Exiliados y expatriados: el nuevo libro de Peter Burke

Exiliados y expatriados: el nuevo libro de Peter Burke
Este texto gira alrededor de la contribución que los exiliados y expatriados han dado a la «república del conocimiento» en un período de quinientos años; es decir, desde la toma de Constantinopla en 1453 por los otomanos hasta el ascenso de la dictadura militar argentina en 1976. Hago un breve resumen de la reseña del libro. Las críticas, así como el texto completo se publicarán en el próximo número de Cálamo, Revista de Estudios Jurídicos de la Facultad de Derecho de la UDLA.
04 de Enero del 2018
POR: Santiago M. Zarria

Filósofo y catedrático universitario.

Cuando los nazis llegaron al poder y Tillich fue removido de su cátedra de filosofía en la Univer-sidad de Frankfurt, cuestionó inconscien-temente la posi-bilidad de continuar su trabajo teológico y filo-sófico en otra parte que no fuera Alemania"

En la Europa Occidental actual, dice Žižek en La Nueva lucha de clases - los refugiados y el terror, la reacción de las autoridades y de la opinión pública es diversa: Encontramos una mezcla de negación y apatía, ira, negociación y depresión: «Los refugiados son una amenaza para nuestro modo de vida... ¡Estamos perdidos, Europa se está convirtiendo en Europastán!» En este ambiente surge Exiliados y Expatriados en la historia del conocimiento, 1500-2000. Una época en que el racismo y la xenofobia se encuentra en crecimiento.

Este texto gira alrededor de la contribución que los exiliados y expatriados han dado a la «república del conocimiento» en un período de quinientos años; es decir, desde la toma de Constantinopla en 1453 por los otomanos hasta el ascenso de la dictadura militar argentina en 1976.

El exiliado erudito del que habla Burke es el portador de un conocimiento que ha debido «desplazar, trasplantar y traducir» en otro lugar. En este proceso de transterramiento, los exiliados y expatriados exitosos fueron aquellos que lograron sistematizar las dos culturas, cosa que facilitó el proceso de aculturación y la producción de conocimiento como tal.

Luego de haber recorrido más de quinientos años de historia, para Burke, el aporte fundamental que los Exiliados y Expatriados han dado a sus países huéspedes, más allá del conocimiento, ha sido la desprovincialización.

Cuando los nazis llegaron al poder y Tillich fue removido de su cátedra de filosofía en la Universidad de Frankfurt, cuestionó inconscientemente la posibilidad de continuar su trabajo teológico y filosófico en otra parte que no fuera Alemania. Pensar que no existe otro lugar más allá de su comunidad donde pueda situarse y creer que su reducto es el centro del mundo eso es provincialismo. Por lo tanto, la contribución de los exiliados y expatriados es importante por el efecto de la doble desprovincialización he hibridación del conocimiento.

Esta doble desprovincialización se dio cuando los exiliados y expatriados llegaron con nuevas formas de pensar a sus países anfitriones y al mismo tiempo fueron recibidos por otras, además de una lengua y un oleaje cultural diferente. De ese encuentro cultural surgió la desprovincialización del sujeto y con ello una nueva personalidad, la del sujeto-híbrido-cultural capaz desplazarse entre la esfera del conocimiento y la cultura de dos pueblos completamente diferentes.

Pero no todo está claro en el texto. Burke ubica a los exiliados y expatriados de acuerdo a su construcción eurocéntrica del concepto, no llega a definir con exactitud el concepto académico o erudito, lo que representa una debilidad estructural. Para él, en su costal eurocéntrico-conceptual caben todos, casi sin distinción. Hacer esto es dar continuidad con lo The West and the rest, esa falsa dicotomía que ha predominado en nuestra sociedad por más de quinientos años y que se ha extendido al campo de las ciencias sociales como una maleza. Los exiliados que no calzan dentro del concepto de erudito burquiano, estarían relegados al grupo de los “no-académicos o al de “eruditos de segunda categoría”. El trabajo intelectual, así como la figura del intelectual, al menos en Sudamérica no se ha limitado a la categoría del erudito burquiano.

En Confesiones de transterrado, Gaos cuenta que desde el momento en que llegó a México no se sintió desterrado sino transterrado: «…tuve la impresión de no haber dejado la tierra patria por una tierra extranjera, sino más bien de haberme trasladado de una tierra de la patria a otra.» Ese transterramiento no es otra cosa que el significado más puro de vivir «empatriado» y esa es precisamente la idea que Burke transmite de los eruditos exiliados y expatriados a lo largo del texto.

Gaos tiene razón cuando dice que en algún punto de la existencia-filosófica de los filósofos exiliados y expatriados, es probable que hayan encontrado algún concepto parecido al de empatriado en un país que para muchos terminó convirtiéndose en su destino.