El último día del Diario Hoy

El último día del Diario Hoy
El cierre definitivo del diario Hoy pone fin a una página brillante del periodismo ecuatoriano, al que las limitaciones económicas y los conflictos políticos terminaron por conducir a la quiebra. Estos fueron los hechos del último día del periódico fundado en 1982.
26 de Agosto del 2014
Fermín Vaca

Es el año 1995: la sede del Diario Hoy. El modesto edificio de color café, en un lejano paraje de El Condado, en el extremo norte de Quito, albergaba la Redacción y los talleres del matutino que acaba de cerrar en 2014. 

Se llegaba a la Redacción por un pasaje angosto, desde el hall en cuyo suelo de piedra se podían ver todavía los vestigios de las consignas que ahí pintaron los encapuchados del Alfaro Vive Carajo, cuando, a punta de pistola, se tomaron el periódico para hacerle imprimir un comunicado. Subversión sin Youtube ni cuenta en Twitter pero con municiones.

La Redacción era un una sala más bien pequeña, con algunas divisiones modulares, con escritorios en los cuales hombres y mujeres tecleaban, acaso con demasiada fuerza -rezago de haber aprendido a escribir en máquina- sobre los teclados de unas Macintosh Classic de color crema, con pantallitas cuadradas.

Dos puertas gemelas conducían hacia los puentes de mando de ese pequeño barco: por la una asomaba la cabeza, periódicamente, Benjamín Ortiz, el director del matutino en aquella época, hombre severo y barbado. Por la otra, que conducía a la gerencia, asomaba también, de cuando en cuando, Jaime "Gringo" Mantilla Anderson, el propietario del periódico.

La Redacción era un una sala más bien pequeña, con algunas divisiones modulares, con escritorios en los cuales hombres y mujeres tecleaban, acaso con demasiada fuerza -rezago de haber aprendido a escribir en máquina- sobre los teclados de unas Macintosh Classic de color crema, con pantallitas cuadradas.

Para un adolescente que quería ser periodista, entrar a ese lugar era sorprendente:  en cada cubículo de la Redacción del Hoy había una figura del oficio, estaban en carne y hueso las personas cuyos nombres aparecían impresos en el diario. 

Todos algo apurados, pues era "hora de cierre" y eso significaba terminar de escribir, de corregir errores, de hacer llamadas. Mantenía la serenidad, sin embargo, Diego Araujo Sánchez, académico cervantino que aprobaba editoriales y cartas al director.

Ahí estaba Francisco "Pájaro" Febres Cordero, quien entonces fumaba mientras escribía frenéticamente. En la oficina de junto, a veces con un habano, estaba Javier Ponce Cevallos. Derrochaba elegancia en otro espacio -como hasta la actualidad- Thalía Flores y Flores, la dama cuencana que fue la imagen de la editora política siempre bien informada. Detrás de sus lentes y su bigote frondoso, Diego Cornejo Menacho parecía pensar en el argumento del próximo cuento corto que publicaría en el suplemento dominical.

Juan Carlos Morales Mejía miraba la pantalla del sistema que le traía las noticias internacionales. Silvia Mejía y Tania Laurini, entonces jóvenes reporteras, se reunían con Ponce para analizar los temas de la comunidad.

Martín Pallares sacaba el cable de su extensión telefónica y lo conectaba a un pequeño módem: digitaba en las primeras páginas de la internet la dirección de su buscador favorito: Altavista.com. Él era el único que usaba internet por entonces.

Y un Juan Carlos Calderón, 20 años más joven, elegía las fotos para la portada del Suplemento Blanco y Negro, la revista de investigación del periódico.

Al fondo -eran los tiempos de los rollos fotográficos- César de la Rosa revelaba sus últimas fotos, pues se jubilaba ese día, mezclando los químicos. En unas pantallas grandes y a colores, se podían ver los diseños de cada página, que luego aparecían en forma de negativos en una máquina en la Preprensa. Un olor a tabaco y café reinaba en la Redacción.

Otro angosto pasaje conducía de la fábrica de ideas a los dominios del papel. Atrás de la Redacción, bajo la cubierta del galpón que era el techo común, estaba la rotativa de color azul, incansable devoradora de bobinas de papel y tanques con tintas de cuatro colores. Estaba también el escáner, una máquina grande y pesada que parecería el tatarabuelo del escáner doméstico que hoy hace lo mismo con menos escándalo. Tintas, papel, químicos, que, en cambio, hacían que el aire en esa zona oliera a fábrica.

Estos recuerdos se hicieron vívidos este 27 de agosto de 2014,  mientras, desde la vereda de la avenida Occidental, un puñado de periodistas observaba como los 154 empleados del periódico de Jaime Mantilla, en una especie de cortejo fúnebre, caminaban desde el local del Comité de Empresa hacia el auditorio del periódico, para escuchar de la liquidadora nombrada por la Superintendencia de Compañías, Edith Duque cuál sería su futuro.

En la Redacción del Hoy ya no quedan más que cinco periodistas. Diez personas más son diseñadores, fotógrafos y los administrativos que servían en ese departamento. Todos los rostros del pasado se han ido. El pequeño grupo, liderado por el último editor general, Juan Tibamlombo, está a la espera de lo que la funcionaria del Gobierno va a anunciar. La gran mayoría de los 154 empleados del diario Hoy son personal administrativo, de servicios y los fieles servidores de la rotativa, la máquina que trabajaba de noche y que dormía de día y que está parada para siempre.

Las razones del Gobierno las ha publicado, con detalle, el diario El Telégrafo: el Hoy llevaba agonizando más años que los ha durado la Revolución correísta. Era un enfermo incurable que un día iba a cerrar los ojos. Se anunció en El Telégrafo: "es una de las 730 compañías que entró a liquidación de oficio por reportar pérdidas superiores al 50% de su capital social por dos años consecutivos. En 2013, las pérdidas de Hoy fueron de $ 4’215.753,35, frente a los $ 4’600.000 de capital suscrito".


Antiguo chofer de la Redacción, Luis Yugsi lidera a 154 empleados del periódico.

Luis Yugsi, el presidente del Comité de Empresa de los Trabajadores del Diario Hoy, ha convocado una rueda de prensa para las 12:00. Toda la mañana se han mantenido reunidos, tanto con la liquidadora de la Superintendencia de Compañías, como entre sí. Para el mediodía del último día del Hoy, Luis Yugsi tiene claro lo que tiene qué decir.

Afuera, un pequeño grupo de periodistas de televisión con sus cámaras, espera. Están el canal del Estado, el canal incautado, y dos o tres canales privados. Sorprende que no hay ni un solo fotógrafo o reportero de la prensa escrita. Al funeral del colega capitalino no le van a dar cobertura los periódicos.

Son poco después de las 12:00 cuando Yugsi se coloca en la calle, frente al logotipo del diario en la fachada, y, entre sollozos, lamenta la muerte de la empresa en la que trabajó durante 12 años, como chofer de la Redacción, acompañando a periodistas y fotógrafos en sus coberturas.

Es rotundo al afirmar que al Hoy no lo ha liquidado el régimen de Rafael Correa, sino el "mal manejo" de Jaime Mantilla. Cuenta que antes de que Correa estuviera en el poder, ya se volvieron costumbre los atrasos en los sueldos, la ausencia de utilidades y beneficios para los trabajadores. Asegura que él y sus compañeros de trabajo están aliviados, pues terminada la agonía del Hoy, es posible que, con la venta de los activos de la empresa, les liquiden a todos los meses de julio y agosto que no les han pagado, asi como el décimo cuarto sueldo, y que también les paguen completo por sus años de servicio. No les dijo la liquidadora Duque cuándo será, pues depende de cuándo se puedan vender los bienes de la empresa, pero les ha asegurado que ellos serán los primeros en cobrar.

A Yugsi se le escapan un par de sollozos, pero con la resignación del deudo de un difunto que ha dejado de sufrir, anuncia que hasta el viernes van a ir al local de la avenida Occidental, a hacer acto de presencia y que, luego, deberán buscar otro empleo.

Jaime Mantilla estaba en el edificio del periódico que fundó en 1982, pero ya no dijo nada más. Su abogado, Diego Ordónez, reveló que Mantilla retiró las pertenencias personales de su despacho durante 32 años, y se reunió con la liquidadora. Había trinado en Twitter que Hoy volvería, dispuesto a defender los valores democráticos. En la red social ha insistido en que la causa del cierre de su empresa es el operativo de acoso lanzando en su contra por el Gobierno, quien le negó avisos y le quitó contratos. Ha reiterado que las limitaciones de la Ley de Comunicación le impidieron capitalizar la empresa. Todas estas razones ya les había manifestado con ocasión de la suspensión de la edición impresa del periódico, el 27 de junio.

Ordoñez, por medio de la misma red social, había protestado por la supuesta omisión de formalidades en el proceso de liquidación. Había explicado, en una entrevista para el portal de Fundamedios, que "la empresa había decidido entrar en proceso de liquidación voluntaria, nombrando a Jaime Mantilla como liquidador". “La administración de Edimpres (editora del diario Hoy) se enteró el viernes pasado a través de una nota publicada en El Telégrafo de que esa Superintendencia nombraría a un liquidador”, por lo que en su criterio no hubo una notificación oficial y por ello no se pudo presentar ningún recurso. Ordóñez también dijo que estaba "sorprendido por la rapidez en la que se llevó el proceso".

En una entrevista con Rayuela Radio, Ordónez contó que tras la decisión de la Superintendencia de Compañías se removió de su cargo a Jaime Mantilla. Comentó también los trinos del secretario de Comunicación, Fernando Alvarado, quién relató que los trabajadores habían pedido la mediación de la Superintendencia de Compañías. Precisó que la Superintendencia no tiene atribuciones para realizar una mediación laboral como la que habría pedido el Comité de Empresa.

Según el abogado, se había pensado que el propio Jaime Mantilla debía ser el liquidador, para solucionar los problemas con los trabajadores y buscar otros mecanismos para que la edición digital y el periódico de fin de semana pudieran continuar circulando. La suspensión de actividades, dijo Ordóñez, debió darse una vez que se lograra asegurar la continuidad de los dos productos que mencionó. "Ese era el objetivo de que la liquidación esté en manos de Mantilla".

Ordóñez lamentó que los columnistas de Hoy -él es uno de ellos- se queden sin un espacio para publicar sus opiniones.

Calificó como "mentira fraguada por el Gobierno" a la supuesta violación de los derechos laborales de los trabajadores de Edimpres, sobre los que se iba a llegar a acuerdos el pasado lunes en la tarde. "Los trabajadores han estado preocupados por sus derechos, pero tuvimos un reunión con ellos y nos dijeron que no habían pedido la intervención de la Superintendencia", alegó.  "La decisión es eminentemente política, estamos en un estado de indefensión, pues se nos ha negado la aplicación de la justicia", dijo el abogado, quien expresó dudas sobre la eficacia de la justicia, quien no atendería los pedidos "de quienes no son afectos al Gobierno".

Según la edición de El Telégrafo del 24 de agosto, la superintendenta de Compañías, Suad Manssur, afirmó que Editores e Impresores (Edimpres) "ha sido disuelta por pérdidas y que los descargos presentados por su defensa no fueron suficientes". También aseguró que una vez disuelta la empresa no debe seguir operando, "solo pueden cobrar deudas y pagar haberes".

El 27 de junio, recordó Fundamedios en su informe, "Diario Hoy anunció la suspensión definitiva de su edición impresa diaria, argumentando un “permanente boicot publicitario” y un escenario adverso para la prensa con la aplicación de la Ley de Comunicación, tras lo que se vino una campaña de desprestigio de parte del gobierno en contra de ese medio, con la emisión de cadenas, así como notas en los medios estatales para descalificar a la empresa periodística. A esto se sumó una multa de USD 57 800 impuesta por la Superintendencia de Comunicación, por supuestamente incumplir con la difusión del tiraje de 17 ediciones".

En la misma red social, que se convirtió en el escenario de los epitafios para el matutino cerrado,  el periodista Marlon Puertas, quien también se formó en el Hoy, trinó:

Para los creyentes, las almas de los difuntos se van al cielo. El alma del Hoy parece haber subido a la nube del ciberespacio.