La violencia contra las niñas: el círculo del infierno

La violencia contra las niñas: el círculo del infierno
Un estudio recoge por primera vez la opinión tanto de madres como de niños y niñas sobre la violencia en cinco provincias de la Sierra central. Entre sus hallazgos se encuentran que las madres consideran que las niñas no pueden evitar ser víctimas de la violencia sexual. O que las niñas perciban a sus progenitoras como las más violentas en los hogares.
11 de Diciembre del 2017
Redacción Plan V

Un estudio elaborado por Plan Internacional Ecuador en colaboración con la Universidad San Francisco de Quito reveló que el 82,5% de las madres cree que las niñas no pueden evitar ser víctimas de la violencia sexual. Este es uno de los datos que más impactó a los investigadores, según la antropóloga y coordinadora del estudio, María Amelia Viteri. “Las madres anticipan sobre todo la violencia sexual contra sus niñas, no es que no están conscientes de la violencia estructural en la que viven. Sin embargo, la tristeza es que tienen muy pocas formas de evitar esa violencia contra sus propios niños”.

Informe “Patrones de violencia hacia las niñas en el Ecuador”

Patrones de violencia hacia las niñas en el Ecuador” es una investigación inédita en el país, que levanta cifras y perfila las estructuras más comunes de violencia contra los niños y niñas de las comunidades indígenas de la Sierra Central. A través de las percepciones de las madres, de los menores y de autoridades, el equipo levantó la información en cinco provincias del país: Cotopaxi, Chimborazo, Azuay, Cañar y Pichincha. Entrevistaron a 388 madres de familia, 23 líderes y lideresas y 26 funcionarios de instituciones relacionadas con la niñez y adolescencia. Y con los niños hicieron grupos lúdicos con el apoyo de psicólogas y una educadora para diseñar una metodología para no revictimizar a los menores. 

El 76.3%

de las madres de familia considera que las niñas no tienen suficientes conocimientos de lo que es la violencia sexual y un 82.5% cree que las niñas no pueden evitar ser víctimas de este tipo de violencia.

El hallazgo de que las madres están conscientes de la violencia, pero que no pueden cambiar esa situación demuestra, según los autores, “un alto grado de vulnerabilidad de este grupo, en comparación al de los niños”.  Sobre los niños, el 54,9% de las madres afirmó que no pueden evitar ser agredidos sexualmente. Pero el panorama es más desolador cuando el 82.2% de las madres consultados dijo que no sabía cómo denunciar en caso de una agresión.

Viteri agrega, sin embargo, que esta no es una situación que ocurre únicamente en las comunidades indígenas. “No queríamos añadir otro estereotipo a las comunidades indígenas, ni caer en ecuaciones tan simplistas como que las comunidades indígenas también violentan a las niñas. Entonces nos ayudaron las encuestas sobre las poblaciones urbano mestiza y la campesina rural y las diferencias no son grandes. Por eso una de las conclusiones del estudio es que tanto las comunidades indígenas como las mestizas violentan a sus niños y niñas, usando diferentes formas, medios y lugares”. 

El estudio desglosa las percepciones tanto de las madres como de las niñas y niños en relación a la violencia. Sobre las agresiones físicas, el 46,4% de las madres consideró que la niña es más débil que el niño, mientras que el 47.4% considera que ambos lo son. Asimismo, el 79,6% cree que los niños sí deben aprender a cómo defenderse en una pelea. El 84,3% dijo que la exposición a la violencia física no hace más fuertes a los niños. Mientras que el 57,5% de las participantes afirmó que no creen que las niñas son más vulnerables que los niños.

Otro acápite del estudio tiene que ver con las percepciones sobre las personas que más maltratan a los niños y niñas y sus razones. Según el 62% de las madres, el maltrato físico contra los menores se deben a su comportamiento y disciplina. Otras respuestas tuvieron que ver con la ira (15% de las respuestas), la embriaguez (6.4%), para hacerlos más fuertes (5.4%) y otras razones (2.8%).

La investigación encontró además que:  “En contraste con los niños, cuyos padres, madres y otros familiares presentan porcentajes muy similares como agresores de violencia física, se reportó que en el caso de las niñas, las madres usan la violencia física (21%) más que los padres (11%) por motivos de comportamiento o disciplina”.

El 82.2%

 

de las madres entrevistadas afirmó que no conocía las diferentes formas de denuncia si se produjese un caso de agresión en su entorno.

En relación a la violencia psicológica, el informe señala que las niñas son más victimizadas que los niños según la percepción de las progenitoras. En opinión de ellas, las niñas son tres veces más vulnerables a recibir amenazas que los niños y sufren más cuando viven estas situaciones o son humillados. Este tipo de violencia, según las madres ocurre con mayor frecuencia en la familia y con los amigos por razones disciplinarias.

Ahora sobre la violencia sexual, el equipo de investigadores halló las niñas son más victimizadas que los niños. La madres contaron que tanto sus niñas como sus niños no saben lo que significa violencia sexual. Estas respuestas alcanzaron el 73% al 76%. Pero también resulta preocupante el siguiente descubrimiento: “un 62,9% de las participantes considera que los niños no sufren violencia sexual, lo que evidencia una diferencia de 10 puntos con la percepción que los propios niños tienen sobre ese tipo de violencia”.

Los agresores para este grupo son la familia y los amigos. Identifican una mayor presencia de manoseo y violación contra las niñas más que contra los niños. Estos últimos están más expuestos a palabras o frases obscenas.

Las madres, dice el reporte, reconocen el uso de frases que refuerzan estereotipos sobre la masculinidad en los niños, tales como “pórtate como hombrecito”, “los niños no lloran”. Lo mismo sucede con las niñas: “carishina, no sabes cocinar, no haces nada bien” y “si no aprendes las cosas de la casa, te va a botar tu marido”.

El látigo y la ortiga son los castigos más frecuentes, mientras que las formas de violencia psicológicas más comunes contra los niños y niñas son la burla y los insultos, tanto en la escuela como en el hogar. En cuanto a violencia sexual, las frases obscenas y los manoseos son las principales afectaciones tanto para niños como para niña.

La violencia, según las niñas y los niños

La mirada de los niños y las niñas sobre su entorno familiar y escolar es demoledor. El estudio revela que, para las niñas, la madre de familia es más agresora o violenta que el padre. Entre sus agresores también señalaron a los hermanos mayores, lo cual llamó la atención a los investigadores. “(Este) dato que no se hizo evidente en las encuestas a madres de familia, lo que podría indicar una falta de conocimiento de las madres o un encubrimiento, por factores culturales basados en las desigualdades de género, de parte de ellas hacia sus hijos mayores”.

En violencia sexual, los agresores son los adultos hombres. Los investigadores identificaron a niñas violentadas por sus profesores. En el entorno familiar, percibieron que la agresión ocurre tanto contra solteras como casadas. Las niñas y las adolescentes -agrega el informe- expresaron su miedo de ir solas por las calles, por el temor a ser violentadas sexualmente.

La niñas afirman que son castigadas por “mal comportamiento” por no cumplir las actividades en la casa y ven al matrimonio como un espacio de violencia contra ellas, por lo que no quisieran casarse pronto. “Los maridos les pegan (a las mujeres) cuando se chuman” es una de las frases que salió en los grupos.

Sobre las formas de violencia física, el equipo halló esta se ejerce a través de golpes, empujones, pellizcos, patadas, puñetes, jalones de pelo y de orejas. Encontraron además casos de adolescentes embarazadas que fueron agredidas. También señalaron a las fiestas comunitarias como espacio de peleas y violencia.

“Es mucho más terrible para un niño, es obvio, imagínese usted un varón que sea agredido por otro varón”, dijo una autoridad de la provincia de Cañar.

Sobre violencia psicológica, los gritos, insultos y llantos son las modalidades más frecuentes contra niñas y niños, de 5 a 11 años. El grupo de entre 11 a 15 años mencionó otros episodios: tirar las cosas al suelo, las palabras groseras, el alzar la voz, hacer sentir mal o menos a la otra persona e incluso obligar a la otra persona a hacer cosas que no quiere. “Los y las niñas expresaron que los gritos, maltratos y el abandono se experimentan diariamente. La escuela es el primer ámbito donde se manifiesta la violencia psicológica, luego de la familia”, añaden los investigadores.

Las formas de violencia sexual que los niños identifican fueron las “caricias” y los “manoseos”, tanto por parte de familia extendida (tíos y compadres) como en la escuela por parte sus maestros. Pero también hay situaciones como que los adultos se desnudan frente a los niños, los espían debajo de la puerta mientras están en el baño, les levantan la falda, les piden que se sienten sobre las piernas del hombre, y les tocan sus partes íntimas o su cuerpo.

La investigación destaca que las fiestas comunitarias y la escuela “son los ámbitos más nombrados en donde se experimenta violencia sexual”. En la escuela el lugar más inseguros para ellos son los baños. “Con estos resultados las comunidades ya tienen una herramienta para intervenir y evitar estas situaciones”, dijo Viteri a Plan V.

“Para el equipo fue doloroso. Sabíamos que existía violencia pero no en un nivel tan brutal y de la manera tan naturalizada. Nos recordó esta ecuación: un índice de alto de embarazo adolescente en el país tiene que ver directamente con estas cifras de abuso sexual. Además el niño o niña que recibe constantemente de sus padres y madres amenazas, desacreditaciones y castigo físico se convierten en candidatos para el abuso sexual”.

La investigadora dice que las familias ecuatorianas tienen que revisar las formas con las que están educando a sus hijos porque los niños y niñas tienen derechos desde su nacimiento. “Los deshumanizan y por eso tanto maltrato físico y psicológico”.

Testimonios de autoridades:

Estos son algunos relatos de funcionarios que también el estudio ha recogido durante más de 20 meses de investigación y levantamiento de información:

  En Chimborazo:  

“Un funcionario del Consejo de la Niñez y Adolescencia señala cómo la violencia física se demuestra en patadas: “muchas veces la facilidad que tenemos como hombres y coger y pegar su patada. Ese es otro también de los problemas, que cogemos y pateamos y no sabemos en qué parte le damos al niño y el niño posiblemente puede quedarse fracturado la pierna, pie o una costilla”.

  Cañar:  

El fiscal cantonal, considera que en términos de la violencia sexual, la sufren más las niñas por el tema de la migración, al quedar al cuidado de familiares cercanos, quienes abusan de las niñas. En cuanto a la violencia sexual hacia los niños considera que: “es mucho más terrible para un niño, es obvio, imagínese usted un varón que sea agredido por otro varón”.

  Azuay:  

Jefatura política de Nabón:

“La forma de castigar, usualmente, cuando se portan mal los niños y las niñas es el baño en agua fría y con la ortiga: “Con el látigo hay acá personas que  golpean acá con el látigo, que golpean con esto que llamamos y que es para los borregos. Por el mismo hecho de que la gente acá no tiene la capacidad o no ha tenido los recursos de saber cómo tienen que criar a un hijo, yo creo que nadie nos enseña a ser padres pero si no aprendemos a hacer lo adecuado con los niños o a las niñas es bien complicado”.