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Buscaste: Patricio Moncayo
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Los cuarenta años de democracia
¿Se puede sostener que con el ex presidente Rafael Correa se dejó atrás ese período de inestabilidad institucional y económica que primó en los primeros veinte años de democracia?
Venezuela entre dos fuegos
Guaidó enarbola la bandera de la recuperación de la democracia, con el respaldo impúdico de Trump, pero también del grupo de Lima conformado por gobiernos latinoamericanos, de diversas tendencias ideológicas. La acción de Guaidó ha tenido resonancia social, la presencia en las calles de amplios sectores de la población lo confirma. Y a nivel internacional Guaidó encarna la esperanza de la vuelta a la democracia y del derrocamiento de la dictadura.
El lado correcto de la historia
Lo que está en juego en Venezuela es “una salida negociada o la guerra”. La posición de México y Uruguay ha sido prudente. No se han hecho eco de la beligerante actitud de los Estados Unidos. Tal iniciativa trata de evitar “una acción militar externa” que podría desembocar en una cruenta guerra entre las fuerzas de ocupación y un país desgarrado por una larga disidencia interna.
El ingrato oficio de gobernar
Correa, no obstante el viraje neoliberal de su gobierno, no quiso renunciar a los halagos del poder, y sí perdió la perspectiva de su proyecto. El “socialismo del siglo XXI” devino en un discurso legitimador de un gobierno que se ferió una oportunidad histórica, convirtiéndole al Estado en un botín para enriquecer a su círculo íntimo y a sus allegados, sin el menor escrúpulo.
Salir del círculo vicioso
¿Cómo quiere Moreno pasar a la historia? ¿Como el presidente que «hizo lo que tenía que hacer por el bien del país, aun a costa de su popularidad»? O como el presidente que apartándose del populismo, supo enderezar el manejo de la economía sin menoscabar el funcionamiento de la democracia. El ajuste económico debe verse acompañado de una ampliación de la democracia.
La transparencia no es negociable
En lugar de zanjar la disputa con transparencia —única condición para que las partes reconozcan los resultados— el gobierno, nuevamente encabezado por el Presidente, procede a allanamientos, a insultos, a una obscena exhibición de fuerza, subestimando la capacidad de respuesta ciudadana. Esto solo puede devenir en un choque, una confrontación, con un elevado costo social, político y humano.
“Prefiero un banquero a un dictador”
Los llamados intelectuales cuya profesión “revolucionaria” los vuelve dependientes de dos amos, el capitalismo y el poder, simulan situarse al margen de la explotación, a la que retóricamente combaten, y endilgan sus propias ilusiones de grandeza a los burgueses de “carne y hueso”. Hay, sin embargo, una diferencia; éstos no ocultan su identidad de clase. Los otros, sus detractores —no obstante adolecer de sentimientos burgueses— se disfrazan de revolucionarios para seguir gozando de las prebendas del poder y de su vergonzante inserción en el mercado.
Transparencia de la impudicia
El presidente Correa hasta ha minimizado el delito del soborno o coimas recibidas por altos funcionarios del estado, cuyos nombres se niega a dar hasta después de las elecciones, como algo propio de la viveza criolla que no merece el escarnio público. Por eso, para él es el “colmo de la bajeza” utilizar esta arma en vísperas de las elecciones y pretender poner en duda la honorabilidad del actual vicepresidente de la República, que está terciando por su reelección. ¿Es una “bajeza” destapar la corrupción?
Paradojas de una evaluación
El balance de este juego situacional conspira contra la pretensión del gobierno de perpetuarse en el poder. El gobierno que se autocalificó de izquierda perdió la oportunidad de afincarse en la democracia. La democracia formal, representativa, fue desacreditada como “burguesa”; de esta manera la burguesía quedó como democrática y la “izquierda”, falsamente representada por el gobierno, como anti-democrática.
Los frentes de la política
En el nuevo paradigma de la política, temas como el “género, la edad, la raza, la lengua, los derechos humanos, el cuerpo, la salud, la identidad sexual, el vecindario, la ciudad y el entorno físico, el legado y la identidad culturales, étnicas, nacionales y lingüísticas, las condiciones de vida físicas y la supervivencia de la humanidad en general” son políticos pero no estatales. Estos temas se asientan en valores como “la autonomía y la identidad, la oposición a la manipulación, el control, la dependencia, la burocratización, la regulación...”.

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