Correa: el jurídicamente puro

Correa: el jurídicamente puro
No hay mal que dure cien años ni secreto que no se divulgue. Entre los platillos de la mesa servida posiblemente el más importante fue su sistema judicial tan perversamente organizado y manejado. Pero, mucho más pronto de lo que nadie se imaginaba, Moreno se propuso abrir la trampa de la cloaca. Y Glas, el “bueno y honrado”, fue a dar con sus huesos en la cárcel. Aun faltan muchos, muchísimos más. ¿Qué será de la Fiscalía, antigua encubridora por oficio?
09 de Julio del 2018
POR: Rodrigo Tenorio Ambrossi

Doctor en Psicología Clínica, licenciado en filosofía y escritor.

De pronto, una consulta popular cambia el perverso mundo correísta. Y los secos árboles de la justicia y de la libertad comien- zan a retoñar".

Creyó que nos olvidaríamos. Pero ya fue penalmente vinculado al secuestro de Balda. Automáticamente ardió la Troya de todos sus cómplices y encubridores que le sacaron el jugo a la década ganada, la Troya de los que piadosamente se fueron con el santo y la limosna en ese ritual perverso blindado por una justicia ad hoc. Con esa justicia bajo el brazo, Correa manejó a su antojo los bienes del Estado, la libertad y los derechos ciudadanos. Acusó y persiguió a quien le vino en gana. Esa justicia que permitió que los asociados para delinquir desde Carondelet viviesen en el paraíso y soñasen con una eterna impunidad. Su justicia le permitió tener siempre las manos limpias, sin la basura de jueces y sin las manchas imborrables que deja la sangre de los inocentes. Él y los suyos se concedieron a sí mismos la licencia para delinquir y, sin embargo, permanecer vírgenes. 

No hay mal que dure cien años ni secreto que no se divulgue. Entre los platillos de la mesa servida posiblemente el más importante fue su sistema judicial tan perversamente organizado y manejado. Pero, mucho más pronto de lo que nadie se imaginaba, Moreno se propuso abrir la trampa de la cloaca. Y Glas, el “bueno y honrado”, fue a dar con sus huesos en la cárcel. Aun faltan muchos, muchísimos más. ¿Qué será de la Fiscalía, antigua encubridora por oficio? 

De pronto, una consulta popular cambia el perverso mundo correísta. Y los secos árboles de la justicia y de la libertad comienzan a retoñar. Y un Consejo de Participación transitorio empieza a dar la vuelta a la totilla infame del correísmo. Crece y ya florece la libertad. Correa tiembla porque entiende que se desbarató el aparataje judicial con el que hizo lo que le vino en gana con los derechos ciudadanos. Asustado vio cómo se iban a sus casas e incluso a la cárcel algunos de aquellos que le permitieron delinquir impunemente. Y el rato menos pensado, él mismo es sindicado en el caso Balda, algo que él creyó ya superado con sus jueces de bolsillo. ¿Y el asesinato del general Gabela?  

Pero su respuesta fue inmediata: yo no tengo nada que ver. Ha pasado tanto tiempo que ya ni me acuerdo de eso. A mí que me busquen porque nunca encontrarán nada. Yo soy inocente como un niño. Además, metí de tal manera mis manos en la justicia que todo lo mío se halla perfectamente blindado o borrado. ¿Acaso mis incondicionales no convocaron a concursos para jueces y magistrados tan bien armados para que tan solo mis sumisos servidores pudiesen entrar al servicio judicial? Yo supe de qué manera protegerme de cualquier pequeño error que pude haber cometido: soy humano y cometo errores como lo que aconteció en Bogotá cuando mis servidores fueron demasiado confiados y se dejaron aprehender por la policía colombiana. Ese señor que me escribió pidiéndome que yo asuma la verdad para salvarlo de sus supuestas implicaciones en el secuestro de ese ciudadano de última llamado Balda, ese señor no sabe lo que habla. ¿Quién perderá su tiempo escuchando a un agente mediocre? Por todo esto es urgente que se convoque a una constituyente para que, de una vez por todas, el país me pertenezca para siempre. 

A lo largo de una década, Correa esclavizó al país mediante una Corte Nacional de Justicia y jueces de todos los niveles hechos a su medida y mediante una Asamblea Nacional que lo único que hizo fue postrarse a sus pies como una esclava cualquiera. Sin embargo, esos asambleístas se creían libres y honorables.

Aún le quedan resabios de sus ínfulas de dictador. Por eso exige que se archive el caso Balda, como si no se hubiese enterado de que ya no es el dueño del país. Señor Correa, a los malhechores se los persigue hasta encarcelarlos. Ahora le han sacado una tarjeta roja internacional para capturarlo aunque usted crea que vive más allá del bien y del mal. ¡Qué gran herida a su enfermizo narcisismo! Parecería que aún no se entera que usted permitió y aupó la más espantosa de las corrupciones de la historia del país. ¿Quiere lavarse las manos? Imposible: ya no hay suficiente agua para tal podredumbre. Sus víctimas claman justicia, el general Gabela clama justicia con los del 30s. Hay muchos muertos sin sepultura y demasiados millones de dólares entregados a la corrupción, incluida la suya.

El caso Balda será el punto de partida de la revisión de un sinnúmero de casos judiciales en los que Correa metió no solo sus manos sino su cuerpo entero y su conciencia. Entre los casos emblemáticos está el 30s creado con el único propósito de aparecer mártir y héroe de una maléfica conspiración y para desviar la atención del país. Desde esa heroicidad, él se atribuyó todos los poderes para perseguir, difamar, provocar enormes sufrimientos a gente inocente y para aupar la corrupción.