El mapa desconocido del territorio waorani

El mapa desconocido del territorio waorani
El pueblo waorani de Pastaza mapeó 180 mil hectáreas de su territorio bañado de ríos, selva y animales. Es la primera vez que esta nacionalidad indígena hace un registro de este tipo. Lo hicieron con la ayuda de los conocimientos de los líderes más ancianos y de la tecnología. Piden que su territorio se declare libre de toda actividad petrolera.
29 de Octubre del 2018
Susana Morán

La gente recuerda todo, no sabían lo que estaban firmando, ni sabían por qué estaban llegando. Vino un vuelo y la gente fue a ver. Dieron de comer y por los panes y las colas les hicieron firmar. Este documento que firmaron, que fue un registro de alimentación, lo hicieron pasar como una aprobación de las comunidades”.

Oswando Nenquino, líder del pueblo waorani de Pastaza, relata ese episodio con indignación. Se refiere a la visita que hiciera un funcionario de la Secretaría de Hidrocarburos en el 2012 a su territorio. Nenquino asegura que, según los relatos de los habitantes, apenas se quedó unos 20 minutos en la zona e informó de la llegada de una compañía petrolera. Habló de los beneficios de la explotación en el Bloque 22, donde se asientan 17 comunidades waoranis. Habrá vivienda, salud, educación, dijo el funcionario, según recuerdan los testigos. Solo habló en español y no en el idioma de ellos. Ninguno de los pikenanis, los guerreros y líderes más viejos, entendieron el mensaje. La comunidad acoge a todos -agrega-. Pero no imaginaron que esas firmas de registro por la alimentación las pasaran como los resultados de una consulta previa.


Oswando Nenquino, vocero del Consejo de Coordinación de la Nacionalidad Waorani de Pastaza. Foto: Plan V.

En Ecuador, la Constitución establece que el Estado debe consultar a las comunidades antes de aprobar un proyecto de desarrollo en su territorio. Pero distintas nacionalidades indígenas han reclamado, incluso ante organismos internacionales, por el caso omiso que hace el Estado a esa disposición. O cuando la implementa, ésta no cumple con los estándares internacionales. Es lo mismo que reclama ahora Nenquino como vocero del Consejo de Coordinación de la Nacionalidad Waorani de Pastaza (Conconawep).  Por eso califica esa consulta como “inconstitucional”.

Desde ese año, los waoranis empezaron a organizarse para entender qué estaba pasando en su territorio. “¿De qué desarrollo estamos hablando?”, se pregunta Nenquino. “Cualquier empresa extractiva tiene estrategias para engañar y vulnerar. Este proceso hemos empezado conociendo a otros hermanos en otras provincias, el pueblo waorani es muy grande, están en tres provincias y muchos saben de los impactos”, explican.

Desde el 2014 trabajaron con 17 comunidades e iniciaron un proceso de mapeo de su territorio. Han decidio hacer su propio mapa al que lo llaman “vivo” porque han colocado en detalle qué alberga su tierra. Es la primera vez que el pueblo waorani hace este registro, según Nenquino. “Mapeo es como gobernanza”, añade el líder indígena.

Dice que en su mapa está el conocimiento ancestral de los abuelos. Narra que antes del contacto inicial con el mundo occidental, los waoranis tenían tres millones de hectáreas. “Pero ustedes han reducido ese territorio, los jóvenes que hablan con el mundo occidental han entregado ese territorio”, les dijeron los pikenanis.

Los jóvenes waoranis empezaron a ver que el Gobierno, las organizaciones y las universidades tenían información de ellos. Pero no los waoranis sobre ellos mismos. Analizaron muchos mapas, pero “no coincidían con nuestro mundo waorani, ninguno está aproximado”, asegura Nenquino.

Entonces junto con los pikenanis hicieron su propio mapa. Los pikenanis saben más que el GPS, más que el mapa satelital. “El mapa se hizo con el conocimiento de los abuelos, luego  con los GPS y las cámaras para saber si hay o no tapir (y otros animales)”.

Entonces junto con los pikenanis hicieron su propio mapa. Los pikenanis saben más que el GPS, más que el mapa satelital. “El mapa se hizo con el conocimiento de los abuelos, luego  con los GPS y las cámaras para saber si hay o no tapir (y otros animales)”.

Con la ayuda de ONG, han mapeado 180 mil hectáreas. Han señalado cuáles son los mejores ríos para alimentarse de peces, dónde están las cascadas, tanto las sagradas como las no los son, dónde están los cementeros y las chontas ancestrales. La chonta es una palma, un símbolo de los waoranis. Donde está plantada un árbol de este tipo significa que allí habitó una familia waorani. Es un señal de georeferenciación y por eso las chontas más antiguas son un punto importante para su ubicación. “Como eran nómadas sembraban la chonta para decir esa es mi referencia, de ella hacían la chica y sus lanzas”.

También encontraron áreas de reproducción de monos chorongos, de tapires y demás animales. La comunidad waorani ha decidido donde están sus reservas, más allá de lo que establezca el Ministerio del Ambiente. “Nosotros tenemos que administrar nuestro territorio”, recalca Nenquino.

Pero en esta exploración encontraron amenazas. El Bloque 22 salió a licitación en la XI Ronda Petrolera del Suroriente en el 2012. En el gobierno de Lenín Moreno nuevamente saldrá a licitación, pero según ha anunciado el ministro de Hidrocarburos, Carlos Pérez, bajo nuevos términos. La Conaie ha encabezado las críticas a este anuncio. Y al pueblo waorani le preocupa que llegue una petrolera al Bloque 22. “Los ríos no están contaminados, hay peces. Eso queremos salvar y protegerlos”. Quieren cuidar, por ejemplo, a los ríos Curaray, Tzapino, Kiwaro y Akaro, cuyas riberas albergan a este pueblo indígena. “Mucha gente interviene, pesca o hace minería ilegal”.

En sus recorridos para el mapeo encontraron bloques de cemento con coordenadas, una señal de que allí pude haber petróleo, creen. Lo toman como una amenaza. El pueblo waorani conoce de los impactos de este tipo de explotación en otras provincias. Los líderes más viejos han dicho: “El helicóptero llegaba y nos daban comida, no sabía quién autorizó y como llegaron”.

Por eso antes de hablar con el Gobierno, buscaron organizarse internamente. El 31 de agosto pasado se realizó una audiencia pública convocada por la Defensoría del Pueblo del Ecuador en la comunidad waorani de Nemonpare, en Pastaza. Allí las comunidades expresaron su decisión de no permitir la licitación del Bloque 22. Esta audiencia fue considerada como histórica para esta nacionalidad por su declaración de resistencia a que sus territorios sean cedidos a empresas petroleras.


Asamblea del pueblo waorani de Pastaza. Representantes de los ministerios de Hidrocarburos y Ambiente no asistieron por seguridad. Fotos: Alianza Ceibo

A la audiencia también estuvo convocadas autoridades de la Secretaria de Hidrocarburos, el Ministerio del Ambiente y la Secretaria de la Gestión de la Política, pero estas nunca asistieron. En un oficio, Hidrocarburos alegó, dos días antes del acto, razones de seguridad y recomendó hacer una videoconferencia. Ambiente también se excusó para “precautelar la seguridad” de su equipo. El pueblo waorani consideró esos pretextos como “burlas”. “Cuando querían engañarnos con su supuesta consulta previa en 2012 llegaban aquí sin problema, no tenían miedo de nuestras lanzas ahí”, dijo Nenquino ese día.

En un comunicado, los indígenas consideraron que pedir una videoconferencia era “una muestra de mala fe”. Dijeron que la técnica de Hidrocarburos, María Belén Ortiz, “quien anteriormente fue asesora técnico de la Nacionalidad Waorani del Ecuador y las Asociación de Mujeres Waorani del Ecuador, conoce que en la comunidad de Nemonpare no cuenta con energía eléctrica ni telecomunicaciones ni internet para poder realizar una audiencia pública por videoconferencia. La Secretaría de Hidrocarburos una vez más ha demostrado su falta de respeto a la cultura waorani, y en vez de asistir a una audiencia sobre graves violaciones de derechos por parte de su institución, se ausentó de manera lamentable y de mala fe”.

En el mapa elaborado con GPS en mano y con la guía de los pikenanis, están situados los caminos grandes y los de cacería; las comunidades waoranis; los campamentos; el lugar de donde obtienen barro para las cerámicas; los sitios de pesca y los de recolección; el saladero y los bañaderos; las lagunas y los cerros. Al alejar el mapa, el territorio waorani asentado sobre el Bloque 22 aparece cubierto de infinidad de puntos y ríos azules. Al acercar el mapa, estos puntos toman la forma de animales, miles de ellos. Es el registro de la vida waorani.

La vida waorani

  • Su forma de alimentación es a través de la recolección de petomo (hunguragua), nontoka (morete), ontoka, yawe (uva), aan (guaba), beroyewemo (capulí silvestre), oboye, kontaka, además siembran yuca, maíz y camote, comemos carne sana, carne de monte como huangana, mono y pava, mientras que en el río pescan: sardinas, sabaletas, carachama y bagre. De su territorio obtienen su medicina para ciertas enfermedades. “Nuestro territorio es la selva”, afirman.

Sus acciones

  • El mandato del Pueblo Waorani de Pastaza declara a su territorio como libre de la actividad petrolera, en uso de su derecho a la autodeterminación. “Esta decisión es fruto de un proceso de análisis que se ha basado en un proceso de más de dos años de mapear colectiva e integral nuestro territorio y reconocer los graves impactos que la actividad petrolera ha causado en territorio y en la vida de otros pueblos”. Este mandato fue enviado a los ministerios de Ambiente e Hidrocarburos para que respeten su derecho de autodeterminación y que se excluya de la Ronda Suroriente el territorio waorani. Estas cartas fueron enviadas el 19 de mayo de 2018.
  • El Mandato también fue entregado por una delegación waorani al presidente Lenín Moreno, con fecha 24 de mayo del 2018, también al Secretario de Hidrocarburos, a Gina Benavides, Defensora del Pueblo, y a Paúl Granda, Secretario de Gestión de la Política.
  • La organización waorani pidió un informe detallado de los procesos de explotación sísmica que a la fecha estén en marcha o proyectados para ser realizados el año 2018 o 2019, detallando el nombre de la empresa o empresas que tienen la concesión o contrato para esta actividad. Exigieron la cartografía y las coordenadas donde se proyecta la realización de actividades sísmicas, así como la documentación de la consulta previa, entre otros documentos. Estos pedidos de información no fueron atendidos por los que lo llevaron a una audiencia. Un juez obligó a Hidrocarburos a que les entregara la información.