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7 de Enero del 2019
Historias
Lectura: 56 minutos
7 de Enero del 2019
Bolsonaro: un signo de los tiempos

Foto: AFP

El partido de Jair Bolsonaro no solo ganó la presidencia, sino en 17 Estados para gobernador, incluyendo los más importantes como Sao Pablo, Brasilia y Río de Janeiro. El PT ganó en 9.

 

Brasil ha vivido en las últimas semanas un momento especial de su historia, como expresión de las elecciones de octubre 2018 en las que se eligió presidente de la República a Jair Bolsonaro. Proceso que anuncia impredecibles consecuencias en la vida política brasileña y latinoamericana. Se vuelve entonces una necesidad emprender en la tarea de comprender este fenómeno, ligado a importantes cambios regionales y mundiales contemporáneos.

  BRASIL, CONDICIONES POLÍTICOS ELECTORALES  

El acontecimiento referido puso de manifiesto la confrontación social y política en la sociedad brasileña que se dio a través de la disputa por la Presidencia; en un país de dimensiones gigantescas: Brasil es el quinto país del mundo en extensión y en población, y el noveno por su Producto Interno Bruto.

En el mencionado evento, el candidato Jair Bolsonaro en la primera vuelta electoral obtuvo el 46% de los votos, frente al 29% del segundo en la competencia, Fernando Haddad. En la segunda vuelta en cambio Bolsonaro alcanzó el triunfo definitivo con el 56% de los sufragios, frente al candidato del Partido de los Trabajadores (PT), Hadad, quien remontó al 46% del electorado[2].

La coyuntura electoral permitió que la sociedad brasilera debata y dirima entre un representante del PSL —un partido liberal, pequeño– que en la contienda democrática representó una posición política populista de derecha, neo-fascista; y Fernando Haddad, del PT, que llenó el vacío de la candidatura dejada por Lula da Silva, encarcelado por asuntos de corrupción, quien dirigió Brasil en los últimos años en el periodo 2002-2016, como Presidente de la república y/o dirigente político.

Una breve descripción de los resultados generales de la escena electoral de Brasil permite evidenciar, primero, que el partido de “Bolsonaro ganó en 17 Estados para gobernador, incluyendo los más importantes como Sao Pablo, Brasilia y Río de Janeiro […]. El PT ganó en 9, en su casi totalidad del nordeste brasileño, la zona más pobre del país”[3]. Segundo, la Cámara de Diputados muestra la tradicional dispersión de las fuerzas políticas del sistema multipartidista brasilero; en efecto, se puede afirmar que se mantiene fragmentada en la medida en que existen 30 agrupaciones, alianzas o bloques; en esta situación el candidato ganador tendrá 51 diputados y el PT 57. Hay que considerar en esta correlación de fuerzas los “300 legisladores que conforman la amplia bancada denominada Biblia, Buey y Bala (BBB), integrada por los diputados evangélicos, los del campo y quienes defienden la portación de armas”[4].

Ideológicamente, se evidencia una abierta disputa entre una posición progresista- reformista y una derecha neofascista. Bolsonaro representa a las tendencias conservadoras y retrogradas de la sociedad brasilera, revestido de outsider-populista desde una posición ideológico-cultural conservadora. De su parte, Haddad tuvo un apoyo electoral de los sectores sociales de menores ingresos y escolaridad. En cambio, Bolsonaro representó a “votantes de ingresos y formación escolar más elevados, sobre todo de las regiones sur y sudeste”[5]. Desde esta perspectiva, se constituyó en el gran candidato anti-establishment, que expresa una ola social conservadora, machista, homofóbica y racista.

El miedo a la violencia y los reclamos por más seguridad (más autoritaria) se expresan de distintos modos, pero acaban distribuyéndose en todos los sectores sociales.

Situación descrita que caracteriza la hegemonía y el amplio triunfo electoral en medio de la multiplicidad de partidos brasileros, en pos de aplicar un programa neoliberal y responder así al plan de Trump tendiente a  subordinar a los países periféricos, y en el caso de América Latina, como el patio trasero de Estados Unidos[6].

Tres tipos de votos caracterizan al votante que sufragó por el candidato triunfador. Uno, de carácter ideológico, subjetivo y anti-partidario, un voto “anti-izquierda”, “anti-sistema”, “anti-corrupción”[7]. Dos, un voto que demanda seguridad al sistema[8]. Tres, “uno de protesta impulsado por la deslegitimación social del sistema representativo […], incrementada por la ofensiva judicial anticorrupción desatada con la Operación Lava Jato”[9]. Radiografía que nos permite penetrar en la raíz social de la ola conservadora que sustenta la candidatura y explica el triunfo de Bolsonaro.

Se requiere adicionalmente considerar en esta radiografía la desigualdad existente, la meritocracia y el éxito individual que encuentran apoyo en la teología de la prosperidad sustentada por las iglesias evangélicas. El miedo a la violencia y los reclamos por más seguridad (más autoritaria) se expresan de distintos modos, pero acaban distribuyéndose en todos los sectores sociales[10]. El rechazo moral selectivamente “antipetista” de la clase media como condena a la corrupción se manifiesta en una oposicion general al sistema político, que se percibe como un todo corrupto; y del mismo modo, el reclamo en favor de la seguridad que exige más peso de la ley y el orden puede hacer que su blanco sea no solo la delincuencia común, sino también la de traje y corbata[11].

El triunfo de Bolsonaro pone de manifiesto, así mismo, un conjunto de condiciones y virajes sociopolíticos y democráticos, que incubaron la posibilidad y sentido del ganador de las elecciones de octubre de 2018 en Brasil.

En primer lugar, se encuentra —luego de la debacle mundial de 2008— el acelerado deterioro de la economía que, al decir de algunos analistas, transitó a su ocaso y muestra la débil trasformación estructural que se dio en toda la región, y en Brasil especialmente, a través de un proceso de desindustrialización. Recordemos al respecto que Brasil estuvo considerado uno de los países del grupo de los BRICS, precisamente entre otros aspectos, por el importante despegue y desarrollo industrial que tuvo en décadas anteriores.[12]

Proceso de “desindustrialización” que se explica por la profundización de la dependencia estructural del llamado neo-desarrollismo que se encaminó a una política económica y de acumulación capitalista, centrada en el extractivismo y la reprimarización de la economía, efecto de la vinculación al mercado mundial y la demanda del comercio internacional. De esta manera, en el caso de Brasil, al no modificarse el modelo económico de manera similar al resto de economías de la región, se subordinó a las condiciones de dependencia en el contexto de las nuevas relaciones geoeconómicas y geopolíticas de Latinoamérica, donde la Chima ha tenido un papel destacado.

Efectivamente, los gobiernos del PT, encabezados por Lula Da Silva y Dilma Rousseff pusieron el acento en las estrategias de fomento de la industria extractiva, las finanzas y los agro-negocios, dejando en la sombra a la industria de transformación. Al mismo tenor, intensificaron la producción de recursos naturales, aprovechando para ello la demanda china, especialmente de soya[13]; lo que hizo posible un crecimiento económico significativo de Brasil gracias al auge de los precios de las materias primas en el mercado mundial[14].Sin embargo quedaron “incólumes las bases económicas del sistema empresarial que siguió dominando el poder, arraigado en los latifundistas y la poderosa Federación de Industriales de Sao Paulo (FIESP), con la que negociaba el poder político”[15].

Es importante constatar que Brasil generó años antes un proceso de intervención estatal que condujo a tener “un montón de bienes públicos”, tales como bancos gigantes, una empresa petrolera de notable dimensión y la protección a la Amazonía a través de leyes y barreras institucionales “para evitar la destrucción de la mencionada zona”[16].

Dicho crecimiento económico representó un momento de bonanza y condujo efectivamente a una disminución del desempleo, lo que junto a las políticas sociales asistenciales, asumidas por el PT y Lula en el gobierno, redujeron vigorosamente la pobreza en la coyuntura. Sin embargo, a pesar de la importante y reconocida política social del lulismo a través dela reorientación del Bono Plan Familia, que puso el énfasis en su vinculación productiva; la inequidad social estructural persistió, la pobreza alcanzo al 25% de la población[17], lo que condiciono de posibilidad para la multiplicación de la criminalidad y el narcotráfico.

Este primer momento en el siglo XXI, de auge y crecimiento económico, contrastó con la recesión en que devino la economía brasilera, efecto principalmente, de la debacle mundial del 2008, en el contexto del derrumbe de los precios de las materias primas, [18], aumentando la pobreza, el desempleo, la inequidad y la informalidad. De tal manera que,

Después de 2010 el PBI de Brasil no ha parado de caer. En 2014 el crecimiento era de apenas un 0,5%, mientras que en 2015 y 2016 el PBI cayó más del 3%, por dos años consecutivos. Recién en 2017 salió del pozo recesivo, pero alcanzó apenas un 0,3%.[19]

Por otra parte el llamado “golpe institucional” – es decir, el impeachment gestado contra Dilma Rousseff – en 2013, dio inicio a otro momento político que hizo posible el viraje y la apertura neoliberal- iniciado en el segundo momento del lulismo- en el marco de la restauración conservadora, o como dice Negri, la “neo-fascistización por la vía democrática”[20].

Así el “fin del lulismo […] tuvo su raíz en la crisis económica de 2008 que derrumbó los precios de los commodities y generó importantes movilizaciones sociales y de trabajadores”, especialmente en 2013, rompiendo “de facto el consenso trabajadores-empresarios y el esquema de coalición para gobernar, entre sectores de izquierda y varios grupos de centroderecha como el PMDB”[21] que había promovido la dirección lulista.

El sociólogo Raúl Zibechi recuerda que junio de 2013 fue el momento decisivo, el que formateó la coyuntura actual, desde la caída de Dilma hasta el ascenso de Bolsonaro. En ese momento comenzaron las manifestaciones de jóvenes estudiantes urbanos contra el aumento de las tarifas del transporte urbano, que encontraron la reacción brutal de la policía militar, que tuvo inmediata respuesta de miles de ciudadanos en 353 ciudades del país.[22]

Esta coalición se rompió en 2014 cuando la derecha llenó el Congreso y logró, finalmente, el juicio político y la destitución de Dilma [en el 2016], mientras se desmoronaba la socialdemocracia de Fernando Henrique Cardoso: su candidato Geraldo Alckim apenas logró el 4% de los votos y su base social emigró [potencialmente hacia…] Bolsonaro.[23]

La judicialización de la política ha sido uno de los instrumentos de la manipulación del poder, la representación política y el chantaje, de determinados sectores económicos y políticos; en el marco de la estructuración del Estado de excepción que se da en toda América Latina.

De tal manera que, el llamado lulismo como alternativa de gobierno y bloque dominante basado en los mecanismos de construcción de consenso social por medio de la distribución masiva de las rentas del extractivismo, que caracterizó en muy buena medida a los gobiernos progresistas y en general a este ciclo político regional determinado por el boom de las commodities, […fue] afectado de manera […significativa].[24]

Esto produjo de su parte, un grave deterioro de la imagen y legitimidad del Partido de los Trabajadores (PT) que gobernó Brasil en los últimos años. Percepción social que se deterioró aún más a causa de los altísimos niveles de corrupción pública gestada precisamente en el seno del partido gobernante. En la perspectiva del mencionado viraje, la judicialización de la política ha sido uno de los instrumentos de la manipulación del poder, la representación política y el chantaje, de determinados sectores económicos y políticos, en el marco de la estructuración del Estado de excepción que se da en toda América Latina, aunque de manera diferenciada en cada país.

La crisis se exacerbó ante “las denuncias de corrupción dirigidas específicamente al PT”[25] que “vivió el mayor caso de corrupción de su historia” con la denuncia de Lava Jato, afectando “a las empresas más importantes del país, como Odebrecht y Petrobras”[26], lo que justificó “el golpe institucional de 2016” y terminó “tiñendo al conjunto de la clase política brasileña”. Teniendo en cuenta que, en este periodo, la corrupción pública se ha transformado en un fenómeno y red de carácter mundial y regional como uno de los mecanismos contemporáneos de incremento de la acumulación capitalista.

Todo este proceso examinado se dio en condiciones de una larvada crisis política generada por un régimen multipartidista extremo, combinada con la ofensiva neoliberal regional, la misma que responde a una de las tendencias contradictorias del capital financiero global que, como dice Formento, al analizar las cuatro principales tendencias de la globalización disputan la intervención y dirección económica y política de Brasil[27]. Tema que será ampliado párrafos adelante.

En estas condiciones, debilitado y deslegitimado el PT y frente a la fragilidad tradicional de los partidos de derecha y el rechazo a los políticos tradicionales, se creó el caldo de cultivo para que la sociedad y la clase dominante optaran por un outsider que se encarnó en Bolsonaro[28]. En este sentido el sentimiento anti-política subyacente en la sociedad de Brasil se repotenció en los últimos años, estimulado por los escandalosos casos de corrupción pública consumados en los gobiernos de Lula y Dilma Rousseff. Tras el golpe institucional que destituyó a esta última en 2016 y la paupérrima y corrupta gestión de Michel Temer, quedó en evidencia la putrefacción del sistema político y se impuso un sentido común de rechazo a la clase dirigente[29].

Resumiendo, Bolsonaro es -en el ámbito político- el resultado de este deterioro profundo que vivió Brasil, especialmente en los últimos años. Concurren adicionalmente a crear un ambiente favorable para el surgimiento de un candidato outsider, los procesos de extrema inseguridad y violencia pública y ciudadana, detonantes para influir radicalmente en el cambio del sentido común de los sectores subalternos construidos desde una perspectiva de izquierda, en los años de bonanza del progresismo brasilero, liderado por el PT y Lula.

Cambio radical para el cual jugó un rol determinante la manipulación hegemónica, ideológica-cultural, de los enormes sectores subalternos de la población brasilera, generado especialmente por los grandes medios de comunicación y el activismo de la religión evangélica. Todo este compost  agravado por la situación de mayor inequidad y pobreza estructural, profundizada por la ola de descontento social, la violencia y la inseguridad ciudadana, y la securitización; promovieron, en suma, un ambiente social en correspondencia con el viraje político neoliberal propicio para el recambio electoral con un outsider.

En este marco, se complementó el viraje político con un proceso de represión y coacción sistemática a determinados sectores sociales, en la perspectiva de imponer la “hegemonía – como diría Gramsci- acorazada de coacción”. Cabe entonces considerar la siguiente información:

Las víctimas fueron líderes locales, responsables de proteger la fauna salvaje o productores que defendían sus tierras. Brasil registró el peor balance, con 57 muertos, con tres masacres en las que fallecieron 25 personas, liderando el ranking de muertes de defensores de la tierra y del medio ambiente[30].

El tema de la inseguridad —64 mil muertos en el 2017— es una de las claves de las políticas de dominio de los poderosos: cuatro de cada cinco informaciones de los medios hegemónicos (no sólo en Brasil) se refieren a asuntos policiales.

También durante el 2017 aumentó un 20% la violencia policial, con un promedio de 14 muertes por día en intervenciones policiales.[31]

El tema de la inseguridad —64 mil muertos en el 2017—[32] es una de las claves de las políticas de dominio de los poderosos: cuatro de cada cinco informaciones de los medios hegemónicos (no sólo en Brasil) se refieren a asuntos policiales[33].

Conforme al enfoque de este artículo, Bolsonaro más allá de Brasil, sería un signo de los tiempos. ¿De qué tiempos? De los que vive la humanidad, el planeta, la región y el capitalismo. Donde se evidencian cambios, nuevas situaciones y tendencias, como también procesos y liderazgos de renovado tipo; todo lo cual ha llevado a muchos analistas a concluir que asistimos a la crisis del ámbito político en la vida social,como dice el filósofo francés Rancière[34], el “fin de la política” o como dice Chantal Mouffe[35], la “pos-Política”, posiciones que anuncian una fase de “neofascistización en el mundo”[36]. A continuación se examina este contexto regional y mundial.

  LAS CONDICIONES DE AMÉRICA LATINA  

Jair Bolsonaro llega a la Presidencia de Brasil en momentos en que América Latina atraviesa una situación de crisis económica, resultado de la debacle mundial de 2008; y que en la región se expresó y concretó entre 2014-2015, como manifestación, principalmente, de la baja a nivel mundial en los precios de las materias primas y alimentos (commodities), evidenciándose una vez más que América Latina sufre los efectos de la vulnerabilidad propia de la situación de  dependencia que décadas atrás teorizaron Ruy Mauro Marini, Agustín Cueva entre otros, quienes pusieron el énfasis para caracterizarla en la transferencia de valor: “la acumulación para el centro la des-acumulación para las periferias”[37], como decía Agustín Cueva.

La pretensión de escapar de los males estructurales –dice Machado– del capitalismo periférico-dependiente a partir de la profundización y aceleración de la matriz primario-exportadora –con el único matiz heterodoxo de una ‘gestión keynesiana’ de la renta extractivista–, se evidencia hoy a todas luces como un absurdo total; precisamente porque esa matriz extractivista es la marca de origen, el ADN constituyente y constitutivo de nuestra dependencia; la más profunda y pesada herencia colonial.

Más allá –continua el mismo autor– de la retórica propagandística, lejos de procesos de industrialización y recuperación de bases materiales para un desarrollo autónomo, durante el ciclo de los gobiernos progresistas asistimos a la intensificación de una dinámica de re-primarización, extranjerización y ultra-concentración de nuestras economías, lo que nos sumergió en escalones más profundos de integración subordinada y dependiente de la acumulación global.[38]

Esta situación de dependencia es lo que llevó a Bolívar Echeverría a hablar de la “fatalidad de América Latina” cuando la región ha intentado tantas veces en su historia impulsar el desarrollo copiando los modelos europeos y norteamericanos[39].

La participación  financiera china dio lugar a la disputa  de las tradicionales áreas de inversión del capital financiero transnacional, norteamericano y europeo.

De otra parte, se vuelve necesario examinar la fuerte presencia de la China en la región a partir, especialmente, del siglo XX  para sopesar la dependencia actual ligada al cambio geoeconómico y geopolítico regional, que manifiesta y reitera las características dependientes de América Latina atravesada por la tendencia globalista de la mencionada potencia oriental.

En efecto, el involucramiento de China en América Latina en el presente siglo consolida, en primer lugar, la característica principal de la dependencia referida a la trasferencia de valor, fenómeno que se da especialmente a través del intercambio comercial desigual y la inversión extranjera directa (IED). La participación  financiera china dio lugar a la disputa  de las tradicionales áreas de inversión del capital financiero transnacional, norteamericano y europeo, por medio de préstamos a los respectivos estados latinoamericanos, la construcción  de obras de infraestructura, la producción de materias primas y alimentos que ha contribuido a la industrialización en Asia, tema que fue examinado por Marini en la década de 1970 para el caso de Europa y Estados Unidos[40].

Jaime Osorio al examinar teóricamente este tema de los países y estados dependientes, parte de la tesis de la reproducción ampliada del capital y su correspondiente forma de Estado, que le permite diferenciar los procesos de acumulación del centro y des-acumulación de las periferias. Comprensión que se da a partir del examen del sistema mundial capitalista y la división internacional del trabajo que va a constituir la “imbricación entre núcleos económicos espaciales (…) con la capacidad de apropiarse –vía diversos mecanismos– de valores producidos en otras extensiones económico-espaciales, las llamadas periferias o economías dependientes. Así, tenemos un sistema mundial que opera con núcleos de acumulación de valor frente a amplios territorios que sufren la des-acumulación.[41]

En esta línea, la presencia de la potencia oriental, precisamente, profundiza la dependencia. Y, como lo señala Motavani[42] la “supremacía indiscutible estadounidense [… en este periodo] se va resquebrajando, al tiempo que se produce la emergencia de china como actor clave en la partida maestra de ajedrez del siglo XXI”. De tal manera que la influencia de la mencionada potencia en América Latina en el siglo XXI convive con la presencia de Estados Unidos y compite por el control hegemónico de la región. Influencia significativa que se muestra en el aumento del comercio bilateral y que:

Condiciona a nuestros países a configurar un patrón de reproducción o acumulación centrado en el extractivismo y la reprimarización de la economía, en el contexto de la transición que se da desde la financiarización mundial y la disputa con el capital transnacional que opera en la década de los 70, a la reconfiguración del sistema-mundo en que se destaca el bloque emergente de los BRICS y modifica aspectos del carácter dependiente de nuestros países. Así, entonces, esta renovada inserción y dependencia en el sistema-mundo en el siglo XXI repercute en nuestra situación interna: poder, Estado y economía.[43]

Así, según Adriana Roldán en América Latina durante estos años dorados, el comercio bilateral pasó de USD 15.765 millones en el 2001 a USD 277.175 millones en el 2014, posicionándose dicha potencia en América Latina como el primer socio comercial de Brasil, Perú y Chile, dejando a Estados Unidos en el segundo lugar de sus negocios comerciales. Parecida situación sucede con la inversión extranjera directa de China en América Latina, que registra un significativo despunte de 4 mil millones de dólares en el 2007, triplicándose hasta los 14 mil millones en el 2013[44].

Jair Bolsonaro llega a la Presidencia de Brasil en una coyuntura en la que los gobiernos llamados progresistas de la región han entrado en una situación de inestabilidad y profunda crisis política.

El triunfo de Jair Bolsonaro está ligado a este contexto geoeconómico. Expresa la tensión de fuerzas mundiales que disputan espacio e inversión y, al mismo tiempo, abre perspectivas para acuerdos y procesos de inversión capitalista basados, como dice Harvey[45], en la acumulación por desposesión.

Jair Bolsonaro llega, por otro lado, a la Presidencia de Brasil en una coyuntura en la que los gobiernos llamados progresistas de la región han entrado en una situación de inestabilidad y profunda crisis política, producto precisamente de la situación internacional descrita y también de su poca capacidad para enfrentarla, resultado de la escasa trasformación estructural prometida cuando llegaron al poder a comienzos del siglo XXI. Asi mismo se requiere considerar la limitación para generar un cambio del sentido común en la sociedad en general, y ganar la disputa por la hegemonía ideológica cultural. El vicepresidente de Bolivia, García Linera[46], reconoce que transcurridos los años de gobiernos progresistas, el tradicional sentido común de los sectores subalternos se mantuvo incólume. A esto se suma la insuficiente organización desde abajo de los sectores subalternos, combinada con la descomposición de la confianza pública generada por situaciones de extrema corrupción gestada en las esferas de los gobiernos en asocio con las grandes corporaciones de la talla de la brasilera Odebrech.

Los regímenes progresistas que prometían cambios estructurales en la región, en consecuencia, han fracasado y en ellos -como diría Gramsci- se ha intronizado la restauración conservadora. Bolsonaro llega entonces en momentos en que las derechas políticas de América Latina han retomado la iniciativa y se han convertido, como en décadas atrás, en los portavoces-representantes de la ofensiva del capital financiero y el neoliberalismo, como ocurre en los casos, por citar algunos, de Macri en Argentina, Duque en Colombia, Piñeira en Chile, etc. Además, en condiciones de agravamiento social, económico y político en Venezuela, las limitaciones del tipo de gobernabilidad del régimen en Bolivia, y la transición ambigua hacia el neoliberalismo de Ecuador.

El triunfo electoral de Bolsonaro se da, por otra parte, cuando se producen en América Latina contrapesos políticos, como el del centro izquierdista mexicano, Manuel López Obrador, que llega a la Presidencia luego de una significativa crisis del Estado nacional mexicano, “crisis del viejo Estado del siglo pasado”, como dice Lucio Oliver[47], que ha sido capturado en los últimos años por las redes internacionales del narcotráfico globalizado en asocio con el neoliberalismo, estado que demanda su recuperación.

El totalitarismo moderno se define como la instauración de una guerra civil legal a través del estado de excepción, y esto corre tanto para el régimen nazi como para la situación en que se vive en Estados Unidos.

La sociedad mexicana observa, —dice Oliver— en esa opción política la posibilidad de poner un alto a la violencia, a la desigualdad a la sobreexplotación del imperialismo. Entonces, estamos ante una coyuntura de transición importantísima en México y creo importantísima para América Latina.

[…Sin embargo, no debe haber]ilusiones de que este gobierno es un gobierno- manifiesta Oliver- de izquierda que va a enfrentar el dominio el imperialismo en América Latina y en México, que va a estimular el poder político de los trabajadores. No va a ser eso. Va a ser solo un progresista, muy necesario y muy importante para la vida nacional y para la vida latinoamericana.[48]

En la perspectiva  planteada de modo general, es necesario destacar que, en el último proceso electoral de Estados Unidos, Donald Trump ha sufrido cierto revés electoral que ha permitido al Partido Demócrata norteamericano recuperar la mayoría en la Cámara de Representantes y convertirse, aunque limitadamente, en un contrapeso de la política interna y externa del atrabiliario mandatario.

Pesos y contrapesos políticos entonces que se dan en la región y en Estados Unidos ante las intenciones por desestabilizar gobiernos como el venezolano, que anuncian eventuales formas de ofensiva político-militar por parte del presidente norteamericano. Lo antes examinado nos permite entonces advertir que el triunfo de Bolsonaro se produce en un contexto de cambios de la correlación de fuerzas regionales que se anudan con las mutaciones al interno de Brasil analizadas líneas arriba.

Quizás uno de los temas políticos estructurales más importantes de América Latina es que se viven cambios significativos de la forma de Estado, fenómeno que ha llevado a Mantovani a enfatizar en la estructuración del “Estado de excepción”, es decir, un Estado en el que se debilita el:

“…orden jurídico, [lo que] se ha convertido durante el siglo XX en forma permanente y paradigmática de gobierno. Una idea que Agamben retoma de Walter Benjamín, en especial de su octava tesis de filosofía de la historia, que Benjamín escribió poco antes de morir, y que dice: “La tradición de los oprimidos nos enseña que el estado de excepción en el cual vivimos es la regla. Debemos adherir a un concepto de historia que se corresponda con este hecho”.[49]

[Así] el totalitarismo moderno —dice Agamben— se define como la instauración de una guerra civil legal a través del estado de excepción, y esto corre tanto para el régimen nazi como para la situación en que se vive en los Estados Unidos desde que George W, Bush emitió el 13 de noviembre de 2001 una “military order” que autoriza la “detención indefinida” de los no-ciudadanos estadounidenses sospechosos de actividades terroristas.[50]

A esto responden los regímenes de excepción que ponen por delante el autoritarismo, y que el gobierno de Bolsonaro anuncia ahora su vigencia en línea neofascista; donde se encuentran-siguiendo a Agamben- la transformación de la vida política de las llamadas democracias, la ambigüedad del derecho constitutivo del orden jurídico y el aumento del decisionismo del poder ejecutivo. En definitiva, la terminación de esa importante función por la cual, como decía Norberto Bobbio, el derecho disciplina a la política.

Resumiendo, concurren a posibilitar el triunfo de Bolsonaro condiciones generales de carácter latinoamericano, que se expresan de manera inmediata en el fenómeno que se interpreta, tales como las disputas y cambios geopolíticos y geoeconómicos en la región, principalmente a partir de la crisis de 2008, la misma que contribuyó a estimular ofensivas económicas y políticas en el Brasil, y que se manifiesta en el resultado electoral expresando nuevos momentos de derechización y neofascismo, como una clara línea de restauración conservadora generada desde fuerzas retrogradas de Brasil y del continente latinoamericano, que retoman la hegemonía política y económica como cultural.

  EL MUNDO: CONDICIONES Y PERSPECTIVAS  

Las circunstancias y condiciones analizadas han permitido comprender, de manera directa e indirecta, el triunfo electoral de Bolsonaro. El presente artículo se pretende ir más allá y explicar el fenómeno, trascendiendo las tradicionales mistificaciones que acompañan las descripciones. Para lo cual se requiere considerar el momento que vive el planeta, el mismo que muestra nuevas condiciones de cambio en las formas y niveles de acumulación capitalista; de definición de regímenes democráticos y políticas públicas; de sistemas de organización de partidos y liderazgos; así como de procesos de disputa de la hegemonía mundial. Donde se encuentran también brotes y atisbos contra-hegemónicos en un momento de transición histórica de carácter civilizatorio global de la humanidad.

Un examen de la situación del capitalismo planetario a raíz de la crisis de 2008 y la toma del pulso al estado de situación de la hegemonía mundial permitirá abordar y deliberar en este artículo sobre uno de los sentidos, que se encuentran como contexto, del triunfo presidencial de Jair Bolsonaro en Brasil.

El mundo no se encamina hacia una nueva armonía, un nuevo ciclo productivo, sino hacia la profundización de una crisis de larga duración, iniciada hace casi medio siglo.

Así, uno de los aspectos sustanciales a considerar, es la configuración hegemónica mundial y su tránsito en la hora actual; como también las situaciones que muestran los límites de la hegemonía norteamericana que viene jalonándose desde el final de la segunda guerra mundial, y que ingresa en el siglo XXI en un proceso de declive condicionado por mutaciones que se han dado en torno a la reproducción ampliada o acumulación capitalista centrada en el capital financiero. Al decir de Beinstein, se advierte:

El mundo no se encamina hacia una nueva armonía, un nuevo ciclo productivo, sino hacia la profundización de una crisis de larga duración, iniciada hace casi medio siglo. La misma se caracteriza entre otras cosas por la declinación tendencial de las tasas de crecimiento de las economías capitalistas centrales tradicionales y la hipertrofia financiera (financierización de la economía global) impulsando el quiebre de normas, legitimidades institucionales y equilibrios socioculturales que aseguraban la reproducción de la civilización burguesa más allá de las turbulencias políticas o económicas.[51]

Nueva situación, en definitiva, que en la última década pone cuestiona la globalización neoliberal, motivo por el cual comienza a hablarse de “pos globalización”, en tanto en dicha mundialización se evidencian tendencias contradictorias que se disputan el desenlace de un nuevo momento de la crisis sistémica del capitalismo planetario,  así como el tránsito de la llamada globalización.

Como observa Walter Fomento en una entrevista sobre los poderes mundiales, hay claras tendencias globalizadoras como el “unipolarismo financiero globalista”, donde se encuentran posiciones como la “globalista-financiera”, en primer lugar, ligada a sectores hegemónicos del Partido Demócrata norteamericano de Obama y Clinton; en segundo lugar, el “continentalismo financiero relacionado con los intereses del complejo militar industrial norteamericano.

La humanidad vive un momento de transición histórica, donde uno de los aspectos más importantes del cambio político es el proceso de estructuración de una nueva forma de organización estatal.

Cabe así  mismo diferenciar en tercer lugar la tendencia de la “globalización productiva” en tanto proceso multilateral productivo (no financiero) que ha  impulsado, principalmente, desde la China, un proceso de activación comercial y productiva, conocida como la Ruta de la Seda; finalmente – dice el mencionado autor- se encuentra el llamado “multipolarismo de concepciones religiosas y culturales”[52].

Caracterización que nos permite observar que el proceso de expansión económica impulsado por la China, principalmente a través de la Ruta de la Seda, puede convertirse en una salida para el capital financiero internacional, que expresó su límite en la debacle del año 2008. Así, esta iniciativa china se convertiría en el futuro inmediato en terreno fértil para la inversión de la sobreproducción del capital financiero, en pos de incorporarse a la órbita productiva, lo que podría anticipar procesos de conflicto y alianza entre el globalismo financiero y los países del BRICS, principalmente China[53]. Ahí es donde se encuentra, a nivel mundial, uno de los aspectos del contexto de las condiciones e intereses de representación y gestión del recién nombrado presidente de Brasil.

En el campo político, a nivel mundial se evidencian límites relacionados con la forma política liberal democrática (la democracia), que tiene las principales determinaciones en el proceso de estructuración y consolidación del “Estado de Excepción”, y que ha llevado a influir en el cambio del sistema político y del orden mundial. El intelectual italiano Agamben al teorizar sobre el “Estado de Excepción” en respuesta a la formulación planteada originalmente en Teología Política por Carl Schmitt, dice:

Está claro que ninguna de las categorías fundamentales de la tradición democrática ha mantenido su sentido, sobre todo no podemos hacernos ilusiones. En “Estado de Excepción” he intentado indagar en esta transformación desde el punto de vista del derecho; me he preguntado qué significa vivir en un estado de excepción permanente.[54]

Se evidencia y profundiza así  lo antes examinado por el hecho de que la humanidad vive un momento de transición histórica, donde uno de los aspectos más importantes del cambio político es el proceso de estructuración de una nueva forma de organización estatal, como uno de los dispositivos fundamentales de la dirección hegemónica del planeta. En este sentido se asiste al proceso de conclusión de la etapa de desarrollo del Estado Nacional tradicional, que fue una de las condiciones políticas necesarias para la hegemonía mundial de los Estados Unidos.

La globalización y el desarrollo trasnacional del planeta; las corporaciones y la financiarización requieren una forma estatal en la cual representar sus intereses y conducir los destinos del mundo. En este sentido se vuelve pertinente la proposición desarrollada por Wolfang Schmith[55], quien concluye que las grandes corporaciones transnacionales emblemáticas como Google, Facebook, etc. –dispositivos tecnológicos potentes de la acumulación mundial– y el conjunto de transnacionales se constituyen en importantes fuerzas que articulan la posibilidad del dominio político monopólico mundial. Que al mismo tiempo y de manera especial, como jamás ha ocurrido antes, incluye la comunicación y la informática. Fenómeno que nos muestra un dominio que interrelaciona lo político, lo cultural y lo económico en un haz hegemónico planetario.

A raíz del conflicto Sirio de los últimos años se evidencia el aparecimiento de un nuevo orden mundial caótico, signado por la incertidumbre de la transición hegemónica.

Como se decía, la política y la democracia liberal se encuentran en proceso de decadencia, por ende, el estado liberal, soporte del estado nacional. A este le tomó siglos imponerse en Europa y se extendió con los procesos independentistas en América desde finales del siglo XVIII, y en el resto del mundo en las décadas posteriores a la Segunda Guerra Mundial. Sin embargo, siguiendo a Sintomer,

La gobernanza global implica un cambio de escala comparable al que se dio entre las Ciudades Estado de la Antigüedad, la Edad Media y el Renacimiento, y los Estados-Nación de gran tamaño de la Edad Moderna. Situación que está más allá de la democracia representativa y la soberanía popular; y que opera en redes de actores de estatus muy diversos. Los Estados, y en particular los de los países más poderosos, siguen desempeñando un papel importante, pero junto con coaliciones de firmas transnacionales, alianzas de gobiernos locales, organizaciones internacionales tecnocráticas como el Banco Mundial o el Fondo Monetario Internacional (FMI) y, en menor medida, organizaciones no-gubernamentales como Greenpeace, grupos antiglobalización, sindicatos obreros, Vía Campesina, iglesias, etc.”[56]

Así mismo, a raíz del conflicto Sirio de los últimos años se evidencia el aparecimiento de un nuevo orden mundial caótico, signado por la incertidumbre de la transición hegemónica. Orden mundial que muestra signos críticos como las diferentes crisis generadas en las condiciones de la estructuración del bio-capitalismo neoliberal, que están estallando en todo el mundo, producto del cambio climático; los conflictos étnicos y religiosos en occidente; las crisis migratorias de refugiados, las guerras y catástrofes naturales; las debacles alimentarias producidas por los desequilibrios del clima en el mundo: sequias, inundaciones, etc. Todo este conjunto de factores generando situaciones catastróficas para las economías domésticas de los habitantes de todo el mundo, y que en efecto dejan percibir el panorama caótico del planeta.

En síntesis y para concluir esta reflexión, se puede decir que el proceso de estructuración del Estado y el tipo de dominio político y de hegemonía mundial que se estructura en la actualidad, se interrelacionan de manera compleja y contradictoria con el proceso de tránsito civilizatorio de la modernidad. Mismo que se encuentra contenido en el proceso y condiciones del desarrollo capitalista planetario. Donde se advierte que se expresan, principalmente, los casos de afectación y destrucción de la naturaleza que amenazan con la sobrevivencia del planeta.

Los partidos se han convertido en organizaciones autorreferenciales, incapaces de cumplir adecuadamente con las exigencias de receptividad y responsabilidad que derivan de su función mediadora entre la sociedad y el Estado.

Adicionalmente se requiere enfatizar que se asiste, así mismo, a la crisis de representación y organización de la democracia representativa que tuvo en los partidos políticos uno de los aspectos centrales. En este sentido cabe anotar que estamos ante la desafección de la democracia.

Se aprecian ciertos síntomas de distanciamiento, cansancio o hartazgo respecto a las instituciones democráticas, lo cual se reflejaría en fenómenos como la baja participación electoral, el incremento de votos blancos y nulos o el aumento del voto de protesta hacia opciones minoritarias o anti-establishment.[57]

En este aspecto se observa que los partidos se han convertido en organizaciones autorreferenciales, incapaces de cumplir adecuadamente con las exigencias de receptividad y responsabilidad que derivan de su función mediadora entre la sociedad y el Estado. Las generaciones más jóvenes se distancian de los partidos porque rechazan su modo de funcionamiento altamente burocratizado y jerarquizado. La militancia tradicional, basada en la identificación sentimental y la lealtad acrítica a la organización política, está en vías de desaparición. El análisis de la afiliación refleja no sólo un descenso acusado en toda Europa, sino también una distorsión de representatividad, pues se aprecia una significativa escasez de jóvenes y de mujeres en los partidos[58]. En este aspecto resulta sintomática la movilización social-ciudadana espontanea, generada por los llamados “Chalecos Amarillos” en Francia en diciembre de 2018- en consonancia con otras manifestaciones europeas como los indignados españoles- que hicieron retroceder al presidente francés en las medidas antipopulares adoptadas por su gobierno.

El otro fenómeno que se requiere considerar en este proceso de decadencia de la democracia y de la organización partidaria es el crecimiento de la derecha política. Como dijo Boaventura de Souza[59], más allá de los autoritarismos,  es cada vez más evidente que la democracia corre hoy otros peligros que se derivan paradójicamente del normal funcionamiento de las instituciones democráticas. “Las fuerzas políticas antidemocráticas se van infiltrando dentro del régimen democrático”[60] en una suerte de peculiar relación, política y jurídica del Estado de Excepción, lo que lleva a “la elección de autócratas”. Si bien,

Los políticos autocráticos- dice- siempre han existido. Lo nuevo es la frecuencia con la que están llegando al poder.[61] En tiempos recientes, estos dos mercados se han fundido bajo la égida del mercado económico, hasta tal punto que hoy, en política, todo se compra y todo se vende. La corrupción se ha vuelto endémica.[62]

En la perspectiva analizada, Jair Bolsonaro constituye una de las expresiones del fenómeno político actual. Es un signo de los tiempos. Concurren en la concreción y expresión de este personaje las múltiples determinaciones mundiales, regionales y nacionales, que han sido expuestas en forma sintética en este artículo, y que dan cuenta de los nuevos tiempos y los nuevos signos de nuestra realidad contemporánea.

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[1] La elaboración de este artículo contó con la colaboración de Tito Madrid.

[2] Rosendo, Fernando. 2018. Triunfo de Bolsonaro en primera vuelta. http://www.nuevamayoria.com/index.php?option=com_content&task=view&id=56...

[3] Ibid.

[4] Ibid.

[5] De Almeida, Federico. 2018. Los tres votos a Bolsonaro.http://nuso.org/articulo/los-tres-votos-bolsonaro

[6] Tonelo, Iuri. 2018. Bolsonaro: antipetismo, reacción conservadora y descomposición capitalista. http://www.laizquierdadiario.com/Bolsonaro-antipetismo-reaccion-conserva...

[7] Bertoche, Gustavo. 2018. Un profesor de filosofía brasileño explicó por qué Bolsonaro ganó la primera vuelta. https://www.infobae.com/america/america-latina/2018/10/13/un-profesor-de...

[8] De Almeida, Federico. Op. cit.

[9] Ibid.

[10] Oliveira, Isabela. 2018. Quemsão e no que acreditam os eleitores de Bolsonaro. https://www.alainet.org/es/node/196132

[11] De Almeida, Federico. Op. Cit.

[12] Brasil junto con Rusia, India, China y Sudáfrica, conformaron el denominado Grupo de los BRICS, una suerte de “utopía” del capitalismo global que perdió vigencia.

[13] Falak, Marcelo. 2018. El PT no es inocente en el triunfo de Bolsonaro. https://www.servindi.org/actualidad-opinion/13/10/2018/el-pt-no-es-inoce...

[14]Ibid.

[15]Aharonian, Aram. 2018. Bolsonaro y la derrota cultural del progresismo. https://www.lahaine.org/cR1Y

[16] Correa en Burch, Sally. 2018. Así como el PT no evaluó el antipetismo, nosotras no evaluamos el antifeminismo. https://www.alainet.org/es/articulo/196126

[17]Ecuador Today. Op. Cit.

[18] Mantovani, Emiliano. 2018. América Latina en el cambio de época: ¿normalizar el estado de excepción? https://cronicon.net/wp/america-latina-en-el-cambio-de-epoca-normalizar-...

[19] Contrahegemoniaweb. 2018. ¿De dónde salió Bolsonaro? http://contrahegemoniaweb.com.ar/de-donde-salio-bolsonaro/

[20] Negri, Antonio. Op. Cit.

[21] Aharonian, Aram. Op. Cit.

[22] Ibid.

[23] Ibid.

[24] Mantovani, Emiliano. Op. Cit.

[25] Solervicens, Marcelo. 2018. Brasil: Balotaje presidencial decisivo. https://www.alainet.org/es/articulo/196122

[26] Rosendo, Fernando. Op. Cit.

[27] Walter, Formento. 2018. ¿Qué hay detrás del Poder Mundial? La puja entre los sectores dominantes (video). https://www.youtube.com/watch?v=fw8gmQaY8oQ

[28] Solervicens, Marcelo. Op. Cit.

[29] Szalkowicz, Gerardo. 2018. Brasil: ¿Cómo se engendró el monstruo Bolsonaro? http://asturbulla.org/index.php/territorios/latinoamerica-sp-1522441304/...

[30] Berterretche, Juan. 2018. Brasil lidera ranking de muertes de defensores de la tierra y del medio ambiente. https://www.lahaine.org/dL92

[31] Contrahegemoniaweb. Op. Cit.

[32] “Uno de cada cuatro homicidios en el mundo -al menos 46, el doble que en 2016-, estuvo vinculado con la industria agroalimentaria. Cuarenta debido a disputas mineras –treinta y tres en 2016-, 26 relacionadas con la deforestación y un récord de 23 personas, sobre todo guardias forestales africanos, murieron tratando de proteger a los animales de cazadores furtivos”. En Berterretche, Juan. Op. Cit.

[33] Aharonian, Aram. Op. Cit.

[34] Rancière, Jacques. 2016. La extrema derecha está volviendo a ser exitosa en su evocación de símbolos identitarios muy primitivos. http://www.theclinic.cl/2016/12/04/jacques-ranciere-la-extrema-derecha-e...

[35] Mouffe, Chantal. 2017. El populismo es la salida para recuperar la democracia. http://www.elcolombiano.com/colombia/el-populismo-es-la-salida-para-recu...

[36] Negri, Antonio. 2018. Un fascista del siglo XXI. El poder constituyente de la excepción. https://www.elcohetealaluna.com/un-fascista-del-siglo-xxi/

[37] Cueva, Agustín. 2004. El desarrollo del capitalismo en América Latina. México: Siglo XXI Editores.

[38] Machado, Horacio. 2018. ¿Por qué ha fracasado el progresismo en América Latina? http://www.rebelion.org/noticia.php?id=248493

[39] Echeverría, Bolívar. 2010.América Latina: 200 años de fatalidad. http://www.sinpermiso.info/textos/amrica-latina-200-aos-de-fatalidad

[40] Cueva, Agustín. Op. Cit.

[41] Osorio en Muñoz, Francisco. Op. Cit., 290.

[42] Motavani en Muñoz, Francisco. Op. Cit., 291.

[43] Muñoz, Francisco. Op. Cit., 292.

[44] Roldán, Adriana, Alma Castro, Camilo Pérez, Pablo Echavarría y Robert Evan. 2016. La Presencia de China en América Latina. Comercio, inversión y cooperación económica, 28. Fundación Konrad Adenauer Stiftung.

[45] Harvey, David. 2005. “El “nuevo” imperialismo: acumulación por desposesión”. En SocialistRegister2004. Buenos Aires: CLACSO.  http://biblioteca.clacso.edu.ar/clacso/se/20130702120830/harvey.pdf

[46] García, Linera Álvaro. 2018. CLACSO – Extraordinaria conferencia de Álvaro García Linera junto a Juan Carlos Monedero (video). https://www.youtube.com/watch?v=lUFZ3NCi9IA

[47] Oliver, Lucio. 2018. Lucio Oliver – Colegio Trascontinental Subalterno (video). https://www.youtube.com/watch?v=7UMK5ftRkmU

[48] Ídem Lucio Oliver

[49] Costa en Agamben, Giorgio. 2005. Estado de excepción, 6. Buenos Aires: Adriana Hidalgo Editora.

[50] Agamben, Giorgio. Po. Cit., 6.

[51] Beinstein, Jorge. 2018. Las nuevas dictaduras. https://beinstein.lahaine.org/b2-img/Beinstein_nuevasdictaduras_marzo201...

[52] Walter, Formento. Op. Cit.

[53] Ibid.

[54] Agamben, Giorgio. Op. Cit., 13-14.

[55] Schmidt Ca Wolfgang, Dominio del Dinero y Desvanecimiento de la Democracia, Quito, Caap 2015

[56] Sintomer, Ives. 2017. “¿Condenados a la democracia?”. En Nueva Sociedad 267, 30. Buenos Aires: Talleres gráficos nuevo offset.

[57] Sánchez, Óscar. 2013. Los partidos y la desafección política: propuestas desde el campo del derecho constitucional, 415. http://www.academia.edu/26783973/Los_partidos_y_la_desafecci%C3%B3n_pol%...

[58] Ibid, 418.

[59] De Sousa, Santos Boaventura. 2018. Brasil: las democracias también mueren democráticamente. https://www.alainet.org/es/articulo/196128

[60] Ibid.

[61] Ibid.

[62] Ibid.

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