Consulta popular y descorreización del país

Consulta popular y descorreización del país
Devolver las corridas de toros a la capital para que su plaza no luzca muerta y abandonada no puede tener la misma importancia como derogar, de una vez por todas, leyes o decretos impuestos por el correísmo con la clara finalidad de suprimir derechos o controlar libertades.
29 de Septiembre del 2017
POR: Rodrigo Tenorio Ambrossi

Doctor en Psicología Clínica, licenciado en filosofía y escritor.

Ignoramos qué desea el presi-dente Moreno. Han trans-currido ya cuatro meses y no se ve con claridad cuál es en verdad su posición ideológico-política"

Finalmente el presidente Moreno tiene en sus manos un enorme material, con el cual podrá armar su consulta popular. Y todos quienes, con la mejor buena voluntad del mundo, propusieron temas específicos, también esperan que sus expectativas y deseos sean tomados en cuenta en la medida de lo posible. Por ende, no queda sino esperar que el equipo armado por el presidente y con su propio apoyo, seleccione con honradez política los temas sobre los cuales el país tomará decisiones.  

De ninguna manera es cierto que todos los temas que han llegado a la Presidencia sean igualmente trascendentes e igualmente importantes. Devolver las corridas de toros a la capital para que su plaza no luzca muerta y abandonada no puede tener la misma importancia como derogar, de una vez por todas, leyes o decretos impuestos por el correísmo con la clara finalidad de suprimir derechos o controlar libertades. 

¿Qué es lo que en verdad se propone en el presidente Moreno? Correa fue muy claro: quiso meter sus manos en la justicia, en las elecciones, en los dineros ajenos, en la libertad y en la voluntad de los ciudadanos. Y lo hizo. Quiso para sí el poder absoluto, el poder del bien y del mal, de la justicia y de la injusticia, y lo consiguió. Por eso pervirtió la justicia, la comunicación, el manejo de las finanzas. Pervirtió la verdad a la que trató como a la cenicienta de la sociedad. Como armó su propia guardia pretoriana, se dedicó a minar la estructura simbólica y operativa de las fuerzas armadas. Así se convirtió en dictador, pésimamente disfrazado con una vestimenta de demócrata en la que ni sus allegados creían.   

Ignoramos qué desea el presidente Moreno. Han transcurrido ya cuatro meses y no se ve con claridad cuál es en verdad su posición ideológico-política. El hecho de que se haya peleado con Correa no quiere decir, políticamente hablando, nada más que eso, pero no que haya instaurado una nueva política gubernamental sustancialmente diferente al correísmo. Desde luego que ya es bastante que haya desechado el traje dictatorial de su antecesor. Pero eso no es suficiente, porque el país no quiere tan solo trajes políticos sino claras ideologías que sustenten las libertades, la autonomía de los poderes, los derechos ciudadanos. Su enfrentamiento a Correa podría reducirse a algo tan solo actitudinal: del brabucón omnipotente e intolerante, dueño del bien, del mal y de la libertad, al hombre que escucha, que no pelea, que dialoga. Pero esto no es suficiente. No es lo que el país necesita y exige. El país demanda cambios ideológicos.

¿Qué desea el presidente Moreno, a dónde quiere conducir al país? Al día siguiente de su toma de posesión, en este espacio, me permití sugerirle que para él era urgente descorreizar su gobierno y la política entera. Esto que, en primera instancia, parecía casi una herejía, ha terminado constituyéndose en el pedido de seguramente la mayoría del país. Sin embargo, una parte muy importante de su gabinete sigue conformada por exfuncionarios de Correa o de personajes íntimamente allegados al expresidente. ¿Cómo descorreizarse si este equipo de colaboradores de Correa mantiene su poder político y administrativo en ministerios, jefaturas y más? Este equipo correísta, ¿a quién ofertarán su lealtad  actitudinal e ideológica, a Correa o al presidente Moreno? Es indispensable que sea al presidente Moreno. ¿Acaso no habrá salpicado también a Correa la podredumbre de Odebrech?

Con el presidente Moreno y con la consulta popular, el país no desea que se produzcan cambios únicamente en los estilos y en el arte de gobernar. El país propositivamente desea descorreizarse en lo jurídico, lo social, lo económico y lo político. Es decir, que se descorreísen todas las funciones del Estado. No más Correa en ningún poder del Estado, ni en los ministerios, ni en la Justicia ni en la función Electoral ni  en la comunicación social. El país quiere un serio retorno a la libertad y al pleno ejercicio de los derechos ciudadanos y de la democracia. No más perseguidos políticos por una justicia atravesada por la corrupción de pies a cabeza. Cuando metió sus manos en la justicia, el poder de Correa ya no tuvo límite alguno porque pudo hacer lo que quiso con el bien y con el mal, con el inocente y con el culpable, con el honrado y con el corrupto. Y así sigue funcionando buena parte de una justicia que persigue con encono  a quienes denuncian la corrupción mientras protege a los corruptos.

Tarea en sí misma compleja y más aún cuando en la Asamblea existe una mayoría fielmente correísta que sistemáticamente aplasta, como a cucaracha, las iniciativas de la oposición, directa o indirectamente orientadas a la descorreización del país.

Es en este punto en el que la posición del presidente Moreno debería ser clara y terminante. Porque aquí ya no caben medias tintas ni indefiniciones políticas e ideológicas. Desde esta posición podrá armar una consulta popular absolutamente coherente orientada a colocar nuevamente al país en los caminos de la libertad y de la democracia. Es esto lo que, mayoritariamente, desea el país.