Un día con las concheras de Pampanal

Un día con las concheras de Pampanal
La concha es el sustento de cientos de familias en Pampanal, provincia de Esmeraldas. En un día de trabajo se juntan las concheras, los motoristas, los vendedores y los niños. La cotidianidad pintada en pixeles muestra un rincón del Ecuador profundo.
Fotos: 
Luis Arguello

Cuatro horas y media dura mi viaje desde Quito hasta San Lorenzo en el taxi de Jacinto que se presenta con una sonrisa.

San Lorenzo es una población ubicada en la frontera norte de Ecuador, en la provincia de Esmeraldas. Es parte del Chocó biogeográfico, una región conocida como “punto caliente” de biovidersidad a escala mundial.

En el cantón del mismo nombre habitan unas 42000 personas. Las que viven en la zona urbana se dedican al comercio, agricultura y pesca. En los cantones de San Lorenzo y Eloy Alfaro hay muchas comunidades de familias recolectoras de concha y cangrejo azul que están asentadas en los manglares dentro de la Reserva Ecológica  Manglares Cayapas Mataje. 

Las mujeres tienen un rol muy importante en esta actividad, ellas son mayoría entre los recolectores. Es un trabajo muy duro. Largas jornadas de recolección bajo condiciones de mucho calor, humedad, en zonas de manglar casi impenetrable plagadas de mosquitos. Sin embargo estas mujeres luchadoras siempre encuentran la forma de sonreír y salir adelante.

Al final del día de recolección de la concha, el éxito se mide solamente por el número de conchas que cada mujer logró recolectar, 100, 200, 300 que son contadas minuciosamente ya en la embarcación. Con el bote lleno del molusco, nos dirigimos a la comunidad de Pampanal, levantada parcialmente sobre los manglares, donde las mujeres vuelven a sus hogares. El producto de la jornada será entregado a los directivos de su asociación de concheras para la venta en San Lorenzo y así conseguir un mejor precio, 10 dólares por el ciento.

La pobreza es evidente en toda la comunidad. Casas que apenas permanecen en pie y mucha insalubridad. Por todos lados se puede ver los estragos de cuando la marea sube y deja muchos escombros acumulados en los alrededores de este pequeño pueblo de pescadores y recolectores. Sin embargo los niños, al vivir en este paraíso natural como patio de juegos, saben aprovecharlo.