La gigantesca concentración empresarial en Estados Unidos

La gigantesca concentración empresarial en Estados Unidos
EEUU experimenta una inequidad económica severa, estancamiento de los ingresos domésticos, y niveles históricos de polarización política, debido a la extrema concentración de riqueza, dijo un estudio de la semana pasada.
29 de Noviembre del 2018
Gonzalo Ortiz Crespo

El poder monopólico rodea a los estadounidenses, sea como consumidores, pequeños negociantes, propietarios, empleados, empresarios o ciudadanos. Lo dice un informe de estos días del Open Markets Institute (Instituto de Mercados Abiertos, OMI por sus siglas en inglés).

“Cuando compramos cualquier cosa, desde lavadoras de ropa hasta comestibles, el dominio de una página web o insumos médicos, e incluso cuando seleccionamos un ataúd para un ser querido que acaba de fallecer, nos vemos constreñidos por un pequeño grupo de actores que controlan cada vez más el comercio estadounidense”, dice el informe.

Más aún, según el estudio, debido a esa extrema concentración de riqueza y poder político, EEUU experimenta una inequidad económica severa, estancamiento de los ingresos domésticos, el colapso de la formación de nuevas empresas de innovación y niveles históricos de polarización política.

Lo interesante del informe es que muestra que esa concentración no es privativa de uno o dos sectores económicos sino que está presente en rangos muy diversos de industrias.

Las empresas monopólicas se presentan casi siempre como campeonas de la libre elección del consumidor. Pero aunque aparentemente hay infinitud de marcas que pueden escogerse, sea online o en los estantes, la mayoría son propiedad de unas pocas empresas. Esa variedad de marcas es solo una fachada para hacer creer que hay múltiples opciones.

Conseguir datos sobre cuántas son las empresas que controlan los mercados concretos ha sido siempre difícil y no por casualidad. A pesar de que en EEUU existen desde inicios del siglo XX políticas y reglas antimonopólicas para asegurar la libre competencia, un cambio ideológico a fines de los años setenta dio paso a un aumento de la monopolización a lo largo y ancho de la economía. Para ocultar este giro hacia las grandes corporaciones, el gobierno detuvo la recolección y publicación de la concentración industrial en 1981.

80%

del mercado está concentrado en dos o tres firmas. Esto es notable incluso en toda el área más moderna de la economía, la que tiene que ver con la cibernética.

Justamente para remediar esta brecha en el conocimiento público, el informe del OMI se basa en un estudio actualizado de inteligencia industrial realizado por IBISWorld, un equipo de analistas que recogen datos económicos y de mercado, con la intención de hacer disponible al público información sobre la concentración industrial. “Nuestro objetivo es que estos números asombrosos permitan discutir y actuar para restablecer la elección, competencia y libertad de la que depende nuestra democracia”, dice el OMI.

Como puede verse en el cuadro, hay una variedad muy grande de industrias en que más del 80 por ciento del mercado está concentrado en dos o tres firmas. Esto es notable incluso en toda el área más moderna de la economía, la que tiene que ver con la cibernética. Por ejemplo, en redes sociales tres empresas concentran 89% del mercado. Ellas son Facebook que domina 72%; Linkedin, 11%; Twitter, 6%, dejando solo 11% para el resto. Más impresionante es la monopolización en motores de búsqueda, donde el 97% del mercado está concentrado en dos firmas, de las cuales Alphabet (Google) tiene el 91% y Microsoft 6%, dejando un magro 3% para otros motores.

 

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del mercado en comercio electrónico está en manos de dos empresas: 48% Amazon y 8% eBay.

Más bien en comercio electrónico el dominio es menor, pero aun así más de la mitad (56%) del mercado está en manos de dos empresas: 48% Amazon y 8% eBay. En cambio, en sistemas operativos para teléfonos inteligentes (smartphones) la concentración es absoluta, pues dos firmas son dueñas del 99% del mercado, 54% Google y 45% Apple.

La información, todos sabemos, es política. Y si en 1981 Ronald Reagan decidió que dejara de recogerse la información sobre la cuota de mercado que las empresas tenían dentro de cada ramo de negocios, fue porque quería que el país no supiera lo que estaba sucediendo. Y así, en los últimos años, en que ha crecido de manera gigantesca la concentración empresarial, la gran mayoría de los estadounidenses desconocen lo inmensas que se han vuelto las principales empresas en los últimos 15 años.

Unos pocos comentaristas acuciosos han demostrado, por ejemplo, el gran crecimiento que ha tenido el empleo en las empresas muy grandes y lo poco que ha crecido en las empresas pequeñas. El columnista del New York Times, David Leonhardt, preocupado por el tema esta semana escribió una columna sobre la crisis que enfrenta EEUU por el gigantismo corporativo.

A algunos legisladores de EEUU les preocupa el tema. Una de ellas es la senadora Elizabeth Warren. En un discurso en 2016 dijo que la competencia real está desapareciendo en la economía estadounidense, y que la consolidación y la concentración han aumentado sector tras sector, lo que es una amenaza para los mercados, la economía y la democracia.

La senadora Elizabeth Warren, en un discurso en 2016 dijo que la competencia real está desapareciendo en la economía estadounidense,  y que la consolidación y la concentración han aumentado sector tras sector, lo que es una amenaza para los mercados, la economía y la democracia.

Para ella, la crisis bancaria de 2008 se debió a que los bancos se habían pasado años comprando a otros más pequeños, y la combinación de su gigantesco tamaño, sus prácticas riesgosas y la falta de supervisión de los reguladores crearon la tormenta perfecta, que dio por resultado la peor crisis financiera en 80 años. A pesar de eso, para cuando dio su discurso, tres de los cuatro mayores bancos en EEUU eran incluso más grandes que cuando la crisis y la propia Fed los consideraba “demasiado grandes para quebrar”, es decir que en caso de necesidad la Fed pondría el dinero necesario para aguantar a esos bancos.

Para Warren el problema de la concentración está en todas partes. En las aerolíneas, por ejemplo, que ganaron un récord de 22 mil millones en 2015, cuando proveen menos vuelos y peor servicio; en las aseguradoras de salud; las cadenas de farmacias; el mercado de carne, etc.

La senadora señaló cinco razones por las que el declive en la competencia es un tema grave:

1) la menor libertad de elegir del consumidor, que recibe menos alternativas y debe pagar precios altos (dio ejemplos como los proveedores de internet y de TV por cable, que, dijo, proporcionan a los estadounidenses menos calidad de conexión que sus contrapartes en otros países avanzados y a precios mucho más altos);

2) los peces gordos eliminan a los más pequeños y no dejan entrar a los nuevos. Por ejemplo, Google, Apple y Amazon tienen plataformas tecnológicas de las que dependen miles de compañías para su supervivencia, pero en muchos casos compiten con esas pequeñas, de manera que sus plataforma les sirve para aplastarlas. Dio varios ejemplos. “Google, Apple y Amazon han creado tecnologías disruptivas que cambiaron el mundo, y cada día entregan productos extremadamente valiosos. Merecen tener altas ganancias y ser exitosas. Pero la oportunidad para competir debe permanecer abierta para que ingresen nuevas empresas y se queden las pequeñas existentes que quieren tener su oportunidad de cambiar de nuevo el mundo”.

3) Cuando las pequeñas empresas son barridas, toda la economía sufre. El ejemplo que puso es Wal-Mart, que vende entre 30 y 50 por ciento de los productos que los estadounidenses consumen y hace que colapsen todos los pequeños negocios cuando llega a un pueblo o sector de una ciudad, porque nadie puede competir con sus precios. Esos precisos no solo son de la cadena de proveedores sino por los bajos salarios y las malas condiciones de trabajo de sus empleados (lo que lleva a que estos dependan de muchas ayudas sociales para sobrevivir, ayudas que son financiadas por los impuestos de otros contribuyentes quienes en el fondo están subsidiando las ganancias de Wal-Mart).

4) La concentración de mercados crea poder político. Las empresas gigantes tienen gran capacidad de cabildeo para cambiar las reglas a su favor.

5) La falta de competencia ha contribuido al declive de la que alguna vez fue fuerte y robusta clase media en EEUU. Si no se supiera que es una senadora, parecería estar oyendo a un dirigente sindical: “Empresas concentradas igual a ganancias concentradas … Cuando no hay mercados competitivos, las grandes empresas pueden extraer ganancias monopólicas poniendo precios cada vez más arriba de sus costos de producción del producto o servicio.  En 2014, las 500 firmas más grandes de EEUU se embolsicaron 45 por ciento de las ganancias globales de todas las empresas estadounidenses. Y la vasta mayoría de esas ganancias fueron a los más ricos de los ricos.  En 2013, el uno por ciento más rico de los EEUU poseía casi la mitad de todas las acciones y de los fondos financieros poseídos por todos los estadounidenses”. 

Warren hablaba en 2016 y no sabía que Trump iba a ganar las elecciones poco después. Y que se profundizaría el olvido de controlar las condiciones de competencia, borrada por Reagan y también por los conceptos de la escuela de Chicago (según los cuales, el monopolio es el modelo más eficiente porque si no lo fuera el mercado ya se habría encargado de borrarlo). No solo que se han permitido todo tipo de fusiones sino que se ha detenido la división de empresas para asegurar la competencia y las agencias estatales han dejado de promover la competencia. ¿Qué se puede pedir si el presidente construyó su imperio inmobiliario a través de prácticas corruptas y la eliminación a su competencia?