En sus marcas, listos… ¡Dios nos ampare!

En sus marcas, listos… ¡Dios nos ampare!
Evitemos caer en populismos inadecuados (que ya los estamos oyendo) como por ejemplo candidatos a alcaldes o prefectos que hablan de reformar leyes (atribución de la Asamblea Nacional); o aquellos y aquellas que ofrecen sin ningún sustento técnico la generación de miles de plaza de trabajo, la construcción de hospitales o escuelas, u otras cosas por el estilo que deben ser efectuados por la Función Ejecutiva del Ecuador (o por lo menos en coordinación con ella).
05 de Febrero del 2019
POR: Guillermo Rovayo

Abogado en libre ejercicio. Defensor de derechos humanos, particularmente en temáticas ligadas a la movilidad humana. Con estudios en Gestión para el Desarrollo Local.

Recuerde que asistir a las ele-cciones es una obli-gación (ya que el voto es consi-derado obliga-torio) pero el decidir adecua-damente es un derecho".

Cuando usted lea esta columna habrá arrancado una de las épocas más tortuosas de la “vida democrática” de cualquier país: la campaña electoral. Una cifra récord para el Ecuador (un poco más de 80000 personas) buscarán ser favorecidos con nuestros votos para ocupar los poco más de 11000 cargos que se disputan.

Durante 45 días - tiempo que dura de manera oficial la campaña – escucharemos muchas promesas, cargadas de frases poéticamente construidas y con imágenes que buscan llegar al corazón del electorado.

Veremos imágenes de personas cargando canastos de mercado, aunque antes no hayan pisado ninguno; o aquellos que usarán ponchos de páramos, aunque sus chaquetas sean adquiridas solo en almacenes exclusivos. Les oiremos decir que le escojan porque “sabe como hacer las cosas” (refiriéndome a aquellos que son políticos de profesión y desde el jardín de infantes se han presentado a cuanta elección exista); en tanto otros dirán todo lo contrario, pedirán que los elijamos “porque son sangre nueva” (aunque estén incluidos en partidos y movimientos que han gobernado ciudades, provincias y el país y cuyos resultados saltan a la vista).

Estaremos expuestos a toda clase de discursos, como aquellos que saben manejar “temas populares” para que les creamos que realmente sienten sus palabras. Otros buscaran “temas villanos” (imaginarios o no) para oponérselos y contraponerse como “las y los grandes salvadores de nuestras ciudades”.

Pero sin lugar a dudas, de alguna manera está en nuestras manos elegir de la manera más adecuada. Y aunque suene a “discurso trillado”, quisiera proponer algunos elementos de análisis para el momento de la crucial decisión.

En primer lugar, escuche bien al candidato o candidata e infórmese adecuadamente de cuales son las funciones que por ley debe ejercer en el caso de que fuera electa esa persona. Es importante saber que las funciones del Estado se encuentran claramente establecidas en la Constitución; y más aún están detalladas para cada gobierno local (parroquial, municipal o provincial) en el Código Orgánico de Organización Territorial, Autonomía y Descentralización (COOTAD), y para el Consejo de Participación Ciudadana y Control Social en la Ley Orgánica de Transparencia y Control Social.

Evitemos caer en populismos inadecuados (que ya los estamos oyendo) como por ejemplo candidatos a alcaldes o prefectos que hablan de reformar leyes (atribución de la Asamblea Nacional); o aquellos y aquellas que ofrecen sin ningún sustento técnico la generación de miles de plaza de trabajo, la construcción de hospitales o escuelas, u otras cosas por el estilo que deben ser efectuados por la Función Ejecutiva del Ecuador (o por lo menos en coordinación con ella).

En segundo lugar, lea el Plan de Gobierno que han presentado los candidatos y candidatas. Obsérvelos desde una pregunta lógica y básica: ¿aquello que promete tiene sustento técnico? ¿se ha presentado un plan con una adecuada justificación de como hacerlo?. Es que en todos estos años nos hemos encargado de elegir a personas más por sus promesas y slogans antes que por sus propuestas. El resultado final es que son promesas que no se han cumplido, se han cumplido parcialmente o simplemente se las ha hecho mal (de esto último nuestras ciudades están plagadas de malos ejemplos: calles que deben ser constantemente abiertas porque no se han puesto obras de alcantarillado; medios de transporte que colapsan en pocos años porque no cubren demandas reales; sistemas impositivos que contrarían los principios de equidad; entre otros).

En tercer lugar, si el candidato o candidata no puede hablar por si mismo y en su lugar necesita a la figura política de su tienda partidistas (ex presidentes, es alcaldes, compadres o comadres) de paso olvídese de elegirlo, porque si así es en campaña como será cuando llegue a ejercer sus funciones.

En cuarto lugar, revise si el candidato o candidata no se encuentra bajo sospecha o investigación en cualquier acto de corrupción (por más pequeño que pudiera parecer el mismo). E incluso investigue quienes financian sus campañas, pues muchos de estos “mecenas” nunca lo han hecho por desinterés y siempre les hemos pagado la factura los y las ciudadanas.

Finalmente, deseche a todos aquellos y aquellas que buscan aprovechar la tarima con temas sensibles actuales y que en algunos casos ni los conocen (como es la utilización de las violencias contra la mujer, incluyendo los feminicidios) o que buscan aupar sentimientos contrarios a los principios constitucionales (como el llamado a la xenofobia y a cualquier forma de intolerancia).

Recuerde que asistir a las elecciones es una obligación (ya que el voto es considerado obligatorio) pero el decidir adecuadamente es un derecho. Y más aún que siempre tendremos la posibilidad de mostrar el rechazo a través de la anulación del voto o incluso podemos ejercer una acción de revocatoria de mandato contra quienes no han cumplido sus planes.

Miro al horizonte y aspiro (de manera sincera) que podamos ser coherentes y prudentes al momento de elegir; y que las nuevas personas que dirijan las ciudades, provincias, parroquias y el Consejo de Participación Ciudadana (sin importar su proveniencia partidista) se den cuenta que en sus manos está nuestro futuro y nuestras esperanzas.