Las drogas: en la ruta al infierno

Las drogas: en la ruta al infierno
Este es el punto al que es preciso llegar: regular la producción y la venta de mariguana con la clara intención de proteger a la sociedad y de enfrentar a los traficantes grandes y pequeños. Regular quiere decir que se creen nuevas reglas que revolucionen los discursos, las actitudes, las políticas.
15 de Marzo del 2016
POR: Rodrigo Tenorio Ambrossi

Doctor en Psicología Clínica, licenciado en filosofía y escritor.

Es preciso que Ecuador se sume al pensa-miento de muchos otros países que van tomando en serio la política uru-guaya que se enfrentó a las oposi-ciones y a los discursos de todos aquellos que se disfrazan de santos cuando les conviene".

Pasan los años, las décadas. Llegan y pasan las drogas. Pasan los cargamentos. Pasan las noticias de incautaciones, de detenciones. Pasan los narcotraficantes. Pasan las leyes. Pasan los regocijos y alabanzas oficiales por las incautaciones. Pasa el tiempo medido en décadas marcadas en los calendarios de las violencias. Pasan los usadores conducidos a la fuerza, contra su expresa voluntad, a los centros de atención y de tortura. Y, al final, no pasa nada.

Todo pasa. Pero lo que no se desea que pase es el pasado en el que se halla anclada una guerra cuyo objetivo fue y sigue siendo la eliminación de las drogas, la desaparición de los usadores, productores y traficantes y la entronización de la bienaventuranza social. No pasa la guerra en la que se invierten inmensas cantidades de dineros que cubrirían no pocos presupuestos de países de la pobreza. No pasa porque, en el fondo, posee el mismo espíritu de la infamia que animó las cruzadas de la Edad Media, célebres no solo por su utopía sino también por su crueldad. La guerra a las drogas posee turbios orígenes.

Hace como tres años, nuestro ministro del Interior afirmaba que la despenalización del consumo de drogas representaría un duro golpe para el narcotráfico. Quizás quiso decir otra cosa, porque sabía bien que, desde los 80, no hay pena alguna para los usos. Pero sobre el lapsus, afirmó algo sumamente importante pues dijo que  puesto que “la lucha a nivel mundial contra las drogas ha fracasado, hay que establecer políticas públicas claras sobre adicciones y después avanzar a un proceso de despenalización de la droga”.   Una afirmación contundente y absolutamente cierta. Pero, por desgracia, sin resonancia política y fáctica.

Con mucha razón, el ministro celebra los decomisos de drogas que realiza la policía. Pero esa no es la cuestión. Lo que se halla en suspenso es una nueva política de Estado en torno a los usadores y respecto a la mariguana. En aquella ocasión también dijo: “Estamos viendo que la represión brutal no ha dado resultados, sino más bien lo único que ha generado es mayor delincuencia. El tema del tráfico de drogas es la base de la pirámide delincuencial”.  Tal vez, ministro, esa no sea la base. Quizás sea la guerra que legitima todo, hasta los absurdos.

¿Contra quiénes se aplica esa represión? Directa e indirectamente contra los usadores puesto que en las acciones contra productores y grandes traficantes no puede haber benevolencia alguna. Sin embargo, cabe pensar que también se refería a la presión, a ratos casi absurda, que se hace en contra de los usadores, por ejemplo cuando poseen sustancias sin sujetarse a las dosis permitidas. En estos días, en Viena, ya se escuchan discursos que dicen cosas diferentes y opuestas a la guerra. 

En un evento policial, el ministro del Interior volvió a referirse a la problemática de las drogas. Señaló que la represión no ha dado resultados y que tiene que regulársela. Este es el punto al que es preciso llegar: regular la producción y la venta de mariguana con la clara intención de proteger a la sociedad y de enfrentar a los traficantes grandes y pequeños. Regular quiere decir que se creen nuevas reglas que revolucionen los discursos, las actitudes, las políticas.

Es preciso lanzarse al río y nadar pese a la corriente. Es preciso que Ecuador se sume al pensamiento de muchos otros países que van tomando en serio la política uruguaya que se enfrentó a las oposiciones y a los discursos de todos aquellos que se disfrazan de  santos cuando les conviene.  También el presidente Correa ha hablado de buscar nuevas estrategias para enfrentar el tema de las drogas. La primera estrategia es hacer que el gobierno se encargue de la venta directa y técnicamente controlada de ciertas sustancias, en particular de la mariguana. Adiós al perverso microtráfico.

Las drogas se hallan instaladas en la sociedad. Nadie las va a sacar por más guerras que  se inventen.  Eso de que si no hay drogas no hay usadores es un buen argumento para el jardín de infantes. ¿Sabe el ministerio de educación lo que hace una profesional en un colegio de la periferia de la capital? Primero, arma un “centro” de atención a drogadictos en el que también es la terapeuta. Luego obliga a que todo aquel estudiante que ha usado alguna vez mariguana suspenda los estudios para ser internado por nueve meses en su centro. Ella se encarga de todo hasta de las estrategias para que ningún recluido repruebe el año lectivo. Fabuloso negocio levantado sobre perversas pilastras.

Ministro del Interior, el 14 de marzo de este año, su colega colombiano ministro de Justicia consideró en Viena una “auténtica locura” y un verdadero despropósito seguir con las mismas ideas, la misma política y las mismas acciones contra las drogas. Ya basta de guerras y de persecuciones. Es preciso abordar el tema desde nuevas perspectivas y con nuevos pensamiento. ¿Cómo no reconocer, preguntó, que las drogas sintéticas están ya sustituyendo a las naturales? Y el daño que esas drogas ocasionan no tiene comparación con las naturales como la mariguana.

“Ecuador carece de recursos para enfrentar al crimen organizado. Frente a esta realidad (...) sería un despropósito insistir en mantener inalterada la política diseñada hace 40 años para combatirlas, pretendiendo que en el futuro conseguiremos con ella mejores resultados”.  Hay que “situar el respeto a los derechos humanos en el centro de la nueva estrategia”, dijo el ministro colombiano en Viena.

Es hora de tomar el toro por los cuernos para afrontar de otra manera este tema en el país. Ya basta e invertir dinero y trabajo profesional en una serie de acciones que no sirven absolutamente para nada. Ya basta de pretender que se hace prevención dando charlitas o distribuyendo panfletos. Ya basta de improvisaciones y de seguir creyendo que algo es algo y peor es nada. Ya basta de enseñarnos a soplar y a hacer botellas dejando de lado la complejidad del deseo, de la angustia, de la tristeza, de la soledad, de la violencia en casa, en el colegio. Ya basta de salir como los antiguos misioneros a predicar, sin vergüenza alguna, el evangelio de la abstinencia. "Es una locura empeñarse en hacer siempre lo mismo esperando resultados distintos”, dice su colega. Señor ministro del interior, con la Secretaría Técnica de Drogas, es hora de crear una comisión de expertos que estudie y proponga reales alternativas para afrontar la problemática de las drogas en el país. Porque ya no se puede seguir con más de lo mismo.