Moncayo, a tragos de guayusa

Moncayo, a tragos de guayusa
El aspirante del Acuerdo Nacional por el Cambio asistió a un conversatorio en la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (Flacso) al norte de Quito, en donde explicó sus diferencias con el correísmo, sus posturas sobre temas polémicos y no dudó en felicitar algunas de las obras del régimen de Correa.
10 de Enero del 2017
Redacción Plan V

Un candidato presidencial, varios estudiantes de posgrado de ciencias sociales y una jarra con sendos vasos de una bebida de color verde. Eso se podía ver en el escenario del auditorio principal ubicado en los subsuelos de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (Flacso), ubicada al norte de Quito, la lluviosa tarde del 9 de enero.

El candidato presidencial era el general (r) Paco Moncayo,  el abanderado del Acuerdo por el Cambio, una coalición de izquierdas que agrupa al movimiento indígena Pachakutik, la Unidad Popular, la Izquierda Democrática y algunos grupos y personajes ex correístas. Los moderadores eran estudiantes y profesores de la Flacso y de la Universidad Central. La bebida de color verde no era limonada: era un té de guayusa, pues el debate se llamaba "Wayusa política 2017", así como W, muy étnicamente. 

Se dice que el té de guayusa, una planta que crece en la Amazonía, por su alto contenido de cafeína, es ideal para combatir el cansancio del día y es una fuente de energía extra. Moncayo, ex militar que ha recorrido todos los rincones de la geografía patria, lo sabe perfectamente, y por ello, se sirve varios vasos de la jarra de guayusa. En por lo menos tres ocasiones elogia el sabor de la bebida amazónica y habla de sus propiedades benéficas. 


El foro fue organizado por estudiantes de ciencias sociales de dos universidades de Quito.


Ante una jarra de guayusa, Paco Moncayo explicó en qué se diferencia del correísmo más ortodoxo. 

El auditorio de la Flacso está completamente lleno, de estudiantes de ese centro de posgrados y de la Universidad Central. Algunos, inclusive, con los celulares en alto, graban cada palabra del postulante de las izquierdas como si tuvieran que entregar un resumen al día siguiente de tarea.

El auditorio de la Flacso está completamente lleno, de estudiantes de ese centro de posgrados y de la Universidad Central. Algunos, inclusive, con los celulares en alto, graban cada palabra del postulante de las izquierdas como si tuvieran que entregar un resumen al día siguiente de tarea. Moncayo viste de traje y corbata, y ha llegado acompañado de algunos de sus asesores y de Margarita Carranco, la líder feminista con quien trabajó en su gestión municipal en Quito y que también aceptó de Mauricio Rodas la Secretaría de Inclusión Municipal. 

Felicitaciones a Correa

La conferencia es larga y tiene varios temas para el diálogo. Se inicia con la economía, en donde Paco Moncayo no tiene empacho alguno en felicitar, de manera rotunda, al Gobierno de Rafael Correa por haber construido las hidroeléctricas que habían sido planificadas por la dictadura militar del general (r) Guillermo Rodríguez Lara en los años setenta, y que no se pudieron hacer porque empresarios dueños de sistemas de generación eléctrica térmica lo saboteaban. Ese es el único tema en el que Moncayo felicita de manera explícita al correísmo, pues sostiene que hay que eliminar impuestos y salvaguardias y bajar el IVA. En general, su intervención sigue la dinámica de su discurso habitual, que no hace cuestionamientos de fondo al manejo del país por parte de la izquierda correísta, pero sostiene que es necesario hacer algunos cambios. 


El foro tuvo una gran acogida entre los estudiantes de la Flacso y la Central.


Moncayo llegó junto con algunos de sus asesores y simpatizantes a la Flacso.

Moncayo precisa que tiene un doctorado y que Abelardo Pachano fue uno de sus profesores de economía, y por ello, sostiene que algunas de las medidas del economista Rafael Correa son claramente equivocadas. 

Mientras el general habla, un grupo de los profesores más conocidos de la Flacso, como Adrián Bonilla, los hermanos Francisco y Fernando Carrión Mena, Simón Pachano y Felipe Burbano de Lara se han sentado en la parte de atrás, en donde escuchan al presidenciable. Se puede ver entre el público al general (r) Ernesto González, ex jefe del Comando Conjunto de las Fuerzas Armadas, y autor de un libro en el que sostuvo que el 30S el presidente Rafael Correa no estuvo secuestrado. 


Los estudiantes tomaron notas y grabaron cada detalle de la intervención del presidenciable.

Moncayo, académico

Moncayo sabe en dónde se encuentra, y habla de categorías políticas, económicas y sociales complejas con soltura. Su voz candenciosa pasa revista a términos como posmodernidad, posneoliberalismo, marxismo, separación de poderes y otros temas. Cuando aterriza sus conceptos, no duda en mencionar sus acciones como alcalde metropolitano de Quito, cargo al que llegó, recuerda, como una mayoría de derecha lo sacó del Congreso. Mucha de la gestión en Quito, del modelo de convivencia y de la práctica adoptada en el gobierno de la capital es la principal carta de presentación de Paco Moncayo. 

Moncayo sabe en dónde se encuentra, y habla de categorías políticas, económicas y sociales complejas con soltura. Su voz candenciosa pasa revista a términos como posmodernidad, posneoliberalismo, marxismo, separación de poderes y otros temas.

Cuando llega la hora de hablar del modelo político, sostiene que no se puede mantener una República sin separación de poderes como la que ha impuesto el correísmo, pues, desde los tiempos de la ilustración que se sabe que unos deben hacer las leyes y otros aplicarlas. En lo político, su propuesta es hacer ajustes a leyes represivas, como la Ley de Comunicación, y también se muestra contrario a mantener el actual sistema de control de acceso a la universidad, que, en su opinión, obliga a los jóvenes a estudiar cosas que no quieren. Cuenta como anécdota que su padre, quien era abogado, no vio con buenos ojos su vocación militar, pero aún así el logró seguir la carrera de las armas. 

Entre el público hay un grupo de jóvenes gais que aplaude de manera entusiasta, e inclusive, llega a gritar "fuera Correa fuera" cuando el presidenciable sostiene, nuevamente, que el Estado no debe meterse entre las sábanas de la gente, aunque fuera del enunciado no ofrece, concretamente, ninguna reforma legal a favor de las minorías sexuales. 

Cuando le preguntan sobre el aborto, Moncayo prefiere responder con su posición sobre la educación sexual, dando a entender que es preferible prevenir que lamentar y que por medio de educar en temas reproductivos a los jóvenes se puede evitar embarazos no deseados, y, por tanto, tener que llegar al aborto, pero, en ese punto, Moncayo tampoco se pronuncia ni a favor ni en contra. 


Margarita Carranco, ex secretaria de inclusión y candidata, estuvo entre las asistentes el foro en la Flacso. 


El candidato posó con algunos de los organizadores del evento en Flacso.

El general se siente a gusto en lo que considera una tribuna académica, y entonces decide teorizar sobre cómo los movimientos que lo apoyan, al igual que el correísmo, han surgido del marxismo, pero sin duda la práctica política de unos es mejor que la de otros. 

Sostiene que no se puede alegar la estabilidad para justificar el autoritarismo, y menciona como ejemplos de ello a Hitler, Franco, Pinochet y otras dictaduras de derecha, pero evita mencionar a cualquier dictador de izquierda del presente o del pasado. 


Con su amiga Ilonka Vargas, actriz, directora de teatro y pedagoga, al finalizar el foro. 

Las opiniones de Moncayo cuando hace gala de relativismo cultural y visiones alternativas, arrancan algunos aplausos del auditorio, mientras el general se sirve un nuevo vaso de guayusa y una de las moderadoras pide respuestas concretas, debido "al tiempo".

Afirma también que, de la misma manera que no se podría imponer la heterosexualidad como norma, se debe imponer el modelo de la sociedad mestiza a los indígenas, pues los pueblos originarios tienen su propia forma de ver el mundo. 

Las opiniones de Moncayo en estos temas, en especial, cuando hace gala de relativismo cultural y visiones alternativas, arrancan algunos aplausos del auditorio, mientras el general se sirve un nuevo vaso de guayusa y una de las moderadoras pide respuestas concretas, debido "al tiempo". Pero sus propias preguntas son largas, enrevesadas y sofisticadas, y parecen más las hipótesis de una tesis que cuestionamientos respetuosos del reloj.

Mientras esto ocurre en el escenario, los estudiantes escriben a mano algunas preguntas para el presidenciable, quien según su campaña tenía previsto salir esa misma noche hacia el interior del país, pero no parece en absoluto apurado para llegar al aeropuerto. Moncayo está muy cómodo en esa tribuna, pues, como ha señalado en varias ocasiones, la academia es una vocación tan importante para él como la carrera militar. 

Una de las preguntas de los asistentes saca exclamaciones en la parte trasera de la sala: ¿cuál política pública mantendría del gobierno de Rafael Correa? El general se refiere, entonces, en términos elogiosos, aunque críticos por los resultados, de la gestión correísta en los campos de la educación, la salud y el bienestar social por los más pobres. Ofrece que su tarea consistirá en perfeccionar estos aspectos que rescataría del actual gobierno. 

Pero no es tan condescendiente con la pregunta de una de las panelistas, una dirigente de la Escuela de Sociología de la Universidad Central, y directora de ese acto de diálogo con los candidatos: ¿Por qué su relación con la Unidad Popular? Moncayo responde cortante: es una pregunta que carga un prejuicio contra el ex MPD. Un prejuicio —dice— alimentado por la propaganda del gobierno y por la derecha. Sueltan que mi ministra de Educación será Mery Zamora: ella es una luchadora, es un lujo de mujer que ha resistido y ha defendido los derechos de los maestros. ¿Por qué ella no puede ser ministra? 

Entonces Moncayo se declara heredero de Alfaro, de Enríquez Gallo, de la Revolución Marcista, de  Guillermo Rodríguez Lara —todos militares— y, dice el general, a estas alturas de su vida no va a cambiar su forma de pensar y de actuar como un hombre de centro izquierda. Yo —dice, efusivo— soy el candidato de los indios, de los negros, de los obreros, de los sindicatos. A ellos me debo.

Afuera, los organizadores han traído en termos más guayusa para la concurrencia, que sirven en vasos desechables mientras la lluvia cae más intensa sobre el edificio de la Flacso.