Por la libertad

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Por la libertad
Te das cuenta que la libertad que creías tener nunca existió, siempre tuviste que responder a los designios divinos del gobierno de turno; la fuerza del cambio, pan techo y empleo, ni un paso atrás, la patria ya es de todos; todas frases hechas en un escritorio donde se planifica la vida de la gente.
12 de Septiembre del 2014
POR: Oswaldo Toscano

Docente universitario, consultor empresarial, es miembro de Society for Neuroeconomics, titulado en administración de empresas. 

Todo un sistema que de facto elimina al individuo para beneficiar al colectivo; en una sociedad así no puedes elegir qué comer, qué producir, en qué gastar el dinero de tu trabajo...

¿Cómo inaugurar un espacio dedicado a la libertad?, es la pregunta que me surge, más aún cuando esta es la bandera de lucha con la que he asumido mis funciones de adulto responsable; ¡ay! si solo de pensarlo uno se pone sentimental, viene a la memoria la infancia, cuando de chico uno juega a ser libre, rayando las paredes de la casa, ensuciando la ropa blanca recién lavada, saboreando el planeta aunque eso le cause a uno una infección intestinal; ni de ir al baño hay que preocuparse porque en esta etapa se puede hacer las necesidades biológicas al mismo tiempo que patea una pelota.

El problema llega cuando ya en la escuela, al hacer las mismas hazañas el costo es el guantazo del maestro, maestra en mi caso, y uno de inmediato se corrige; los maestros son los primeros extraños con quienes se siente esa relación autoridad- subordinado, como cuando el castigo  por no copiar el dictado al ritmo de los otros compañeros era en el mejor de los casos la humillación pública, de ahí para adelante ¡cuantas manos enrojecidas, patillas estiradas, nalgas maceradas, autoestima malograda en nombre de la educación!

Luego, en la adolescencia uno se pone medio rebelde, primero enciende un cigarro a escondidas, es el acto preliminar de lo que se ha dado en llamar la edad del burro. Los amigos, la novia, el trago barato se convierten en aliados íntimos de las utopías, ¡hay que cambiar este mundo injusto!, uno grita con el pecho efervescente; aunque siendo sinceros muchas veces ese es un efecto secundario del trago barato. La rebeldía rueda de mano en mano materializada en el “Manifiesto Comunista” de Marx y Engels, una biografía no autorizada del Che Guevara y la voz de Silvio Rodríguez como telón de fondo, ¡cómo no inspirarse en las hazañas de un grupo de barbudos contra el imperio!, de hecho los primeros brotes de pelo facial uno se los dedica a ellos. 

La etapa final del colegio nos recibe con mano dura, hay que corregir al burro cueste lo que cueste, ¡cómo no extrañar a la maestra!, si ella castigaba con cariño, el profesor en el papel de padre castigador, como en los sueños fetichistas de Roger Water, nos hacia bullying, ¡el maestro era el buleador!, los alumnos sus víctimas. Las quejas estaban prohibidas so pena de ser calificado de afeminado o mucho peor de comunista, entendible para esa época, los maestros eran hijos putativos del Plan Cóndor. 

Ya en el siguiente nivel, la universidad, ¡oh sorpresa!, se encuentra con el mismo profesor golpeador, pero ahora uno tiene ventaja, es más alto y fuerte que él. Con las ideas aparentemente firmes, al stock de libros se ha añadido el de Las venas abiertas de Galeano, se discute en clase argumentando a favor de cambiar todo el sistema, claro si queda tiempo después de la bohemia con otros camaradas de la misma especie, en estas actividades extracurriculares se habla de García Márquez y sus mundos fantásticos, Neruda el poeta y su filiación comunista, Roberto Bolaño, Cortázar, Fuentes, Sábato, Allan Poe, hasta que uno lee a Borges y sabe que ha llegado a la adultez.

Ese día, cuando uno se da cuenta que ya ha crecido, mira a su alrededor y se encuentra con una esposa, un hijo o varios, según el entusiasmo que le haya puesto al asunto. Las cosas ya no son iguales, excepto por los barbudos, ellos siguen ahí.  Ahora los libros que llevas bajo el brazo son los libros contables que debes reportar a un padre castigador mucho más agresivo, el papá estado, ahora debes llevar una vida de buen ciudadano, es como volver a la escuela, si te portas bien premio, si te portas mal guantazo.

Te das cuenta que la libertad que creías tener nunca existió, siempre tuviste que responder a los designios divinos del gobierno de turno; la fuerza del cambio, pan techo y empleo, ni un paso atrás, la patria ya es de todos; todas frases hechas en un escritorio donde se planifica la vida de la gente, ¿y tus propias aspiraciones? en esta lógica no importa el individuo es menos importante que el colectivo.

Todo estaba fríamente calculado, el maestro, la escuela, la patria, Marx, Galeano, el salvataje bancario, el capitalismo de amigos, los barbudos; todo un sistema que de facto elimina al individuo para beneficiar al colectivo; en una sociedad así  no puedes elegir que comer, que producir, que estudiar, en que gastar el dinero de tu trabajo, sin que antes el burócrata de turno decida por ti qué es lo mejor para la “sociedad”. ¿Salud gratis? ¿educación gratis? alguien más está pagando por eso o lo va a pagar en el futuro;  ese es el precio de no asumir la responsabilidad y dejar, cada vez más, que papá estado nos solucione la vida, recuerde que usted eligió a quienes nos gobiernan y desde el inicio el ofrecimiento fue más subsidios, más cosas “gratis”, más beneficios; ¿responsabilidad individual? si, cuando se trata de pagar las cuentas.