Ecuador: ¿sin política de drogas?

Ecuador: ¿sin política de drogas?
Ecuador se convierte en el único país americano (y en todo Occidente) que se propondría colocarse al margen de una problemática, la cual no puede ser minimizada por razones económicas. Se supondría que no se trata de un menosprecio de un problema azas complejo y que exige una profunda y seria intervención.
13 de Mayo del 2018
POR: Rodrigo Tenorio Ambrossi

Doctor en Psicología Clínica, licenciado en filosofía y escritor.

En el sistema educativo, el tema de las drogas, luego de tibios intereses y de una que otra propuesta, fácilmente irá al cementerio del olvido".

El desbarajuste comenzó con Correa que, de pronto y sin que se sepa  por qué, suprimió el Consep y lo reemplazó por una Secretaría de drogas adscrita a la presidencia, es decir, bajo su control. Como parte de su egolatría, él quería controlarlo todo. Y la Secretaría de Drogas pasó a manos de un general de la policía en retiro. Un señor que de drogas sabía tanto como nada. En un largo conversatorio en una de las emisoras de radio,  prácticamente no tuvo nada que debatir porque su pensamiento policíaco sobre la complejidad de las drogas era tan pobre que no dejaba espacio alguno para nada que no tenga que ver con la persecución a las drogas, a los drogadictos, a los  microtraficantes, a los malvados muchachos que llevan drogas al colegio camufladas en sus mochilas. ¡Cuánto le enorgullecía haber incautado esas dosis en los establecimientos educativos con sus perros amaestrados! ¡Cuánto y cómo se quejaba de la tabla de tenencia para uso personal aprobada por el Consep al que prácticamente lo hacía cómplice de la drogadicción del país!

Por supuesto, no tenía idea alguna de las implicaciones sociales, éticas, estéticas de los usos de drogas. Su pensamiento se reducía a la precariedad significante de lo bueno y de lo malo, de la sustancia-cosa perversa en sí misma que debía ser eliminada. Esta maldad esencial de la sustancia de hecho contaminaba a sus usadores que se convertían en igualmente malos, tanto como  productores y  traficantes. Fue el tiempo en el que se contrató a un pianista para que  interpretando su música haga prevención. El trabajo serio del Consep se iba por el caño de las aguas servidas de los desconocimientos y del quemeimportismo políticos.

Con el nuevo gobierno, el tema de las drogas pasó a manos de una señora que lo más que hizo fue llenar de personal, hasta la saturación, a una institución que, por supuesto, se quedó sin norte y sin ideas. Parecía que su propuesta se basaba en el principio de que hasta su llegada a la Secretaría, en el país no se había hecho nada, absolutamente nada en la campo de la investigación, de la prevención, de la comunicación. Inmediatamente se convenció de que a ella le tocaba inventar el agua tibia.  Ese invento fue expresado sin disimulos en su Plan de Acción de lucha contra las drogas. Para eso estaba ella, para  capitanear la lucha. 

Finalmente la gran estocada dada por el presidente Moreno: la Secretaría se dividirá en dos mitades. El tema de la prevención pasará al Ministerio de Educación. Y el de los usos y sus y hasta dolorosas historias, al Ministerio de Salud. Una división que sentencia la muerte y la sepultura de lo que fueran el Consep y luego la  Secretaría Nacional de Drogas. En resumidas,  se sepulta lo que un día fue la política coherente y unitaria de drogas, y se separa a Ecuador del concierto de los países sudamericanos. Ya nadie investigará y pasará al olvido lo que antes se hizo en este campo. Es que el gobierno no tiene suficiente dinero, se dice,  y hay que ahorrar todo lo  posible. Es trágico que a una temática unitaria se la haya dividido salomónicamente en partes  independientes por razones supuestamente económicas.

Ecuador se convierte así en el único país americano  (y en todo Occidente) que se propondría colocarse al margen de una problemática que no puede ser minimizada por razones económicas.  Se supondría que no se trata de un  menosprecio de un problema azas complejo y que exige  una profunda y seria intervención. 

¿Qué hará el Ministerio de Educación? Pienso en otros temas de los que el Ministerio debía apropiarse y que, a lo largo de décadas, no lo ha hecho sino quizás muy precariamente.  El de la sexualidad es posiblemente el primero y más crítico. Los embarazos de adolescentes se convirtió en gran escándalo que conmovió a una sociedad que lo que más hizo fue poner el grito en el cielo y acusar a la familia y al colegio. Entonces se dijo que chicos y chicas necesitaban una formación adecuada y permanente sobre sexualidad. ¿Se ha hecho algo? Nada. Porque las dimensiones de educar van mucho más allá de unas esporádicas charlas o conferencias sostenidas en una dominante moralina. A nadie se le ocurrió convertir el tema de la sexualidad en una especie de asignatura flotante. Nadie pensó en recurrir a pedagogías nuevas para que esos temas formen parte de la cotidianidad educativa. En su defecto, ojalá no aparezcan  nuevamente los policías con sus perros entrenados para violentar los derechos de los estudiantes. 

Ya en el sistema educativo, el tema de las drogas, luego de tibios intereses y de una que otra propuesta, fácilmente irá al cementerio del olvido porque el Ministerio carece no solo de experiencia sino también de personal capacitado. ¿Cómo aprovechar esta coyuntura para instalar nuevas estrategias pedagógicas ya probadas en otras ocasiones?

¿Quién se encargará de las investigaciones? ¿Desde dónde se integrará Ecuador al concierto de los países latinoamericanos en su afán de crear estrategias para afrontar con nuevas ideas y actitudes un problema que no es precisamente moral sino social, político e histórico? ¿Quién les dirá que la mariguana, por ejemplo, de este año no es la misma de hace diez o veinte años?   Nadie investigará y nada se sabrá de las representaciones que sobre las drogas poseen las nuevas generaciones en sus diferentes espacios de existencia.

¿Qué hará de nuevo el Ministerio de Salud que, de suyo, ya se halla atiborrado de responsabilidades sobre la salud general y que, por sus propias limitaciones, no puede responder de la mejor manera a las demandas ciudadanas? De los centros de tratamiento privados y públicos,  no digamos nada  por hoy.