Ramiro Aguilar: el trompón de Jacobito nos mató

Ramiro Aguilar: el trompón de Jacobito nos mató
El candidato a la vicepresidencia por FE, con Dalo Bucaram, hace un recorrido de lo que fue la campaña electoral, lo que aprendió del Ecuador profundo que no ve la clase media quiteña y lo que vendrá en esta segunda vuelta. Aguilar, exlegislador y abogado quiteño, cree que Lasso perderá las elecciones por razones que tiene que ver con "su arrogancia política".
20 de Marzo del 2017
Juan Carlos Calderón

Para Ramiro Aguilar, candidato a "presidente-vicepresidente" de la República junto a Dalo Bucaram Puley, esta fue una derrota electoral, la cual se disimuló en su dimensión porque le fue peor a otras candidaturas. Esperaban más. Incluso en las encuestas que corría el gobierno, el binomio Bucaram-Aguilar era una sorpresa que crecía y que 15 días antes de las elecciones tenía un 10% de la intención de voto. Terminó con algo menos del 5%.

¿En realidad esperaban más votación, entrar en la segunda vuelta?

En política uno tiene que ser objetivo. Obviamente, en campaña se posiciona un mensaje ganador, porque nadie entra a una contienda a perder. Todos los equipos de la Serie A del fútbol ecuatoriano participan en el torneo con la intención de ser campeones. Habrá equipos más o menos armados pero todos quieren ser campeones. A veces resulta. El Chapoense, cuando entró en la Copa Sudamericana no tenía en su cabeza ser campeón en ese año. Para ganar, en política, lo primero que tienes que hacer es estar. Si no estás, no hay forma de que ganes. Y hay que saber, además, que la política es un camino a largo plazo. Son excepcionales aquellos proyectos políticos donde la suerte actúa a tu favor y de la nada te eligen como Rodas, para alcalde, o como Correa. Creo más en una política de evolución a una de loteriazo.

Sin embargo, la política ecuatoriana ha sido la del loteriazo...

Sí, como en el fútbol o la vida, y Lasso de pronto será presidente por un loteriazo. Porque es el que está y es el que está mejor posicionado. De pronto no es el mejor ecuatoriano para el cargo en una crisis, pero es el que está. 

Sales de una experiencia parlamentaria exitosa y te alías al nuevo populismo y tus seguidores resienten la paradoja. ¿Por que con los Bucaram?

Yo fue el mejor asambleísta que ha tenido este país fácil en los últimos 30 años.

¿No es mucha arrogancia?

No es arrogancia. Porque yo era un legislador. Durante los dos primeros años de mi periodo me dediqué a pensar como legislador. Mi despacho generaba una serie de opiniones y observaciones a las leyes que se hacían y hacía mi trabajo, lo que debía hacer. Y obviamente tenía un plus frente a varios colegas, que es mi formación jurídica; que no necesariamente tiene que ser así, pero en mi caso coincidió. Y también desde el punto de vista político no me beneficié de mi cargo de legislador y demostré al ciudadano ecuatoriano —y creo que es mi mejor legado— tres cosas: que sí se puede ser un político profesional de calidad. Eso nadie me puede objetar: ni buchipluma ni figureti. Segundo, demostré que uno puede entrar a la política y salir sin enriquecerse. Vean mi patrimonio de antes de entrar a la política y el de ahora: estoy jodido. No me quejo pero no me enriquecí. No me serví del país. Y demostré además que no me serví de la política. Es decir, de esa idea de que todo político es ladrón, pillo y vivaracho. Me dije que iba a demostrar durante cuatro años que esto se podía hacer bien.

Yo era muy sobrio, serio, nunca me gustó la estridencia y al final del día era el mejor legislador pero uno de los peores políticos, y la política es para los políticos no para los buenos legisladores.

Y como político?

Lo anterior como legislador, pero como político no fui bueno. Hay diferencia. Como políticos han existido legisladores mucho mejores que yo, al punto que están reelectos. El matiz es que en política lo que no se ve no existe. Todo el trabajo legislativo que hice durante mis dos primeros años no lo pude comunicar al pueblo llano.

¿Pero era tu intención comunicarlo? Porque eso es pensar como político.

Tienes que comunicar. Yo puedo tener una buena imagen como legislador entre los periodistas que hacen política. Entre los ciudadanos muy atentos a la política, pero frente al resto de los ciudadanos no existes. Lo que no comunicas y lo que no es visible para el país no existe, aunque exista. Hubo un vacío que no me permitió ser visible en el territorio, y también porque era independiente y no tienes una estructura que aterrice tu trabajo en territorio y conspiró el hecho de que el político ecuatoriano debe ser un showman. Yo era muy sobrio, serio, nunca me gustó la estridencia y al final del día era el mejor legislador pero uno de los peores políticos, y la política es para los políticos no para los buenos legisladores.

¿Y que pasó al respecto en estas elecciones?

Pretendí hacer —y creo que tuve éxito— un metabolismo. Cuál es la diferencia: el estupendo legislador hace el deber y llegan propios y extraños a consultarle si esto está bien o mal. El político de verdad toma lo que hace el buen legislador, sale a las cámaras y dice: esto está bien, esto está mal. La gente se acostumbró en la legislatura a consultarme los deberes, propios y extraños. Porque nunca hice de la rivalidad política una rivalidad personal, y creo que el legislador debe servir al país, independientemente de quién consulte. Nunca fui cicatero con mi contribución al conocimiento. El político tiene que ser cicatero, y tiene que lucirse él. Fui, pero ello, uno de los peores políticos en 30 años, porque no alcancé a descifrar la política. Cuando la descifro ya es demasiado tarde.

¿Cuándo fue eso?

Al final de mi periodo en la Asamblea. Me di cuenta que tenía tres opciones: quedarme en la Asamblea como geranio, terminar mi periodo y retirarme de la política. Si seguía en funciones nadie hubiera pensado que era importante o válido lo que estaba haciendo, porque todo el país está enfocado en la nueva Asamblea. Y eso hubiera sido injusto para un tipo que hizo un buen trabajo legislativo. La segunda opción era reelegirme en la Asamblea y eso era algo que no quería hacer. A mí la Asamblea Nacional no me gusta. Por esta dicotomía: soy un tipo formado para trabajar independientemente de quién me pregunte. Esa es mi formación conceptual.

¿Es irresoluble es disgusto con la Asamblea?

No tanto, pero es que también me tocó una Asamblea horrible. No sabes lo que es ir todos los días, que la gente del otro lado te pregunte y les digas que están equivocados, que ellos lo admitan y no obstante voten en favor de la necedad. Y ves que el país se va cayendo en pedazos y se estrella contra el sentido común. Es algo que te desgasta. Y soy un demócrata convencido y creo en la alternabilidad. No creo en que el país vaya a mejorar si es que los cuadros políticos se perennizan. Hay que formar nuevos cuadros. Si debo regresar a la Asamblea el 2021 vuelvo, si hay una Constituyente voy, pero no era mi lugar eternizarme en la Asamblea Nacional.  Además me había opuesto a las enmiendas constitucionales, a la reelección indefinida y con qué cara voy donde mis electores y les digo que me opuse a la reelección indefinida y me reelijo. Si algo he sido a lo largo de mi vida es consecuente con lo que pienso. Entonces la segunda opción era reelegirme aunque tuve opciones, ofertas de partidos políticos pero nunca acepté. Cuando Dalo me propone la Vicepresidencia, que es la tercera opción, entro a reflexionar sobre la política, y me doy cuenta que esta era la única forma que tenía de reinventarme políticamente. Es decir, de transformarme —de legislador ilustrado y útil para la Asamblea e inútil para la política— en un político. Una forma de renacer. Aprender a hacer política de verdad y enfrentar un reto espectacular.

El peso del apellido Bucaram. Con eso íbamos a lidiar en esta campaña. Todo el mundo me decía que iba a cargar con la cruz de los Bucaram.

Tu recibes la propuesta de Dalo y ¿cómo la valoras, cómo la evalúas?

Me reúno con Dalo Bucaram en mi casa y la primera propuesta que me hace es volver a la Asamblea. Que no, gracias, le dije y expliqué lo mismo. Entonces me dice: vamos al binomio. Le dije que lo pensaría porque esto tiene un montón de pros y contras. Lo primero que hice fue consultar a mi familia, al entorno íntimo. Uno de los factores más importantes que uno tiene en la vida es su núcleo familiar. Los que tenemos la familia en orden tenemos un gran punto de apoyo. Entonces la reacción de mi madre, de mis hermanas fue muy escéptica al principio. Mi esposa me dio un apoyo incondicional como siempre. La reacción de mi equipo de trabajo fue el doble de escéptica.

Más que por vos por Bucaram, supongo...

Correcto. El peso del apellido Bucaram. Con eso íbamos a lidiar en esta campaña. Todo el mundo me decía que iba a cargar con la cruz de los Bucaram. Luego viene el tema del financiamiento. La campaña se hace con dinero, y no con el dinero del político. El político que hace política con su dinero es un loco. Se hace con el apoyo de los amigos. Hice dos o tres llamadas a los amigos y la respuesta fue: no, estás loco. Con cualquier otro sí. Y era una presidencial. Pero algunos amigos me dijeron: creemos en ti, si tú estás estamos, no estaremos como nos gustaría, pero entonces viene la soledad de la decisión, y en mi soledad creo que tomé la decisión correcta. Porque de entre todos los candidatos presidenciales Dalo era el mejor.

¿Por qué?

Es el mejor formado, intelectualmente. Pasemos revista a los candidatos: Lenín tiene una licenciatura en alguna vaina, creo que antes de ser vicepresidente de la República su mayor cargo fue director administrativo del Ministerio de Gobierno en la administración de Bucaram. Y de ahí un salto cualitativo a la Vicepresidencia de la República. ¿Esas son credenciales para presidente en un país con una crisis terrible? Lasso, un ilustre autodidacta, un banquero, ¿eso da credenciales? No hago valoraciones personales, sino académicas. Mi amiga Cynthia es una buena abogada, una buena política, pero ¿tiene las estructuras conceptuales para manejar el país? El general Moncayo es un gran general. Fue un estupendo acalde de Quito, pero ¿tenía la fuerza, la visión? Creo que Dalo es un tipo que se preparó y se sigue preparando para ser presidente. Con humildad, en silencio. Y el Ecuador, y es lo que pienso en los últimos años, necesita un gobierno de transición y los únicos que estábamos en condiciones de ofrecer al país ese gobierno éramos nosotros. Porque entendíamos la necesidad de la transición. Ningún otro candidato entiende esa necesidad. 

¿Qué supone un gobierno de transición? ¿Transición hacia dónde?

Transición hacia la institucionalidad y la democracia. Supongamos que Lasso gana las elecciones el 2 de abril. Él se queda con un modelo institucional tomado por el correísmo. Alianza PAIS tiene el control del Consejo de Participación Ciudadana, de la Fiscalía, de la Contraloría, de las Superintendencias, de la Corte Nacional de Justicia, de la Corte Constitucional, del Consejo de la Judicatura, Lasso no tiene mayoría en la Asamblea, no tiene el Consejo Nacional Electoral... es el Presidente, pero es el Presidente que va a ser el rehén de un aparato institucional que nunca fue pensado para ser aparato del Estado, sino para ser el brazo burocrático e institucional de un partido político. Tienes que desmontar eso para regresar a la vida republicana normal. Tienes que desmantelar cortes, poner jueces independientes, tienes que llamar a consulta... Y una vez hecho eso tienes que llamar de nuevo a elecciones y diseñar modelos más democráticos, autónomos...

¿Te refieres a una nueva arquitectura institucional y un nuevo pacto político?

Correcto. Eso era fundamental. Con Dalo siempre tuvimos esa idea en la cabeza. Cuando acepto el binomio pregunté: y si ganamos, qué pasa. Porque ninguno de los dos entraba a la campaña para darse la vuelta al país y salir con la foto en la papeleta electoral. ¿Qué vamos a hacer con la economía? Teníamos que ser muy cautos en las ofertas, porque si nos suena la flauta y ganamos —y en política puede pasar cualquier cosa— cómo las cumples con un país en crisis. Conozco la realidad económica del país porque en los últimos tres años estuve en la Comisión de Régimen Económico de la Asamblea y me confronté con el frente económico. Lasso aún cree que puede gobernar sin desarmar el aparato, o al menos no le dice al país claramente cómo va desarmar el aparato correísta. 

Obviamente lo que se trata es de ganar primero las elecciones, subirse al potro...

Pero el problema aquí es qué pasa si gana. Porque además el país queda partido por la mitad. Una pequeña anécdota sobre esto: tuvimos una reunión de condóminos en el edificio donde tengo mi despacho. Detesto estas reuniones, porque el quiteño es básicamente rentero. Compra oficinas, apartamentos y vive de las rentas. Los que tenemos el bien y trabajamos en el bien, vivimos la cotidianidad del edificio estamos preocupados de otras cosas. En efecto, en la reunión se trataba si se despide o no a los conserjes del edificio y se los pasa a una compañía de seguridad. Pregunté por qué les van a despedir: ¿han robado, han matado, son impuntuales? No —fue la respuesta— hay una contingencia laboral de un tipo que va a jubilarse en diez años. O sea, ustedes —les dije— ¿porque un tipo va a jubilarse en diez años quieren despedir a todos los conserjes? No, queremos que la compañía de seguridad les asuma. Mira la viveza. Les dije: eso no sirve para nada, porque si los señores siguen trabajando aquí, tenemos responsabilidad solidaria. Despídanles, páguenles la liquidación que les corresponde, ¿cuánto es eso? Veinte mil dólares. ¿Los tienen? No. —¿Cómo puede ser ustedes tan desalmados, les dije, en pensar en botar a la calle a cuatro personas que ganan el salario básico en un país donde no podrán conseguir empleo? ¿No les parece que eso es ser desalmado? ¿Nos están estorbando? Pero como son renteros, no ven el problema, no ven que aquí hay personas que viven por arriba de Guamaní y tienen que madrugar a las cuatro de la mañana para estar acá a las ocho en punto y se ganan el salario básico. Y no les iba a temblar la mano para despedirlos. No es así, no entiendo el país así, pero estamos creando dos bloques de ecuatorianos que entienden el país así. 

Un bloque popular que está aferrado a Alianza PAIS porque de alguna u otra manera han conseguido una serie de derechos y beneficios que les da miedo perder, derechos que son pequeños pero importan en la vida.

¿A qué te refieres?

Un bloque popular que está aferrado a Alianza PAIS porque de alguna u otra manera han conseguido una serie de derechos y beneficios que les da miedo perder, derechos que son pequeños pero importan en la vida. Solo que te afilien al Seguro te cambia la vida, te da una jubilación. Que el hijo del afiliado al IESS pueda recibir atención médica te cambia la vida. Ese grupo de gente no quiere perder lo poco que recibe (pero a cambio de eso hay otros que con ese pretexto se robaron miles de millones de dólares). Y el otro grupo, esta burguesía emergente que ha sido desplazada del poder no me dice cómo vamos a salir de la crisis y solo quiere ser presidente. Y cuando le dices: tienes todo este problema institucional, dice: primero ganemos las elecciones. Primero sentémonos en el potro, y eso es lo que le pasa a Lasso. Sí, pero ¿sabes cabalgar? ¿Tienes la cancha? Porque yo te puedo tener subido en el potro pero en el box. No te abro la puerta y Alianza PAIS es dueña del box y del hipódromo. ¿A qué te refieres?

Este gran legislador ilustrado que pasa en Quito sale en campaña al monte, al campo, al corazón del Ecuador profundo, y ¿qué ve ahí?

Veo un Ecuador pobre. Sigue muy pobre. La vida de la gente ha cambiado algo, todo esto le ha dado matiz. Pero Esmeraldas no tiene agua potable. En Esmeraldas vi, en un barrio popular, salir de unas alcantarillas a unos niños completamente tiznados de polvo, alcantarillas abiertas porque el municipio no había terminado ese trabajo. Me chocó porque era una imagen del África, por la pobreza extrema. En Isla Trinitaria, Cristo del Consuelo, en la Pisulí, en la Roldós, en Los Florones de Manabí vi pobreza de verdad. Me duele un país donde un niño salga de un tubo de alcantarilla, que seguramente era de un contrato donde alguien se robó la plata. Me calienta. Llegué a un Manabí traumatizado por el terremoto, dolido en  la tarea de reconstruirse, con la tarea incompleta, pero el manabita es digno y piensa al cien por ciento cómo salir adelante.

¿Cómo se entiende la votación en Manabí tan a favor del gobierno?

Se explica, en Ecuador la votación se explica totalmente. Lo que pasa es que hay que quitarse la idea del fraude. Desde 1830 todo el que pierde la elección grita fraude. Hay que sentarse un poco a leer los resultados. Antes del terremoto Manabí vivió con una ilusión, que es la refinería del Pacífico. Y esa ilusión tuvo forma, es decir hay una empresa que administra un terreno que está aplanado pero hay contratos y vainas, y hay gente trabajando ahí. El desarrollo vial de Manabí ha sido importante. Antes del terremoto el desarrollo urbanístico e inmobiliario era importante. Manabí no estaba mal antes del terremoto. Si se corría una encuesta antes del terremoto, probablemente la gente de PAIS volvía a ganar. Ahí tienen un prefecto, Mariano Zambrano, que es el dueño y señor. Es casi la Mama Grande de los sectores rurales manabitas. Es un cacique sacado del realismo mágico. Un tipo que tiene una fortuna inconmensurable, que dona su sueldo de prefecto, y cuando hablas con él es difícil articular cuatro frases porque no es una persona muy ilustrada. Y es un tipo que tiene la capacidad de financiar la dirigencia política de Manabí y mucho del periodismo manabita. Me contaban que el señor no tiene el menor empacho de renovar el auto de un periodista si se lo pide. Es generoso, pero con su dinero. 

Uno de los últimos caciques...

Y es un aliado de PAIS. Entonces, súmale el apoyo del gobierno antes del terremoto, a Mariano Zambrano y el hecho de que después del terremoto uno se aferra al que te ofrece la salida a su tragedia. Nosotros, FE, tuvimos una estupenda candidata en Manabí, Saruka Rodríguez; hizo una estupenda campaña pero no le alcanzó. Que cambiaron las actas o no, soy escéptico. Si hubo trampa fue en el sistema. 

Si es que hubo trampa. Porque el conteo rápido de Participación Ciudadana, que es preliminar, no se desvió nada de los resultados finales en Manabí, antes que alguien gritara fraude. 

Es que a Manabí hay que entenderlo políticamente. Ahí sacamos como setenta mil votos. Los cincuenta mil que sacó Dalo en la elección del 2013 y unos veinte mil míos. Como binomio, ninguno creció políticamente en Manabí. Nuestra candidata a la Asamblea sacó más votos que nosotros pero no teníamos votos en plancha, y el planchazo de PAIS y de CREO sacan diputados. No hay dónde perderse. Luego se generó una discusión enfermiza en torno a la votación de Manabí. Atunes van, atunes vienen. Los manabitas votaron por el que ellos creían que tenían que votar, y si en esas condiciones yo hubiera sido manabita hubiera votado igual. Si revisas la votación de Guayaquil te das cuenta que Nebot es un líder parroquial. 

¿Ni siquiera cantonal?

No, parroquial. Él es un gran político, es un gran alcalde y cuando se lanza a la reelección obtiene el 70%. Pero es presidenciable y la gente no le cree cuando él sugiere un candidato presidencial. Entonces logra traspasar a Cynthia el 16% de la votación, y te das cuenta que Nebot y Correa comparten electores. Y ahí el mérito de Dalo es que saca el 10% de la votación en Guayaquil. Tienes entonces que en el Puerto tienes tres actores políticos que sobreviven pensando en las seccionales del 2019: el gobierno que se queda sólido; Nebot, que tiene un ciclo de vida, y la tercera fuerza es FE, de Dalo Bucaram.

¿No le ves a CREO?

No, CREO es de la Sierra, es una candidatura de clase media y por eso va a perder las elecciones. Repito, va a perder las elecciones y después va a decir que hubo fraude. Y por eso están montando el tema de las declaraciones de Raúl Castro y compañía.

Lasso comete un error táctico imperdonable: mientras Moreno entraba en campaña desde la misma noche del 19, en vez de entrar en campaña en ese momento Lasso se queda entrampado en esa militancia de clase media quiteña que parece la salida de la plaza de toros.

¿Y por qué estás tan seguro de que van a perder?

Porque Guillermo Lasso es un tipo que logró pasar el 28% de la votación estando en campaña cuatro años, todo el tiempo. Con todos los recursos del mundo, con algunos municipios, y no sube del 28%. ¿Qué nos dice eso? Si hacemos números con los resultados de la primera vuelta y si suponemos que toda la votación de Cynthia se traslade a Lasso, se genera un empate, y tenemos que quedan los 450 mil votos de Dalo. Y Lasso comete un error táctico imperdonable: mientras Moreno entraba en campaña desde la misma noche del 19 —porque nos tuvieron cojudeando que no había segunda vuelta— Lasso, en vez de entrar en campaña en ese momento se queda entrampado en esa militancia de clase media quiteña que parece la salida de la plaza de toros —en la que Andrés Páez es experto en poner diez mil personas en Quito, no más, en una población de dos millones de habitantes—. Mientras tanto, Lenín Moreno comienza a moverse rápido, y en la arrogancia de Lasso hace una declaración y agradece a todos los otros candidatos que le dan el apoyo inicial, pero con quienes no había hablado nunca. Cynthia sale a dar el apoyo inmediato porque ellos eran los grandes chimbadores de esta jornada. No les quedaba otra. Si no hacía eso y por desgracia Moreno pasaba del 40% les quemaban las casas. Pero nosotros le habíamos quitado votos a Moreno, porque ese es el voto del correísmo, y Lasso no reconoce esto. Cree que nuestros votos se van a ir por default a su candidatura, lo cual no es verdad. Y en vez de invitar a Dalo a que participe con él en la campaña, e invitar a Saruka Rodríguez y a Leonardo Viteri en Manabí —los dirigentes manabitas que le iban a dar sustento en una provincia donde los candidatos de CREO son de última— para que le den sustento en el territorio, Guillermo Lasso nunca los llama. Y ahora ya es tarde.

Pero Dalo salió a decir que apoyaba la candidatura de Lasso y puso un pliego de peticiones...

Pero tiene que haber un acuerdo político firmado. Se reunieron, en una reunión preliminar, y quedaron en afinar los detalles con Monge y compañía y nunca más dieron señales de vida. Y no podemos salir un mes después a hacer campaña por Lasso, porque este 4.8% que era nuestro ya se fue con Lenín Moreno. En política, si te dormiste te jodiste. Y si salimos ahora vamos a ser parte del cortejo fúnebre de Lasso el 2 de abril. Y como están los números, esta elección va a estar muy cerrada.

¿Por qué aseguras que los casi 450 mil votos de Dalo se van a ir con Lenín Moreno?

Porque es pueblo-pueblo. El pueblo no te vota por un banquero, ni a palos. Yo lo sentí, hay que estar en el territorio. En ese escenario muy cerrado, se está construyendo desde el lado de Lasso una salida para forzar una elección posterior si es que hay una crisis política, y es poniendo la sombra del fraude con los diez mil quiteños que desde que se acabaron los toros no han encontrado mejor diversión que encontrarse los mismos en la Shyris o fuera del CNE. Si Lasso hubiera tenido el sentido común de llamarnos, y sobre todo llamar a Dalo, este hubiera tenido la oportunidad de decir a nuestros electores, ese 4.8% que puede definir la elección: yo confío en Lasso, soy un hombre del pueblo y con ustedes estaré vigilante para que Lasso cumpla con los acuerdos. Por eso era importante tener un acuerdo firmado. Porque Dalo no es Tico Tico, es el director nacional de un partido político que tiene mucha decencia. 

¿Qué más obtienes de los recorridos? Te pregunto si esa política y ese país que se ve desde Quito es lo mismo que se ve en el resto del Ecuador. Si el clase mediero quiteño entiende a la gente trigueña.

Cuando entro a la campaña ya sabía algunas cosas que no sabía la clase media quiteña. La clase media de Quito es la peor lectora política del Ecuador. Lee todo al revés y por eso se hace de imaginarios que no son ciertos. La clase media quiteña cree que la política es el Twitter, el Facebook, el análisis político de los invitados de Gonzalo Rosero, de José Hernández, Fernando Villavicencio... Come información de un solo lado, y es incapaz, porque hay un odio tan grande, de cernir la información del otro. Claro que los analistas del gobierno no sirven, pero eso no significa que un gran porcentaje de ecuatorianos piensen como Rosero, Hernández, Oquendo o Janeth Hinostroza. Entonces, cuando sales a hacer política te topas con cosas como estas: vamos a Santo Domingo, donde quedamos terceros y mi comunicadora llama a Radio Zaracay y pide una entrevista para mi, nos pidieron 40 dólares por minuto de entrevista. No gracias. Yo por un espacio en una radio no pago un dólar. Había radios en provincias que nos decían: sí claro, les entrevistamos pero cuánto hay de pautaje. Entonces, el que crea que en el Ecuador el periodismo político es el tuyo, el de José, el de Gonzalo, el de Diego, están viendo el periodismo político que alimenta a la clase media del norte de Quito. En Guayaquil tienes a Gabriela Pinasco, a José Toledo, Javier Segarra y no más. Pero Quito y Guayaquil es un mundo y el resto del país es otro mundo completamente distinto. 

¿Y qué pasó con el apellido Bucaram, el mito urbano?

Me di cuenta que a Bucaram padre lo destrozó el mito. Y él es un hombre que debe ser reparado por el Ecuador. Ha sido el personaje político más linchado del país. Lo que le hicieron a Bucaram padre es equivalente a lo que le hicieron a Eloy Alfaro. La diferencia es que a Alfaro le hicieron puré y lo quemaron. Como los quiteños no pudieron hacer eso con Bucaram se dedicaron a lincharlo durante veinte años. Y han construido un mito perverso.

En la Sierra se come mucho de ese periodismo de clase media. Y el periodismo quiteño construyó el mito de Bucaram padre y como nada es gratis pagó la factura con Rafael Correa.

¿Por qué es tan potente el mito perverso si solo es entre la clase media quiteña? ¿Y el resto del país?

Porque en el resto del país, PAIS está sostenido por las viejas bases del PRE. Pero en la Sierra se come mucho de ese periodismo de clase media. Y el periodismo quiteño construyó el mito de Bucaram padre y como nada es gratis pagó la factura con Rafael Correa. 

Y obviamente Dalo hace mucho esfuerzo porque no lo persiga ese mito, por liberarse, y entonces llega el trompón de Jacobito Bucaram...

Lo íbamos haciendo perfecto. Sin el apoyo del gobierno, sin gobiernos seccionales, con los recursos justos. Lo estábamos haciendo bien, porque Dalo es un político al cual le volvería a apostar. Porque además es un extraordinario ser humano, es limpio, con una intención muy clara que es no cometer los errores de su padre. Y así como Mariano Zambrano es la Mama Grande de Manabí, para seguir con el símil de García Márquez, esa noche nos llegó la mala hora, y esta fue que luego de las potentes denuncias de Dalo en redes, él salga a comer y esté el tío de Glas en el mismo sitio. La mala hora. Dalo no anda con seguridad, ni yo tampoco. Error, en política tienes que tener seguridad, porque este tipo de cosas te soluciona la seguridad. El candidato ni se entera. 

¿Cómo pasó?

El tío de Glas se acerca y le mete, a Dalo, una puteada de ida y vuelta. Y Dalo, que es un hombre espiritualmente superior, estaba toreando la cosa. Pero llega un punto en que ya te hieren el honor. Y Dalo seguía toreando la cosa; pero, claro, si Dalo es espiritualmente superior, Jacobito es la esencia del ecuatoriano promedio, el que si le vas a putear te da con todo. Y le da de tal forma que le hace volar tres metros.

La mano del pueblo, dijeron...

Fue la mano del pueblo. En treinta segundos Jacobito hizo lo que los ecuatorianos no hemos podido hacer en diez años. Pero eso nos mató. Eso licuó toda mi votación, toda la que pude haber aportado a Dalo, se fue al carajo. Nos costó mucho. Éramos de nuevo las barras bravas de la política. Hubo un incidente parecido en Manabí donde un hermano de Saruka Rodríguez le metió un trompón a un tipo que había ofendido gravemente a nuestra candidata. (Porque si algo somos los de FE es buen puñete. Risas). Bueno, hablé con Dalo y le dije que nos tranquilicemos. Dalo estaba devastado. Los dos sabíamos que eso era el Padrenuestro. Y Dalo —en su desesperación por remontar— se había jugado la vida al hacer las denuncias que hizo, porque enfrentaba a una mafia muy peligrosa. Sin seguridad, sin escolta, lluchito. Porque ahí aparece otra característica de la clase media quiteña, que somos azuzadores. Durante toda la campaña nos jodieron, qué fue los papeles de Panamá, que el gobierno nos compró y por eso estábamos en silencio.

Pero Dalo comete el error de anunciarlos desde de Panamá y desafía a Glas y todo eso. Me pareció un error si no tenía nada concreto cuando lo hizo. 

Sí, fue un error, que no hay que volver a cometer. Esto pasó antes de que él y yo nos pongamos a conversar sobre el binomio. Yo hubiera esperado a ver si era publicable. Pero pasó y la gente jodió toda la campaña: muestra, muestra los papeles. Y Dalo mostró lo que tenía, finalmente. Pero la discusión ya no giró en torno a las denuncias contra Glas sino en torno al puñete de Jacobo. El mejor abogado de Glas fue Jacobito. Nos mató. Y regresamos al mito: con los Bucaram no te metas. Y cargar con un mito es muy jodido. Un mito como el de Jacobo, que es un hombre bueno, que se llevó un millón de dólares de las aduanas. Creo casi imposible eso para un chico de 18 años, y si lo ves ahora anda chiro, vive de su trabajo, como la mayor parte de los Bucaram.

La discusión ya no giró en torno a las denuncias contra Glas sino en torno al puñete de Jacobo. El mejor abogado de Glas fue Jacobito. Nos mató.

Tu has defendido a los Bucaram, incluso has dicho que el padre debe regresar legalmente.

Si me pidas que ponga la firma por Abdalá Bucaram, padre e hijo, la pongo diez veces. Han sido los tipos más linchados sin que nadie se haya sentado a ver en realidad si era no era cierto.

¿Independientemente de las denuncias, se ha exagerado con ellos?

No he visto que Bucaram padre haya trompeado a nadie, no metió preso a nadie. Cuando salíamos a las calles nos echaban bombas lacrimógenas, pero nunca Bucaram puso un juicio por terrorismo y sabotaje, contra nadie. Jamás cerrar un medio, y le decían vela verde. En las manos de Bucaram no hay sangre. ¿Y la corrupción? En el tema de la mochila escolar, la ministra de Educación de ese entonces estuvo presa tres años, creo, y Bucaram está exiliado veinte años. 

¿Y va a regresar?

El gobierno, de una manera miserable, quiere complicarle el regreso a pesar de que la ley dice que la causa prescribe a los 20 años. Dice el gobierno que para la prescripción no cuenta el tiempo que no hubo corte. Y eso no tiene nada que ver. En ese acto miserable está el gobierno. Cobrándose con un hombre que no puede defenderse acá, porque está en Panamá.

¿Por qué Bucaram no se presentó a la justicia y no se chantaba los 20 años de exilio?

Hizo bien en no presentarse a la justicia. Bucaram tiene un enemigo y se llama Nebot. Es en el plano personal y creo que nunca le perdonó que Bucaram le haya ganado la elección. Pero la diferencia es que Nebot se quedó en la estructura de poder del PSC, que controlaba la Justicia y Bucaram se fue. Y es complicado entregarte cuando tienes un enemigo personal. Creo que Bucaram padre es el gran ganador de nuestra campaña. Lo peor que le podían a decir a Dalo era que es hijo de Abdalá Bucaram y eso ya no le van a volver a decir nunca, en ninguna otra campaña. De aquí en adelante, él solo crecerá.