Al ‘cura de todos’

Al ‘cura de todos’
César, usted debería replantearse su seudónimo. Usted no es el cura de todos, sé de muchos católicos practicantes que rechazan su accionar. Usted es el cura de algunos, de aquellos que no dudan en descalificar, ofender y atentar contra aquello que desconocen, que ignoran. Pero gracias a Dios (¡Léase con sarcasmo!) para la ignorancia sí hay remedio: se llama conocimiento y es de acceso público.
26 de Febrero del 2018
POR: Desirée Yépez

Periodista. Ha escrito para Revista Vanguardia, La Barra Espaciadora, Diario El Comercio y revista Plan V.

Piechestein es un hombre cuya voz se escucha y hace eco entre cientos, miles de fieles. Es un hombre con poder y merece ser rebatido, abierta-mente cuestionado.

No quería hacerlo, me resistía. Pensaba que era innecesario dedicar esfuerzo, energía, a rebatir la opinión de una persona que ‘presume’ de su ignorancia. Sí, César Piechestein ataca y dispara desde una posición vaga, carente de toda sustancia y/o argumento que vaya más allá de un rechazo visceral. Él rechaza aquello que ignora y se defiende blindado en la ignorancia. Yo renegaba de este ejercicio porque lo sentía inútil. Sin embargo, tenía esta respuesta atorada en la garganta, las ideas asfixiadas en la cabeza y una necesidad de teclear sin vergüenza. Piechestein no es un hombre cualquiera, es el vocero de la Arquidiócesis de Guayaquil; es un hombre cuya voz se escucha y hace eco entre cientos, miles de fieles. Es un hombre con poder y merece ser rebatido, abiertamente cuestionado.

El pasado 21 de febrero, el sacerdote católico promovió una encuesta en Twitter. Ese acto me impulsó a escribir esta columna. La pregunta del sacerdote guayaquileño no es inocente, está cargada de prejuicio y sus consecuencias están lejos de ser un debate sencillo. “¿Considera que el adulterio, la pedofilia o la homosexualidad son condiciones con las que se nace? #VerdadSeaDicha”, tuiteó. La pregunta se acompañó de las opciones “NO se nace así” y “SI se nace sí” como respuesta.

Para Piechestein, claramente, la promiscuidad, los trastornos psiquiátricos y la orientación sexual están ligados, se acompañan, se complementan y se encuentran en una misma característica: la inmoralidad. El 22 de febrero, el religioso tuiteó para sus 23 mil seguidores, “No se nace generoso, disciplinado u ordenado, se aprende a serlo, puesto que no son cualidades innatas. Lo mismo sucede con lo inmoral: nadie nace adúltero, pedófilo u homosexual, se aprende a serlo”.

Es ahí donde la ignorancia de quien se autodenomina el “cura de todos” queda en evidencia. Su sentencia no se apoya en ningún sustento teórico, mucho menos científico. Los 3197 votos que obtuvo su encuesta, en donde el 76 por ciento opina que “no se nace así”, —y su dogma— lo envalentonan para promover, una vez más, su rechazo abiertamente (si desconoce de otras polémicas, ponga el nombre del sacerdote en Google y entérese de otras perlas).

El adulterio “(del latín adulterium) se refiere a la unión sexual de dos personas cuando uno o ambos están casados con otra persona”. La Biblia lo condena y el artículo 110 del Código Civil lo incluye como causal del divorcio. Por lógica, se infiere que nadie nace con adulterio, ni adúltera o adúltero.

A fines de 2013, la Asociación Americana de Psiquiatría (APA, por sus siglas en inglés), publicó un comunicado en que aseguró que considerar a la pedofilia una “orientación sexual” dentro de la quinta edición de su Manual de Diagnóstico y Estadística de Desórdenes Mentales (DSM-5) fue un “error” que será corregido en la edición digital del libro y en impresiones posteriores.

En dicho documento, se indicó que “la ‘orientación sexual’ no es un término usado en el criterio de diagnóstico para el desorden pedofílico, y su uso en la discusión del texto del DSM-5 es un error y debe leerse como ‘interés sexual’. La APA considera el desorden pedofílico como una ‘parafilia’ (una desviación sexual), no una ‘orientación sexual’”. Y este es un punto que el cura debe tener claro.

En febrero de 2014, el Comité de la ONU sobre los Derechos del Niño difundió un informe que sentencia que “la Santa Sede debe ‘inmediatamente’ retirar del sacerdocio a todos aquellos curas que han cometido abusos sexuales contra menores o que se sospecha que puedan haberlos cometido y denunciarlos ante las autoridades civiles, porque hasta ahora ‘ha adoptado políticas y prácticas’ que han hecho que continuasen esos abusos contra decenas de miles de niños”.

En el documento se afirma que "la Comisión está profundamente preocupada por el hecho de que la Santa Sede no haya reconocido la importancia de los crímenes cometidos, no haya adoptado medidas necesarias para gestionar los casos de abusos sexuales contra menores y proteger a los niños y haya adoptado políticas y prácticas que han llevado a la continuación de los abusos y a la impunidad de los culpables". El estudio concluye que “la Santa Sede incumple los derechos fundamentales del menor”.

Un artículo de diario El Mundo, de España, recoge los datos expuestos en 2009 por Silvano Tomasi, representante del Vaticano ante la ONU. Según el arzobispo, entre el 1,5 y el 5% del clero católico estaba involucrado en casos de abusos sexuales a menores. “Se cuentan unos 440.000 miembros de la iglesia en todo el mundo (incluidos, curas, presbíteros, diácono, obispos...)”. Según los cálculos del religioso, entre 6.000 y 20.000 curas habrían cometido delitos de pederastia. Y Piechestein debería estar preocupado por esto. En Ecuador, la prensa ha recogido casos y denuncias de abuso a niñas que involucran a religiosos. Hay una deuda de investigación profunda en este tema.

El cura debe saber también que mientras las organizaciones de salud mental consideran la pedofilia una “desviación sexual”, en 1990 la Organización Mundial de la Salud (OMS) suprimió la homosexualidad de la Clasificación Internacional de Enfermedades (CIE 10). En pocas palabras, los homosexuales no padecen de una enfermedad ni de un trastorno psiquiátrico. No lo digo yo, lo afirma el organismo de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) especializado en gestionar políticas de prevención, promoción e intervención en salud a escala mundial.

El problema es que mientras haya personas como el vocero de la Arquidiócesis de Guayaquil, que promuevan que la orientación sexual puede modificarse voluntariamente, proliferarán las conductas que pretenden “curar” a quienes “se han desviado”. Esas conductas matan, César Piechestein. Matan, así de duro, así de brutal. ¡Matan!

Aquí me permito citar al papa Francisco, pues se trata de la máxima autoridad —aquí en la tierra— de la institución que el ‘cura de todos’ representa. En el libro El nombre de Dios es Misericordia Jorge Mario Bergoglio defiende una Iglesia cercana a los homosexuales y dice: "La persona no se define tan solo por su tendencia sexual: no olvidemos que somos todos criaturas amadas por Dios, destinatarias de su infinito amor. Yo prefiero que las personas homosexuales permanezcan cerca del Señor, que podamos rezar juntos”.

Por último, el respeto al ‘prójimo’ está consagrado en la Constitución. El artículo 3 reza que “Son deberes primordiales del Estado: Fortalecer la unidad nacional en la diversidad. (…) Garantizar a sus habitantes el derecho a una cultura de paz”. El artículo 11 garantiza que “Todas las personas son iguales y gozarán de los mismos derechos, deberes y oportunidades. Nadie podrá ser discriminado por razones de etnia, lugar de nacimiento, edad, sexo, identidad de género, identidad cultural, estado civil, idioma, religión, ideología, filiación política, pasado judicial, condición socio-económica, condición migratoria, ORIENTACIÓN SEXUAL…”.

P.D: César, usted debería replantearse su seudónimo. Usted no es el cura de todos, sé de muchos católicos practicantes que rechazan su accionar. Usted es el cura de algunos, de aquellos que no dudan en descalificar, ofender y atentar contra aquello que desconocen, que ignoran. Pero gracias a Dios (¡Léase con sarcasmo!) para la ignorancia sí hay remedio: se llama conocimiento y es de acceso público.