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Texto y fotos: Luis Argüello A.
El presente en un mercado de la vieja Delhi
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El calor y la humedad son intensos en esta época del año, unos 30 grados. Porteadores del Gadodia Market toman un descanso para charlar y fumar.

 

El metro de Delhi, luego de 28 paradas desde Dwarka, llega hasta Chandni Chowk, en la vieja Delhi, una zona llena de vida. Templos, mezquitas, museos escondidos y un gran mercado son como imanes. Esta es una crónica gráfica contada en primera persona por Luis Argüello, editor gráfico de Plan V.

Mi primer día en Delhi me hace perder la noción del tiempo: El cambio de horario es enorme. Estoy cansado por el vuelo pero no puedo esperar más para salir. Me dirijo al Fuerte Rojo, en la zona de Chandni Chowk (lugar de luz de luna), llamada así desde la era mogol porque existía ahí una piscina que reflejaba la luna. Pero al llegar me doy cuenta de que es lunes y está cerrado como otros lugares históricos. En los alrededores, sin embargo, hay mucho por ver. Me dejo llevar por uno de los miles de conductores de “rickshaws” (bicicleta con carroza)  que están siempre a la cacería de turistas despistados como yo. Buena decisión: uno de los paseos más emocionantes de mi vida, intenso tráfico, calor, humedad monzónica, un constante sonar de los claxon de autos, motos y tuc tucs, un paseo a campo traviesa por las calles que parecen laberintos; lo sé, quizás esto no es para todos. Para mí es como una explosión sensorial.

Las arterias que se despliegan por la zona de Chandni Chowk sumergen al visitante en un mundo sensorial alucinante.

Delhi es una ciudad tan diferente que me obliga a vivirla completamente desde todos los sentidos y a mantenerme todo el tiempo en el presente, solo el presente, lo cual es bueno para cualquier ser humano. Todo lo que se mira es interesante, distinto o extraño, incluso muchas veces se siente poético o ceremonial. La riqueza convive con la pobreza constantemente: 1.339 millones de personas habitan en India, el segundo país más poblado del mundo después de China. Delhi es una de las cinco ciudades más pobladas del planeta. Eso se siente en todas partes. Conviven ahí todas las religiones y culturas. La ciudad está habitada por unos 23 millones de personas que comparten espacios públicos con animales, al parecer, en completa armonía y respeto. Vacas, cabras, monos, perros, ardillas, águilas, palomas son parte de la fauna urbana; en otras ciudades también es común ver pavos reales —ave nacional— deambulando libres por los templos y las calles. En Delhi, como en muchas ciudades de la India, las vacas tienen total libertad para circular, comer o simplemente tenderse en medio de la calle mientras el mundo gira a su alrededor. Todos respetan su espacio y su libre albedrío.

Una pasarela muy colorida en pleno centro de Delhi.

Mi audaz conductor del rickshaw, y guía por mérito propio, sortea obstáculos a cada segundo, grita para abrirse paso, hace señas con las manos, esquiva peatones, vendedores, bovinos, perros. Toda una experiencia de destreza. Siento un poco de vergüenza de ser transportado por el esfuerzo de otro ser humano que pedalea, pero en realidad también sé que es un trabajo que miles de personas hacen para ganarse la vida.

Me lleva a varios sitios y me invita a comprar en almacenes que le darán comisión. Me deja una hora en la mezquita Jama Masjid, una de las más grandes de India. También me lleva a pequeños y escondidos museos que no aparecen en las guías y que resultan ser muy especiales. Aprovecha el trayecto para ofrecerme un tour más largo otro día. El turismo en India es muy aprovechado por los locales y son excelentes vendedores.

Es indispensable visitar la zona de Chandni Chowk en la vieja Delhi. Es lo que podría llamarse la auténtica India, un gigantezco mercado donde se puede comprar infinidad de productos, joyas, textiles, artesanías y gran variedad de comida callejera. Mucha gente movilizándose de un lugar a otro en medio de un caos organizado, saturado de aromas, sonidos, carteles, cables que a veces hay que esquivar, gente a pie, en rickshaws o Tuc Tuc como lo llaman los locales. Todo parece funcionar como la máquina de un reloj. Parece que hay un sexto sentido en todos que evita que ese caos colapse o deje de funcionar.

Aquí, cualquier persona que pueda ofrecer un servicio lo hace en la calle, simplemente pone sus utensilios en la acera y su negocio estará listo para atender a quien lo necesite. Barberos, zapateros, costureros, personas que hacen collares con flores u ofrendas para los dioses.

Trabajo no falta para quien tenga una habilidad. El barbero transforma su oficio en un acto casi ceremonial. Toda su atención está en su cliente. No se distrae con el ruido ni con mi presencia.

Llama mi atención un hombre que con extrema habilidad y unas afiladas pinzas limpia los oídos de quien le pague unas pocas rupias.

Nos abrimos paso por los alrededores de Khari Baoli road y entramos a Gadodia Market, una especie de mercado dentro de un gran mercado. La zona de Khari Baoli es considerada como el mercado de especias más grande de Asia. Llegan hasta aquí especias de todo el continente. Frutos secos, té, hierbas. El olor en el ambiente es penetrante y estimulante. Imaginen un olor mezcla de todas las especias, variedades de hierbas y tes de Asia.

Gadodia Market

La entrada a Gadodia Market en la zona de Chandni Chowk, una cuadra llena de bodegas. El olor a especias es intenso aquí.


En la entrada a Gadodia cada espacio es aprovechado para vender algo.

A Gadodia Market se ingresa por un portal, es como entrar en un templo del comercio o una mezquita que ocupa una cuadra grande completa, pero llena de bodegas abiertas con paredes oscurecidas por el tiempo y el polvo. Circulan carretas llenas de costales, vendedores ambulantes, cargadores, gente negociando sus productos por teléfono y también cargadores tomando descanso, vendedores de comida que utilizan cualquier espacio pequeño para poner su negocio que alimentará a la gente que trabaja en la zona. Es un lugar donde hay pocas mujeres. Aquí casi todos los trabajos los hacen los hombres.

Innumerables cuartos, locales y bodegas forman este mercado dentro de otro mercado. El tiempo, el clima y el uso le dan ese aspecto tan especial.


Llamadas, negociaciones, regateos, el trabajo es intenso para algunos mientras en el local de enfrente el dueño solo espera tranquilamente mientras revisa las noticias.

El cabello naranja teñido con henna es muy popular en India, especialmente para cubrir las canas y hacer tatuajes no permanentes. Es más usado por muchos hombres de la tercera edad en cabello y barba.

El chile o ají se consume en gran cantidad, también es usado en amuletos junto con el limón y el carbón vegetal. Se cuelgan en la entrada para la prosperidad del negocio.

Muy pocas mujeres trabajan al interior de este mercado. Los negocios y la carga pesada queda en manos de los hombres.

En las afueras de Gadodia Market el calor junta a la gente para descansar bajo los árboles.

Vuelvo a perder la noción del tiempo. Mi conductor y guía me hace notar que han pasado casi tres horas. Hora de terminar el recorrido por hoy. Este día hice muy pocas fotos. Preferí mirar, oler, tocar y saborear el presente. El último día de mi viaje por India regresé a aquel lugar por mi cuenta e hice las fotos que acompañan este texto.

En este corto recorrido por Delhi y el norte de India debo resaltar y agradecer la generosidad y amabilidad de la gente. También la curiosidad de algunas personas o las ganas de ayudar a un foráneo confundido en el metro o en la calle. Siempre un namasté y una pequeña reverencia lo hacen sentir a uno muy especial.

El presente en India quedó en el pasado en buenos recuerdos. Ahora solo pienso en regresar algún día.

 

[RELA CIONA DAS]

GALERÍA
El presente en un mercado de la vieja Delhi
 


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