¿Qué es la "restauración conservadora"?

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¿Qué es la "restauración conservadora"?
Desde el Gobierno y ciertos intelectuales, se usa la categoría "restauración conservadora" para descalificar a sus opositores. Pero, más allá del uso propagandítistico, ¿cuáles son los elementos del neoconservadurismo en la política nacional y cuáles son sus manifestaciones? Tres expertos responden.
07 de Septiembre del 2014
Redacción Plan V

La advertencia la lanzó el presidente Rafael Correa: en el Ecuador se estaría fraguando una "restauración conservadora", capitaneada por ciertos elementos de la oposición. Como es habitual en el discurso político del Gobierno, el Presidente se considera de izquierda revolucionaria, y todos quienes disienten van a pasar a los sombríos territorios de la "derecha".

El concepto ha sido formulado con más claridad que el habitual cliché propagandístico del régimen por el académico brasileño Emil Sader, en un reciente artículo publicado por la agencia ALAI: "Hay elementos comunes entre ellos: el rol desestabilizador de los medios de comunicación privados, con la fuerza que su control monopolista propicia. Campañas de denuncias de supuestas irregularidades de los gobiernos, que sirven para debilitar su imagen frente a la opinión pública, así como para descalificar los Estados, gobiernos, partidos, política, como forma indirecta de ensalzar el mercado y las grandes empresas privadas. Una acción que busca crear climas de pesimismo en el plan económico, de desánimo, de desaliento, que baje la misma auto estima de las personas. Sin esa acción del que funge como partido de oposición, no sería posible ningún intento de recomposición conservadora en nuestros países", advierte el analista. 

Según el brasileño Emil Sader, la figura de Mauricio Rodas corresponde "al gran empresariado y sus intereses mercantiles".

Para Sader, "sus caras pueden ser distintas – Marina da Silva en Brasil, Luis Lacalle en Uruguay, Héctor Capriles en Venezuela,   Mauricio Rodas, alcalde de Quito, en Ecuador, Sergio Massa en Argentina -, pero todos intentan presentarse como “novedades”, personajes que renovarían la política. Tienen todos, por detrás, al gran empresariado y sus intereses mercantiles, en contra de los intereses públicos y de los derechos sociales conquistados en estos años".

Por supuesto, el analista brasileño se considera en el bando de los "gobiernos progresistas" de la región, entre los que el cuenta al gobierno correísta del Ecuador. Vistas así las cosas todo parece claro: de un lado están los gobiernos de "izquierda" del "socialismo del siglo XXI" y por otro las fuerzas "de derecha" o simplemente "conservadoras" que en alianza con los grandes medios de comunicación quieren recuperar el poder y el terreno perdido. 

Una cuestión de enfoques

¿Realmente son así de claras las cosas? Hay quienes piensan que no. Uno de ellos es el economista y profesor de la Universidad Católica Pablo Dávalos, quien fue viceministro de Economía cuando el presidente Rafael Correa formó parte del Gabinete de Alfredo Palacio. 

Dávalos, en un reciente libro, Alianza País o la reinvención del poder  plantea una teoría que bien podría ser calificada como subversiva: el régimen "progresista" del correísmo no es sino un reacomodo de la derecha tradicional que, tras descubrir que el modelo neoliberal se agotó y es más rentable un Estado fuerte, ha pasado de abogar por desmantelar el Estado a robustecerlo, como garantía de que se pueda implantar una política de extractivismo de los recursos naturales en la cual los grandes grupos económicos ganan más dinero que nunca. Desde la óptica de Dávalos, la autodenominada "izquierda correísta" con su visión moralista católica, su autoritarismo y su afán controlador es el tipo de gobierno ideal para desmovilizar a una sociedad que se convirtió en demasiado conciente y organizada, como fue la sociedad ecuatoriana. El blanco principal de esa arremetida disciplinaria y, en su criterio, neoconservadora, es el movimiento indígena, al que el correísmo se ha esforzado por desmantelar.

Pablo Dávalos admite la gran habilidad de la Alianza PAIS en el manejo de la semiótica y la construcción de sintagmas: la llamada "restauración conservadora" de la que se habla desde el oficialismo sería solamente un sintagma más, cuyo propósito es "distraer los de los procesos fundamentales" que ocurren en el país. Por medio de estos sintagmas, solo se busca el control ideológico de la población.

"La restauración conservadora se produce cuando ellos se ponen en una postura de izquierda, y el Presidente llama a la militancia a no dejarse sorprender por los grupos tradicionales. Pero fuera de los disputas semióticas, ese concepto no corresponde a la realidad", piensa Dávalos. Lo que se busca, en última instancia, es crear una coyuntura favorable para el triunfo electoral de Rafael Correa en el 2017, de ahí que se busca preparar el terreno con el concepto de marras. 

Desde el otro extremo del análisis, el historiador Juan Paz y Miño, cree que el concepto formulado por el presidente Correa "provocó un revuelo político innecesario". Y es que en su criterio la "restauración conservadora" entendida como la militante oposición a las prácticas políticas y económicas del correísmo se ha producido desde el principio de la actual administración. En esa medida, no se trataría de una novedad. "El Presidente hizo referencia al peligro que en 2017 puedan ganar las elecciones fuerzas de derecha capaces de revertir todo lo logrado desde 2007. Las derechas aspirarán a desmontar lo hecho. Los políticos que están en el gobierno y en Alianza PAIS deben tener claro que deben preservar su actual modelo, pues si ellos no trabajan en eso lo hará la oposición".

Paz y Miño cree que hay pistas claras de cuáles serían los elementos de ese proceso de "restauración conservadora": en su criterio, Guillermo Lasso ya ha anunciado la supuesta necesidad de "descorreizar" a la sociedad ecuatoriana; de desmontar el actual modelo económico por parte de los críticos del actual papel del Estado en la economía y de volver al modelo empresarial de décadas pasadas. Así mismo, Paz y Miño cree que hay fuerzas que quieren derogar la Constitución de Montecristi, para imponer una nueva Carta Política que permita una vuelta a épocas pasadas. La agenda de la oposición pasaría por impedir la reelección de Correa, conformar un gran frente de todas las tendencias contra el correísmo y lanzar nuevas figuras de los partidos tradicionales. Lo que se busca, cree Paz y Miño, es volver a la vieja política tal como se había establecido por medio del esquema empresarial neoliberal, a un régimen de partidos y componendas, y en expresar ese modelo conservador en derogar la Constitución del 2008. Así mismo, cree que se busca alinearse nuevamente a los intereses de las grandes potencias, como Estados Unidos, abandonando una política exterior más enfocada en América Latina. 

Pero Pablo Dávalos no cree que a alguien le interese volver al neoliberalismo. El economista explica que, en su criterio, en la actualidad tanto los organismos crediticios internacionales cuanto las élites locales se han dado cuenta de que les es más rentable un Estado fuerte, que permita implementar un modelo extractivista de los recursos naturales en grandes concesiones territoriales, y en donde viejas y nuevas burguesías han pactado para maximizar sus utilidades. Como prueba, recuerda que en el 2007 había en el país 25 grandes grupos económicos, y en la actualidad hay más de 110. "Eso significa que la política económica y la reforma institucional del correísmo ha permitido el desarrollado de nuevas burguesías", explica Dávalos. Menciona varios ejemplos, como grandes grupos económicos que se benefician de contratos con el Estado en bienes y servicios, y en la redacción de leyes que también benefician a grandes grupos tradicionales y a grupos emergentes que empiezan a trabajar con lógicas de grupos de poder económico. "El Ecuador es el mismo que en el 2007: seguimos siendo una economía primaria, que no genera empleo, con trabajadores mal pagados, con enormes costos de trasacción y grandes cadenas de intermediación. Eso no lo ha resuelto Alianza PAIS".

Paz y Miño piensa que es "imposible" decir que hay un clima a favor de los empresarios cuando los altos representantes del empresariado se están quejando continuamente. "Hay una sociedad nueva dentro de un marco capitalista. Se está planteando una transición hacia un nuevo socialismo. Hay capitalismo social en un polo y Estado ciudadano en el otro", piensa. En esa medida, estima que no es exagerado afirmar que el objetivo del "capitalismo social" a la ecuatoriana podría conducir hacia la creación de un Estado de bienestar similar al que funciona en los países nórdicos. "Sectores de vieja izquierda no entienden lo que está pasando. Este no es el socialismo marxista, es otro sistema, un capitalismo social con un poder ciudadano".

La génesis de la derecha 

Para el acádemico de Historia de la Universidad de los Hemisferios, Daniel Crespo, es necesario remontarse hacia los orígenes del conservadurismo nacional, más allá del uso un tanto impreciso de los términos. Así, al recordar el garcianismo tradicional, con su instrumentalización de la religión para la creación de un fuerte Estado católico, pasando por Jacinto Jijón Caamaño y su Política Conservadora y terminando en los partidos de la llamada derecha de fines del siglo XX, marcados por la Doctrina Social de la Iglesia en los ideológico y por el neoliberalismo en lo económico como son en su criterio el Partido Social Cristiano y la Democracia Cristiana. En su opinión, esos serían los elementos de lo que se puede considerar derecha: el tradicionalismo nacionalista y el influjo del pensamiento económico neoliberal. "Hay más bien prácticas conservadoras en la política ecuatoriana. Pienso que en la actualidad es evidente que el acervo conservador no solamente se encuentra en los partidos de derecha. Es un eje transversal, social, no simplemente político. Hay figuras del socialismo nacional que son profundamente católicos".

Crespo cree que al hablar de una "restauración conservadora" el gobierno advierte sobre un "retorno de la derecha" aunque, en su opinión, en Guayaquil no se ha ido la derecha del poder a pasar del correísmo. "Alianza PAIS no tiene una ideología definida. Opera como los gobiernos de derecha tradicional: los elementos de la izquierda están en la cultura y la educación. Los elementos más conservadores están en la política extractivista del Gobierno".

La explicación de este fenómeno económico, que también describe Pablo Dávalos, en criterio de Crespo, es que la derecha ecuatoriana, durante la mayor parte de su historia, fue más bien una derecha mercantilista que neoliberal, que medró a la sombra de un Estado fuerte. "A esa derecha siempre le ha convenido un Estado fuerte y proteccionista de los grandes grupos de poder",  recuerda Crespo. El Estado garciano, era, ante todo, un Estado fuerte, por lo que esa idea "no es un patrimonio de la izquierda".

Pablo Dávalos cree que la derecha ecuatoriana, desde 1982, se empeñó en desarmar el Estado y en transferir sus competencias al mercado. Es periodo, que se habría extendido hasta el 2005, sería el modelo neoliberal, cuya peor consecuencia fue la pérdida de la moneda nacional, entre otras. "Los neoliberales criollos llegaron a exagerar tanto su política, que el Fondo Monetario Internacional les impuso un pacto fiscal", recuerda. El llamado "ciclo de los commodities", que implica la necesidad de producir más materias primas, sería la explicación del cambio de los intereses de la burguesía local: del neoliberalismo más extremo a un estatismo extractivista. 

¿Y la moral católica?

Pero más allá de la consideraciones económicas y políticas, ¿no es la moral correísta una vuelta al conservadorismo del pasado?

Juan Paz y Miño admite que el presidente Rafael Correa ha hecho profesión de catolicismo en el ejercicio del poder político. Piensa que las posturas del Gobierno frente a temas como el aborto y el matrimonio igualitario son "temas aislados, que no han alterado el Estado laico heredado de la Revolución de 1895".  Sin embargo, admite que no ha habido "avances de interés" para ciertos grupos sociales, pero estos serían, en su criterio, únicamente "algunos rasgos". 

Paz y Miño dice que el régimen está inspirado en la Doctrina Social de la Iglesia y que el Presidente tiene "rasgos conservadores" que en su opinión no han significado que el Estado ecuatoriano haya dejado de ser un Estado laico.  Para el historiador, la inspiración en la Doctrina Social de la Iglesia no significa que el gobierno esté identificado con la derecha, pues en su momento esa doctrina fue "calificada como comunista". Así mismo, descarta totalmente que el Partido Social Cristiano haya estado inspirado realmente en la Doctrina Social de la Iglesia. "Los socialcristianos guayaquileños eran liberales absolutos, distintos de los viejos conservadores católicos. Cuando León Febres Cordero se afilió al Partido, lo convirtió en una expresión de la oligarquía de Guayaquil, pero nunca fueron más que típicos neoliberales".

Paz y Miño opina que la Doctrina Social de la Iglesia y la Teología de la Liberación son básicamente anticapitalistas, pues apuesta por la "opción preferente por los pobres". "Si vemos en lo macro se han hecho importantes cambios desde 2007, como el abandono del neoliberalismo, de la falta de institucionalidad estatal, de la transformación del Estado, son todas políticas de avanzada social. Ahí no hay conservadorismo. A lo sumo hay ciertas formas del pensamiento del Presidente, pero eso no quita los logros desde el 2007".

¿Hasta que punto la moral privada del Presidente, que ha admitido ser conservador, afecta la vida pública? Dávalos recuerda que el Presidente, cuando fue ministro de Economía, dispuso misas católicas en esa cartera de Estado. Para Paz y Miño, únicamente son hechos aislados, mientras que Crespo recuerda que una de las propuestas del conservador Jacinto Jijón y Caamaño fue hacer política para hacer realidad la moral católica. 

"No hay un eje de moral católica en la sociedad", asegura Paz y Miño. "Son dos o tres cosas. No hay control ideológico, ni el grado de intervencionismo estatal que hay en los países nórdicos. Hay un impuesto a la Renta de apenas 35%. Todavía no gastamos lo suficiente para crear una sociedad de bienestar", concluye.

De su lado, Dávalos cree que el Presidente tiene un eco religioso muy fuerte en la práctica política de Alianza PAIS: "no pueden declarar un Estado católico, pero Correa siempre ha sido un hombre conservador, no tiene nada que ver con la teología de la liberación", finaliza.

Para Crespo, los roces con algunos jerarcas de la Iglesia Católica que ha tenido este Gobierno no significan en absoluto que se entienda que la moral privada no puede ser el eje de la práctica política. "Si tenemos que idenficar al presidente Correa con Alfaro o con García Moreno, la evidencia contudente es la similitud con el garcianismo: apuestan por un Estado fuerte, caudillista, que realiza un constante señalamiento de los enemigos del Estado, que se alinea con una política con definición moral, en donde las posiciones religiosas del Presidente están dictando las políticas públicas. Los debates del aborto o del matrimonio igualitario pudieron ser mucho más ricos, pero se zanjaron con la amenaza de renuncia y la postura moral del Presidente."