Simón Espinosa, la cara de la lucha contra la corrupción

Simón Espinosa, la cara de la lucha contra la corrupción
Ex sacerdote jesuita, periodista, profesor universitario y activista en contra de la corrupción, Simón Espinosa Cordero rememora los hechos más importantes de su vida, próximo como está a cumplir los 90 años. Espinosa llegó hace poco a la red social Twitter, en donde arremetió contra expresiones del canciller Guillaume Long que consideró desatinadas.
27 de Marzo del 2017
Fermín Vaca

Sorprende sobre todo cómo recuerda cada fecha relevante de su vida. Simón Espinosa Cordero tiene actualmente 88 años. Nació el 8 de octubre de 1928 en Cuenca. En la tranquilidad de la sala de su casa, ubicada en el barrio de La Mariscal, recuerda perfectamente el 6 de septiembre de 1946, el día que ingresó, con 17 años, a la orden jesuita. Trece años después se ordenaría como sacerdote en una universidad jesuita de Estados Unidos. 

Espinosa tiene sus raíces en la provincia del Cañar. Creció en Cuenca, al influjo de su padre, un abogado de Cañar cercano a los sacerdotes redentoristas instalados en la capital azuaya, y que recibía de Francia, con dos meses de retraso, la revista La Cruz, de marcada tendencia conservadora y católica y que simpatizaba con la Acción Social francesa. Su padre mantenía la atención religiosa en la antigua cárcel de Cuenca,  en la plaza de San Sebastián , hasta el año 1933, cuando falleció a los 43 años como consecuencia de la fiebre tifoidea. La forma en la que se contagió la recuerda Espinosa perfectamente: fue a atender a los presos víctimas de la enfermedad y a los que ningún médico ni sacerdote quería auxiliar. 

Su padre recibía de Francia, con dos meses de retraso, la revista La Cruz, de marcada tendencia conservadora y católica y que simpatizaba con la Acción Social francesa, un movimiento de derechas.

Muerto su padre, su madre quedó viuda, al cuidado de cinco hijos. Tres hermanas mayores y dos niños menores. Recuerda con cariño a su padre, de quien la comunidad tenía una buena imagen, así como a su abuelo Danilo Espinosa, que a fines del siglo XIX brindó atención médica a los habitantes de la provincia del Cañar. El político Andrés F. Córdova, en sus memorias "Mis Primeros 90 años", recuerda las figuras de ambos ancestros de Espinosa Cordero. Con el apoyo económico de un cura católico de apellido Ordóñez, Simón Espinosa logró estudiar becado en el colegio Borja de los jesuitas de Cuenca. 

Tras graduarse del colegio pensó en estudiar ingeniería, pero al influjo de los jesuitas optó por trasladarse hacia Cotocollao, en las afueras de la capital, en donde funcionaba el colegio Loyola de los jesuitas y en donde empezaría su educación como sacerdote. El ambiente en que creció estaba saturado de misticismo, y algunos de sus compañeros de colegio habían optado por el sacerdocio. Fue a la Iglesia del Santo Cenáculo y ante el santísimo expuesto, prometió hacerse sacerdote. Los jesuitas de Cuenca le dijeron que solo llevara un poco de ropa interior. Con una pequeña maleta, el joven Simón Espinosa subió a un bimotor de la Panagra, que enlazaba Quito, Guayaquil y Cuenca, y tres horas después, aterrizó en la capital, en el antiguo campo de aviación, desde donde lo llevarían al edificio de los jesuitas en Cotocollao. Era el 6 de septiembre de 1946. Fue a despedirse de su madre, y ella sin mucho sentimentalismo, le deseó suerte y le dijo que si se arrepentía volviera. Una familia de vecinos de apellido Pulla le acompañó al aeropuerto cuencano, en donde esperaba el plateado DC3 en que habría de hacer su primer viaje en avión. 

La carrera en la iglesia

Diez años vivió Simón Espinosa en Cotocollao, en varios ciclos de estudios para sacerdote. Ahí fue alumno del padre Aurelio Espinosa Pólit, mientras estudiaba los clásicos de la antigüedad en latín y en griego. El que ahora es un barrio de la capital era una localidad al que tomaba una hora llegar en bus por un estrecho camino. Ahí estudió El Quijote, El Libro de las Tribulaciones, el Cátulo, algunos discursos de Cicerón, y varias tragedias en griego de Sófocles. 

Diez años vivió Simón Espinosa en Cotocollao, en varios ciclos de estudios para sacerdote. Ahí fue alumno del padre Aurelio Espinosa Pólit, mientras estudiaba los clásicos de la antigüedad en latín y en griego. El que ahora es un barrio de la capital era una localidad al que tomaba una hora llegar en bus por un estrecho camino.

Cuando se construyó en los años cincuenta el edificio del colegio Loyola, que actualmente acoge a la biblioteca Aurelio Espinosa Pólit, Espinosa residió tres años en el entonces flamante edificio del colegio internado, en donde vivían en un dormitorio 60 adolescentes bajo su cuidado. Se levantaba a las 04:30 y cuidaba de los jóvenes hasta las 20:00. Esa fue su rutina durante cuatro años. Entonces intentaron enviarlo a México, pero el Gobierno de ese país no le dio la visa. En 1956 viajó a los Estados Unidos donde terminó sus estudios y en 1960, tras 14 años de estudios religiosos, un viaje a Flandes en Bélgica, y otro a Roma, Espinosa fue llamado de vuelta al Ecuador para que apoyara en las tareas de su orden en el país. 

Emprendió el retorno al Ecuador en un barco transatlántico que salió del puerto francés de La Rochelle. La crisis de los misiles de Cuba estaba en pleno apogeo, y eso demoró el viaje desde Europa, que al final tomó ocho días. El barco en el que vino de Francia llegó hasta la entrada del Golfo de Guayaquil, en La Libertad, y desde ahí volvió a Quito. 

Conflictos en el clero

Simón Espinosa, ya como sacerdote, fue encargado nueve años más de varias tareas educativas en la Universidad Católica, en el Colegio San Gregorio y en la Escuela de Enfermería de la Universidad Central. Admite que era "un poco liberal" en sus tareas como director espiritual, a pesar de que soplaban vientos de cambio en la Iglesia Católica, que habrían de manifestarse en el Concilio Vaticano II. Uno de los clérigos le acusó de no ser lo suficientemente ortodoxo y de "quitarles la fe" a sus estudiantes. Él les pidió a sus superiores ir al suburbio de Guayaquil para evangelizar ahí a los pobres, pero finalmente pensó que no era buena idea. Buscó una instalación de los jesuitas en donde quedarse, pero los sacerdotes más conservadores no lo querían. En la Católica se relacionó con el rector Hernán Malo, y los estudiantes Enrique Ayala, Jaime Durán Barba y Luis Mora, e introdujo algunas reformas que disgustaron a los curas más conservadores. Las medidas del joven jesuita empezaron a provocarle problemas, y mientras era profesor de sicología en la Católica, conoció a quien es actualmente su esposa, Ana María. En 1972, a los 44 años, tuvo una crisis vocacional. Se dio cuenta que había huido de la pobreza de su hogar al ingresar a la Iglesia, pero ya no estaba satisfecho con ser sacerdote. Empezó a pensar en dejar los hábitos, en casarse y formar una familia. 

El inicio en el periodismo 

Con Luis Proaño, quien también era religioso y periodista, y mientras vivía en el antiguo claustro de la Compañía en el Centro Histórico, el sacerdote rebelde hizo sus primeras letras en el periodismo. La revista Mensajero, que publicaron los jóvenes jesuitas, se convirtió en una pieza de orientación política. Ahí empezó a publicar sus primeros artículos de opinión, y el gobierno militar del general (r) Guillermo Rodríguez Lara apresó a Proaño por sus críticas a la dictadura. En Mensajero, y por sus publicaciones, empezó a recibir amenazas de la Policía y hasta de un grupo de monjas, que rechazaron varios de sus artículos. El cardenal Pablo Muñoz Vega lo tenía en la mira: "creo que no me quería porque él estaba con Dios y veía mi interioridad", dice Espinosa, y los conflictos con el alto prelado terminarían por convencerlo de que debía buscar una nueva vida fuera de la Iglesia Católica. Un artículo en Mensajero criticando una decisión del cardenal motivó su salida. Hizo una lista de tres mujeres con quién casarse, y la primera de ellas, Ana María, le dio el sí. Inició el trámite para salir del clero, para lo que necesitaba una aprobación papal, y como periodista llegó a conocer que dos obispos estaban presuntamente involucrados en un caso de contrabando. El asunto llegó a conocimiento del nuncio apostólico, y aunque la noticia no se publicó, Simón Espinosa pudo salir del clero y casarse con su esposa por la Iglesia. Por lo menos 24 sacerdotes salieron de la orden en esos años, recuerda. 

El cardenal Pablo Muñoz Vega lo tenía en la mira: "creo que no me quería porque él estaba con Dios y veía mi interioridad", dice Espinosa, y los conflictos con el alto prelado terminarían por convencerlo de que debía buscar una nueva vida fuera de la Iglesia Católica.

Le escribió a su madre, quien aún vivía en Cuenca, sobre su decisión de salir de la orden jesuita. Su madre le dijo dos cosas: que el corazón de una madre comprende a su hijo, y que el corazón de Dios es más grande así que sin duda comprendería su decisión. La otra cosa, fue expresarle que por lo menos el apellido de su padre no se iba a perder. 

Hoy por hoy, Simón Espinosa es agnóstico. Tras abandonar el clero, se fue alejando paulatinamente del catolicismo. Ahora cree que en la inmensidad del universo, y ante la limitación de las capacidades del hombre, no es posible afirmar con certeza que no existe Dios.

Tras su salida de la Iglesia mantuvo su relación con el obispo Leonidas Proaño, así como con los propios jesuitas, que le terminarían invitando como profesor a la Universidad Católica. 

Entonces empezó a buscar trabajo, y se colocó como profesor primero, y luego iniciaría una carrera como funcionario público en el área cultural del Banco Central, en el Instituto de Crédito Educativo y Becas, y en la Presidencia de la República durante el Gobierno de Osvaldo Hurtado Larrea. 

Para 1984, el Gobierno de León Febres Cordero lo despidió. Demandó al Estado y obtuvo una indemnización, junto con Juan Cueva, quien también había sido separado por razones políticas por el Gobierno socialcristiano. Mientras tanto se mantenía como director de la revista Chasqui, que publicaba Ciespal. Ahí le ocurrió que el Banco Central le pidió que devolviera la cantidad de 500 mil sucres, que le había pagado demás. Firmó un cheque por la cantidad y la devolvió. Desde entonces, dice, se ganó la reputación de "hombre ético". 

La lucha contra la corrupción y la polémica en Twitter

Tras el cinco de febrero de 1997, y con la llegada al poder de Fabián Alarcón, se conformó la primera Comisión Anticorrupción de la que formó parte Espinosa Cordero. Había sido además de funcionario público, columnista en los diarios Hoy y El Comercio. Espinosa sostiene que la Comisión tuvo el propósito de "vengarse de Abdalá Bucaram" pero aceptó la designación que le hizo el socialcristiano Heinz Moeller. Luego formó parte de la Comisión Anticorrupción del Municipio de Quito, durante la Alcaldía de Paco Moncayo. Se separó del Cabildo cuando fue electo Augusto Barrera. 

A pesar de sus largos estudios en las universidades de la Iglesia, Espinosa no llegó a doctorarse, pero recibió un doctorado honoris causa de la Escuela Politécnica Nacional en 2012. 

Sus temores sobre que la situación del país se complique hasta parecerse al caso venezolano, le han llevado a apoyar la candidatura de Guillermo Lasso. El canciller Guillaume Long criticó en Twitter a un colectivo del que forma parte, y con 13 trinos respondió al jefe de la diplomacia ecuatoriana. Le recordó su origen extranjero y le llamó a respetar a personalidades como el ex canciller José Ayala Lasso y otros. Está contento con los más de 2500 seguidores que tiene en la actualidad. 

"Han quitado la honra de la gente y han repetido mil mentiras. Su régimen se parece mucho al fascismo y por eso no puedo estar con ellos. Ha habido egoísmo y torpeza en el país y por eso no hubo un frente único".

Para Espinosa, la corrupción galopante del actual Gobierno, los sobreprecios en los que habrían incurrido en muchas obras, la forma en la que han abusado del poder, del crédito de la nación  y hasta del lenguaje, obligan a pensar en que el país necesita de una figura nueva en el poder. Actualmente hay en su contra cuatro demandas, que suman más de tres millones de dólares en daños y perjuicios interpuestas por funcionarios del Estado que se han sentido afectados. Las demandas provienen de las denuncias que ha formulado como comisionado de la Comisión Nacional Anticorrupción de los movimientos sociales. "Han quitado la honra de la gente y han repetido mil mentiras. Su régimen se parece mucho al fascismo y por eso no puedo estar con ellos. Ha habido egoísmo y torpeza en el país y por eso no hubo un frente único". "Glas es totalmente corrupto", dice y no es garantía de que el país saldrá de la crisis. "Hay tanta pobreza y han hecho robos de cientos de millones de dólares y eso da indignación. Si triunfa Lenin va a seguir Correa por medio del señor Glas". Espinosa cree que Lasso no tuvo que ver en la crisis bancaria, y que el propio presidente Jamil Mahuad fue solo el heredero de una crisis que larvaba desde los tiempos de Sixto Durán Ballén.

Simón Espinosa cree que el mundo ha cambiado mucho desde los años 60, y que las nuevas tecnologías han creado un mundo totalmente distinto a aquel en el que creció. "Hay una cultura totalmente nueva y radicalmente distinta a la anterior", afirma. "Vivimos en un mundo donde ya no nos conmueve nada, nos vamos deshumanizando, y ahora hay un mundo contradictorio, de una avalancha de cambios en donde debemos estar protegidos por nuestras comunidades de amigos". "Habrá que luchar, y también a Lasso vamos a criticarlo si llega al poder", dice el veterano periodista, el ex cura que encontró su propio camino para llegar a Dios.