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5 de Noviembre del 2018
Ideas
Lectura: 6 minutos
5 de Noviembre del 2018
Rodrigo Tenorio Ambrossi

Doctor en Psicología Clínica, licenciado en filosofía y escritor.

Por favor, salvemos la Justicia
La peste camusiana de una década a lo largo de la cual de manera sistemática se creó, se sostuvo y se fortaleció un sistema político, social y moral destinado a predicar la honorabilidad y verdad las veinticuatro horas al día por doce meses al año y por una interminable década. Mientras tanto, en la oscuridad, Correa el honorable e inmaculado, el de las manos limpias, capitaneó el equipo más perverso que jamás ha conocido el país a lo largo de su historia.

Al presidente Moreno y a todos corresponde empeñarse sin descanso en denunciar, juzgar y desmantelar la más grande y perversa red de corrupción de la que se tiene noticia y que se extendió a lo largo y ancho del país durante el correato. Sepulcros blanqueados, con Correa al mando, los suyos organizaron una auténtica red de la cosa nostra que esquilmó al país utilizando todas las estrategias que ha creado el bajo mundo de la mafia. 

La peste camusiana de una década a lo largo de la cual de manera sistemática se creó, se sostuvo y se fortaleció un sistema político, social y moral destinado a predicar la honorabilidad y verdad las veinticuatro horas al día por doce meses al año y por una interminable década. Mientras tanto, en la oscuridad, Correa el honorable e inmaculado, el de las manos limpias, capitaneó el equipo más perverso que jamás ha conocido el país a lo largo de su historia.

También es cierto que muy tímidamente la Justicia ha tomado cartas en el asunto. De hecho, ya algunos peces gordos han sido juzgados y sentenciados. Y otros se hallan en lista de espera. Sin embargo, el ritmo es aún muy lento, muy ceremonioso y demasiado encriptado en la excesiva formalidad de códigos y procesos armados justamente ad hoc para que, luego de un tiempo, el país se canse y empiece a olvidarse de hechos y de actores. Y esto proviene de su innegable complicidad.

Es innegable que el país sigue organizado con principios, instituciones leyes y actores del correato. Un grupo importante de funcionarios inteligentemente y a tiempo se colocaron la máscara del anticorreismo y la del morenismo lo que les permite y facilita pertenecer al gobierno de Moreno y dirigir instancias administrativas, judiciales y políticas. Es la honorable gente de Correa que hasta sabe hacer muy bien su papel de adversario.

Hemos convertido al país en un Estado de quejas, de denuncias y de amenazas. De ahí no pasamos porque la ética que las sostiene es la que justamente se halla en entredicho. En otras palabras, la normativa nacional que sirve a los jueces para juzgar sería muy similar a la que utilizaron y siguen usando los corruptos para delinquir. 

Por ende, el tiempo que Moreno gobierna no ha sido suficiente ni para desmantelar las estrategias jurídicas y administrativas que facilitaron la corrupción y menos todavía para desmantelar la red de corrupción que funciona de manera muy particular en la Justicia. Imposible olvidar que Correa metió sus manos en la Justicia para corromperla y hacerla a su medida. Es este sistema judicial correísta el que administra justicia en el país. Es el que acusa y juzga a los corruptos y el que vigilará con mucho empeño el que no se toque a su propia organización. 

Este sistema ha sufrido algunos cambios en el régimen de Moreno, pero insuficientes e inadecuados como para que se produzca un verdadero retorno a la legalidad, a la legitimidad, a la honorabilidad en el manejo de la cosa pública. 

El fariseísmo correísta se mantiene incólume y activo pues sigue alimentándose a diario, no precisamente de la verdad y la justicia, sino de las apariencias discursivas y de las hipócritas rasgaduras de vestidos. Al fariseísmo le fascina el teatro en el que las autoridades políticas y judiciales al unísono evocan los más profundos principios de la ética social para luego, tras bastidores, actuar como a cómplices y encubridores de la corrupción. 

Por cierto, no es tarea fácil desmantelar un sistema judicial propositiva y maquiavélica armado para proteger a quienes colaboraron con Correa y formaron parte de esa inmensa asociación para delinquir. El país no puede olvidar que Correa propositiva y cínicamente metió sus manos en la justicia de la que, por otra parte, no las ha sacado. Correa sigue libre y aun nadie lo ha acusado formalmente de corrupción. 

Curiosamente, el Consejo de Participación Ciudadana Transitorio no ha tomado a este toro por los cuernos. Como si lo temiese mucho, como si le asustase remover un inmenso avispero que tal vez podría terminar causándole daño. Sin embargo, la justicia no puede seguir por más en manos de quienes vendieron su alma al diablo. 

Sería muy grave que el país se contente con haber encarcelado a Glas y a algún ministro de Correa. Si nos quedásemos ahí, tan solo se conseguirá la victimización del mismo Correa y el fortalecimiento de su imponderable cinismo.

El país no busca escándalos verbales sino acciones concretas que conduzcan al enjuiciamiento de Correa y de todos los que lo acompañaron como cómplices y encubridores de sus fechorías. Por lo mismo, es urgente una profunda renovación del sistema judicial para que en él no quede ni siquiera la sombra de ese Correa que metió ahí sus manos y sus pérfidos deseos.

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