A los 99 años, Isabel Robalino sigue en la lucha

A los 99 años, Isabel Robalino sigue en la lucha
El viernes, un grupo de amigos le celebró su nonagésimo noveno cumpleaños, pues nació el 14 de octubre de 1917. Tuvo que escuchar discursos, soplar las velas del pastel y oír la canción de “Cumpleaños feliz”. Pero fueron los asistentes los que se sintieron homenajeados: todos tenían conciencia de que no estaban participando en un acto cualquiera, sino de que estaban viviendo la historia.
18 de Octubre del 2016
POR: Gonzalo Ortiz Crespo

Escritor, historiador, periodista y editor. Ex vicealcalde de Quito. 

Ella es un monu-mento viviente de la historia social del Ecuador, parte de la cual ella misma la ha forjado a pulso".

La doctora Isabel Robalino Bolle, la cumpleañera, es una leyenda viva del Ecuador. Forjadora del sindicalismo nacional, política, maestra universitaria, escritora, historiadora, pionera en la participación de la mujer en muchos campos.  Fue la primera mujer en el Senado de la República, al cual llegó como senadora funcional por los trabajadores en los años sesenta; fue la primera concejal de Quito, en los cuarenta. Y, antes, cuando se consideraba que la abogacía era una profesión solo para hombres, fue de las primeras mujeres en estudiar leyes en la Universidad Central del Ecuador y la primera en graduarse de abogada y doctora en Derecho. Y, antes, fue una de las pocas mujeres graduadas de bachiller del Colegio Nacional Mejía, en los años treinta.

Fue creadora de la Escuela de Trabajo Social “Mariana de Jesús”, que puso a funcionar en los bajos de su casa, hasta que, años después, la escuela fue incorporada a la Pontificia Universidad Católica del Ecuador (PUCE). Políglota ––su madre, Elsbeth Bolle era alemana por lo que habla el alemán a la perfección, pero también domina el inglés, el francés y el portugués (estudió en Brasil los dos primeros años de la secundaria)––, mujer culta, ha escrito libros, ha investigado, ha creado y dirigido instituciones.

Pero con lo inmensos que son esos aportes, como mujer pionera en todos los campos mencionados, no es eso lo que más distingue a Isabel Robalino. Lo que la destaca es su lucha indeclinable hasta el propio día de hoy por la organización de la clase obrera, por la defensa de los campesinos y los pobres, por la auténtica democracia, la política de principios, por un Ecuador de justicia y dignidad para todos.

Es que Isabel no está retirada, pues es miembro activo de la Comisión Cívica Anticorrupción ––que ha realizado investigaciones y ha presentado denuncias respecto del malhadado y corrupto régimen que se enseñoreó en el país desde hace una década–– y, tal como lo destacó su presidente, Jorge Rodríguez, ella es, a sus 99 años, la única de sus miembros que no ha faltado a ninguna de las sesiones de la comisión, mientras todos los demás integrantes, incluso el propio presidente, sea por viajes, por enfermedades o por compromisos de trabajo, han faltado a alguna.


Isabel Robalino, a punto de soplar las velas del pastel de sus 99 años de edad. 

Pero, además, y anoten esto, egoístas de todos los colores, Isabel aporta económicamente para el sostenimiento de esa comisión que, como es lógico, requiere de recursos para operar, por más que muchos de sus colaboradores no cobren un centavo. Jorge Rodríguez recalcó sin ambages que Isabel es “el pilar fundamental del sostenimiento de la comisión”.

¿No es para ponerse a pensar? ¡Qué distinto sería el Ecuador si, en vez de una Isabel Robalino, el país hubiera tenido una docena de mujeres u hombres como ella! ¿No es increíble que, a sus 99 años, e incluso discapacitada (un accidente automovilístico la obliga a estar en silla de ruedas hace ya unos años), Isabel asista a la Comisión Anticorrupción y a cuanto acto académico importante o de relevancia político-social haya en Quito?  

En las cartas de mi padre, Luis Alfonso Ortiz Bilbao, he encontrado que la primera referencia a Isabel Robalino es de 1937, en la que precisamente cuenta que hay una señorita de 19 años, muy activa y consciente, que, además de organizar la Juventud Universitaria Católica, se encontraba ayudándo a él, a Pedro Velasco Ibarra y a otros, que le llevaban con 10 o 15 años de edad, a organizar una confederación de obreros católicos. En efecto, el primer Congreso Católico de Obreros se celebró en Quito del 28 de septiembre al 6 de octubre de 1938, hace 78 años, y de él fueron presidente Pedro Velasco y secretario mi padre, quienes participaban como “obreros intelectuales”. Conforme lo dicho por los historiadores del movimiento obrero, se trató de una acción de intelectuales católicos convencidos de la Doctrina Social de la Iglesia, que promovieron la organización de los artesanos y de una incipiente fuerza laboral fabril. En ese congreso se decidió la creación y los estatutos de la Confederación Ecuatoriana de Obreros Católicos (Cedoc), estatutos que pasaron primero a ser aprobados por el arzobispo de Quito, Carlos María de la Torre, y luego por el Ejecutivo, que los aceptó el 14 de noviembre de 1938, otorgándole a la Cedoc existencia legal, por lo que se toma esta última fecha como la del aniversario de fundación de la primera central obrera ecuatoriana.

Si la presencia y acción organizadora de la joven estudiante universitaria Isabel Robalino fue importante en el inicio de la Cedoc, ella iba a compartir por décadas su vida y avatares. Lo hizo para que la propia central creciera, madurara y dejara el tutelaje de los intelectuales católicos, y luego la asesoró en su expansión hacia los sindicatos obreros mientras disminuía, poco a poco, su carácter artesanal. Respaldó y dio asistencia legal en cada una de sus luchas e, inclusive, huelgas cuando fue necesario. Ni siquiera la violenta división de la Cedoc, en 1976, en una rama socialista y otra demócrata cristiana la llevó a alejarse. Siguió como abogada y consejera de esta última y, al cabo de unos años, a inicios del siglo XXI, sosegadas las pasiones, culminado el proceso de reunificación y reconociendo su entrega a la causa de los obreros, los dirigentes la buscaron, e Isabel, olvidándose de los agravios, se convirtió en asesora de la Cedocut (Central Ecuatoriana de Organizaciones Clasistas Unitarias de Trabajadores), como terminó llamándose la central socialista.

En 1971, 30 años antes, Isabel también había sido una de las impulsoras de la creación del Frente Unitario de Trabajadores (FUT), con la Cedoc, la Confederación de Trabajadores del Ecuador (CTE), de origen comunista, y otras organizaciones que entonces existían, como la Confederación de Empleados de las Instituciones Semipúblicas y Bancarias (Cesbandor) y la Federación de Trabajadores de la Industria Eléctrica del Ecuador (Fedelec). Fue a través de su cercanía al FUT que acompañó la lucha conjunta de los trabajadores. Su lealtad a la causa obrera se probó andando la década, cuando se integraron al FUT la Ceosl, de inspiración estadounidense, transformada ya en una central socialista, y la propia Cedocut que, en esos primeros años de sectarismo, expulsó a la Cedoc de dicha entidad unitaria.

Su labor en el sindicalismo fue decisiva. Pero no solo en las organizaciones de cúpula. “La doctora Robalino debe haber organizado no menos de 3.000 sindicatos y comités de empresa en el Ecuador”, calcula Wilson Álvarez, dirigente laboral. Fue asesora jurídica de cientos de esos sindicatos que ayudó a formar.

Julio César Trujillo, otro de los grandes hombres del Ecuador, él mismo abogado laboralista y asesor sindical, recordaba en el almuerzo de cumpleaños anécdotas de Isabel Robalino como cuando creó el Comité de Empresa de los trabajadores de los Ferrocarriles del Ecuador, tarea a la que se oponía el dirigente socialista Dr. Gonzalo Oleas, para lo que recorrió sola de Quito a Guayaquil, todas las estaciones del tren, todos sus talleres, patios de maniobras y oficinas, haciendo reuniones con los ferrocarrileros, mientras los socialistas la boicoteaban con reuniones contrarias al comité de empresa.

Una mujer sola, convencida de su causa, pudo más que el aparato. ¿Por qué se opondría el Dr. Oleas?, se le preguntó a Julio César. “Probablemente porque él asesoraba a sindicatos separados de distintos grupos de trabajadores del ferrocarril, y se sentía amenazado por una organización sindical única”, fue su respuesta.

Pero la labor de Isabel también tiene ribetes históricos en otro campo: el agrario. Fausto Jordán, hablando en la misma reunión, recordó que fue la doctora Robalino —a través de dos organismos creados por ella, el Instituto Ecuatoriano de Desarrollo Social (Inedes) y la Central Ecuatoriana de Servicios Agrícolas (CESA)— quien jugó un papel clave para la parcelación de las tierras de la Iglesia y su entrega a las comunidades campesinas, labor que luego se extendió a la transferencia de tierras del colegio Mejía y de otras instituciones y comunidades religiosas. Algunas de estas acciones fueron previas y otras concomitantes con la decisión del Estado de iniciar la reforma agraria en los años sesenta del siglo pasado. Inclusive, Inedes y CESA llegaron a dar un préstamo al estatal Instituto de Recursos Hidráulicos (Inheri) para que terminara el canal de riego del Chota. Jordán relievó la “entrega total a la causa de los pobres” de Isabel Robalino, y el papel que tuvo en la transformación agraria del país.

Isabel pudo hacer todo esto y, además, ser profesora de Derecho Penal y Derecho del Trabajo en la PUCE y de Derecho del Trabajo en la Universidad Central; diputada; senadora; presidente de la Corte Nacional de Menores (1959-1961); presidente y actual miembro de la sección académica de Ciencias Jurídicas de la Casa de la Cultura Ecuatoriana; presidente de la comisión nacional Justicia y Paz. Siguiendo la tradición de su padre, el historiador Luis Robalino Dávila, ha investigado y escrito como autora y colaborado en tratados históricos, méritos que le llevaron a ser miembro de las academias de Historia Eclesiástica y Nacional de Historia. En su cumpleaños dijo que quiere actualizar su libro “El Sindicalismo en el Ecuador”, que ya tuvo dos ediciones, y que está escribiendo sus memorias. “Aún me faltan algunos años”, dice. Y se corrige, con su risa, entre tímida y pícara: “No los que me faltan por vivir, que solo Dios lo sabe, sino los años que tengo que relatar”.

Como este columnista dijo el viernes en el almuerzo, Isabel Robalino Bolle, a sus 99 años, es un monumento viviente de la historia social del Ecuador, parte de la cual la ha forjado ella misma a pulso. Pero no se ha quedado en el pedestal, ni se ha retirado a descansar como debiera, sino que, impulsada, y esta es la razón de su fortaleza, “en una inquebrantable fe en Cristo y su iglesia”, como es patente para quien la conoce, continúa trabajando, al borde de cumplir 100 años, por la transformación social del Ecuador.