Extractivismo: la convergencia Santos-Correa

Extractivismo: la convergencia Santos-Correa
El presidente Santos, en un discurso ante el empresariado petrolero reunido en Colombia contó cómo el presidente Correa de Ecuador le aconsejó enfrentar la resistencia extractivista. Consejos que Santos destacó, aceptó, y valoró tanto que los compartió con los empresarios petroleros. Quedó confirmada la CPC: una convergencia progresista – conservadora.
12 de Octubre del 2016
Eduardo Gudynas

En repetidas ocasiones en los últimos años se ha alertado que las estrategias extractivistas de los gobiernos progresistas caían hacia prácticas semejantes a las que se empleaban en países bajo administraciones conservadoras. Y de la misma manera, a lo largo de estos años, se alzaron las defensas progresistas que insistían que esas afirmaciones eran una exageración sin evidencia, y que no existían similitudes ni vínculos con las corrientes conservadoras. Todas esas defensas se derrumbaron días atrás cuando el presidente de Colombia, Juan Manuel Santos, relató como el presidente ecuatoriano Rafael Correa le aconsejó cómo enfrentar a los ambientalistas “fundamentalistas” e inyectar dinero en las comunidades para que sean “cómplices” de los extractivismos.

Aquel debate sobre las similitudes de las prácticas gubernamentales extractivistas se basaban en síntomas muy claros. Los gobiernos progresistas para imponer emprendimientos mineros, petroleros o agrícolas de alto impacto, apelaban a flexibilizar controles ambientales, toleraban los impactos sociales, o incluso recortaban derechos ciudadanos. Problemas que ocurren en Ecuador, y se repiten, entre otras naciones en Bolivia o Venezuela, también bajo administraciones progresistas, pero que se parecían a muchas prácticas conservadoras. Muchos rechazaban que existieran esa similitudes.

Sin embargo, pocos días atrás tuvo lugar un hecho extremadamente importante para desentrañar toda esta cuestión. El presidente Santos, en un discurso ante el empresariado petrolero reunido en Colombia contó cómo el presidente Correa de Ecuador le aconsejó enfrentar la resistencia extractivista. Consejos que Santos destacó, aceptó, y valoró tanto que los compartió con los empresarios petroleros. Quedó confirmada la CPC: una convergencia progresista – conservadora.

El escenario político y empresarial

Ahora las ONG vienen a defender el ambiente, vienen a “atacar” a cualquier empresa, subrayó el presidente Santos.  Y para enfrentar toda esa problemática, a los fundamentalistas, Santos ofreció la receta que le aconsejó el presidente Correa...

Analicemos el caso, comenzando por describir el contexto en el cual se realizaron estas revelaciones. Todo ocurrió en el acto de inauguración del II Congreso Internacional de la Asociación Colombiana del Petróleo (ACP), el pasado 29 de setiembre de 2016. Esa asociación nuclea a corporaciones como Chevron, Exxon, Oxy, Pacific, Petrobras, Repsol, Shell y Total, y sus ejecutivos estaban presentes en la sala. El evento contó con 500 asistentes registrados, y el tema en discusión era el “futuro del petróleo y el gas”.

En esa ocasión, Santos defendió el proceso de paz colombiano, y la vez intercalaba informaciones y opiniones sobre el sector petrolero en su país (1). Es así que enumeró los problemas que enfrenta ese sector, y que en el orden que les dio fueron la caída de los precios internacionales, la protesta social y los bloqueos, las licencias ambientales demoradas, y la competitividad. Reconoció que hay protestas sociales y las vinculó con un ambientalismo “fundamentalista”. Ahora las ONG vienen a defender el ambiente, vienen a “atacar” a cualquier empresa, subrayó el presidente. Enseguida reconoció que “infortunadamente, no nos digamos mentiras, la industria petrolera está de primera” en esa lista, “está en la mira”. Y para enfrentar toda esa problemática, a los fundamentalistas, Santos ofreció la receta que le aconsejó el presidente Correa. Allí está la impactante revelación.

Las enseñanzas de Correa a Santos

Esto es lo que dijo Santos: “Yo hablaba con el presidente Correa del Ecuador, sobre las consultas y las protestas, él me decía: mire yo tengo una población muy difícil, en ese sentido, la mayoría, 50% indígenas, muy antipetroleros, e inclusive el gobierno ha sido muy hostil a la industria petrolera en muchos sentidos, así lo percibe mucha gente, pero yo hice algo que ha sido muy, muy efectivo, y es algo muy práctico. Que en lugar de ir, perforar, y después ir a hablar con las comunidades, lo hago a la inversa. Antes de perforar, antes de hacer cualquier cosa, voy y hablo con las comunidades y les pregunto, ¿cuáles son sus necesidades? ¿ustedes qué quisieran? ¿qué es lo que necesitan? Entonces las comunidades se ponen de acuerdo, las comunidades se ponen de acuerdo: mire, necesitamos esta carretera, necesitamos este hospital, necesitamos esta cosa. Ah, bueno, esto es posible si podemos perforar aquí, y entonces eso va a producir los recursos para esto. Que eso cambia totalmente la mentalidad, la agresión de las comunidades, a la complicidad de las comunidades. Eso me lo decía el presidente Correa. Y eso fue muy importante para continuar nosotros en el ejercicio de la exploración y la sísmica en Ecuador.

Con esto quedaron expuestas muchas cosas. La primera es que la administración ecuatoriana tiene una clara estrategia para enfrentar a lo que ellos también califican como ambientalistas “fundamentalistas” o a las comunidades indígenas, los “anti-petroleros”. La segunda es que esas prácticas le gustaron mucho a Santos, y las valora como un ejemplo a seguir por su propio gobierno dentro de Colombia para superar la resistencia ciudadana a los extractivismos. Le gustó tanto que ya le adelantó a todo el empresariado petrolero colombiano que usará los instrumentos de Correa. O sea, el progresismo le enseña a los conservadores cómo imponer los extractivismos. No puede haber una evidencia más clara que esta, reconocida por un presidente, de la existencia de una CPC, una convergencia progresista conservadora.

Las prácticas gubernamentales sean de uno u otro régimen político convergen, por un lado hacia el control político de los extractivismos para legitimar ante la opinión pública y el electorado la importancia de ese tipo de explotaciones, y por el otro lado, hacia controlar o anular la resistencia ciudadana. Los progresismos y los conservadores aprenden unos de los otros, y más allá de los discursos, conciben de similar manera a las oposiciones ciudadanas y convergen hacia similares prácticas. Todo ese intercambio podría llevar a preguntarse si Santos sería el más “progresista” de los gobernantes conservadores, o si Correa representaría al más “conservador” entre los que se autoproclaman como progresistas.


Toma de una parte del proyecto Mirador, en concesión a la compañía Ecuacorriente S.A., de capital chino, que prevé invertir unos 1.600 millones de dólares. 

La intimidad del control extractivista

También tiene una enorme importancia la declaración de Santos en mostrarnos cómo explica Correa, en la intimidad, la problemática sobre el extractivismo. En efecto, Correa parece creer que su gobierno “dialoga” con las comunidades, que antes de iniciar un proyecto extractivista se acerca a hablar con ellas, y que las escucha. Es un entendimiento contrario tanto a lo que señalan muchos actores locales como a un examen del desempeño gubernamental. Basta pensar en el conflicto que todavía persiste en cuanto a la explotación petrolera en el Yasuní o la imposición de emprendimientos mineros.

Estamos ante prácticas que convierten a la compensación económica en un mecanismo de control y apaciguamiento político.

Pero además se reconoce otro punto sobre el que se ha alertado desde la teoría sobre los extractivismos: los gobiernos usan intencionalmente las compensaciones económicas como un instrumento para justificar los extractivismos, para amortiguar la resistencia ciudadana, e incluso para dividir a las organizaciones locales. El gobierno ecuatoriano diría a las comunidades locales que para cumplir sus pedidos, por ejemplo de carreteras u hospitales, sólo sería posible si hay extractivismo, según lo que cuenta Santos. Y se apela al dinero, sea en obras o en pagos, para que la “agresión” se convierte en “complicidad”, desnudándose la base conceptual de muchas prácticas: pagar por la aceptación.

Esas son ideas que deben ser cuestionadas. Es evidente que las responsabilidades estatales en proveer servicios básicos son fines en sí mismos, y no pueden ser reducidas a una mera consecuencia de un extractivismo exitoso. Y de la misma manera, el entregar obras o dineros para que la gente no protesta dista mucho de una verdadera política en justicia social o ambiental. Estamos ante prácticas que convierten a la compensación económica en un mecanismo de control y apaciguamiento político. Tanto se ha insistido con esas ofertas monetarias que, hay que reconócelo, muchas comunidades locales están divididas. Y también hay que entender esa situación, ya que para muchos comunarios sumidos en la pobreza por décadas, esas mejoras en infraestructura o una ayuda en dinero, pueden tener un enorme impacto en sus vidas. Pero todos esperaríamos que un gobierno no se aprovechara de la condición de pobreza para negociar aceptaciones cómplices, y menos que una administración que se dice de izquierda, apelara a mercantilizar todavía más la vida social y la naturaleza.

Aunque estamos frente a una CPC, no se debe caer en otras confusiones. Es que progresismo y conservadurismo siguen siendo distintos; no es lo mismo el régimen político de gobierno ecuatoriano que el observado en Colombia. Pero en algunas cuestiones claves, tales como el papel de los extractivismos como motor del desarrollo, convergen hacia similares planes de acción, parecidas herramientas políticas, económicas e incluso semejantes posturas culturales. Se descalifica a quienes alertan o cuestionan tildándolos de “fundamentalistas”. Es por ello que puede hablarse de una situación CPC, donde la convergencia está en los instrumentos y prácticas. Pero los marcos conceptuales bajo las cuales son presentadas siguen siendo diferentes, y las metas son distintas.

A su vez esta confluencia sirve para reforzar la distinción entre izquierdas y progresismos (2). Es que la utilización de ese tipo de prácticas y acciones para imponer los extractivismos son factores que explican el cambio de las izquierdas iniciales los progresismos actuales.

Finalmente, desde el punto de vista de los movimientos sociales no puede pasar desapercibido que este discurso de Santo expresa cristalinamente que para su gobierno, así como para el de Correa, la resistencia ciudadana no es una cuestión de minorías, sino que se ha vuelto tan potente, e incluso eficaz, para terminar siendo un gran dolor de cabeza de ambos gobiernos. Es muchos casos, esa resistencia ciudadana cuestiona las bases conceptuales del desarrollo, expresado tanto en extractivismos progresistas como conservadores. Por lo tanto, esos discursos que la tildan de minorías infantiles, no tienen ningún sustento, y ellos lo saben, lo que es de enorme importancia. Debemos tomar nota de esta situación.

Notas

1. El discurso de J.M. Santos está disponible por el servicio de prensa presidencial en https://www.youtube.com/watch?v=b870ezpLm3Y&feature=youtu.be

2. Sobre la distinción entre progresismo e izquierda, ver en Plan V, la entrevista “Los gobiernos 'progresistas' son otro tipo de bicho político”, 4 marzo 2015, http://www.planv.com.ec/historias/entrevistas/gobiernos-progresistas-son...

Además, “El agotamiento del progresismo y los relanzamientos izquierdistas”, por E. Gudynas, 7 octubre 2015, http://www.planv.com.ec/ideas/ideas/el-agotamiento-del-progresismo-y-rel...