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19 de Octubre del 2015
Ideas
Lectura: 6 minutos
19 de Octubre del 2015
Gonzalo Ortiz Crespo

Escritor, historiador, periodista y editor. Ex vicealcalde de Quito. 

Una canción de los Beatles
Hay decenas de miles de trabajadores ecuatorianos a los que sus empresas les están debiendo, porque ellas mismas no pueden cobrar al Gobierno. La recesión se ahonda, y no será una canción de los Beatles la que la solucione.

El presidente Rafael Correa está llegando a extremos inéditos.  No se puede dejar de mencionar el más ridículo de ellos, el de desafiar a trompones a un legislador, que en realidad es: a) para matarse de risa, b) echarse a llorar, c) morirse de vergüenza como ecuatoriano, d) todo lo anterior junto.

Y ahí lo dejo porque no da para más análisis, salvo la respuesta del legislador que acepta entrar a los trompones y anuncia que está dispuesto a dar la vida por el Ecuador. ¡Qué nivel!

Las explicaciones de Correa de sus medidas también causan asombro. Por ejemplo, para privatizar las gasolineras de Petroecuador, Correa argumentó que hacen competencia desleal (como lo comenté en esta misma revista).Y recientemente para explicar la cancelación de Nathalie Cely dijo que las ideas de la ex ministra no siempre coincidían con las del presidente.

¿Qué presidente en el mundo quiere que todo su gabinete piense exactamente igual que él?

Solo los dictadores y las cabezas de regímenes autoritarios. Un gobernante serio, un verdadero estadista, puede molestarse si hay personas que piensan distinto, pero no las acallan y botan sino que discuten con ellas, escuchan sus razones y, si es del caso, y tras recoger más información y más puntos de vista, cambian de opinión. Si la persona está consistentemente en contra de lo que piensa el gobernante, tal vez llegue a separársele, pero no cuando solo a veces discrepa y sobre todo si está desempeñando el trabajo para el que la trajeron: acercarse a los empresarios, dar solución a sus quejas, rescatar cierto nivel de confianza despedazada consistentemente cada sabatina.

Es que justamente tener alrededor solo “yes men” o “yes women” es lo que ha ensimismado a Rafael Correa, que hoy no quiere a nadie sino a sí mismo.

La señora Cely se puso en plan positivo y en su cuenta de Twitter agradeció “de todo corazón por la oportunidad de servir”. No lo hizo a Correa en particular (como Pabel Muñoz) sino en general. Y a continuación renovó su compromiso “de siempre con ustedes y la Patria”. Tal vez es hilar muy fino, pero este agradecimiento tan general y su falta de mención de Correa o Alianza País muestra que tal vez las diferencias con el presidente sí se fueron ahondando.

Y ahora, ¿qué va a hacer allí Vinicio Alvarado? No sean mal pensados. Lo que pregunto es si es la persona más adecuada para atraer inversionistas, calmar a los empresarios, fomentar la producción. Tiene una fortaleza muy grande: su cercanía al presidente, la credibilidad de todo lo que diga. Al hablar con él la gente sabe que no hay nadie más cercano a Correa. Es su fortaleza principal. Pero ya se vio en su paso por Turismo que no es precisamente un entusiasta de los empresarios nacionales, y que si puede contratar un aviso en el Super Bowl y comprar los derechos de una canción extranjera, lo hará.

Me temo que sus interlocutores favoritos serán los extranjeros. Y esa es la inclinación que ha mostrado Correa a lo largo de sus casi nueve años de Gobierno. El empresariado nacional sigue siendo castigado en cada sabatina, cuando, como en la última, cuando les acusó de ser “una argolla” y continuó: “Hay concentración de propiedad y no hay diferencia entre propiedad y administración. Que hablen como ricos. Nos quieren dar cátedra de política económica. Ahora nos dan lecciones de política fiscal, diciendo que debo reducir el gasto público y eliminar los subsidios”. Reiteró que “nosotros sabemos hacer las cosas”.

Pero como tal vez se dio cuenta que estaba desdiciendo esa sabiduría con los hechos, pues eliminar los subsidios era algo elemental en política económica desde hace nueve años, no tuvo más remedio que aceptarlo: “Esto sí ha sido una omisión. Ha habido exceso de subsidios para los empresarios”. Y siguió un rato más atacándolos.

Por lo visto, Correa cree que la necesaria reactivación de la producción nacional no puede darse. Porque si no, ¿por qué seguir atacando una semana sí y otra también a los empresarios? Concedido, hay empresarios y empresaurios. Pero los ataques generales del presidente no conducen a puerto alguno.

¿Cómo va a reactivar la economía? Es cierto que su equipo ha sido suficientemente hábil como para financiar la mitad del déficit fiscal de US$ 10.000 millones, en parte realizando recortes como la aportación anual al IESS para las pensiones jubilares y ahora con el recorte de subsidios al fuel oil y al diesel industrial. Pero otra parte lo ha hecho pignorando el petróleo y acumulando deudas, en una dimensión ya estratosférica, con contratistas y proveedores (hay quienes hablan de US$ 5.000 millones de atrasos). Lo que pasa es que esto último salva a la caja fiscal pero hunde a la economía: hay decenas de miles de trabajadores ecuatorianos a los que sus empresas les están debiendo, porque ellas mismas no pueden cobrar al Gobierno. La recesión se ahonda, y no será una canción de los Beatles la que la solucione.

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