Viaje a nuestro ADN cultural

Viaje a nuestro ADN cultural
Dos mil quinientas iconografías de los pueblos de lo que ahora es el Ecuador, que vivieron entre el 6000 ad. al 1500 dc. aproximadamente, nos dan señales de lo que somos: pueblos norandinos, cuya principal característica ha sido convivir con la diversidad, comprender que nos necesitamos unos a otros, lo cual se representa en una rica, profunda y compleja iconografía, en cuyo simbolismo se reflejan unas culturas que nada le piden a los sabios de Asia y Europa.
08 de Marzo del 2015
Redacción Plan V

Marlo Brito, interpretó  600 iconografías con ayuda de shamanes.

Somos norandinos, quienes habitamos los territorios de lo que ahora es el Ecuador, desde hace más de 10 000 años. En este territorio se forjaron 14 áreas histórico-culturales, que forjaron nuestro ADN cultural y social. Para historiadores como Galo Ramón y poetas como Marlo Brito, los más impresionantes son los pueblos manta-huancavilca y los pastos. 

Pero la característica principal de estos pueblos norandinos, lo que fueron grabando en nuestra piel fue el tatuaje de la diversidad, de la armonía entre poderes locales; de la búsqueda de la convivencia y el intercambio.

Mapa de las 14 áreas culturales e históricas del Ecuador antiguo.

Esto lo podemos saber ahora porque por primera vez en la historia del Ecuador se realizó una exploración especializada de las representaciones gráficas de los pueblos que habitaron el territorio ecuatoriano desde hace 10 000 años. Sobre la base de una investigación en textos, catálogos, archivos; de visitas a los museos de toda dimensión en todas las ciudades del país, y la revisión de 1200 fichas del Sistema de Información para la Gestión del Patrimonio Cultural, ABACO, del Instituto Nacional de Patrimonio Cultural, un grupo de investigadores, encabezados por Juan Martínez, Galo Ramón y Marlo Brito, se recopilaron, seleccionaron, recuperaron, redibujaron y depuraron 2500 representanciones graficas de enorme riqueza simbólica y estética de 14 áreas histórico-culturales del Ecuador Antiguo.

Resultado de este esfuerzo financiado por la Unión Europea, ejecutado por la Fundacón Sinchi Sacha y apoyado por la Prefectura del Azuay, la Fundación Esquel y el Estado ecuatoriano, se creó el proyecto Artesanías en los Pueblos Ancestrales en la Mitad del Mundo: Ecuador, el cual publicó el primer Catálogo de Iconografía Ancestral para la inspiración estética de artesanos, diseñadores, artistas plásticos y todo aquel que quiera usar o innovar sobre esas representaciones que son nada menos que nuestro ADN cultural. Lo que somos, pues ahora podemos saber de dónde venimos. Este proyecto demostró que estos pueblos tuvieron un simbolismo complejo y profundo. Estas iconografías fueron interpretadas con la ayuda de shamanes. 

 


El pueblo Pasto dominó lo que ahora es gran parte del norte andino del Ecuador y el sur de Colombia. Su simbolismo es complejo, profundo y  diverso.


El proyecto, con el financiamiento de la Unión Europea, ha elaborado productos como estos pendones en los cuales está la interpretación shamánica de estas culturas.

Dos mil años antes de nuestra era, ya los pastos tenían claro el tema del poder.  “En la noche y en el día, en la claridad y en el lecho más oscuro, en las alturas y las profundidades, los guerreros librarán sus batallas. Ningún poder es eterno, y hasta el que domina los cielos y la tierra  será derrotado. El vencedor acumulará riquezas y poder, hasta que el ciclo se repita”.  Esta palabras corresponden a la interpretación de un plato donde dos guerreros luchan. El plato está dividido en dos, la luz y la oscuridad:  allá van todas nuestras pretensiones.

Marlo Brito es un periodista que durante más de diez años, junto a Juan Martínez, dedicaron sus mayores esfuerzos al rescate de la cultura ancestral, desde la magia, el simbolismo y la poesía. Marlo dice que nosotros somos lo que es nuestro territorio. Hemos desdeñado nuestro origen y no nos hemos ubicado adecuadamente en el  lugar desde donde hacemos una interpretación o enunciación. Y en el momento en que empezamos a hablar desde donde somos, desde esa autenticidad, empezamos a identificar impresionantes huellas culturales.


El área cultural manteño-huancavilca es considerada como la más avanzada de estos territorios antes de la llegada de los incas y de los españoles.

Al ser norandinos –dice Brito-  tenemos una cartografía particular, y somos distintos de los surandinos, de los mesoamericanos y tenemos algunas singularidades. Una de ellas es que uno de los rasgos centrales de nuestra naturaleza era ser buenos vecinos; tener una buena vecindad entre las comunidades. Curiosamente eso nos ha dado un carácter especial: que detestemos a los monarcas, que no nos agraden los jefes supremos; por la diversidad de nuestras comunidades, lo que habían era liderazgos locales, los cuales partieron de negociaciones, acuerdos, para llevar las relaciones con armonía. Todo está descrito en la iconografía en los pueblos antiguos, en la cerámica y en los petroglifos. Ahí se describen parentescos culturales con todas las culturas solares. Representaban, por ejemplo, un principio: como es arriba es abajo, lo cual se emparenta con el principio hermético de la correspondencia. Así, el pescador, que viaja en el confín de la noche, lo que tenía para mirar eran las estrellas.

En lo que ahora es el Ecuador, uno puede encontrar una de las sociedades más impresionantes que ha tenido nuestra América, Valdivia, Jamaquaque y Chorrera, territorios culturales, donde hubo ciclos históricos; en lo que ahora es Ecuador hubo el primer centro urbano del mundo, Valdivia, con un desarrollo cerámico esplendoroso, con una complejidad simbólica impresionante, de la cual lo único que a lo cual nos hemos remitido de manera muy pobre es a lo antropomorfo y zoomorfo. Pero es mucho más: detrás de su iconografía encontramos interpretaciones del proto Estado y eso se descubre en sus grafias.

Fue maravilloso haber encontrado la confluencia desde la poesía y desde la interpretación shamánica: fueron los shamanes los primeros que aportaron con una interpretación, a redescubrir por ejemplo la importancia del murciélago en la cultura manta-huancavilca.

El murciélago es sagrado porque desde el misterio de la obscuridad está la sabiduría, el poder ver en la oscuridad y el silencio; el tener las virtudes de volar en la noche, habilidades muy cercanas a lo que hace un shaman. 

La otra cosa maravillosa de cómo se descubre la estructura social de los pueblos pastos es a través de sus platos y su iconografía. En uno de los platos se representa la unidad en la diversidad: la persona discapacitada, el ciego, el jefe, el hombre y mujer comunes, y todos dándose la mano. Eso representaba lo que somos.


La iconografía cañari es también compleja y en ella se juntan lo figurativo y lo geométrico.

El mono también tiene su representación. La zona pasto es de lo más alto de los Andes, una zona muy fría. Ahí no hay animales de clima cálido. El mono es ilógico en ese hábitat, pero el mono es la representación del hombre pasto y de la sabiduría pasto. Como norandinos, eramos el centro de confluencia de los surandinos y los mesamericanos y fuimos fusionando las imágenes geométricas de los surandinos con las representaciones mesoamericanas, que son más figurativas. El mono es figurativo y esa representación es mágica; edificaron toda su cosmovisión alrededor del mono; este animal, según la lectura shamánica, tiene algunas cualidades, una de ellas es que en sí mismo representa la fusión geométrica y figurativa.


Jama Coaque tiene cientos de representaciones, una de ellas es la caracola que simboliza el tiempo circular.

En la revista arqueo-ecuatoriana se refiere a que en estos recipientes cerámicos es común la representación de primates, como señala el etnógrafo Dimitri Karadimas (1999 y 2001) en base al examen de algunas colecciones de materiales pastos en Colombia. Pero hay algo más interesante aún. Karadimas propone que hay estrellas, concretamente la constelación de Orión, representadas no solo en la vajilla, sino tambien en la orfebrería de los pastos. Cabe señalar que, en algunas culturas amerindias, sobre todo de la zona ecuatorial, la representación estelar es bastante popular y de intenso significado diario (Karadimas 1999 y 2001). La constelación de Orión, concebida para el cielo occidental por el imaginario griego, equivale para los mirañas del Río Caquetá (Amazonas colombiano) a la constelación de los monos nocturnos, que son cuatro (Karadimas 1999:164-165). Estos monos, con sus cabezas y sus colas, representarían, según Karadimas (2000:166), a las cuatro estrellas de Orión: Bételgeuse, Rigel, Bellatrix y Saiph, que conforman en el cielo nocturno un trapecio, cuya representación se observa pintada en la vajilla pasto. ¿Cómo hace Karadimas para ligar Orión con los Pastos? Al efecto, el autor propone que los Pastos migraron desde el Caquetá Medio (Amazonas colombiano) hacia los páramos, en donde encontramos hoy sus antiguos asentamientos, y sostiene que se puede advertir esto en la pintura de personajes míticos en la vajilla y en la fragua de un orfebre. El mito de la actual etnia miraña sobre la constelación de los Tutamonos (cuatro hermanos que se convierten en monos) estaría materializado, según Karadimas, en la alfarería y orfebrería de los pastos, que usualmente muestran dos o cuatro monos que, en definitiva, representarían a Orión.


Puruhá o los hijos del Chimborazo, se ubicaron en las actuales provincias de Tungurahua, Chimborazo y Bolívar, desde los 500 ac. hasta la actualidad.

En una representación de un plato sobre el poder, se mira claramente una representación sobre la sucesión, de que el poder no es eterno; se miran dos guerreros combatiendo en la mitad del plato que es de tonalidad clara; pero en la otra mitad se mira a los mismos guerreros, en la misma actitud combatiente, pero la tonalidad es oscura: la lucha por el poder no es eterna, un día está en la claridad, por tanto en la vida, y en otro están en la oscuridad, en la muerte: el poder no es eterno, un día acaba y como están en el plato giratorio, todo da vueltas.


El área histórico cultural Cañari, en las actuales provincias de Azuay y Cañar y parte de Chimborazo y Loja fue una sociedad con agricultura, pequeñas aldeas, manejo de pisos ecológicos, caza y recolección, producción de cerámica fina, cierta especialización en la producción de objetos de spondylus y piedras semipreciosas.

Casi todas sus representaciones están en espejo, en una dualidad: arriba o abajo; la noche y el día, la vida y la muerte, el amor o el placer y el dolor.  Los pastos representaron al mono en el paso de la vida, de la evolución;  el animal se trasmuta en humano, y la cabeza del humano es una casa… dos mil años antes de Darwin.

Hay lugares comunes con Valdivia, por ejemplo, las venus y alrededor de eso se ha hablado siempre. Pero si se explora tanto a Jama Coaque como a Valdivia, se puede observar el impresionante grado de abstracción de estos pueblos.

Su inocografía tiene una enorme y diversa cantidad de representaciones con un gran nivel de abstracción; eran sociedades complejas y visiones simbólicas complejas; hacían viajes astrales y sabían cómo transformarse en jaguares, pumas o monos; como tratar las enfermedades, hace miles de años operaban el cerebro. Dominaban las estrellas, la tierra y la anatomía. Como dirían los estoicos, estos pueblos tenían las tres dimensiones:  la social, la espiritual y la del cosmos. Estas tres dimensiones estaban articuladas a su orden cosmológico y todo esto se puede descubrir si se hace un viaje silencioso y poético, desde el interior. Estos pueblos estaban conectados a las estrellas.


Curiñan pasto, como área cultural tiene una sorprendente iconografía conectada a las estrellas. 

Aquí está nuestro ADN mitocondrial; el ADN de nuestra cultura y de lo que somos, encontramos de dónde venimos. Brito dice: tenemos este lugar en el planeta Tierra y esto tenemos para decirle al mundo; se lo hemos dicho, además, desde hace miles de años, con una complejidad que no imaginábamos; con una riqueza cultural milenaria que no le pide favor a ninguna cultura del mundo y que tiene tal esplendor, tal complejidad y tal profundidad que es inabarcable.

Muy poco conocemos de todos ellos. De Valdivia conocemos las venus, pero ellas son parte de un impresionante arte erótico, en el cual la sexualidad -a propósito ahora de estos visiones de castigar el placer sexual de los actuales gobernantes- se vivía con tal festividad, con tal festejo del placer y de sus cuerpos que hacían que los dioses también tuvieran sexo; celebraban el placer, y sin la hipocresía que nos heredó la tradición judeo cristiana; lo hacían desde la pureza cósmica, porque ellos entendían que todo es nacimiento y fecundación y por ello había que celebrar  la vida. La sexualidad era sacralizada.


Las iconografías de los petroglifos del pueblo Cotundo, en la Amazonia.

Otra de sus representaciones era la caracola, que representaba el tiempo cíclico, el tiempo cósmico que deviene y tiene una carácter cíclico; no es un tiempo circular, sino elíptico que da la vuelta en otro espacio; se repetía un ciclo pero no las circunstancias ni las personas.

Hay métodos de interpretación, pero quedan en la forma. El haberse aproximado a estos símbolos, es la experiencia más importantes que Marlo ha tenido en su vida. Lo que primero ha ocurrido es que descubrió su huella cultural: descubrió de dónde viene. Y eso lo llena de orgullo. Pero, aclara, no se puede hacer esto sin tomar ayahuasca, el bejuco sagrado, sin aproximarse a la médula de la cultura indígena. El ritual es ancestral, para la medicina, para el conocimiento, para su ligazón con el cosmos, los espíritus y las visiones del tiempo.  El yagé se combina con otras sustancias; el shamán impone su sabor, cada shaman tiene su condimento para darle el toque especial en el viaje shamánico.

Marlo se involucró con un shaman yanacona, de la zona del Putumayo colombiano y fue este vínculo lo que le permitió hacer varios viajes shamánicos, esta forma de conocimiento a través de los símbolos. En un momento pudo ver todos los símbolos dibujados en el cielo. Esa es la explicación de una experiencia, y este es el relato de una experiencia;  el vehículo lleva a tu espíritu a vivir una experiencia.


Valdivia ha tenido como lugar común las venus, pero su iconografía tiene un simbolismo tan profundo y adelantado a su tiempo que hasta llegaron a representar mapas estelares (izquierda) que les servían para la navegación.

La contemporaneidad lleva los vicios de aprendizajes que se deben desandar, para poder comprender todo esto. Al tomar la bebida sagrada se entra en trance y se vive una nueva experiencia, la cual solo puede expresarse en cada uno de acuerdo a su afinidad: un músico puede escuchar las notas más bellas, más armónicas y quizá encuentre su ADN desde la música.

La conclusión, por lo pronto, es que nuestra condición milenaria es la diversidad.  Aprendimos a convivir con aquella, porque nos necesitamos unos a otros desde hace miles de años. El poder era descentralizado. Y esto se encuentra en las descripciones en los platos pastos, y se vea el impacto contemporáneo en la administración de estos territorios: lo clave que estos pueblos milenarios encontraron era que no se puede gobernar un territorio sin tomar en cuenta su singularidad. No se pudo desde entonces homogenizar la vida.

Pero hay una característica única en estos pueblos y en sus negociaciones y relaciones:  había un personaje, el Mindalae, que era el comerciante, pero a la vez el mago y relacionador. Una especie de Hermes andino que no llevaba y traía los mensajes de los dioses a los hombres, sino de los pueblos de los hombres y mujeres a otros pueblos. Él era comerciante y diplomático, el que llevaba el mensaje de un lugar a otro.

Comercializaba la hoja de coca, de las tierras bajas a las tierras altas, y también los rituales de la planta sagrada, del san pedro y de la ayahuasca. El Mindalae era el puente para los grandes acuerdos, para las relaciones amorosas, un personaje importante y complejo. En los pueblos surandinos, el incario tenía reservado todos los caminos solo para el inca.  Y quien osaba caminar por el sendero del inca era desterrado. En el caso de los norandinos, todos los senderos eran recorridos por el Mindalae y estaban abiertos porque para estos pueblos, como para nosotros ahora, la relación en igualdad de condiciones era lo que permite la paz y genera la justicia. Tanto tenemos que aprender de los antiguos que ahora, con el proyecto en marcha, ojalá podamos redimir nuestro futuro.