Ciudades del milenio: simular la civilización

Ciudades del milenio: simular la civilización
No son un proyecto de modernización para la transformación revolucionaria de una región marginalizada, como el gobierno ecuatoriano muestra, ni una estrategia neocolonial para la "civilización" de la población indígena, como asumen sus críticos. Que al contrario, son meras simulaciones de modernidad —escuelas sin profesores, centros médicos sin doctores, policías sin celulares, calles sin carros, ciudades sin trabajo— que están siendo rápidamente abandonadas por sus pobladores y, poco a poco, vencidas por la vegetación del bosque amazónico.
04 de Agosto del 2017
Redacción Plan V

Esta investigación recoge los datos y testimonios de varios proyectos fallidos del correato en la Amazonía. 

"El río Aguarico cruza el noreste de Ecuador, desde los Andes hasta la frontera del Perú a través de la Amazonia. Viajamos río abajo en canoa durante tres horas hasta el final de la última vía, surcando el espeso follaje de la selva, comunidades indígenas y el discreto puerto petrolero Pañacocha.  Al girar una curva del río, emergió una realidad diferente. Bajo elevadas nubes de tormenta, en contraste con el verde oscuro del bosque amazónico, una ciudad blanca brillaba en  el sol de la tarde. Se trata de Playas de Cuyabeno, el primero de los dos nuevos poblados realizados por el Estado en la Amazonia ecuatoriana para llevar a las comunidades indígenas los beneficios de la explotación petrolera en sus territorios. 

En contraste con las chozas de madera y tejado de paja que vimos en la bajada por el Cuyabeno, las Ciudades del Milenio están formadas por calles perpendiculares de casas modernas alrededor de una escuela, centro médico, campos de deportes y unidades de policía. (...) Cuando nos aproximábamos a Playas de Cuyabeno desde el río Aguarico, las líneas rectas y su orden perfecto guardaba un parecido sorprendente con los proyectos de modernidad que han sido implementados por regímenes coloniales y post-coloniales en todo el Sur Global. 

Pero cuando llegó nuestra canoa hasta el puerto, vimos que su muro de retención de hierro había sido retorcido por la fuerza del río y no era posible su utilización. En sustitución se habían colocado sacos de arena apilados sobre la orilla, pero estaban siendo vencidos por la fuerza del Aguarico. Trepando por este embarcadero provisional, no nos encontramos con una moderna ciudad, sino con un escalofriante poblado fantasma...".

Este es el arranque de una investigación de campo sobre las Ciudades del Milenio, que llevaron a cabo Japhy Wilson y Manuel Bayón, que ha sido publicada en el libro La selva de los elefantes blancos: megaproyectos y extrativismos en la Amazonia ecuatoriana, el resultado de su expedición donde demuestran las falacias de la revolución ciudadana sobre los megaproyectos en la Amazonia ecuatoriana. Junto al informe sobre las Ciudades del Milenio, en este libro se exponen también los hallazgos del corredor interoceánico Manta-Manaos, donde se gastaron mil millones de dólares para nada; y de la Universidad Regional Amazónica Ikiam de la cual se cuestiona su enfoque neoliberal en torno a las patentes de los productos que se puedan obtener en la región.

La investigación sobre las Ciudades del Milenio es el documento más contundente —por ser un trabajo de campo donde se recolectaron las evidencias— que se ha realizado sobre este proyecto civilizatorio de Rafael Correa.

La investigación sobre las Ciudades del Milenio es el documento más contundente —por ser un trabajo de campo donde se recolectaron las evidencias— que se ha realizado sobre este proyecto civilizatorio de Rafael Correa. Sus autores dicen que el informe "muestra que las Ciudades del Milenio no son un proyecto de modernización para la transformación revolucionaria de una región marginalizada, como el gobierno ecuatoriano muestra, ni una estrategia neocolonial para la civilización de la población indígena, como asumen sus críticos. Que al contrario, son meras simulaciones de modernidad —escuelas sin profesores, centros médicos sin doctores, policías sin celulares, calles sin carros, ciudades sin trabajo— que están siendo rápidamente abandonadas por sus pobladores y, poco a poco, vencidas por la vegetación del bosque amazónico".

Las Ciudades del Milenio son el espejismo que se le vendió al país sobre llos impactos "bondadosos" de la explotación petrolera, donde se pretendió cambiar la forma de vida de las comunidades indígenas amazónicas por un supuesto progreso material y el acceso a la modernidad.

Las críticas a las Ciudades del Milenio, (CM) se basan en el propio discurso gubernamental, que incluye una dimensión disciplinaria que representa una ruptura con las formas de vida de la población indígena y campesina, dicen los autores. "Casas donde solo se alojan a parejas casadas, la prohibición de tener perros o gallinas, cocinas que no pueden estar en la parte de abajo, el exterior de las casas no puede ser modificado, está prohibido beber alcohol, incluyendo la chicha, así como también está prohibida la propia venta de alcohol". Los autores insisten en que pese a las críticas, tanto el gobierno como los críticos a las CM compartían un visión común como un proyecto modernizador; pero, "nuestra investigación demuestra que esta asunción común es un error, y que las Ciudades del Milenio son meras fachadas de modernidad, que están derrumbándose rápidamente".


La Unidad de Policía Comunitaria en el poblado semi deshabitado de Pañacocha. 

"Las escuelas del milenio de las CM presumen de modernas instalaciones, incluyendo laboratorios de ciencias y clases llenas de computadoras. Pero lejos de suponer una transformación de las niñas y niños indígenas en sujetos modernos dóciles, encontramos que estas escuelas apenas llegan a los mínimos esperados de una nueva escuela. En ambas Ciudades del Milenio, Playas y Pañacocha, la conexión de internet de las escuelas no funcionaba  desde poco después de su inauguración y las computadoras se veían absolutamente nuevas. Ambas escuelas tenían un fuerte déficit de profesorado, los docentes se iban al poco de comenzar el curso y no eran reemplazados, lo que trataba de arreglarse con personal de administración obligado a dar clases. En el tiempo que visitamos Playas de Cuyabemo en julio del 2015, menos de dos años después de su inauguración, la escuela tenía 12 profesores para cubrir 18 puestos, y las clases eran impartidas por el secretario, la bibliotecaria, el guardia de seguridad y el conserje. En Pañacocha, que visitamos en junio de 2015 e inaugurada solo 18 meses antes, estaba en la misma situación. El guardia de seguridad enseñaba cuarto grado, el operador de la canoa de la escuela impartía literatura y el bibliotecario enseñaba química, aunque no tenían conocimientos en la materia".

"El guardia de seguridad enseñaba cuarto grado, el operador de la canoa de la escuela impartía literatura y el bibliotecario enseñaba química, aunque no tenían conocimientos en la materia".

"Encontramos que otras instituciones "modernas" de las CM tenían índices similares de disfunción y deterioro. El centro médico de Pañacocha  solo provee primeras ayudas y si alguien requiere mayor tratamiento  está obligado a viajar cinco horas río arriba hasta Coca. En Playas de Cuyabeno el centro médico estaba cerrado. Nos dijeron que el doctor había marchado dos meses antes y nadie lo había reemplazado. Las UPC están lejos de ser mecanismo funcionales para una nueva forma de colonizar la Amazonia. Por el contrario, no tenían celdas de prisión, ni canoas u otros medios para trasladar a los detenidos. Por ello, los policías tenían una escasa autoridad, reducida a tratar de mediar en conflicos intracomunitarios. En el caso de Playas, ello ha llevado al fracaso en la imposición de prohibiciones y regulaciones. Las familias tienen perros y crían gallinas, el alcohol se vende en las tiendas y muchas viviendas ya tienen nuevas infraestructuras para añadir espacio a sus casas. (...)

"Las vías alineadas y lisas veredas de las CM parecieran diseñadas para el tránsito de vehículos a motor. Pero no hay ninguna vía que llegue hasta las ciudades, y las calles que van hasta el final de la comunidad terminan en plena selva literalmente. Correa ha explicado que se tratan de "comunidades ecológicas" y los vehículos a motor están prohibidos, a la vez que cada familia fue obsequiada con dos bicicletas nuevas. En Playas un hombre de la comunidad mantiene las bicicletas, pero en Pañacocha no hay un servicio equivalente y muchas de las bicicletas están estropeadas sin uso alguno. En ambas ciudades, el teléfono y el internet no funcionan en la mayoría de familias porque el costo mensual del servicio y el traslado hasta Coca para su pago resultan imposibles para la totalidad de las comunidades. La irregularidad en el suministro eléctrico ha destruido refrigeradores y cocinas de inducción. Además, el uso de materiales más baratos de los prometidos para la construcción de las casas —como chapas de acero o paredes de yeso sintético en lugar de concreto— está llevando al rápido deterioro de las viviendas. La Ciudad tampoco tiene casa comunal ni iglesia, elementos fundacionales de las comunidades kichwa del Napo. En Pañacocha, el parque a lo largo del río Napo está orientado hacia la ciudad, porque apreciar la nueva modernidad fue más importante para sus diseñadores que observar el río o la selva. Siempre está vacío".

"La mayoría de familias de ambas ciudades solicitó que las casas fueran construidas en sus fincas, donde tienen su tierra, coltivos y animales, situadas a lo largo de varios kilómetros de las riberas de los ríos Napo y Aguarico. Sin embargo, la compañía contratada para la construcción de las ciudades empleó sociólogos para visitar a las familias de las comunidades y convencerlas de que aceptaran sus casas de la ciudad. Utilizaron desde el convencimiento respecto a la disponibilidad de servicios básicos en la ciudad o la cercanía a la escuela, hasta amenazas a las familias que no quisieran la casa en la ciudad de que no tendrían acceso a la misma. (...) Se trataba de un ejercicio de reducción de costos asociados al traslado de materiales a cada finca, con el único fin de generar una mayor ganancia para la empresa constructora que había ganado el contrato. (...)


Playas del Cuyabeno es la otra localidad piloto construida por el Gobierno anterior que no logra desarrollarse. 

"Un habitante de Pañacocha explicaba la situación en los siguientes términos: las casas son bonitas, para lo que teníamos mejoró, pero en cambio no nos sirve de nada porque estamos aquí sentados, ¿qué hacemos? no hay trabajo. (Nos dijeron que) va a mejorar todo, plazas de trabajo, habrá como pagar los servicios básicos, va a mejorar en educación, salud... La vida de la gente, en vez de cambiar ...a peor porque cuando vivíamos en el campo no teníamos la preocupación de pagar... Nos llenaron de deudas, toca pagar y no hay con qué... La gente se pregunta ¿qué estamos haciendo aquí? Las casas están siendo abandonadas".

Los investigadores constaron que ante la falta de empleos asalariados y con los gastos a los que no pueden hcer frente, las familias están regresando a sus fincas, con un visible abandono de muchas de las casas de las Ciudades del Milenio.

Los investigadores constaron que ante la falta de empleos asalariados y con los gastos a los que no pueden hcer frente, las familias están regresando a sus fincas, con un visible abandono de muchas de las casas de las Ciudades del Milenio. Muchas otras viviendas solo son ocupadas por jóvenes que acuden a la escuela o niños y niñas con sus madres, mientras que sus padres o personas mayores de la familia están en sus fincas.  Un político local dijo a los autores: "el gobierno llegó, terminó su proyecto y eso fue todo ...ahora nos ha abandonado aquí".

El mantenimiento de las Ciudades es responsabilidad de sus propios habitantes, porque los GAD no tienen presupuesto para ello. Los investigadores constataron, además, que la ciudad de Pañacocha es la más descuidada, porque sus pobladores, dividios entre grupos de indígenas y colonos mestizos que se dan la espalda, se han negado a colaborar juntos para su mantenimiento. "En el tiempo que visitamos la ciudad, el pasto crecía en todas las calles y veredas, la cancha de fútbol comenzaba a ser un lugar de alta vegetación donde habitaban serpientes, el mercado estaba desierto, los baños públicos destrozados. Una de las bombas de agua se había dañado cinco meses antes de nuestra visita y solo había agua dos o tres horas al día en la mañana. El sistema de drenaje se obstruía frecuentemente, convirtiendo las calles en lagos donde se reproducían los mosquitos. El sistema de alcantarillado había colapsado y las aguas negras salían directamente a la calle conlindante a la Escuela del Milenio.

"Sin embargo, el mayor grado de desastre se hallaba en Tereré, un centro de la comuna Pañacocha, donde se construyó otro barrio de la Ciudad del Milenio, pocos kilómetros aguas arriba, a dos horas de caminata. En Tereré lograron que sus viviendas hicieron que sus viviendas estuvieran localizadas más cerca de sus fincas, tras una fuerte disputa con la empresa constructora. Pero la ejecución del barrio se llevó a cabo de manera absurda. Tereré está compuesta por 15 viviendas a lo largo de una calle en forma de L que termina por un extremo en la selva y por el otro extremo en la ribera del río. Debiera llegar a un puerto de la comunidad que fue parte del diseño pero nunca fue construido.  De las 15 viviendas, solo una ha sido ocupada. No hya agua potable, ni drenaje para las aguas negras, por lo que cuando llueve las heces rebosan por los inodoros. Tampoco hay electricidad, pese a que cada casa ha asido equipada con su refrigerador y computadora. Cada casa también tiene sus dos nuevas bicicletas, aunque en Tereré solo haya 200 metros de una calle que no lleva a ningún lugar. Las familias nos mostraron las casas, con todos los electrodomésticos sin sacar de las cajas, las bicicletas guardadas al lado del colchón sobre la pared y su funda de plástico". 

Las Ciudades del Milenio, dicen los investigadores, "recuerda a los poblados rusos del siglo XVIII llamados villas Potemkin".

Las Ciudades del Milenio, dicen los investigadores, "recuerda a los poblados rusos del siglo XVIII llamados villas Potemkin, construidas para convencer a las autoridades de la monarquía de los zares el supuesto florecimiento económico del imperio ruso. Se trataba de poblados donde las viviendas solo tenían la fachada, donde sus ventanas, sus puertas... eran solamente un adorno en un muro. En un sentido similar, las Ciudades del Milenio son una parodia de modernidad, que ocultan la ausencia de una agenda verdaderamente transformadora. (...) Las Ciudades del Milenio no solo recuerdan a las villas Potemkin en la producción de una realidad falsa, sino que también son la construcción de una fachada, donde el mismo Estado pueda ser engañado con la imagen de su propio éxito. Las villas Potemkin fueron creadas como poblados falsos en el río Dnieper para engañar a la emperatriz Catalina la Grande en sus paseos por el río rumbo a Crimea. De forma parecida, Petroamazonas y Ecuador Estratégico han organizado estos espectáculos de progreso y modernidad en las riberas de los ríos Napo y Aguarico, mientras se aseguran que el paso de Correa por las Ciudades del Milenio está totalmente controlado".