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13 de Octubre del 2014
Cultura
Lectura: 10 minutos
13 de Octubre del 2014
Redacción Plan V
David Santillán: los tentáculos del poder

Las 16 obras de Santillán caracterizan al poder como solitario e hipnotizante.

 

La obra del pintor quiteño es comentada por el filósofo y poeta Iván Carvajal. Una muestra plástica que propone una crítica sobre la relación del poder con la sociedad.

David Santillán, artista plástico quiteño. Expone "Historias recurrentes" en el Centro Cultural Metropolitano. 

En la sala V del Centro Cultural Metropolitano, en el Centro Histórico de Quito, dividida en cuatro secciones se halla la exposición Historias Recurrentes del artista pictórico David Santillán. La muestra reúne las obras de Santillán, junto con obras clásicas de los siglos XVII al XX, escogidas por él y prestadas de la colección Alberto Mena Caamaño. Con este formato de exposición, según explica el autor, se busca establecer un diálogo entre las obras de distintos tiempos y profundizar a través de su significado. Hablamos sobre la exposición con  Iván Carvajal, poeta, filósofo y ensayista. Él interpretó que este diálogo de obras actuales y obras antiguas permiten ver la continuidad y arraigo de las relaciones del poder en la sociedad.

El autor ha trabajado en estas obras desde el 2011. Aceptó que su obra es controversial porque “ahora controversial es pensar diferente”. De modo que con esta exposición quiere marcar una reflexión al público.

Con marco blanco y de cara hacia la puerta, la pieza Patria da la bienvenida a la exposición. Esta obra muestra el cuerpo desnudo de una mujer, con el rostro cubierto por el escudo del Ecuador y recostada sobre una banca que, explicó Santillán, “es una banca de la fertilidad de las monjas de Santa Catalina y es una forma simbólica de representar a una patria que no se concibe, no se construye y está queriendo armarse y desarrollarse”. Carvajal contó que se vio sorprendido por la obra mencionada: “trata de desnudar, exhibir a la patria y además nos remite a preguntarnos qué mismo es la patria, habiendo todo un discurso de que la patria ya es de todos”.

En la sala encontramos varias frases en la pared pero destacamos de la segunda sección esta: “La plaza grande enrarecida por una especie de niebla se llenará de sillas plásticas vacías el signo irónico de la muchedumbre vaciada de su fuerza que adhiere al poderoso y a su círculo íntimo los áulicos representados por un anillo de color rosa”. Bajo la frase se han colgado cuatro obras que muestran varias perspectivas de la Plaza Grande y en todas ellas sillas plásticas vacías. Carvajal comentó que en esas obras se expresa “que se puede sustituir a la masa”, ve a las sillas como a “los individuos de la masa que se movilizan por la convocatoria del poder. Estos no van con voluntad, por eso son sustituibles”. En esta sección la obra se centra en mostrar al poder solitario e imperecedero, mientras quienes lo ostentan o a quienes arrasta se pueden sustituir como sillas de plástico.

En algunas de las obras de Santillán los ojos de los personajes parecen estar sometidos a hipnosis, a lo cual él responde: “el poder hipnotiza y también atrapa a quien lo ostenta, en ocasiones esto es voluntario. Históricamente hay mucha gente que da vueltas y vueltas en el poder, generaciones”. En las obras, el poder se ve representado en la silla presidencial, de esta silla salen varios tentáculos, el artista expresa que “el poder se expande por todo lado como un terrible pulpo que quiere influir en todo”. El ensayista Carvajal comentó que “el sillón con tentáculos representa el vacío de la soberanía que se llena con las relaciones de poder”, considera que los tentáculos llegan a “absorber al poderoso y por ello el poder se ejerce con cinismo, despotismo, autoritarismo, con falta de lealtad para los amigos y aún más para los enemigos”.


Patria. Es la obra que abre la exposición cuestionándonos sobre qué significa la Patria, para luego hablarnos del poder.

Al llegar a la siguiente parte de la exposición se halla una obra que toma la imagen del cuerpo sin vida de García Moreno, fotografiado por Raúl Pérez, en el siglo XIX y lo ubica junto a personajes actuales y de la época. Llama la atención el personaje de Michelena al lado derecho de la imagen y alrededor del cuerpo objetos pequeños y amarillos como marcadores del lugar del magnicidio con números “proféticos, imaginados, de lo que puede ser el futuro político del país”, así los definió el autor. El cadáver sostiene en su mano un espejo frente a su rostro, pero en este se refleja otro personaje. En esta obra dice el artista que vemos “una relación entre el pasado y el presente, cómo el poderoso en su auge, encarnado en un individuo, al final se desvanece. Ese espejo es como un túnel del tiempo con lo que sucede ahora.”

Todas las obras en esta exposición giran en torno al poder, de modo que, cuestionamos la relación que existe entre ambos.

Santillán explicó que “el poder elige qué pasa a la historia y qué no, o determinar qué conocimientos interesa que la gente conozca. El fragmentar imaginarios ha provocado que tengamos una débil consistencia ante una postura avasalladora como la parte política hoy (…) Puede ser cómodo trabajar el arte desde el poder, pero es interesante tener una posición crítica”. Carvajal coincide que la posición crítica “es indispensable en el arte” y que el artista no tiene poder para mover a nadie de la política, pero tiene el poder de “crear consciencia”.

Sobre la relación arte-poder Carvajal explica que existe tres aspectos:

El primero es la relación problemática con el poder que han tenido los artistas al momento de crear. "Esto ha dependido del momento histórico. En la época del arte religioso cristiano, este ha estado a favor del culto. Hubo otros momentos en que el artista cobra autonomía y entra en conflicto con el poder. En el Renacimiento los mecenas protegían a los artistas, o eran mantenidos por Papas o príncipes mediante contratos y en ocasiones los artistas tenían que huir de sus patrocinadores al no poder cumplir sus deseos. Ahora en la época contemporanea el arte es un elemento muy fuerte de crítica con el poder".

El segundo aspecto tiene que ver con que el elemento crítico del arte, "siempre el arte, para ser tal, debe tener un elemento crítico. Si en la obra de arte solo está lo que domina ideológicamente, deja de tener contenido artístico", afirmó Carvajal.

El tercer aspecto y "el más profundo" tiene que ver con la libertad, la sensibilidad y la pasión. Carvajal dijo que estos elementos "se conjugan con elementos intelectuales, cuando el artista está jugando con la exterioridad y a veces más allá de lo que es consciente. La interacción de los seres humanos, de las formas culturales y las pasiones hace que se produzca una singularidad que permite explorar lo humano con libertad y esa es la parte más importante del arte y esto siempre es ajeno al control del poder. Por ello cuando hablamos de la relación entre el estado y el arte, vemos que el artista pugna por captar este sentido de libertad y el poder está tratando de absorber la obra para despojarla de su sentido libertario".

Carvajal, en las palabras que dedicó a la obra de David, sobre el poder dijo: "¿Qué es, a fin de cuentas, el poder? ¿Qué es la soberanía? Su lugar es un sillón ostentoso, el solio, que será ocupado en sucesión por la cadena de detentadores del poder. El poder tiene tentáculos, pero estos no emanan de la persona del poderoso, sino de su lugar: el sillón. Incluso el poderoso permanece atenazado por los tentáculos del poder. Esta es una faceta grotesca del poder: que aun el poderoso actúe está sometido a las reglas del poder, a su necesidad de conservación y expansión, a la continua vigilancia, sospecha, desconfianza. Los tentáculos de la sospecha y la desconfianza se tienden hacia los más cercanos colaboradores del poderoso, los desfiguran."

Sobre la obra el ensayista dice: “La obra de David es un arte político muy fuerte y concentrado. Pictóricamente es de mucha calidad y encuentro inmediatamente una afinidad con Goya. Hay consciencia (en el arte político va más allá del momento), hay intuición, hay valentía. Su trabajo es muy prolijo, tiene mucho cuidado para hacerse con lo grotesco al límite de la máscara, pero jamás caer en la caricatura. Hay un trabajo reflexivo, serio, también tiene elementos de lo popular y deja correr de manera fluida, no es que la inteligencia atrapa a la figura, sino que, hay un diálogo entre la sensibilidad y la inteligencia.”

La exposición se inauguró el 25 de Septiembre y permanecerá hasta el 26 de octubre. El jueves 16 del mismo mes, a las 18:00 horas, se realizará un conversatorio sobre la obra.

 

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David Santillán: los tentáculos del poder
 


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