FMI: el jamás imaginado as bajo la manga

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FMI: el jamás imaginado as bajo la manga
Es que la situación es desesperada: o se inyecta a la economía mínimo USD 2.500 millones de aquí a diciembre o entramos en picada hacia desenlaces impredecibles. Y solo salvando la economía tiene Correa posibilidades de reelegirse. Así que se halla en una disyuntiva tan espantosa que, dicen, estaría dispuesto a tragarse este sapo.
21 de Septiembre del 2015
Gonzalo Ortiz Crespo

Rafael Correa se tendría guardado un as bajo la manga. Al menos eso es lo que creen algunos empresarios y banqueros de Guayaquil.

Esa baraja de triunfo sería un préstamo del Fondo Monetario Internacional de 3.000 millones de dólares. ¡¿Del Fondo Monetario Internacional?! Sí, lo leyó bien. ¿Aquel contra el que Correa ha arremetido como símbolo del neoliberalismo capitalista? El mismo. ¿Aquel del que dijo que tanto mal hizo al Ecuador con sus “recetas” que nunca le iba a permitir volver? El mismo. ¿Aquel al que ha vapuleado tantas veces? El mismo. ¿Ese cuyas visitas no recibió entre 2008 y 2013 razón por la cual aseguraba que al Ecuador le iba “requetebién”? El mismo. “¡Ya basta de tanta hipocresía!”, como subrayó en su visita a República Dominicana en abril de 2013, donde también dijo que “Si vienen como turistas (los del FMI), bienvenidos, pero si vienen como nuevos virreyes, por el mismo avión se van”.

Pero ya el año 2014, ¡cómo olvidarlo!, una misión del FMI visitó otra vez el Ecuador  con aquiescencia del gobierno y emitió su primer informe en siete años sobre la economía nacional, aunque el documento se entregó en reserva en la sede del FMI en Washington, difundiéndose solo un desabrido comunicado de prensa. Y ahora, este julio, una nueva delegación visitó el país para recoger información, y el ministerio de Finanzas se tomó la molestia de aclararnos que el Gobierno no quiere ninguna relación financiera que involucre préstamos con esa institución.

Res ipsa loquitur, como decían los latinos, la cosa habla por sí misma. Estas tibias aproximaciones muestran una reaproximación con el antes aborrecido FMI.

¿Pero cómo un socialista del siglo XXI, un “revolucionario” de mente lúcida y corazón ardiente puede aceptar un préstamo del FMI?

2500

Millones de dólares es lo mínimo que necesita el país para poder llegar a diciembre, se estima en círculos económicos. 

La cosa no es tan fácil. Y mis fuentes no dicen que el préstamo esté concedido, sino que se lo intenta conseguir. Para ello, Correa tendría un gran negociador. Un ecuatoriano que estuvo fugado muchos años y al que Correa amnistió (bueno, cuya causa fue declarada ilegal por una corte, pero ya sabemos que etc., etc.). Lo cierto es que él sería el intermediario: goza de la confianza de Correa y del Fondo.

Bueno, ese es el intermediario y aún no ha contestado usted, arriesgado comentarista, ¿cómo un socialista del siglo XXI, un “revolucionario” de mente lúcida y corazón ardiente, que sigue hablando contra los empresarios, los ricos y los oligarcas como este sábado en Lumbisí, puede aceptar ahora un préstamo del FMI?

Es que la situación es desesperada: o se inyecta a la economía mínimo USD 2.500 millones de aquí a diciembre o entramos en picada hacia desenlaces impredecibles. Y solo salvando la economía tiene Correa posibilidades de reelegirse. Así que se halla en una disyuntiva tan espantosa que, dicen, estaría dispuesto a tragarse este sapo.

La estrategia, por supuesto, tendría que darle aire a Correa para tomar unas medidas previas que no parezcan imposición del FMI. Por ejemplo, eliminar el Impuesto de Salida de Divisas paulatinamente, primero para las empresas que hagan nueva inversión en el país (ya está en el proyecto de alianzas público-privadas), a los bancos que paguen préstamos al exterior, luego a todo movimiento bancario y finalmente a todas las empresas, quizá dejándolo solo para personas naturales. Correa las tendría que tomar antes, para disimular, como si fueran de propia iniciativa, pero ya de acuerdo con el FMI.

Otra medida indispensable sería archivar las leyes de impuestos a la herencia y a la plusvalía. De ellas han seguido y seguirán hablando como que las van a enviar, pero la verdad de la milanesa es que las acaban de postergar al informar sobre los primeros 90 días de diálogos.

Pero ¿cómo lo va a explicar Correa a sus huestes? ¿Soportarán esta herejía quienes siguen creyendo en él con fe de carbonero y han aguantado lo del Yasuní, Duzac, el comecheques, los Dhruv, el Gran Hermano, los USD 1.200 millones enterrados en la quimera de la Refinería del Pacífico y todos los demás sapos y culebras del despilfarro, la pignoración del petróleo a China y a Tailandia, la venta del oro físico, la falta de libertades cívicas y la persecución a todo aquel que piensa distinto, en aras del “proyecto”? ¿Cómo les va a explicar que ha aceptado un préstamo del FMI?

Eso queda en manos de Vinicio y Fernando Alvarado. El primero, como buen publicista, está convencido de que a todo puede darse la vuelta, que basta una buena campaña publicitaria y el mayor control posible de los medios de comunicación. Como con el 30-S, sin ir más lejos, cosa de la que nos acordamos porque ya se acerca la conmemoración (¡por Dios, no irán a poner otra vez a la Megan, el punto más bajo de los nueve años de insufrible propaganda!).

¿Se dan ustedes cuenta, estimados lectores, de que la presentación del préstamo del FMI empezó ya? Por ello la insistencia en las últimas semanas en el nuevo eslogan: “El Ecuador ya cambió”. Verdad es que de allí todavía no se deduce que si el país ya cambió, entonces es posible aceptar un préstamo del FMI. Pero es una manera de preparar el ambiente: si ya cambió, entonces podemos ir hacia una nueva etapa.

Una misión del FMI visitó otra vez el Ecuador  con aquiescencia del gobierno y emitió su primer informe en siete años sobre la economía nacional, aunque el documento se entregó en reserva en la sede del FMI en Washington, difundiéndose solo un desabrido comunicado de prensa.

El gran golpe, en realidad, consistirá en decir que el FMI presta al Ecuador ¡porque cree en el modelo de Correa! O sea el mundo al revés: no es que Correa acepta ningún condicionamiento del Fondo, sino que el Fondo presta el dinero porque sabe que el modelo ecuatoriano funciona y todos los economistas que hablaron de una cercana catástrofe son unos pobres ignorantes, servidores de la oligarquía, pelucones que no saben de economía, simples contadores, mientras el FMI, todo un efe-eme-í confía en el Ecuador y en el modelo implantado por su amado líder y máximo benefactor, el e-co-no-mis-ta Rafael Correa, cuya credibilidad es el mayor tesoro de la Revolución Ciudadana, según reciente confesión que hemos oído todos.

Algo de eso estarán pensando decirnos, y convencerán a la mitad o más de los ecuatorianos. Y eso es todo amigos, todo lo que se necesita para ganar en la primera vuelta en 2017.

Porque eso es lo que se juega Correa. Él sabe que si no pone  al menos 2.500 millones a la economía, pero ya, el Ecuador entrará en una espiral descendente y su reelección será humo de pajas. Por eso está obligado a encontrar una salida. Si consigue el préstamo y con eso paga una parte de la millonaria deuda a los proveedores del Estado (constructores, proveedores de hospitales públicos…, no a las petroleras, que tendrán la última prelación), y si esos proveedores pagan a sus subcontratistas, subproveedores y empleados, el dinero volverá a fluir, con su conocido efecto multiplicador, y se sostendrá el modelo.

Todavía más, según reflexionan esos empresarios y banqueros: con ese efecto económico, la supresión del ISD y la congelación de las leyes de herencias y plusvalía, hasta se podrá atraer algo del capital ecuatoriano que está en el exterior, y el  país podría sobrevivir, tal vez no “requetebién” pero sobrevivir el 2016.

Ahora, claro está, si Correa no lo consigue, el panorama sí se pone muy oscuro, como el de una grasienta cantina llena de humo, con un grupo de jugadores impacientes que escupen en el suelo rodeando la mesa central. Por eso, nuestro líder necesita de urgencia sacar el as de la manga. Aunque se desdiga de toda su cacareada ideología. Ya lo ha hecho varias veces; para eso están los hermanos Alvarado, para dar la vuelta al significado de las cosas.