Antigua Guatemala, más allá del turismo

Antigua Guatemala, más allá del turismo
Los encantos de esta ciudad de Guatemala, donde la vida cotidiana convive con el turismo cultural, las tradiciones religiosas y los oficios latinoamericanos, se muestran en esta galería. En Antigua el tiempo parece haberse quedado en la época de la colonia.
Fotos: 
Vladimir Rodas

Antigua, 45 000 habitantes,  está a 45 minutos en carro desde el centro de la moderna capital del Estado guatemalteco. Los casamientos, las reparaciones en las casas, las procesiones; o los personajes anónimos como Don Pedro Xiliquic, el carnicero, son algunas de las imágenes que no se vuelven postales folclóricas, tampoco resultan historias a ser relatadas por los miles de turistas que la visitan cada semana y que recorren sus calles empedradas.

En esta ciudad habita una extraña sensación de equilibrio entre turismo y cotidianidad. Los seres humanos y sus particulares espacios vitales. La realidad que se vuelve invisible ante los ojos del visitante, porque no la conoce, no se interesa o asume que no hay más allá de un bonito paisaje.

Visitar no sólo debiera servir para acumular millas, kilómetros o número de salidas de fin de semana. El visitar debiera entenderse como la posibilidad de conocer más allá de lo que está escrito en las guías de turismo, descubrir esos espacios singulares, ver esas dinámicas entre vecinos, escuchar las voces hablar de los problemas comunes, de las necesidades particulares y de los triunfos colectivos.

Antigua es un ejemplo de en lo que muchas ciudades se han convertido: centro de partida hacia y llegada desde otras ciudades o atractivos turísticos y que, a pesar de eso, no es descubierta más allá de lo que turísticamente es promocionado.

Las ciudades van más allá del turismo. Los visitantes pasan. La vida sigue. VR