Carlos Larreátegui: "hay más PhD pero menos universidad"

Carlos Larreátegui: "hay más PhD pero menos universidad"
El desperdicio de Yachay es criminal. Adquirir una deuda con China no tiene perdón de Dios, es una infamia. Que el secretario del Senescyt se haya construido una casa ahí, a la manera de los rectores de las universidades de Estados Unidos, es una bofetada al Ecuador. Había dinero en abundancia, pero cero capacidades de gestión, de proyectarse con realismo y dejar estas megalomanías.
14 de Septiembre del 2017
Redacción Plan V

Carlos Larreátegui

Master in Public Administration, especialización Press & Politics, por la Universidad de Harvard (1997). Master of Science, Politics por London School of Economics (1985). Doctorado (candidato) en Ciencias Políticas por la Universidad Europea de Madrid. Doctor en Jurisprudencia por la Universidad Católica del Ecuador  (1982). Ha sido diputado y funcionario público. Es rector de la Universidad de las Américas, UDLA.

¿Cómo están viendo las universidades el proceso actual desde el gobierno?

El tema de universidades es complejo, porque luego de siete años de vigencia de la Ley Orgánica de Educación Superior, LOES, nos estamos dando cuenta de los errores, fracasos y falencias del esquema que montaron en ese momento. No olvidemos que esta Ley fue hecha por la esposa del señor Ramírez (René); él estaba en la Senplades y esta entidad solicita al PNUD que contrate a la señora para que redacte la LOES.  Los esposos Ramírez elaboraron el proyecto de ley y ahora hay una serie de problemas, porque esta es fundamentalmente una ley que establece un control absoluto de las universidades desde los órganos reguladores, que a su vez controlaba el gobierno, pero además un modelo único de universidad, un modelo educativo único, un modelo de gobierno único. En definitiva, el pensamiento único. Al final, el balance es que sí, tenemos más PhD, tenemos más papers, publicaciones científicas, pero hay menos universidad, menos autonomía, pero sobre todo hay una exclusión como nunca en el Ecuador. Cerca de doscientos mil chicos en edad de estudiar que está totalmente fuera de cualquier posibilidad de acceder a la universidad.

¿Cuál mismo es la cifra, otros hablan de medio millón de chicos?

No se ha hecho un censo exacto, pero con nuestros cálculos que una tercera parte de la posible población universitaria está excluida. Es un cálculo aproximado, pero no es menos de eso.

Pero, siempre ha habido exclusión, que es histórica, no todos han ingresado a la universidad.

Así eso, pero ahora hay mucha más exclusión a pesar de que el objetivo del gobierno de Correa era potenciar la universidad pública y fortalecer la inclusión. Y es un fracaso porque en diez años del gobierno de Correa, la universidad pública se ha achicado y la privada, tan perseguidas por Correa, han incrementado su participación en la inclusión estudiantil.

¿Ha disminuido la oferta en la universidad pública?

Sí, y también en la privada. Uno de los fracasos de esta ley es cuando sale René Ramírez quedan 350 programas sin aprobar en el Consejo de Educación Superior, CES. Todo por temas burocráticos. Un sistema universitario sin innovación y que no aprueba nuevos programas está condenado a estancarse.

La universidad privada, tiene algunos problemas. Uno de estos es que se le ha impuesto un modelo de gobierno que hace que con el tiempo la universidad privada no pueda subsistir.

¿Cuáles son los problemas centrales de la universidad privada?

Tiene algunos problemas. Uno de estos es que se le ha impuesto un modelo de gobierno que hace que con el tiempo la universidad privada no pueda subsistir. El modelo de gobierno de la universidad privada —de acuerdo a la ley— es el mismo que el de la pública: elecciones abiertas, una supuesta democracia que en la universidad no lo es, porque sabemos que es la politización de la universidad; tenemos problemas en el tema financiero, pues no se nos devuelve el IVA y tenemos el asedio del SRI que pretenden cobrarnos impuestos más allá de sus competencias. Hay un estrangulamiento de la universidad privada, que no es de ahora. En el gobierno de Correa se fue profundización y lo que estamos sintiendo ahora son los coletazos de esta persecución de Correa a las universidades privadas.

¿Con Augusto Barrera al frente del Senescyt ha cambiado algo de esto?

Augusto Barrera nos ha recibido con gran gentileza y está tratando de ayudarnos. El problema es que al interior del gobierno no hay una posición única en el tema de educación superior. Es decir, aún hay personas en instancias importantes que responden aún a la filosofía de Rafael Correa y René Ramírez. Barrera tiene una visión clara, quiere apoyar a la universidad, pero creo que su postura no refleja la posición de otros sectores. Él hace un enorme esfuerzo para superar estos escollos al interior del propio gobierno, para mirar la universidad desde su propia óptica.

La LOES fue aprobada luego de una campaña política y mediática —y así ocurrió con todos los sectores— donde todas las universidades quedaron bajo sospecha de ser una estafa académica. Las declararon culpables y quedó eso en el imaginario social para justificar el esquema de control total ¿Cuál es la hoja de ruta para desmontar esta percepción y este esquema?

Creo que, como en muchos otros sectores, hay que desmontar estas estructuras que son fascistoides. Que pretenden controlar hasta el último movimiento de las universidades y que no recuperemos una autonomía responsable. Para ello, hay que reformar la ley y para eso tiene que haber un contexto político más amplio que permita estos cambios. Veo muy difícil que si no hay un cambio general del contexto político, leyes como la LOES y otras tantas cambien. Qué mal estaríamos que el presidente Moreno, con gestos democráticos mínimos ha logrado un apoyo enorme. Cuál habrá sido el nivel de opresión que sufríamos por diez años, que con simples gestos de un presidente demócrata, que es normal en otras partes, el país está aliviado. Pero no hemos pasado a los hechos, pero ahora hay gestos importantes, pero no hemos avanzado más allá. Si realmente es su intención, el presidente debe dotarse de herramientas para desmontar este correísmo que lamentablemente nos oprime. La verdad es que vivimos aún un Estado correísta y el presidente está atrapado en este esquema.

¿Cómo aterriza o se expresa el control a las universidades?

Todas las universidades tenemos que reportar toda la información que el Estado cree que necesita. Cosas que funcionarios de tercer y cuarto nivel piden por correo electrónico pasando un día. Las universidades han tenido que crear equipos gigantescos para responder a información que ni siquiera se analiza y se arruma por ahí. Otras formas: mirar hasta el último detalle la creación de nuevos programas académicos. La universidad debiera tener la capacidad para crear sus propios programas, y el estado puede controlarlos, pero no una pre aprobación, es decir que el CES tenga que aprobar un programa porque piden hasta las razones de la cantidad de horas, el detalle de los profesores… todo un sistema burocrático. Y por eso unos 350 programas se quedaron retrasados. No se permite a la universidad la libertad de ofrecer cursos y programas de acuerdo a su criterio. En cualquier país del mundo las universidades tienen esa capacidad y autonomía. Incluso la universidad tiene el derecho a equivocarse. Hay un seguimiento exagerado, estaliniano de los que hace y no hace la universidad. El Estado, en el Ecuador, decide aprobar o negar programas académicos, de acuerdo a lo que el Estado cree que es conveniente o no para el país. Eso no lo puede decidir el Estado.

Le van a decir: quieren regresar a las universidades de garaje, hacer lo que les da la gana no tener control.

Ese es el sofisma. El tema de las universidades de garaje, que existían, fue el pretexto perfecto para entrar con una ley absolutista, y efectivamente se crea este fantasma de que si se cambian las cosas vamos a regresar al pasado. La universidad privada ha dado testimonio de su compromiso con el país. Hemos subido la cobertura del 36% al 42%; es odioso hacer una distinción, pero vemos que la universidad privada tiene mucho mejor desempeño que la pública en temas de producción científica, de inclusión, de cobertura, de rankings internacionales, de acreditaciones; en los exámenes de habilitación del CEAACES las universidades privadas salen como las mejor ranqueadas, en Medicina, Odontología, Derecho… Es fácil reconocer nuestro valor social, pero desde un inicio el presidente Correa, por su conflicto con la Universidad San Francisco, convirtió ese resentimiento en política pública. Por la forma en que salió de esa universidad comenzó a perseguir a las universidades y ese fue el signo durante sus diez años de gobierno.

Es fácil reconocer nuestro valor social, pero desde un inicio el presidente Correa, por su conflicto con la Universidad San Francisco, convirtió ese resentimiento en política pública.

El tema de la categorización de las universidades que hace el Estado, ¿se hace en otras partes del mundo?

La categorización se volvió un ranking de universidades, y el Ecuador es el único país del mundo que a través una agencia oficial de acreditación hace rankings. Estos, los que existen, son todos privados, además con diferentes metodologías. La categorización, si bien reconoce a algunas universidades en su calidad, fue también una herramienta —y hablo por la Udla— de premio o castigo. La forma arbitraria en que se cambiaron los puntajes a último momento desnaturalizó ese proceso Una agencia de acreditación, acredita o no acredita. Generalmente acredita por un determinado número de años y si mejoras amplía los años, pero jamás, y es otra de las novelerías de Ramírez, a nadie se le ha ocurrido en el mundo que una agencia de acreditación haga una especia de ranking, porque, además, las universidades son distintas unas de otras, y no puedes usar el mismo modelo de categorización para todas. Hay universidades que practican las artes liberales, otras que son más politécnicas, otras más inclinadas a las humanidades…

También pasa que las carreras son las que hacen a las universidades, unas son mejores en unas carreras que en otras…

Sin duda. Y esa es la gran falacia. Hay universidades A que seguramente tienen programas que debieran estar en la D, y hay universidades D que posiblemente tienen uno o más programas que son A. Una universidad no es buena en todo absolutamente, tienen fortalezas y debilidades y ahí radica la riqueza del sistema, en su diversidad y en la variedad de opciones. La ingeniería social que Ramírez quiso implantar en las universidades, quiso un modelo único y creo estas cuatro universidades emblemáticas que son un fracaso. Ya vemos lo de Yachay, ese fue su modelo de universidad.

¿Yachay es un hueso para el Ecuador?

Es terrible, son 4500 hectáreas de tierra productiva que se expropiaron. Con la compra de tierras y todo eso debe estar rondando los 1300 millones, para educar a 700 estudiantes. Con ese dinero cualquiera de nuestras universidades, públicas o privadas, habrían educada cincuenta veces eso. El desperdicio de Yachay es criminal. Adquirir una deuda con China no tiene perdón de dios, es una infamia. Que el secretario del Senescyt se haya construido una casa ahí, a la manera de los rectores de las universidades de Estados Unidos, es una bofetada al Ecuador. Había dinero en abundancia, pero cero capacidades de gestión, de proyectarse con realismo y dejar estas megalomanías. El crimen es enorme porque con todos esos recursos se pudo haber hecho muchísimas cosas en las universidades ecuatorianas, a las cuales ahora se les ha restringido el presupuesto y la situación es complicada, y sin embargo tiramos centenas de millones de dólares en estos experimentos de Rafael Correa y René Ramírez.