La diversidad sexual en la encrucijada política

La diversidad sexual en la encrucijada política
Aunque la visibilidad de la diversidad sexual ha aumentado en el Ecuador, sus opciones políticas son muy limitadas. Un programa de la Fundación Esquel con apoyo del Gobierno de Canadá busca formar líderes que puedan tener una participación en los partidos para las elecciones seccionales del 2019, pero todavía hay varios desafíos.
02 de Abril del 2018
Fermín Vaca

Falta de oportunidades reales en los partidos. Recelo de los políticos de que su presencia en listas más que sumar, quite votos. Ausencia de cuadros preparados para la política. Carencia de recursos económicos para sostener una campaña. Indefinición de un votante concreto. Listas que se arman con base en aportes económicos o popularidad en encuestas. Estas son algunas de las limitaciones que los integrantes de la diversidad sexual tienen el Ecuador para incursionar en política. 

Si bien en el país los activismos son diversos y nutridos, dar el salto hacia la participación política formal parece, todavía, un objetivo muy lejano en el Ecuador, en donde prácticamente ningún candidato que haya obtenido un cargo de elección popular lo ha logrado haciendo pública una orientación sexual diversa. Y aunque haya rumores sobre políticos, operadores y consultores de la política nacional que serían gais, bisexuales o lesbianas, lo cierto es que ninguno de ellos parece querer vincular su carrera a los derechos de la diversidad sexual. 

Humberto Mata, ex candidato a prefecto del Guayas, salió del clóset tras abandonar su carrera política. 

Otros ex políticos, como el guayaquileño Humberto Mata, quien en su momento se abanderó de la tesis de la autonomía para su provincia, salieron del clóset luego de abandonar su carrera política. Mata, quien llegó a postularse para la Prefectura del Guayas en dos ocasiones junto con una vedette de televisión, Carla Sala, con quien aseguraba tener una relación sentimental, abandonó la política y se casó -en Buenos Aires- con su novio argentino, Maximiliano Novoa, tras una relación de cinco años. Mientras era político, Mata evadía las incómodas preguntas sobre su soltería asegurando que se "había casado con la autonomía". 

Mata declaró luego de conocerse su boda en 2011: “Pasé momentos de confusión y angustia, de sentirme vulnerable, escondiendo mi orientación sexual para que no me lastimen ni lastimar a mis seres queridos. Además, muchos amigos y familiares me aconsejaban que no hable de este tema en público porque es algo privado, que hay mucha maldad entre la gente y que podrían hacerme daño”.

Agregó  que “haber tomado la decisión de salir del clóset y vivir una vida plena, tal como es, no ha sido un proceso de la noche a la mañana”. 

Aunque Mata tiene fortuna personal y formación académica -estudió en Estados Unidos en las universidades de Harvard y Pennsylvania-, sus posibilidades electorales nunca se concretaron. 

Dar el salto hacia la política, entonces, se vuelve un desafío complicado. Si bien en los países más grandes y liberales de la región, como Colombia, Brasil y Argentina, se han podido consolidar candidaturas de políticos gais o lesbianas, que han trascendido el activismo y han logrado votos en una campaña electoral, en el Ecuador, según analistas como Juan Cuvi, quien lo ha precisado en una reciente entrevista con este portal, la política no ha logrado superar la educación religiosa y adquirir un carácter laico, y ello condiciona muchas de las formas en las que los votantes pueden reaccionar frente a una eventual candidatura proveniente de la diversidad sexual.

LEA: "La sociedad ecuatoriana no es laica", entrevista a Juan Cuvi 

Danilo Manzano, activista de la Fundación Esquel, dirige un programa de liderazgo. 

Para el activista Danilo Manzano, quien actualmente coordina en la Fundación Esquel un programa, financiado por el Gobierno de Canadá, para la formación de cuadros políticos en los colectivos GLBT hay una serie de avances en el Ecuador en los últimos veinte años.

Entre estos menciona aspectos como la despenalización de la homosexualidad masculina -la norma no criminalizaba a las lesbianas-, que estaba castigada en el Código Penal, y tuvo lugar en 1997; la inclusión en la Constitución de 1998 de la no-discriminación y la igualdad ante la ley para todos los ciudadanos sin importar su orientación sexual, la ratificación de esos principios en la Constitución correísta de 2008, que reconoce el derecho de los ciudadanos a “a tomar decisiones libres,informadas, voluntarias y responsables sobre su sexualidad, su vida y su orientación sexual”, así como el derecho a la participación ciudadana en igualdad de condiciones.

"A diferencia de otros grupos considerados como “minorías” el poder escalar en la participación política ha sido uno de los retos y desafíos más importantes para este grupo poblacional", admite Manzano. En esa medida, recuerda que los procesos de otros grupos tradicionalmente excluidos como los indígenas empezaron antes que los de la diversidad sexual. "En el Ecuador existen sectores poblacionales que tienen una postura conservadora, LGBTI fóbica y que rechaza a las diferencias, sumado a que existen desde diferentes espacios de poder político personas que han tratado de manera constante de impedir los cabildeos necesarios por parte de la sociedad civil a través de las organizaciones y activistas", recuerda.

Debates como el matrimonio igualitario, que en el Ecuador han sido marginales por parte de los políticos, evidencian también la influencia de valores conservadores entre la clase política.

Y aunque hasta la fecha ningún candidato con una agenda gay, lesbiana o trans ha sido electo en el Ecuador, Manzano cree que se debe destacar que algunos activistas han sido incluidos como candidatos en listas para asambleístas o para dignidades seccionales si bien -todo hay que decirlo- como alternos o en los últimos puestos, sitios en donde sus opciones de ganar una curul son deliberadamente nulas. "Es evidente la necesidad de fortalecer activismos que puedan dar un salto a la participación política en igualdad de condiciones", afirma.

La solución a este problema que propone Manzano es "impulsar una cultura política ciudadana donde los criterios de elegibilidad de candidaturas y de autoridad electas por la ciudadanía sean independientes de la orientación sexual e identidad de género del candidato priorizándose por sobre esto sus capacidades de liderazgo y su programa de cambio o propuesta política".

Los casos en la región

Luis Larraín se postuló al Congreso de Chile el año pasado. 

Y la estrategia, parece, habría sido ya aplicada en algunos países de la región, con resultados diversos. En las recientes elecciones legislativas de Chile, en el año pasado, el activista gay Luis Larraín se postuló al Congreso de su país. Larraín, quien además de gay tiene una enfermedad renal crónica, apeló a los votantes también con esa condición, pero a pesar de ello no obtuvo suficientes votos. 

En Colombia, en cambio, acaba de ser electo como diputado por Bogotá  Mauricio Toro, luego de que no menos de 11 hombres gais se postularan en los últimos 20 años sin éxito. Aunque Toro es gay abiertamente, una simple revisión de su Twitter evidencia que aunque la diversidad sexual estuvo presente en su campaña no fue su tema central, pues le apostó más a los votantes verdes. Obtuvo, según precisan los medios colombianos,  19.074 votos, suficientes para asegurar una curul en el Capitolio bogotano. 

Jean Wyllys es congresista federal del Brasil por Río de Janeiro. 

En Brasil, es conocido el caso del periodista y político Jean Wyllys, quien es diputado federal por Río de Janeiro. Su base electoral, además de la gran comunidad gay que vive en la ciudad caroica, fueron colectivos feministas, verdes y animalistas. 

Pero a pesar de la situación de poca apertura y escasos recursos para las candidaturas de la diversidad sexual en el país, Manzano destaca que "en el proceso electoral 2017 se pudo observar una participación mucho más activa de personas LGBTI a través de candidaturas que en su gran mayoría buscaban ocupar un curul en la Asamblea Nacional". "Se pudo evidenciar un total de 15 candidaturas por parte de la diversidad sexo genérica, entre hombres gay y mujeres trans", recuerda Manzano.

En 2017, "se pudo evidenciar un total de 15 candidaturas por parte de la diversidad sexo genérica, entre hombres gay y mujeres trans", recuerda el activista Danilo Manzano.

Sin embargo, ninguno obtuvo una curul, con la excepción de la transexual de Guayaquil, vinculada a Alianza PAÍS, Diane Rodríguez, quien es asambleísta alterna por Guayas en las filas del correísmo más ortodoxo. Sin embargo, en la práctica, los asambleístas alternos no pueden actuar en el Legislativo sino es por delegación expresa del titular de la curul, y no tienen potestad ni de contratar personal ni de presentar proyectos legislativos por iniciativa propia.

Rodríguez, sin embargo, concurrió recientemente al Palacio Legislativo, para defender al defenestrado ex superintendente de Comunicación, Carlos Ochoa, a quien presentó como un defensor de los derechos de la diversidad sexual en el Ecuador. 

Lesbianas ausentes 

Pamela Troya, activista lesbiana, no logró una postulación a la Asamblea por presiones del clero católico. 

"Algo a destacar es que entre los candidatos, no se evidenció participación de mujeres lesbianas. Desde una perspectiva autocritica a la propia comunidad esto puede visibilizar una cierta discriminación a la mujer lesbiana en su condición de género y orientación sexual al interno de las propias poblaciones LGBTI", opina Manzano, aunque  este portal pudo conocer que, durante las pasadas elecciones legislativas, la SUMA de Mauricio Rodas llegó a ofrecer una postulación en Pichincha para la activista lesbiana Pamela Troya, que nunca se concretó por presiones atribuidas a la Iglesia Católica y el arzobispado de Quito sobre el alcalde Mauricio Rodas. En esas presiones, se dijo en esa época, nada tuvieron que ver las supuestas discriminaciones internas de las que habla Manzano, sino más bien la influencia del clero católico en un partido de centro derecha como SUMA, que agrupa a buena parte de la antigua Democracia Cristiana quiteña, tradicionalmente conservadora.

El propio Guillermo Lasso, durante la segunda vuelta electoral, intentó un acercamiento con algunos activistas para la firma de un acuerdo, pero al final no lo concretó, mientras que Lenin Moreno firmó un compromiso de campaña con un colectivo capitaneado por Diane Rodríguez. 

"Uno de los principales temas que salta en este análisis de la participación política nos lleva preguntarnos sobre el interés de partidos con diversas posturas políticas respecto de la inclusión de la participación LGBTI en sus listas de candidatos. Una hipótesis a manejar es que para muchos de estos partidos el interés concreto era cumplir con una cuota política. Esta hipótesis surge de la constatación de que muchos movimientos políticos no son en verdad inclusivos, dado que las agendas de la Comunidad LGTBI no necesariamente se expresan en sus programas", afirma Manzano.

Para el activista, es importante preguntarse "si la participación de las personas LGBTI en los partidos ha sido vista como estrategia para obtener votos, sin que esto refleje un interés específico por incluir sus problemáticas". Según  Manzano, más que pensar en el candidato desde elector, hay que pensar en "valorar y potenciar la calidad de participación de estos actores. Es claro que mejorar la participación política de la comunidad implica un proceso que fortalezca las capacidades de los activistas en términos de: conocimiento sobre la gobernanza en sus distintos niveles, comunicación política, creación de alianzas, elementos normativos para participación política, análisis de coyunturas, entre otros elementos que son cruciales para que su participación genere impactos a la hora de negociar sus candidaturas con partidos y movimientos políticos".

La democracia encuestadora

Pero la propuesta del activista parece ir en contra de cómo consultores conocidos como Jaime Durán Barba, a quien se le criticado el desarrollo y popularidad de la "democracia encuestadora", fabricarían un candidato.

Pero la propuesta del activista parece ir en contra de cómo consultores conocidos en la región como Jaime Durán Barba, a quien se le criticado el desarrollo y popularidad de la "democracia encuestadora", fabricarían un candidato.

El periodista argentino Martín Caparrós, en un reciente texto sobre la presencia del ex secretario de la Administración de Jamil Mahuad y asesor de Mauricio Rodas en su país destaca que la llamada "democracia encuestadora" se puede explicar así: "La política solía consistir en grupos de personas —los llamados partidos— que se unían porque tenían una idea común sobre cómo debía ser su sociedad. Entonces se organizaban para tratar de convencer a muchos más de que esa forma era mejor e intentaban realizarla por los medios que imaginaban convenientes —elecciones, insurrecciones, guerras—. La democracia encuestadora consiste en personas que no tienen más proyecto que el poder y, para conseguirlo o mantenerlo, creen que lo mejor es averiguar, por medio de encuestas, qué pretenden los electores y adaptarse a eso. Su actividad principal consiste en estudiar esas encuestas y decir lo que les dicen que su público espera oír: un círculo bastante vicioso".

Si esta es la época de la democracia encuestadora y el candidato debe fabricarse según los votantes, las posibilidades de la diversidad sexual en el Ecuador podrían estar más que limitadas.

Una escuela de líderes

Pero a pesar de ello, la Fundación Esquel y el Gobierno de Canadá, que encabeza el político gayfriendly Justin Trudeau, crearon un programa de becas para promover la formación de 46 activistas de la diversidad sexual ecuatoriana. La mayoría de ellos provienen del interior del país, y en el grupo se busca formar cuadros que puedan convertirse en potenciales políticos. Entre los participantes hay hombres gais, lesbianas y transexuales. 


Los miembros del Programa durante su reunión en Quito. 

El programa inició el año pasado con el auspicio de Canadá, y ha realizado encuentros de formación en Cuenca y Quito. En el evento en Cuenca participaron Cecilia Alvarado, viceprefecta del Azuay, el político Diego Monsalve, y el consultor Michel Rowland. 

En Quito, entre tanto, participaron los abogados Marcelo Espinel y Mauricio Alarcón, Mónica Banegas y Cecilia Alvarado.


En Cuenca tuvo lugar el primer encuentro auspiciado por Esquel y el Gobierno de Canadá. 

En esta semana, se realizará un acto de cierre del programa, al que ha sido invitado el político brasileño Jean Wyllys. Wyllys, quien es diputado federal del Brasil, ha sido reconocido como uno de los políticos gais más exitosos de la región. Participarán también el consultor político Jairon Merchán, la académica María Amelia Viteri y el periodista Juan Esteban Guarderas. 

El programa también ha formado grupos de promoción política, y, según Manzano, de los casi 50 participantes por lo menos 20 tienen ya militancia política en partidos de diversas tendencias. Según precisa Manzano, no se busca direccionar ideológicamente la participación política de los miembros del programa, por lo que ellos tienen libertad de militar en las tiendas políticas de su preferencia. Algunos de ellos aspiran a obtener una oportunidad de la clase política en las elecciones seccionales del 2019.