Usos de drogas: ¿de las guerras a las tolerancias?

Usos de drogas: ¿de las guerras a las tolerancias?
La tolerancia no implica ni hacerse de la vista gorda ni desconocer la complejidad. Pero algo que sí hace la tolerancia es dejar de lado ese moralismo social y político que, por su incapacidad para tomar al toro por los cuernos, se dedica al facilismo de la repetición de ese viejo monólogo sobre la fatalidad de las drogas. En ese monólogo no hay lugar alguno ni para la reflexión y peor aun para la tolerancia.
26 de Julio del 2017
POR: Rodrigo Tenorio Ambrossi

Doctor en Psicología Clínica, licenciado en filosofía y escritor.

El Presidente Moreno, que se ha pro-puesto dar nuevos golpes de timón a muchos aspectos de la vida del país, podría, con la respectiva Secre-taría, darse un tiempo antes de tomar deci-siones oficiales sobre el tema de las drogas".

Han transcurrido prácticamente cuatro décadas desde que se declaró la guerra a las drogas. Y, como han reconocido los entes mundiales de control, no solo que las drogas no han desaparecido sino que sus usos se habrían extendido más en la población. Además, es preciso tomar en cuenta que también han aparecido nuevas drogas que han llegado a formar parte del arsenal disponible en el mercado. Además, la población usadora, que inicialmente abarcó a jóvenes y jóvenes adultos, en la actualidad compromete indistintamente a sujetos de todas las edades, incluidos niños.

Los usos de marihuana, especialmente en gente adulta, ya no son secretos como lo fueron hasta comienzos de este siglo. Si bien no es algo que necesariamente se publicite, también es cierto que estos usos ya no se hallan necesariamente en el territorio de la gran crítica social. Entre los adultos y desde los mismos poderes políticos (USA, Uruguay), se han construido nuevas actitudes caracterizadas por cierta benévola tolerancia. La tolerancia no implica ni hacerse de la vista gorda ni desconocer la complejidad. Pero algo que sí hace la tolerancia es dejar de lado ese moralismo social y político que, por su incapacidad para tomar al toro por los cuernos, se dedica al facilismo de la repetición de ese viejo monólogo sobre la fatalidad de las drogas. En ese monólogo no hay lugar alguno ni para la reflexión y peor aun para la tolerancia.

Cuando se debilita y más aun cuando desaparece la tolerancia, en su lugar crecen como mala hierba los escándalos y los cinismos con los que se disfraza la moralina. Allí están en primera fila del escenario social, los escándalos que tan solo sirven para crear abismos que impiden la comprensión de los conflictos y para disecar la capacidad de imaginar y de crear nuevas actitudes y estrategias que conduzcan soluciones socialmente válidas y eficaces.

El tema del uso de drogas exige, tanto en las autoridades como en la comunidad, una suerte de especial benevolencia que, de ninguna manera, podría devenir o complicidad o quemeimportismo. Por el contrario, podría transformarse en un plus a ser tomado muy en cuenta en los procesos educativos. Sin embargo, muy poco servirán en los actos meramente comunicacionales o informativos que se caracterizan por ser puntuales y ocasionales.

¿Qué no ha usado la sociedad para evitar e impedir que las nuevas generaciones tengan acceso a las drogas? La respuesta es única y sencilla: nada o casi nada que posea un consistente valor de significación frente a los millones de millones de dólares que se han invertido. Muchísimos dólares a los que se suma toda clase de sufrimientos, persecuciones, descalificaciones, internamientos ominosos caracterizados por violencias de toda índole. Con relativa frecuencia, así se ha terminado deshumanizando a los llamados drogadictos cuyos derechos han sido y siguen siendo pasados por alto e incluso anulados. El antiguo Consep realizó serias investigaciones sobre esos centros que desean asumir el tema de la prevención a nivel nacional.

Hay cierta perfidia en este tema. Porque los pérfidamente calificados de adictos o drogadictos, con mucha frecuencia apenas si usaban un determinada sustancia de cuando en vez o una cantidad que nada tendrían que ver con la dimensión social, ética y profesional de lo que implica el concepto de adicción. No pocos se han beneficiado de esta posición social.

El Presidente Moreno, que se ha propuesto dar nuevos golpes de timón a muchos aspectos de la vida del país, podría, con la respectiva Secretaría, darse un tiempo antes de tomar decisiones oficiales sobre el tema de las drogas. Cuando un problema se ha cronificado es señal, entre otras razones, que los planes y proyectos políticos y sociales fueron ciertamente ineficaces o quizás incluso contraproducentes.