Yo soy Correa

Yo soy Correa
El perjuicio histórico de esta época de revolución ciudadana consiste en haber degradado la política a un método de desagravio en donde hay un enemigo a quien liquidar y una disputa excluyente de rencores en el reparto del campo de las decisiones públicas.
04 de Julio del 2018
POR: Gabriel Hidalgo Andrade

Politólogo y abogado. Docente universitario.

La prisión preventiva ordenada en contra de Rafael Correa es una exage-ración. No busca conseguir la verdad pero tampoco imponer venganza".

“Su venganza personal es darle hospitales a los pobres”. Así reza la publicidad que circula para promocionar al expresidente Rafael Correa, acompañado de la expresión “yo soy Correa”. ¿Las responsabilidades de un gobierno se resumen a una venganza personal consistente en dar algo a alguien como si eso saliera de su propio bolsillo? 

El perjuicio histórico de esta época de revolución ciudadana consiste en haber degradado la política a un método de desagravio en donde hay un enemigo a quien liquidar y una disputa excluyente de rencores en el reparto del campo de las decisiones públicas.

Esto resta objetividad a la prisión preventiva ordenada en contra del exmandatario, porque es dictada por operadores de justicia que actúan en las postrimerías de esa revolución ciudadana, contaminados por el veneno de la misma ideología, y convertidos ahora en una mutación de sí mismos. La invasión descarada de la justicia durante la “década ganada” no sirve de pretexto para la adopción de ninguna medida arbitraria.

Esta orden de prisión dictada en contra del exmandatario infringe los estándares de excepcionalidad de nuestra legislación penal y del derecho internacional de los derechos humanos. ¿Con la medida se intenta evitar que el procesado manipule o esconda las pruebas que hay en su contra? ¿El procesado puede atentar contra la vida de las víctimas o de los testigos si conserva su libertad? ¿Puede huir del lugar del juicio? La repuesta a todas estas preguntas es un “no”. 

Entonces, existen cuatro hipótesis posibles. Que la justicia institucional esté operando según los hechos para conseguir que se imponga la verdad; que la justicia institucional esté operando según los intereses políticos para anular a los adversarios; que el gobierno nacional esté utilizando los hechos procesales para instalar un régimen publicitario de continua confrontación; o que el gobierno nacional esté aprovechando la situación judicial de los adversarios para vengarse de ellos. 

La prisión preventiva ordenada en contra de Rafael Correa es una exageración. No busca conseguir la verdad pero tampoco imponer venganza. Lo que realmente busca es avivar el libreto de la victimización. Entonces, la anulación al expresidente y la profundización del estado de propaganda son las dos posibilidades de la actual política del entretenimiento. 

Sufrimos una década entera de un gobierno por televisión. Aplastados por la intensa propaganda política, instalada con la intención de infectarnos el virus del conflicto, la revolución dominó bajo ese infalible mantra del asalto y la provocación. “Mi poder en la agresión” leían los revolucionarios en la banda presidencial, mientras repetían las frases grandilocuentes memorizadas por la avalancha publicitaria, disponible en todo lugar y a toda hora del día.  

Entonces es mentira que hoy los revolucionarios sean las víctimas de ninguna persecución. Su narrativa publicitaria fue y sigue siendo antagónica. Por eso necesitan de una prisión preventiva, para dárselas de víctimas. Ellos y ellas, juntos y juntas, combatiendo febrilmente en contra de un gran enemigo imaginario e indestructible, manifestado en forma de prensa corrupta, de banca sin escrúpulos, de oposición mediocre, de clase media arribista o de lo que fuere. Lo importante era conservar el poder calzando sus narrativas con el molde publicitario del mesías criollo en una novela de amplia difusión mediática.  

Si sufrimos una década entera de un gobierno publicitario, si Lenín Moreno es el continuador de la revolución y si la causa en contra de Rafael Correa es política, ¿qué nos hace creer que lo que suceda en adelante será la reacción meditada de una liga de estadistas? 

Es equivocado pensar que la reacción correista supondrá algún grado de organización social o de argumentación política. Al contrario, buscarán cualquier forma de protagonizar escándalos públicos, provocar a las fuerzas del orden, fingir agresiones inexistentes, aparecer como victimas ensangrentadas de la represión, sacarse fotos para sus redes sociales, y así intentar conseguir titulares de la prensa nacional o internacional. Un partido publicitario no entiende de ideologías, entiende de titulares y espectáculos.

Entre la anulación y el espectáculo se debate la suerte de la política nacional, secuestrada por el procesamiento penal al exmandatario.  Para el primer caso se corre el riesgo de procesar al político con dedicatoria, lo que no sería una excepción histórica. Para el segundo caso será la prolongación de lo que ya hemos vivido, un régimen que evade el reto histórico de administrar la política con criterios profesionales y que prefiere negociar, ceder o chantajear a sus adversarios según los elementos de poder disponibles. 

El encausamiento a Correa es parte de show… Luces, cámaras, ¡acción!… 

@ghidalgoandrade