribe y Pastrana, en marzo pasado  Duque derrotó de manera contundente a la ex ministra de defensa Marta Lucía Ramírez y al ex procurador Alejandro Ordoñez en una consulta interpartidaria. Allí Duque ya obtenía 4 millones de votos, del total de más de 6 millones que participaron en la consulta.

Uno por uno entonces, Iván Duque fue convenciendo a propios y extraños de sus cualidades como líder, y de su carácter moderado dentro de una coalición con apoyos heterogéneos, pero siempre dentro del espectro político de la centro-derecha.

Los aciertos de Duque y su campaña se vieron reforzados por los errores de los demás candidatos, particularmente de Germán Vargas Lleras. Este, quien fuera el vicepresidente de la reelección de Santos, zigzagueó entre el apoyo y la distancia del proceso de paz, y aunque al comienzo quiso presentarse como el “verdadero candidato de derecha”, con el correr de las semanas se volvió a mover al centro. Estas idas y vueltas dejaron a Duque como un candidato coherente en sus ideas, como el único que proponía modificaciones al acuerdo con las FARC y su implementación, y como la única opción de derecha para un país que ha sido históricamente conservador.

Es decir que la coalición entre Uribe y Pastrana rindió frutos y resolvió democráticamente  sus posibles diferencias. En cambio los que no hicieron coaliciones y no pasaron por consultas no llegaron a segunda vuelta. Petro, por su parte, si bien fue a consulta con Carlos Caicedo, no compitió con otros líderes de la centro-izquierda que reclamaban otras condiciones como Fajardo y De la Calle. A la postre, ninguno de estos dos le daría el apoyo en segunda vuelta. Por lo tanto, la izquierda se fragmentó,  y esto le costó la Presidencia.

Las razones del triunfo de Duque


Simpatizantes de Iván Duque. Foto: Twitter de Iván Duque

Además de los factores mencionados, cabe mencionar otros cuatro que ayudarían a explicar la victoria de Iván Duque sobre Gustavo Petro:

1. Desde 2002 el uribismo se ha convertido en la mayor fuerza política del país, ya que Álvaro Uribe o su candidato han triunfado en todas las elecciones presidenciales —con excepción de la segunda vuelta de 2014—. En promedio, en elecciones presidenciales el uribismo logra acumular un 35 por ciento de la votación total, y en las legislativas el partido de Uribe consigue 51 congresistas.

2. En el contexto de polarización que resultó del “plebiscito por la paz” y el controvertido proceso de “implementación” del Acuerdo con las FARC, Duque fue el candidato más moderado dentro de la centro-derecha, mientras que Petro es percibido como el más radical de la izquierda. Esto último viene a ser confirmado por el hecho de que ninguno de los otros tres candidatos presidenciales lo hubiera apoyada en la segunda vuelta: Vargas se fue con Duque, y Fajardo y De La Calle optaron por el voto en blanco. De esta manera, los votantes de centro que no son anti-uribistas se inclinaron con más facilidad hacia Duque.

3. Colombia sigue siendo un país de centro-derecha, y mientras este sector logró unirse alrededor de Duque, la izquierda no logró unificarse detrás de Petro. En segunda vuelta Duque recibió el apoyo de los partidos tradicionales (Liberal, Conservador, Partido de la U, Cambio Radical, Partidos cristianos, Opción Ciudadana), mientras que Petro no pudo dar garantías —o las tuvo que firmar en mármol— a los líderes de la centro-izquierda.

Ahora bien, no se debe pasar por alto el hecho de que Petro haya batido un récord histórico para la izquierda radical, lo cual implica un claro llamado de atención tanto para la derecha —para que tenga un buen desempeño en el gobierno— como para el resto de la izquierda sobre su escasa efectividad en la campaña del voto en blanco.

4. Finalmente, los colombianos apostaron por Duque porque no se sintieron seguros del experimento de modelo de país que propone Petro. En cambio el candidato del Centro Democrático propuso un modelo que implica cambio y búsqueda de la equidad, pero bajo los estándares históricos del pueblo colombiano: democracia, libertad y economía de mercado.

Los desafíos del próximo gobierno

El panorama nacional e internacional que encontrará Duque cuando asuma la Presidencia es complejo, dinámico y presenta grandes retos.

-En el ámbito nacional, Juan Manuel Santos deja el gobierno con una economía estancada, inversiones en retirada, un crecimiento promedio anémico del 2 por ciento en los últimos 4 años, y un Estado grande e ineficiente.

El próximo presidente tendrá que definir, con recursos cada vez más escasos, cómo se insertará Colombia de forma más decidida en el mercado global, cuál sector económico –industrial, de servicios, agrícola o energético-minero- escogerá para jalonar el crecimiento económico y reducir las desigualdades estructurales.

Duque tendrá que demostrar que es él quien gobierna y no Uribe por interpuesta persona. La confección del gabinete ministerial es la primera prueba de fuego para demostrar independencia, liderazgo y renovación de la política.

Para impulsar las grandes reformas a las instituciones del Estado (justicia y político-electoral), la economía naranja, desarrollar los acuerdos con las FARC, mejorar la seguridad y la legalidad, combatir el narcotráfico y dar una respuesta efectiva a los millones de venezolanos en el país, Duque requerirá de mayorías en el Congreso. Actualmente, en un cálculo meramente aritmético Duque cuenta con el apoyo de 81 senadores de 108, y de 146 representantes de 172. Sin embargo, esto supondría la ausencia de divisiones en los partidos que se plegaron a Duque en segunda vuelta, y aún está por verse qué tan sólidos serán esos respaldos después de las reparticiones burocráticas.

Por lo tanto, ante un Congreso fragmentado, la gobernabilidad dependerá en parte de la habilidad para unir programáticamente a los vencedores en una coalición de gobierno, y para sellar esa fuerza mediante ciertas cuotas burocráticas a las que el sistema político ya nos tiene acostumbrados.

En segundo lugar, Duque tendrá que demostrar que es él quien gobierna y no Uribe por interpuesta persona. La confección del gabinete ministerial es la primera prueba de fuego para demostrar independencia, liderazgo y renovación de la política.

-En el plano internacional Duque enfrenta un panorama más benévolo en lo político, a partir de la creciente ola de gobiernos de derecha que están llegando a la región, y un escenario económico proteccionista que deja en situación de mayor vulnerabilidad a países como Colombia.

En lo político, Duque debe mejorar las relaciones con los países vecinos, resolver el asunto legal de límites con una convulsionada Nicaragua, y avanzar en el cerco sancionatorio ante el régimen dictatorial de Nicolás Maduro. A lo anterior se suma la obligación de alcanzar los elevados estándares institucionales que supone el ingreso a la OCDE y a la OTAN.

En términos económicos, la profundización de la Alianza del Pacífico dependerá del resultado electoral en México el 1 de Julio. La llegada a la OCDE también condiciona las políticas económicas y demanda ajustes en pensiones y desregulación comercial.

Finalmente, la población consumidora y productora aún no siente los beneficios de los múltiples tratados de libre comercio firmados en las últimas décadas. Es una labor primordial dar impulso a esos acuerdos beneficiando con mayor claridad a los productos nacionales. Aquí es importante advertir que, ante la visión inocente de que con la victoria de Duque inmediatamente lloverán las inversiones extranjeras, el contexto proteccionista y la experiencia reciente de Argentina o Paraguay nos enseñan que la dependencia excesiva de factores y agentes externos puede atrasar el proceso y dejar vulnerable al país.

En conclusión, entramos al primer gobierno del posconflicto con las FARC, y por el bien de Colombia es crucial que -con o sin reformas- la paz se consolide, pero al mismo tiempo para que ocurra lo anterior, es imperioso que la economía recupere la senda y las profundas brechas de desigualdad sean reducidas.

Nicolás Liendo: vicedecano de la Escuela de Política y Relaciones Internacionales de la Universidad Sergio Arboleda y candidato a Doctor de la Universidad de Arizona.

El artículo original aquí