Terremoto: Los sin techo de la reconstrucción

Terremoto: Los sin techo de la reconstrucción
Poblaciones como El Manzanillo, en Manabí, aún están a la espera de vivienda. Son damnificados por el terremoto del 16 de abril de 2016 y ante la falta de asistencia se cubren con techos hechos de lonas. En Canoa, sus habitantes narran cómo algunos han salido de esa parroquia a otras zonas del país. Mientras que 13.895 casas están en construcción o aún no han sido contratadas, según cifras oficiales.
02 de Enero del 2018
Kevin Barreto

A Yessenia Preciado le preocupa la llegada del invierno. Un aguacero que cayó a inicios de diciembre le hizo recordar que su techo es apenas de lonas viejas y ahora está roto, al igual que todas las cubiertas de las nueve familias que habitan en El Manzanillo.

En este lugar, ubicado en la vía a río Canoa, del cantón San Vicente, Manabí, la vida pasa todos los días igual, según cuenta Yessenia: “las madres nos quedamos cuidando a los hijos y nuestras cabañas, nuestros esposos salen a trabajar en la agricultura, pescando o como vendedores ambulantes, por lo menos nos alcanza para comer”.

Elena Preciado, de 18 años, desde la noche de la tragedia vive en una ramada más débil aún, con su esposo y dos niños que tienen 3 años y 5 meses de edad.

Yessenia perdió casi todo lo material el 16 de abril de 2016 cuando ocurrió el terremoto que asoló las provincias de Manabí y Esmeraldas. Arrendaba una casa por muchos años en Canoa y vivía de la venta ambulante de cerveza, pero al no tener donde vivir ni un terreno tuvo que movilizarse unos kilómetros hacia adentro del balneario. “Nos ofrecieron terrenos y casas, el MIDUVI (Ministerio de Vivienda) vino para censarnos y nunca más supimos de ellos”.

Su hermana Elena Preciado, de 18 años de edad, es su vecina desde la noche de la tragedia, y vive en una ramada más débil aún, con su esposo y dos niños que tienen 3 años y 5 meses de edad.

“Estamos aquí porque estamos pagando a plazos el terreno a una persona que nos ayudó, pero si llueve bajará agua de la loma y nuestros techos y piso serán dañados, no tenemos a dónde más ir, está fue la segunda Navidad que pasamos muy mal. Queremos que el gobierno nos dé una casa, queremos vivir sin mosquitos, protegidos del sol y la lluvia”, reclama Elena.


En el sitio El Manzanillo, las quebradas del cerro amenazan las endebles cobachas
de nueve familias damnificadas del 16A.

José Daniel, de 12 años, hace los deberes de la escuela sobre un piso de retazos de madera, las paredes y el techo son de plásticos, caña y tela de carpas, todo lo que sobró de su casa está ahora amontonado en un área de 3 x 4 metros. Aquí vive con su madre Blanca y su padre José, en Canoa.

Según la página www.reconstruyoecuador.gob.ec actualizada hasta el 15 de junio de 2017, en terrenos urbanizados, 2.462 casas han sido terminadas; 1.122 viviendas están en construcción; y 804 están por contratarse.  Mientras que en terrenos propios, 10.203 casas han sido construidas; 8.021 están en construcción y 3.948 por contratarse. Es decir, 12.665 viviendas han sido terminadas y 13.895 están pendientes, de las cuales 4.752 aún no han sido contratadas.

Estas cifras no cuadran con lo aseverado por el Secretario Técnico de la Reconstrucción, Carlos Bernal, quien informó al programa Visión 360 (Las cuentas de la Reconstrucción 2, publicado el 3 de diciembre), que aproximadamente 7.500 viviendas aún faltan por contratar; es decir, 3.000 mil viviendas más de lo previsto en la página oficial de información sobre la reconstrucción.

Pero las hermanas Preciado, al igual que miles de damnificados, no saben si están contabilizadas en las listas del gobierno y más bien creen que han sido olvidadas. “Nos hicieron ir a la Junta Parroquial de Canoa muchas veces a supuestas reuniones, pero los funcionarios del MIDUVI nunca llegaron”, recuerdan.

En Canoa,ya no hay nadie en los albergues. Blanca Nevárez Jama, damnificada que aún sigue en la calle, cuenta que una parte ya tienen su casa, pero el resto decidió marcharse a buscar trabajo en otras partes del país. “Algunos ya no están en las calles, pero no tienen casa, viven en patios, garajes o cuartos que les han prestado vecinos, parientes o amigos, yo no he tenido esa suerte, nadie me ha ayudado y aunque me anotaron los del MIDUVI nunca más me visitaron”.

Un pesebre en la vereda es todo lo que entusiasma a Betty Castro, moradora del barrio Pedro Fermín Cevallos, en Bahía de Caráquez, pernocta por las noches en un albergue y durante el día vigila su casa destruida, lleva un año y medio esperando el bono de la reconstrucción.

En Bahía de Caráquez, mientras tanto, cantón Sucre, un centenar de familias siguen en las calles de los barrios San Roque, Pedro Fermín Cevallos, María Auxiliadora y La Cruz.

Betty Castro Cagua, enviudó hace muchos años, y la casa que construyó con su esposo quedó destruida, ahora pasa las noches en el albergue de los patios de una escuela cercana, habita un cubículo metálico donado por la empresa Kubiec, y durante el día vigila su casa dañada.

“Tengo año y medio esperando por el bono de las reparaciones, extraño mi casa, aunque sola, hubiese querido pasar la Navidad y el recibir un nuevo año en la casa que con esfuerzo construí junto a mi difunto esposo, desearía estar allí y no en la calle”, dice al pie del pesebre que con las familias damnificadas armaron en una vereda para rezar la novena. “Estar con los vecinos, aunque sea en estas circunstancias nos da fortaleza, nos llena de esperanza” reflexiona. En su calle, son 14 familias las que viven entre carpas, plásticos y cartones, al pie de un canal de aguas lluvias.

Fernando Mantilla, profesional manabita experto en planificación, explica que el tema de la vivienda debió ser la prioridad principal del Gobierno al inicio de la reconstrucción. “Si los censos hubieran sido oportunos y la decisión solucionar el principal problema social que dejó el terremoto, hoy no estuviéramos hablando de casas por hacer ni familias en las calles, hay mucho que aclarar, quienes tomaron decisiones están en deuda con Manabí”, sentenció.


Carmen Gómez, de 69 años, con problemas de diabetes y discapacidad de un 70% sigue viviendo en la calle del barrio María Auxiliadora en Bahía de Caráquez.

El artículo original fue publicado en el portal 16amanabi.com