La paradoja de Correa

La paradoja de Correa
De cómo Correa perdió las elecciones de febrero del 2014 y de su estrategia para el 2017. Este es un análisis desde adentro del movimiento que originó el proceso político de la llamada "revolución ciudadana". Especial para 'Plan V'.
10 de Marzo del 2014

No hay que olvidar el contexto. El ciclo político que generó el actual proceso político no ha terminado, porque a diferencia de los gobiernos de antes del 2007, el triunfo de la "revolución ciudadana" fue una ruptura política estratégica del viejo orden. Parió una nueva Constitución, a diferencia de la Constitución de 1998, que fue un reencauche aprobado en un cuartel militar. El que empezó en el 2007 fue un nuevo momento en la historia del país, un momento de agotamiento de partidos políticos, de la necesidad de ampliar la democracia, de tener un gobierno con mayor participación de la ciudadanía y de dignidad ciudadana, y eso explica por qué se produjo una ruptura. No es que la gente votó por un cambio sin pensarlo, sino porque quería un cambio, una revolución pacífica y ciudadana. Y votó por ampliar la democracia, porque eso fue lo que Alianza País vendió en esa campaña. Este sueño se expresó en la Constitución de Montecristi, pero también en esa Constitución se expresó la agenda propia de Rafael Correa.

Correa construyó el contexto de esta campaña, por eso fue el gran derrotado, sobre todo en Quito.

Aquí el único que ha tenido agenda propia en todo este proceso es Rafael Correa. Que es la agenda autoritaria, la agenda de concentrar el poder, y lo que entra en crisis en el 2014 es -precisamente- esa actitud, que se expresa con absoluta claridad en esta elección. Por qué, porque Correa asume el liderazgo de la elección (luego se porta desleal con sus seguidores y los culpa del fracaso), que a diferencia de anteriores elecciones municipales, esta elección tuvo un componente distinto, que impuso el propio caudillo. El caudillo se erige como  el jefe de campaña y vocero de todos los candidatos, por tanto él y todos asumen en Alianza País que Correa es el gran elector y dueño de la voluntad popular, asumen que no ha perdido nunca y es invencible. Y es además el propietario de la verdad, porque lo que él dice es la verdad, una especie de semidiós que no se equivoca, y probablemente él en su psicología crea que es así. Así se crean las consignas como "Votar por Augusto Barrera es votar por Rafael" y "Todo, todito 35", para permitir a Correa un control de los municipios y que el proyecto de la llamada revolución ciudadana continúe sin ruidos. Revolución que, por cierto, en algunas áreas es mucho más eficaz que el período de la partidocracia. Obra pública, por ejemplo, porque no se trata de volver al ridículo del pasado. Ese proyecto de la partidocracia colapsó y no se trata de volver a revivirlo sino de construir uno nuevo que profundice los derechos, la democracia y la dignidad de las personas. Porque si la gente votara sólo por obra pública, Correa debió haber ganado estas elecciones.  Y digo Correa porque él fue el candidato, por el contexto que él construyó. Por eso es el gran derrotado. En Quito no es Augusto Barrera el derrotado. Barrera fue el segundo candidato, el primero fue Correa. Y el momento en que él asumió ese reto, asumió un riesgo político enorme, porque si perdía la factura pesaba sobre él. Él polariza la elección y dice que voten por él o contra él. Correa hace eso, no fue la oposición. La oposición fragmentada, dispersa no hizo un frente común porque no tiene un proyecto común. 

Pero la polaridad no es el escenario político ecuatoriano, el escenario ecuatoriano es la diversidad. Se presentan las distintas fuerzas políticas, participan en el proceso electoral; desde su perspectiva no pueden, no quieren o no desean hacer alianzas -pueden ser las tres cosas- y cuando entran al proceso de las elecciones de febrero del 2013 aparece el gobierno triunfante, porque la oposición no logra ponerse de acuerdo. El escenario de noviembre, principios de diciembre del 2013 es el de un gobierno triunfante con un Presidente que, según su movimiento, es invencible. Por lo tanto, esta elección local está ganada. Estas elecciones eran como un rito que había que cumplir, un requisito, pero ya sabemos el resultado de este rito electoral. El pueblo es unificado por un líder, que no es de oposición sino el propio Rafael Correa, que unifica al país alrededor de una gran corriente de opinión, porque éste no es un partido, ni siquiera un movimiento, es una gran corriente de opinión.

Esta es una derrota política de Correa. Y demuestra que el mito de la invencibilidad era eso, un mito, que algunos ayudaban a alimentar, sobre todo por grandes voceros que desde el periodismo contribuyeron a ese mito: periodistas lanzados de analistas políticos que asumieron como verdad el mito de que Correa es invencible. Y el otro mito que también alimentaron es que la estrategia de un solo candidato era la que podía vencerlo. Y eso no es verdad porque el problema no es que se unan las cúpulas políticas sino que se una la voluntad del pueblo, y el 23 de febrero fue la voluntad del pueblo la que se unió, se une como corriente y en ese contexto puede votar por cualquiera, por Pachakutik, por CREO, por SUMA, por Avanza… Esta percepción que se junta es contra Correa, se genera por el rechazo a Correa. Y eso muestra que 22 de las 24 capitales de provincia no votan por Alianza País en las elecciones para alcalde. Y eso no incluye a quienes ahora se declaran sus aliados, Avanza, porque este movimiento no se presentó a las elecciones como apoyado por el gobierno, el gobierno llamó a votar "Todo, todito 35".

Entonces, ¿de quién es el sectarismo? ¿Quién se inventó la consigna? ¿Quién aprobó la estrategia? El líder. Porque en ese movimiento no hay gente que contradiga u opine. La de Todo por la 35 fue una estrategia aprobada por Correa, sin duda. No está diciendo voten por mis aliados también, al contrario, los ignora. No es que Galo Mora ignora a los aliados, los ignora Correa. Y ahora se quiere desmarcar de esa decisión porque Correa nunca asume responsabilidades.

La agenda autoritaria, dogmática, sectaria y anti democrática es la que entra en crisis en esta coyuntura.

El “mérito” de Correa es nunca asumir responsabilidades. La culpa siempre es de la vaca, siempre es de otro. En su lógica, la culpa de esta derrota la tienen Augusto Barrera, Galo Mora, Betty Tola… Estos dirigentes no tienen capacidad de decirle al Presidente, de marcarle la línea política. Que es una línea dogmática, sectaria, autoritaria y antidemocrática. Es esa estrategia la que colapsa, pero es un agotamiento de Rafael Correa. ¿Por qué no ganó? Lo que se preguntaba su equipo es ¿cómo, si hacemos obra pública vamos a perder en ciudades donde hemos hecho esa obra? Porque aparece un factor con el cual no contaba el gobierno y es parte de la necesaria incertidumbre que envuelve la vida: la gente vota también por la dignidad, por participación, por democracia. Y cuando el gobierno hace lo que hace, como en el caso de los 10 de Luluncoto, parece que no le afecta, y pasa, sí, pasa ese momento, como también parece que pasara lo de los chicos del Central Técnico, acusados de terrorismo por protestar en una ciudad donde históricamente los estudiantes han estado en las calles… Entonces la realidad se choca con la concepción que no tiene Correa, él no comprende que es el pueblo el que construye la historia y que hay que estar con ese pueblo en la calle construyendo la historia, y el papel de un verdadero gobierno revolucionario es movilizar a ese pueblo a buscar la igualdad, la justicia y no reprimirlo. Así que esos jóvenes reprimidos no son sólo ellos, son parientes, son amigos, son gente del barrio, son otros estudiantes que pensarán -porque las personas no son robots- en la barbaridad de que por protestar en la calles te declaran terrorista y cómo criminalizan la protesta social; porque Correa cree que la protesta social es ilegítima e ilegal, y la protesta social es legítima, legal y es parte consustancial de la historia de los pueblos.

Qué diferencia sería que construyas la obra pública con participación ciudadana. El valor agregado de la participación, de la democracia, de la construcción de ciudadanía es enorme. Y eso es lo que va a pasar factura: Bonil, los médicos, los periodistas insultados todas las semanas, los allanamientos a opositores, las acusaciones de agentes de la CIA a periodistas y opositores políticos, lo de Jaime Guevara, una presidenta de la Asamblea sometida y subordinada al Presidente, sin personalidad política. El maltrato, que es un maltrato a todos los ciudadanos con su violencia verbal. Una reacción al Yasuní, el irrespeto a las identidades locales… Son matices, pero no las causas esenciales de lo que pasó el 23 de febrero. Todo esto va erosionando un apoyo. Gente que antes apostaba al Presidente, con fe y esperanza, empiezan a dudar, y de la duda pasan al castigo y aquí lo que se produce es un castigo social.

Tampoco funcionó el escenario apocalíptico, porque era mentira. Quien hacía la campaña sucia no era Mauricio Rodas, en Quito, quien creía que los quiteños eran tontos no fue Rodas, quien llamaba a las 3 de la mañana a pedir el voto por Rodas no era Rodas.

Es Correa el que manda cartas anunciando que viene el Cuco y esto  no funcionó tampoco. Sacaron todos los recursos, tanto que ni Lenin Moreno les funcionó, ni la bondad, el exvicepresidente casi inmaculado. Sacaron todo lo que pudieron pero no lograron revertir una tendencia, que se convirtió en una marea con 20 puntos de diferencia.

El contexto histórico es el que llevó a Quito a votar por Augusto Barrera en el 2009. El contexto actual es el que llevó a Quito a votar en su contra.

El gobierno entró en una crisis política, no en una crisis de gabinete. Y lo grave es que Correa no asume la responsabilidad. Hay una crisis política producto de la torpeza política. Una torpeza que no se queda sólo en salir como vocero de la campaña sino también en la cantidad enorme de abusos, incoherencias y maltratos que ha hecho. Las disidencias internas, la forma en que se escogieron los candidatos no explica la derrota, porque si la tendencia pro Correa era hegemónica no hubiese importado quién era el candidato.

La gente vota por contextos. El contexto histórico político es el que lleva a Quito a votar en el 2009 por Augusto Barrera. El contexto actual es otro. Por eso el tema interno de Alianza País no es decisivo; es importante, incide pero no decide. El contexto es fundamental. Hace un año, el pueblo decide entregarle su confianza a Rafael Correa y a su movimiento. El pueblo le da una oportunidad más. Correa pide el voto, y la gente dice: bueno como ha hecho obra, ha manejado algunos temas bien aunque con exageración, hace un balance y lo pone como la mejor opción, y no ve otra alternativa tampoco. Vota por la mejor opción en el contexto político e histórico del momento, esto último es muy importante.

Y hablo del contexto porque todavía -entonces- la opción Correa no estaba agotada, porque aún no pasaba lo del Yasuní, lo de acusar a Martha Roldós de agente de la CIA, el hecho de desaparecer a la Asamblea como espacio político diverso y nacional. Quien gana la elección del 2013 no es Correa, la gana Rafael. Correa para los corruptos, Rafael para su pueblo. Gana el Rafael que abraza niños, amable, que sonríe siempre. Hacen una estrategia electoral brillante, porque Correa tenía problemas. Adaptan su doble personalidad a la campaña. Rafael el bueno y Correa que ha sido duro con los malos. Fue genial. Pero cuando empieza a ser duro con los niños del Central Técnico, entonces Rafael es el mismo que Correa. Cuando pasa la campaña, Rafael y Correa se juntan de nuevo y se olvidan de que tienen que mantener esa dualidad. Eso pasó factura, porque ya no es Rafael el Bueno por el que yo voté en el 2013. Es el mismo agresivo de siempre. El mismo prepotente. No ha sido duro sólo con la partidocracia y los malos, es malo con todo el mundo: con los médicos, con un caricaturista, con los estudiantes… Así, una estrategia inteligente de campaña, como fue resaltar la obra pública, exaltar a Rafael que es Correa con los malos pero Rafael para su pueblo, y en el contexto los partidos arrinconados y algunos por los techos, por una supuesta falsificación de firmas con lo cual neutralizaron y pusieron a los partidos de nuevo en el escenario de la desconfianza. Era un escenario distinto. El contexto es determinante. Para ganar una elección hay que generar un contexto favorable. Si es que éste no existe no hay posibilidad alguna de ganar una elección. Y eso es lo que Rafael generó en el 2012-2013 un contexto favorable.

Esto no está ganado ni perdido, el gobierno sufrió una derrota táctica. Es evidente que Correa es la mejor carta que tiene PAIS para el 2017, pero su votación negativa ha crecido.

Luego de todo esto vendrá una lectura de porqué perdimos. Ya no la pública, la emocional, ya no la política del momento. Y si Correa es capaz de asumir lo que pasó, entonces tendrá una nueva estrategia. La cual será un poco más racional que los días luego de las elecciones, de buenos y malos humores, de golpes de ciego. El gobierno superó el empate, con metida de mano, en la consulta popular del 2011, con una estrategia parida luego de una investigación de fondo hecha por un equipo de expertos, donde Correa no jugó de estratega sino de ejecutor, y cuando él asume como ejecutor tiene mayores posibilidades de victoria, porque es entonces cuando escucha.  El momento que él hace la estrategia se complica porque no escucha, impone, sale del contexto. En este caso no sabemos cuál será la reacción. Depende de eso si es que termina de hundirse. Si la reacción no es atolondrada sino pensada, es decir si los equipos investigadores vuelven de España y de México y hacen las investigaciones pertinentes, entonces puede hacer una estrategia coherente de respuesta. Esto no está ganado ni perdido, está en disputa, donde el gobierno ha tenido una derrota táctica por el momento; pero viene un enfrentamiento político fuerte y es en el 2017. Es evidente que Correa es aún el mejor candidato que tiene PAIS, pero sus negativos han crecido, su techo es mayor que antes. Su techo en su mejor momento era el 60% y hoy vemos que la votación promedio de PAIS ha sido 36%. El resto es un voto negativo para Correa y eso es lo que deben revertir si piensan ganar la reelección en el 2017. Correa dice gozar de gran popularidad, pero sus errores pueden llevarlo a perderla. Sin embargo, frente al reclamo democrático, la continuidad de este proceso dependerá de un líder que no cree en la democracia y que es incapaz de revertir esa forma de pensar la política. Esta es la gran paradoja.