Ecuador en la órbita de China

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Ecuador en la órbita de China
Son 10 sectores en los cuales unas 20 empresas chinas tienen grandes contratos con el gobierno ecuatoriano. China avanza en la ejecución de obra pública no solo en hidroeléctricas y minas, sino también en petróleo, salud pública, agua, vialidad... Con las nuevas promesas de inversión por USD 7500 millones, Ecuador acrecienta su dependencia del gigante asiático.
27 de Diciembre del 2014
Redacción Plan V

Ecuador está con luz propia en la órbita China. El mayor banquero del mundo ha dado líneas de crédito al Ecuador por cerca de USD 12 mil millones, incluido el monto que el presidente Rafael Correa trae de su visita oficial a la súper potencia a inicios de enero. 

Entre el 2007 y el 2012 China ha invertido cerca de USD 240 000 millones en América Latina, y ahora anuncia un nuevo paquete de USD 250 000 para los próximos años para varios países de la región. 

Los grandes beneficiarios de esta “generosidad”: las empresas chinas, la tecnología china, los capitales chinos y los gobiernos populistas, que pueden mostrar obras de infraestructura, cara y con muchos cuestionamientos ambientales y laborales, pero útil mostrar.

En Ecuador actúan 20 empresas chinas, gracias a proyectos financiados por dos bancos del país asiático: el Eximbank y el Banco de Desarrollo Chino. Aproximadamente 15 de estas corporaciones tienen los más grandes contratos en 10 sectores de la economía, especialmente los llamados sectores estratégicos, que involucran temas delicados como las telecomunicaciones, la electricidad, el petróleo, la minería.

A estos sectores se suman contratos en seguridad ciudadana, vialidad, salud pública, seguridad vial y agua. La modalidad de los contratos es por paquete, es decir EPC o llamados “llave en mano”. Gracias a esta modalidad de financiamiento y contratación, donde no existe licitación ni concurso de precios, el país no puede conocer si el costo de los proyectos es caro o está acorde a los precios de mercado que cualquier otra empresa no china ofrecería.

Los mayores beneficiarios de estos contratos en el Ecuador han sido las empresas chinas y algunos subcontratistas, de los cuales tampoco se sabe quiénes son ni cómo obtuvieron esos contratos. El otro gran beneficiario ha sido el Gobierno nacional y su estrategia de apoyo político a cambio de infraestructura.

El factor político

China ha tenido en Ecuador una cabeza de puente para ingresar en América Latina, pero también ha tenido fracasos, como el escandaloso caso de los radares chinos para las Fuerzas Armadas, un contrato fallido por USD 60 millones que hasta ahora no ha sido investigado ni sancionado a nivel gubernamental.

Uno de los primeros contratos exitosos fue en el ámbito de la seguridad ciudadana. Cuando se armó el primer convenio para el primer Sistema de Seguridad Integrado, o 911, ya el Estado ecuatoriano había firmado (noviembre del 2009) el contrato más grande de la década: casi USD 2000 millones con Sinohydro, la constructora china de presas más grande del mundo, para el Coca Codo Sinclair.

Para entonces, Jorge Glas ocupaba cargos en el Gabinete vinculados a las telecomunicaciones y luego a los sectores estratégicos. Su acceso privilegiado al crédito, especialmente con Exim Bank, uno de los bancos chinos que genera créditos para las países en desarrollo, le había llevado a consolidar dentro del Gabinete una reputación de efectividad lo cual se reflejo en poder político. Glas y su equipo habían negociado desde entonces la  mayoría de créditos chinos, con Exim Bank, para las hidroeléctricas, la minería, el petróleo y las telecomunicaciones. Lo cual estaba en su ámbito.

La cereza del pastel, sin embargo, lo que le granjearia definitivamente la hegemonía política en la disputa de facciones en las cuales se convirtió Alianza PAIS fue el acuerdo de facilidad petrolera o venta anticipada de petróleo con Petrochina, pues esto significaba una inyección de liquidez inmediata para gastos del Ejecutivo, en un modelo económico rentista que requería y requiere dinero contante y sonante para mantener la maquinaria política a todo vapor.

Así, a los activos políticos del grupo Glas se fueron sumando grandes obras de infraestructura, pero sobre todo se fue construyendo un nuevo imaginario en la desgastada Revolución ciudadana del buen vivir: para la nueva campaña, Glas obtiene el derecho, por mérito propio y de los capitales chinos obtenidos, a ocupar la candidatura a la Vicepresidencia de la República, una candidatura pragmática, con sentido político y con recursos, en desmedro de las propuestas agotadas de la cada vez más aislada y domesticada izquierda correísta, que luego de la Constitución de Montecristi no tenía nada nuevo que ofrecer.