El viacrucis de Eli

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El viacrucis de Eli
A los familiares de los presos en el Centro de Rehabilitación Social de Cotopaxi les preocupa que el nuevo Modelo de Gestión Penitenciaria no cuide la familia, un derecho consagrado en la Constitución, y exigen un trato digno durante las visitas. Durante mayo y junio, Plan V acompañó en tres ocasiones a la esposa de un interno en esa penitenciaría. Hubo cambios en los protocolos de ingreso y en la atención a los visitantes. Una crónica.
10 de Julio del 2014
Susana Morán


El 28 de junio, familiares de los internos del C. R. de Cotopaxi colocaron cintas adhesivas para asegurar los casilleros con sus pertenencias.

La mujer camina apresurada hacia los casilleros. Busca uno libre para dejar sus pertenencias. Algunos están cerrados con llave. Forcejea. Los descarta y continúa con la búsqueda. Un cajón vacío es un alivio para guardar su bolso y todo aquello que no le está permitido ingresar al nuevo Centro de Rehabilitación Social (CRS) de Cotopaxi para visitar a su esposo. Cordones, aretes, relojes, ligas de cabello, zapatos de taco no pasarán.


Los familiares sellaron los casilleros para evitar robos. De los funcionarios, ninguno quiso hacerse responsable.

Pero es un alivio a medias. Nadie se responsabiliza de sus objetos. Un mensaje impreso en una hoja de papel y pegado en cada columna de la sala de espera lo aclara. No tiene opción si quiere ver a su esposo. Con la advertencia, la mujer y el resto de visitas aseguran sus casilleros con cinta adhesiva. Es el último sábado de junio. Tan sólo un mes antes, el personal del lugar vigilaba los casilleros y entregaba las pertenencias a los familiares tras revisar que el número de turno sea el mismo colocado en los casilleros.


El anuncio lo dice todo: en un centro de reclusión, donde el Estado debe garantizar al menos la seguridad de los familiares y sus pertenencias, la Dirección "no se hace responsable".

Ahora, las visitantes pegan dos, tres hasta ocho pedazos de cinta para reforzar la seguridad. Algunas de ellas escriben su nombre y el número de turno sobre el adhesivo para ubicar su casillero fácilmente. La mujer también pone el suyo: “Eli”. Y abandona sus cosas durante la hora y media que dura la visita.

La imponente estructura del Centro de Rehabilitación Social de Cotopaxi se observa desde la Panamericana. Es la más reciente edificación penitenciara inaugurada en el país. El 21 de febrero de este año abrió sus puertas a los primeros 351 internos que fueron trasladados del expenal García Moreno de Quito, la cárcel más antigua del Ecuador. Después de tres traslados más (dos de Quito y uno de Latacunga), el centro ha llegado a la mitad de su capacidad. Está hecho para un total de 4800 presos.

70 

millones de dólares fue la versión oficial del costo de la nueva cárcel de Latacunga.

La estructura ocupa la superficie de más de diez estadios Casa Blanca. A aquella, el Gobierno ha destinado cerca de 70 millones de dólares, como parte del nuevo Modelo de Gestión Penitenciaria. Aun así el CRS no estuvo terminado para cuando llegaron los primeros presos, el 21 de febrero, dos días antes de las elecciones seccionales en las cuales el alcalde oficialista de Quito, Augusto Barrera, se jugaba su reelección. Ese mismo día, el ministro del Interior, José Serrano, tuiteaba: “Historia de inseguridad y postergacion de derecha ecuatoriana, otro golpe.mortal, Quito libra su Centro Historico (sic)”. 

Los familiares y los reclusos consideraron que fueron usados “como instrumentos de campaña política” para obtener “votos de última hora” a favor de Barrera, quien había ofrecido regenerar la zona donde estaba el expenal García Moreno, ubicado en el centro de Quito.  Lo expresaron en una carta abierta al ministro Serrano, el 10 de marzo. Barrera finalmente perdió la Alcaldía.

El relato de los primeros días del traslado está documentado en una acción de protección que presentaron tres integrantes de la Asociación Provincial de Personas Adultas en Conflicto con la Ley y que pidieron no ser transferidos hasta que las obras en el CRS estén terminadas:

“La alimentación es insuficiente”; “los baños se encuentran a la intemperie”; “el agua es insuficiente”; “permanecen 20 horas encerrados en un celda”; “la iluminación eléctrica es casi nula”; “no cuentan con información de prensa televisiva, escrita o radial”; “no existe el ingreso de ministros religiosos y de cultos”; “se encuentran suspendidos los trámites para rebajas de penas”; “se proporcionó un uniforme color naranja (…) que es utilizado en las cárceles internacionales por los sentenciados a muerte”.