Los testimonios de la violencia invisible contra las mujeres

Los testimonios de la violencia invisible contra las mujeres
La alienación parental y la aplicación de leyes sexistas e ideológicas no solo afectan a los hombres. Mujeres pobres, en su mayoría, deben enfrentar el dolor de no ver a sus hijos y de no poder litigar en un sistema judicial con claras sospechas de corrupción y tráfico de influencias, en donde casos injustos son patrocinados por abogados del Estado. En este reportaje, publicamos algunos testimonios más allá de los discursos radicales de las redes sociales.
02 de Enero del 2018
Andrés Ortiz Lemos

La violencia contra las mujeres es un tema mucho más profundo y notablemente más complejo que aquella constante predicación de eslóganes proclamada por los intelectuales de lo obvio.

La enumeración colectiva de frases sugestivas en redes sociales está lejos de darnos un panorama eficaz para comprender la gravedad de este fenómeno. En muchas ocasiones (más de las que podríamos suponer) han sido precisamente los discursos simplificadores relativos a los géneros los responsables directos de incontables abusos en contra de las mismas mujeres a las que dicen defender. Mujeres cuyos padecimientos han pretendido ser invisibilizados por las ligeras moralidades dominantes. Como un intento de hacer visible este paradójico fenómeno, a continuación, pongo a disposición del lector los casos de siete madres víctimas de violencia de cuya naturaleza no se habla pues constituye un tabú moderno. Estos han sido levantados en el contexto de una investigación, sobre derechos de los niños y coparentalidad, que estamos realizando en la Universidad Central, y de la cual ya he hablado en artículos anteriores , algunos de los cuales pueden leerse también aquí.

El presente artículo tiene como objetivo mostrar cómo las normativas, y las políticas generadas en base a estereotipos sexistas que ubican a los padres separados como seres esencialmente negativos, han terminado violentando a un muy significativo número de mujeres. Los nombres e identidades de los casos de estudio están protegidos. Como ya he propuesto en artículos anteriores, cualquier académico con credenciales en regla y afiliado a un centro universitario de investigación puede hacer una cita conmigo y corroborar las fuentes originales, respetando los protocolos de confidencialidad vigentes en este tipo de trabajos.

Maternidad prohibida y vulneración familiar

Yaki sueña con ser madre. Tener un hijo es uno de los anhelos más grandes en su vida. Ha tratado durante años sin éxito. Cuando acudió a los médicos y estos analizaron su caso, le informaron que está completamente sana. Entonces le realizaron exámenes a su esposo. Descubrieron que él tiene una condición que no le permite tener hijos. La noticia sorprendió a la familia en muchas formas, principalmente por el hecho que la pareja de Yaki tiene una hija con una ex novia de la juventud. La pareja ha tenido que hacerse cargo de la niña desde el principio. Ambos son de bajos recursos, pero jamás han fallado en los aportes a la menor. Siempre fueron responsables. Yaki y su esposo solicitaron un examen de ADN para confirmación de paternidad. A pesar que los médicos aseguran que el hombre no puede tener hijos, el juez se niega a dar paso a un examen y la pareja entra en una lucha legal de dos años. Durante ese tiempo reciben varias demandas de aumento de pensión que van más allá de las posibilidades económicas de la pareja. Ambos deben trabajar (Yaki es vendedora informal y su marido es estudiante, en una carrera larga y compleja, con trabajos esporádicos). De no cumplir con las exigencias que se les va imponiendo el hombre terminaría en la cárcel y sus estudios serían interrumpidos.

Ambos deben trabajar (Yaki es vendedora informal y su marido es estudiante, en una carrera larga y compleja, con trabajos esporádicos). De no cumplir con las exigencias que se les va imponiendo el hombre terminaría en la cárcel y sus estudios serían interrumpidos.

Pasados dos años se demuestra aquello que antes ya habían planteado los especialistas. El marido de Yaki no es el padre de la niña. Fue forzado a reconocer una hija que no es suya, y más allá de eso, se ha negado el derecho elemental a la niña de conocer a su verdadero padre. La identidad de la menor es lesionada al impedirle la posibilidad de saber sus orígenes. Los resultados de los exámenes son irrefutables, sin embargo, la familia de la menor no cede. Sus abogados apelan a las reformas emitidas en el 2014 que plantean que no es posible impugnar la paternidad. Aun cuando a su esposo no le dijeron la verdad, y luego de mostrar evidencias incuestionables sobre no ser el padre, él continúa recibiendo exigencias de aumento de pensión cada vez más elevados. Los montos deben ser cubiertos por el trabajo de ambos. Yaki quiere ser mamá. Los médicos aseguran que puede someterse a tratamientos de fertilización con un diagnóstico altamente favorable, pero estos son costosos. Ella y su pareja deben invertir la mayor parte de lo poco que ganan en pagar abogados y en cubrir las demandas de la madre de la niña, que como se dijo antes, presenta aumentos de pensión de forma constante.

En diciembre la pensión que deben desembolsar es doble, representa casi el noventa por ciento de sus ingresos dejándolos en plena vulnerabilidad. Yaki quiere ser mamá, pero no puede. El Estado ecuatoriano le ha negado ese derecho obligando a su familia a cubrir los costos de una niña con la que su esposo no tiene ninguna relación, y a quien su madre le ha negado el derecho de conocer sus verdaderos orígenes. Yaki quiere ser mamá, pero no se lo permiten. Sufre porque ve como su matrimonio es atacado constantemente. Debe afrontar costosos juicios y pagar abogados, invirtiendo cada vez más dinero en ellos. La otra parte, en contraste, recibe la ayuda gratuita de la Defensoría Pública, institución, que vale decir, se ha negado rotundamente a ayudarlos (una experiencia común). Cada vez que logran un pequeño triunfo en sus procesos legales, luego de perder altas y prohibitivas sumas de dinero, los abogados de la otra parte no tienen, sino que apelar, siempre bajo el patrocinio gratuito del Estado, para que el proceso se extienda de forma indefinida.

Yaki siente que el Estado ecuatoriano ha vulnerado sus derechos elementales: "nosotros nos podríamos someter a tratamientos de fertilización y podríamos tener hijos, pero no podemos porque a pesar que hemos demostrado que esa niña no es de mi esposo, a pesar que está demostrado, tenemos que afectar nuestra familia y la posibilidad de tener hijos para seguir entregando más del 40% de nuestros ingresos, lo poco que nos queda debemos invertirlo en abogados. Un tratamiento para una fertilización in vitro es altamente costoso. Mi familia es vulnerada, yo ni siquiera me puedo ir a atender un médico, a nosotros ya no nos queda nada, mis derechos como mujer han sido vulnerados... El daño psicológico usted no tiene idea de cómo es, y el daño económico, el daño moral. Tú no sabes qué hacer, cómo reaccionar, estas personas saben que el hombre no es el padre y aun así lo siguen demandando. Es un desgaste psicológico o moral que no puedo explicar. Lo que mi familia está sufriendo es nefasto, a mí me han negado la posibilidad de ser madre. Cuando fuimos a la Defensoría del Pueblo nos dijeron que a nosotros no nos podían patrocinar ahí queda todo, no pasa nada. Acá quienes mintieron son ayudados por defensores públicos. En mi opinión, el Código de la Niñez es desigual. Además, no somos los únicos casos, vi una estadística que desde 2013 al 2015 hubo como 700 demandas de impugnación de paternidad solo en Guayaquil".

En efecto, existen varios casos parecidos al anterior, en los que los hijos de personas que atraviesan estos conflictos son vulnerados en sus derechos elementales. Tal es el caso de otra mujer, Loaiza, quien ve como las necesidades de sus propios niños son pasadas por alto, por causa de una estructura normativa sexista: "Mi esposo tenía una hija de una relación que mantuvo siendo joven. Empezamos a dudar que la niña fuera suya, la niña no tenía nada en común con mi esposo, entonces decidimos hacerle una prueba de ADN con una diligencia preparatoria, mediante un abogado en la Fiscalía General del Estado. Este examen se demoró creo que dos años. Los resultados arrojaron que la niña no era hija de mi esposo. Sin embargo, la ley nos obliga a seguirle pasando pensión alimenticia. La madre de la niña a cada momento pide aumentos de pensión. Están violando los derechos de esa menor, porque ella tiene todo el derecho a saber de dónde proviene, quienes son sus padres, sus abuelos genéticamente, biológicamente, quienes son. Pero los derechos de esa niña, los derechos de mi esposo, míos de mis hijos están siendo vulnerados".

Algo que llama la atención en el caso de Loaiza es que ella tiene sus propios hijos, sin embargo, no puede cubrir plenamente las necesidades de estos pues están obligados, ambos, a trabajar para cubrir las pensiones de la niña que no es hija de su esposo, y hacer frente a los constantes aumentos de pensión que pide su madre.

Algo que llama la atención en el caso de Loaiza es que ella tiene sus propios hijos, sin embargo, no puede cubrir plenamente las necesidades de estos pues están obligados, ambos, a trabajar para cubrir las pensiones de la niña que no es hija de su esposo, y hacer frente a los constantes aumentos de pensión que pide su madre. Como ya he mencionado antes, durante este mes, diciembre, ellos deberán desembolsar una pensión doble, (como la ley obliga dos veces al año). Bajo estas circunstancias ¿Qué tipo de navidad les espera a los hijos de esta familia, si la ley obliga a sus padres a desembolsar la mayor parte de sus ingresos, dejándolos desprotegidos? Al igual que en el caso que se mencionó al principio, se está negando a una niña el derecho de conocer a su verdadero padre y se está afectando la seguridad e integridad de una familia que no tiene relación con ella.

En el 2014 se plantearon reformas en el Código Civil a partir de las cuales la paternidad es irrevocable en todos los casos. Uno de los impulsadores de la normativa, el asambleísta de PAÍS Mauro Andino, ponía como ejemplo el caso de hombres que reconocían a los hijos de su pareja, para después de alguna discusión desconocerlos. Sin embargo, una medida que en cierta forma podría considerarse como un avance en cuanto al aseguramiento de los derechos de la infancia, ha generado efectos ambigüos al no tomar en cuenta casos de fraude de paternidad como los revisados anteriormente.

Mujeres sobrevivientes de alienación parental

En un texto anterior, plantee que se debe diferenciar entre el síndrome alienación parental como fenómeno de debate psiquiátrico o psicológico, y la alienación parental como conjunto de procesos que buscan el alejamiento paulatino de un niño de uno de sus padres. Cabe señalar que es un lugar común en los discursos sexistas la negativa acrítica de la existencia de casos relativos a estos temas. Esta negativa se basa en la creencia que las únicas personas afectadas por esta forma de violencia son los padres separados. Sin embargo, nada puede estar más lejos de la realidad. En efecto, luego de un divorcio un significativo número de niños se quedan bajo la custodia paterna (8 % de las custodias son asignadas al padre según el INEC). Si tomamos en cuenta que, según las estadísticas nacionales en el 2016 se dieron 25.468 divorcios, deberíamos empezar a entender que se trata de una problemática potencial mucho más amplia de la que pensábamos. No se trata de un fenómeno exclusivo de los hombres, como se ha tratado de hacernos creer. Desde luego, no son los padres, o las madres, las principales víctimas de este tipo de violencia, sino los niños.

Una de las personas que sufrió los estragos de la alienación parental durante su infancia es Jessy, una madre adulta que ahora narra los dolorosos recuerdos de la época en la que se le mantuvo alejado de su papá. En cierta forma le fue arrebatada parte de su niñez. Jessy explica sus experiencias en sus propias palabras: "Cuando mis padres se divorciaron yo tenía dos años y me quedé a cargo de mi madre, mi mamá es una buena persona, pero las diferencias que tuvo con mi papá las desquitó conmigo. Era mi derecho como niña poder ver a mi padre y a la familia de mi padre, en efecto, yo pude ver a mi familia solo hasta que tuve cuatro, años luego de eso mi madre me dijo que yo no había sido importante para mi papá y que me abandonó, me dijo que era alcohólico. Yo crecí con una idea equivocada de mi padre. No le pude ver hasta que tuve veinte años para darme cuenta que él era una buena persona, que la familia era buena. Mi adolescencia y niñez fue dura tuve problemas de depresión. Con el padre de mi hija a diferencia de la mi madre, he facilitado el contacto, yo jamás he impedido que vea a su hijo. Entiendo que papá y mamá deben hacerse cargo de las necesidades de su hijo y que el papá no es simplemente un cajero automático".

Los niños víctimas de alienación parental no tienen voz, no tienen acceso a las redes sociales, su opinión no es escuchada, muchas veces son manipulados, y varios discursos de ONGs, organizaciones sexistas, o políticos populistas suelen hablar a nombre de ellos, generalmente desde posiciones que defienden la obstrucción de vínculos parentales.

Los niños víctimas de alienación parental no tienen voz, no tienen acceso a las redes sociales, su opinión no es escuchada, muchas veces son manipulados, y varios discursos de ONGs, organizaciones sexistas, o políticos populistas suelen hablar a nombre de ellos, generalmente desde posiciones que defienden la obstrucción de vínculos parentales. Por esta razón, es prioritario escuchar las experiencias de aquellos que han sufrido esta particular forma de violencia. Experiencias como las de Jessy nos ayudan a entender parte del problema, pero hace falta mucho más. Es indispensable que los adultos que han atravesado situaciones parecidas se hagan oír.

La obstrucción de vínculos parentales afecta a muchas mujeres

Los casos en los que la obstrucción de vínculos parentales afecta a mujeres madres tiene características muy similares a aquellos ejemplos en los que el objeto de obstrucción es el padre. En efecto, las normativas y políticas influenciadas por discursos que perpetúan los estereotipos de género, como el Código de la Niñez y Adolescencia vigente, han facilitado esta forma de violencia, sin haber entendido las profundas repercusiones que ha llegado a tener en muchísimas madres separadas.

La mamá divorciada Cristal, cuenta su propia experiencia: "mi historia es un tema de alienación parental. Yo tengo una hija de 6 años. Me separé, obviamente, del papá de ella. Al inicio firmé un acta de mediación, él pasaba lunes, martes, miércoles y yo pasaba jueves, viernes, sábado y domingo con la niña. Yo pienso que, tanto padre como madre, tenemos los mismos derechos y responsabilidades sobre los niños. Sin embargo, él utilizó esa acta de mediación para ponerme un juicio, diciendo, supuestamente, que yo había abandonado a mi hija. Cosa que es totalmente falsa. Los papás de él son de una familia que tiene mucho dinero. Gracias a ello han influenciado en jueces. En febrero de este año, él me quitó la tenencia de mi hija, diciendo que yo tenía un novio. Antes de esto, yo ya tenía varias denuncias de abuso psicológico. Un montón. Tengo como siete denuncias por parte de él. Hasta que en la última fue a decir que mi novio, había abusado sexualmente de la niña y a mí me quitaron la tenencia por supuestas agresiones sexuales. Pronto se demostró que era mentir este supuesto abuso sexual. Era un invento de él para poderme quitar a mi hija. Gracias a ello, perdí la tenencia de la niña. Ahora ni siquiera en el cumpleaños me la deja ver. Justo cuando en el momento de la denuncia del supuesto abuso sexual, él puso la demanda de tenencia y me la logró quitar.

El caso de otra madre separada, Vera, tiene varios elementos similares a los del ejemplo mostrado anteriormente, y narra la experiencia de una mujer que tuvo que tomar una difícil decisión, que le costaría afrontar graves escenarios de obstrucción de vínculos parentales. Vera cuenta su historia: "hace aproximadamente 10 años me divorcié de mi ex esposo. Al poco tiempo estuve sin trabajo por una larga temporada en la crisis económica que afectó al país. Por decisión conjunta, y dadas mis dificultades económicas, decidimos que lo mejor sería que mis hijos estén con su padre, pues yo había regresado a vivir a casa de mis padres. Lamentablemente mis hijos fueron a vivir a otra ciudad y las cosas no resultaron como el padre ofrecía. En ese lapso de tiempo el padre aprovechó para manipular a los chicos, obviamente a favor de él. Una vez que conseguí trabajo, pude trasladarme cerca de la ciudad donde vivían mis hijos. Una vez ahí me enteré que tenía tres juicios, dos por manutención y uno por tenencia. La defensa fue muy larga dados los trámites administrativos. Yo no tenía abogada en aquella ciudad, tuve que contratar uno y hacerme cargo de los costes legales al mismo tiempo de los costes de manutención que pesaban sobre mí y los viajes que yo realizaba para poder ver a mis hijos. A pesar de que yo, voluntariamente depositaba un valor mensual y que se trataba de una cantidad significativa, que fue mayor a la dispuesta posteriormente por la jueza, tuve que pagar un valor de “deuda” que supuestamente yo tenía acumulado. Regresé a vivir a la capital nuevamente. Una vez ahí y después de un tiempo, mi hijo, hace un año y medio decide venir a vivir aquí conmigo obviamente por razones de no compatibilidad con su padre y con la familia y mujer de su padre. Mi hija sin embargo decide quedarse con él dado que su padre se negaba a hablar conmigo para llegar a un acuerdo. Yo tengo que iniciar acciones legales que corresponden para poder dejar de pasar una pensión alimenticia por mi hijo y obviamente tener la tenencia legal por él. A pesar que mi hijo ya vivía conmigo, yo tenía que seguir yo depositando una pensión alimenticia por ambos. Al cumplirse 3 meses y un supuesto incumplimiento en las pensiones alimenticias, el padre solicita ponerme una orden de prisión. A pesar de mis varias cartas al juez solicitando que se suspenda la pensión alimenticia por estas circunstancias (mi hijo vivía conmigo), él se niega e inclusive pone dos veces más una orden de prisión. En ese lapso mi hija, sin que yo sepa fue a vivir con la pareja de mi ex esposo en otra ciudad. Yo no tenía teléfono alguno para localizarlo y cada vez que intentaba comunicarme con su padre, me cerraba. Luego él salió del país varios meses. En ese lapso yo no tuve comunicación con mi hija. No tengo ni un número de teléfono donde localizarla.

Actualmente mi hija vive en otra ciudad con la actual pareja de mi ex esposo. Y yo sin poder defenderme, pues tendría que contratar tres abogados nuevamente por causa de que los juicios debían darse en distintas ciudades. No puedo comunicarme. Las leyes realmente no existen en este país. No hay un control. Supe que el padre de mis hijos, en complicidad con su abogado, estuvieron teniendo contactos irregulares con el juez en la ciudad donde vive mi hija. No hay justicia. La gran mayoría no nos negamos entregar hasta lo imposible por nuestros hijos. Sin embargo, al ver tanta irregularidad, es innegable que muchos padres abandonen la lucha. Muchos pierden a sus hijos por la negligencia de la ley. Amo inmensamente a mis hijos. Y no dejaré de luchar por ellos nunca".

"Supe que el padre de mis hijos, en complicidad con su abogado, estuvieron teniendo contactos irregulares con el juez en la ciudad donde vive mi hija. No hay justicia. La gran mayoría no nos negamos entregar hasta lo imposible por nuestros hijos".

Otra mujer, Ángela, describe un proceso similar donde las denuncias falsas y la alienación parental fueron usados de forma sistemática para alejarla de sus hijos, según narra ella misma: "Estuve casada durante 6 años, tuve 2 niños. Dependía totalmente de mi ex esposo y me separe cuando mis niños tenían 4 y 2 años. Al momento de firmar, mi ex esposo me advirtió antes de la audiencia que me daría donde más me dolería. Los niños fueron manipulados psicológicamente por parte del padre y su nueva pareja, me acusaron de maltrato, y el juez decide enviar a mis niños con el padre dándole tenencia. Al poco tiempo el me demanda por alimentos. No me niego a hacerlo es mi responsabilidad, pero el padre de mis hijos no me deja verlos…no tengo contacto, con mis hijos no los veo. Todo este tiempo aprendí a sobrevivir porque mi vida se fue con ellos".

Otra madre, Rutensia narra problemáticas parecidas: "me casé cuando tenía 18 años porqué estaba embarazada, viví con mi esposo y mis suegros dos años y de ahí nos fuimos a vivir aparte seis meses hasta que decidí separarme. En el tiempo que viví con mis suegros no me dejaban tomar decisiones sobre mi hijo llegando al punto de que el bebé dormía con la hermana de mi esposo ni la ropa que usaba me dejaban escoger a mí. Cuando me separé los suegros llegaron al punto de pesarlo antes de mandarlo y pesarlo cuando regresaba y si bajaba de peso era problema cuando se le cayó el diente de leche en mi casa también dijeron que yo le había sacado a la fuerza mi hijo ya no quería venirse conmigo cuando lo iba a ver porque decía que la abuelita se quedaba triste lo estaban poniendo en mi contra y grababan cuando lo iba a ver. Un mes antes de que dicten sentencia en el juicio de tenencia en una visita se lo llevó y no lo trajo más desapareció lo cambió de escuela lo busqué hasta debajo de las piedras salí en televisión y nada solo volvió a aparecer cuando le dieron la tenencia a él y a mí me dieron visitas supervisadas dos sábados al mes. En la primera visita no pude ver a mi hijo porque fui con mi madre y ellos dijeron que la visita era solo para mí y para nadie más ya para esto habían pasado más de seis meses que no lo veía, en la segunda visita fui sola mi hijo se portó bien conmigo conversamos jugamos nos reímos; en la siguiente visita todo cambió mi hijo estaba molesto no me quería hablar lo sacaron a la fuerza del cuarto a la sala donde estaba, me partió el corazón, me di cuenta que nos estaban grabando sentía que le hacía daño a mi hijo con mi presencia, estaba totalmente alienado en mi contra. Apelé la sentencia y ellos volvieron a desaparecer con mi hijo y lo cambiaron de escuela otra vez. Le volvieron a dar la tenencia al padre sin importarle nada, me sentí destrozada sola y desolada. Decidí dejar de luchar más que todo porque mi hijo a esas alturas me culpaba a mí de que lo cambien de escuela a cada rato. Mi hijo a esas alturas ya era un pre adolecente me dijo que no quería más juicios y que él quería vivir con sus abuelos. Lo habían alienado completamente".

Los casos de madres que hemos expuesto en este breve trabajo son muy similares a los de una enorme cantidad de padres separados, y cumplen con un patrón bastante recurrente: las acusaciones falsas (generalmente por violencia psicológica); la limitación al ejercicio de la maternidad desde un estricto régimen de visitas -o la negación de estas-; la estigmatización social ante el pedido de poder acceder a la custodia compartida; el constante proceso de desprestigio de su imagen promovido por la ex pareja y su familia extendida; el no reconocimiento de pagos de pensiones anteriores y la amenaza constante con la criminalización en caso de no tener recursos suficientes.

Tal vez los actores sexistas que buscan estigmatizar a los padres separados podrían investigar un poco más (o investigar un poco) para darse cuenta que las problemáticas relativas a la obstrucción de vínculos parentales afectan a muchas mujeres, mujeres cuyos derechos dicen defender, sin darse cuenta que las demandas de sus ideologías han vulnerado los derechos de muchas, directa o indirectamente. Es imprescindible que en el país se inauguren estudios, relativos al género y la niñez, que nos permitan comprender la complejidad de este tipo de fenómenos a fin de elevar el nivel de debate en este tema, o al menos iniciarlo.