La guerra cibernética ya está aquí

La guerra cibernética ya está aquí
El afán de lucro de Facebook, que además es dueño de Instagram, de Twitter y de Google, dueño de YouTube, les ha llevado a ser las plataformas para un ataque de una potencia extranjera a las mentes y corazones de sus conciudadanos. Cierto es que cada día se cruzan miles de millones de “posts” en las redes sociales, y que, comparadas con el flujo total, estas cifras de la acción de Rusia son pequeñas; pero al ser dirigidas al público preciso (para eso se paga a las redes sociales) logran un efecto demoledor.
31 de Octubre del 2017
POR: Gonzalo Ortiz Crespo

Escritor, historiador, periodista y editor. Ex vicealcalde de Quito. 

Las anunciadas guerras ciber-néticas no son cosa del futuro sino que, al contrario, ya están aquí y se desa-rrollan a escalas gigan-tescas".

La noticia de que tan solo a través de Facebook, Rusia llegó a 126 millones de estadounidenses para tratar de influenciarles durante la campaña presidencial de EE.UU., mediante mensajes exagerados, agresivos e incendiarios, destinados a sembrar discordia y favorecer de rebote a Donald Trump y las políticas extremistas, confirma que las anunciadas guerras cibernéticas no son cosa del futuro sino que, al contrario, ya están aquí y se desarrollan a escalas gigantescas.

Se supo, además, que 36.000 cuentas operadas por robots informáticos mandaron en un plazo de tan solo tres meses, 1,4 millones de trinos inspirados por Rusia que recibieron alrededor de 288 millones de vistas. 

Las revelaciones, originalmente dadas a conocer el lunes 30 de octubre por el New York Times, se basan en los documentos que estas empresas enviaron al Congreso antes de comparecer formalmente ante la comisión que investiga la interferencia rusa en la campaña electoral, y muestran que, además de usar Facebook, Rusia, a través de una poco conocida organización llamada Agencia de Investigaciones de Internet (IRA por sus siglas en inglés), publicó entre fines de 2015 e inicios de 2017, más de 131.000 mensajes en Twitter, subió más de 1.000 videos en YouTube y más de 120.000 fotos con mensajes en Instagram. Las cifras son mucho más grandes de lo que habían aceptado previamente estos gigantes de Internet, pero sobre todo muestran el alcance de los esfuerzos y la facilidad con que Rusia pudo manipular al público de EEUU, utilizando las propias herramientas tecnológicas de las que tan orgullosa está este la potencia norteamericana.

La interferencia de Rusia, que también se descubre en el enjuiciamiento del exjefe de campaña de Trump, Paul Manafort y otros miembros del equipo, debería ser preocupante para el Congreso y, en general, los partidos políticos de EEUU. Pero no es el único motivo de alarma pues hace poco se confirmó que Corea del Norte es el origen de virus de rescate (“ransomware”, como el reciente WannaCry) y ataques informáticos masivos. Por otro lado, también hubo decenas de miles de cuentas falsas en Facebook que enviaron mensajes tratando de influir en las elecciones en Francia este año. ¿Y qué decir del canal RT, “principal arma de propaganda de Rusia”, que ha logrado acumular una audiencia masiva en YouTube?

Las redes sociales –como lo comprueba con desesperación cualquier persona con un poco de cultura– son un mecanismo perfecto para que sea replicado de inmediato cualquier mensaje, por más patrañas que contenga, por más lleno de odio o insultos racistas que esté. Esto fue aprovechado al máximo por Rusia: según Facebook, ese país envió alrededor de 80.000 “posts” disruptivos y dedicados a exacerbar las divisiones, que llegaron a 29 millones de personas, quienes, al darles “me gusta” o compartirlos, esparcieron el mensaje a decenas de millones de personas más. Ya antes Facebook había declarado que identificó inversiones de más de cien mil dólares de IRA para promover sus publicaciones solo en esa red social –una cifra relativamente baja que le permitió llegar a 126 millones de personas, con mensajes insidiosos, sobre raza, religión, el derecho a portar armas, los reclamos de los homosexuales y que echaron leña al fuego de la polarización que vive la sociedad estadounidense.

Y esto sin contar las amenazas a funcionarios de las campañas, congresistas y dirigentes empresariales, que ahora se descubre también provienen de agencias militares rusas, encubiertas como opositores políticos estadounidenses. 

Cierto es que cada día se cruzan miles de millones de “posts” en las redes sociales, y que, comparadas con el flujo total, estas cifras de la acción de Rusia son pequeñas; pero al ser dirigidas al público preciso (para eso se paga a las redes sociales) logran un efecto demoledor.

Además, con esto, por si faltaran evidencias, se acabó la edad de la inocencia de que las redes sociales son buenas para la democracia y la paz por ser horizontales y abiertas a todos. Nada más vertical que una guerra cibernética, que, además, se aprovecha comercialmente del sistema. El afán de lucro de Facebook, que además es dueño de Instagram, de Twitter y de Google, dueño de YouTube, les ha llevado a ser las plataformas para un ataque de una potencia extranjera a las mentes y corazones de sus conciudadanos.

Ahora estas empresas dicen que tomarán medidas, pero no solo que es tarde (Hillary Clinton en su libro “What Happened”, que estoy acabando de leer, denuncia airada el robo cibernético (hacking) de los correos electrónicos de su campaña, entregados a Julian Assange y difundido por Wikileaks) sino que la vulnerabilidad es muy alta por la cantidad de usuarios, reales o falsos, que pueden pagar nuevos comentarios incendiarios en las redes sociales.