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1 de Junio del 2015
Cultura
Lectura: 18 minutos
1 de Junio del 2015
Redacción Plan V
Del documental nace la luz

Foto: Cortesía EDOCS

"Venimos en Paz" de Hubert Sauper retrata la situación de guerra civil en Sudán y la disputa de los extranjeros por los recursos naturales de África. 

 

Foto: Cortesía Pocho Álvarez

Pocho Álvarez cuenta la historia de la resistencia de Íntag frente a la penetración minera estatal que busca cobre en la zona. 

 

Dos de los realizadores del festival Edoc, que tras su presentación en Quito inicia sus funciones en Guayaquil, conversaron con este portal sobre la importancia del cine a la hora de difundir las verdades que la propaganda de los gobiernos y el lobby de las empresas pretenden ocultar. El cineasta ecuatoriano Pocho Álvarez y el austriaco Hubert Sauper cuentan los entretelones de filmar un documental en zonas de conflictos bélicos, políticos y sociales.

El festival Edoc concluyó en Quito este 31 de mayo, pero se presenta en Guayaquil hasta el 13 de junio. La gran acogida del público y la calidad de la muestra de documentales y películas independientes ha hecho de este festival uno de los más importantes de la región.

PLAN V conversó con dos de los realizadores invitados al Edoc. Se trata de Pocho Álvarez, conocido cineasta ecuatoriano, y de Hubert Sauper, austriaco radicado en Francia, quienes explicaron sus documentales y reflexionaron sobre la importancia del cine para plantear problemáticas sociales y culturales, en especial, en zonas de conflicto.

PLAN V conversó con Pocho Álvarez, conocido cineasta ecuatoriano, y Hubert Sauper, austriaco radicado en Francia.

En el caso de Pocho Álvarez, se presentó en el Edoc un documental sobre el conflicto minero en la zona de Íntag, en la zona occidental de la provincia de Imbabura, en donde la Empresa Minera del Estado se encuentra realizando trabajos de prospección en la perspectiva de encontrar depósitos de cobre. 

Hubert Sauper, de su lado, ha filmado en África. Su último trabajo, titulado en inglés We Come As Friends, traducido como "Venimos en paz", cuenta la historia de la guerra civil en Sudán. Sauper se dio a conocer internacionalmente con el documental "La pesadilla de Darwin" que cuenta los problemas sociales y económicos derivados de la introducción de un tipo de pez en un lago de Tanzania y como la situación de la zona se ve afectada por el tráfico de armas.

PLAN V conversó con ambos realizadores sobre estos trabajos y sobre la importancia del género documental. 

 Foto: Luis Argüello

"Al oscurantismo no le gusta la luz"

Pocho Álvarez

Director, fotógrafo, guionista y editor, ha trabajado realizando películas  documentales de carácter político, ambiental, social y cultural, en distintos países de América Latina, Europa y Asia. Investigador para, Ecuador, Colombia y Venezuela, del libro Cine Comunitario en América Latina y el Caribe, de la Fundación del Nuevo Cine Latinoamericano 2011. Autor de documentales como Javier con I, Intag, El Conejo Velasco, Pieldolor,  Jorgenrique, A Cielo Abierto Derechos Minados, Tóxicotexacotóxico, Ale y Dumas uno es dos y dos son uno.

En su departamento al norte de Quito, una gran planta ocupa buena parte de la sala. Recuerdos familiares como fotos de sus hijos, decoran el espacio amoblado con sencillez. El realizador toma asiento ante su gran planta, que le sirve de fondo para esta entrevista, mientras rememora los sucesos de la lucha de la comunidad de Íntag contra la minería, que busca explotar cobre en la región.

¿Qué le motivó a filmar sobre la situación de Íntag?

Hay un antecedente sobre este tema. En el año 2008 empecé a rodar un documental titulado "Cielo abierto, derechos minados", que contó la historia poco conocida en el Ecuador de la resistencia frente a la megaminería. Realicé un recorrido de norte a sur por el país, y descubrí los saberes de los campesinos sobre la minería y también el engaño que fue el supuesto cambio de valores de la llamada "revolución ciudadana" que planteó una Ley de Minería sin tomar en cuenta el mandato minero. Las grandes compañías nunca salieron ni entregaron las concesiones. En la zona de Íntag ha habido una lucha heroica por la defensa del agua. Se enfrentaron a la violencia de paramilitares y mercenarios de una empresa minera. Esto pasó en 2006, pero para 2007 este Gobierno volvió a dar un nuevo impulso a las mineras. El mayor impulsor de la megaminería es el poder desde Carondelet, es el propio Primer Mandatario quien hace propaganda de las mineras, con su propio discurso. Nunca le he escuchado al Aliento de Carondelet hablar sobre los impactos de la megaminería, de eso nunca habla. Se ha adoptado un discurso falso, de una minería amigable con la naturaleza, y es patético que el propio Jefe de Estado tome el discurso de las mineras sin mencionar los impactos de la megaminería. Quedé comprometido con esa causa, de las comunidades que resisten a la minería. Creo que la cámara debe develar lo que al poder le interesa ocultar. 

¿Qué ha develado tu cámara en este documental?

Hay todo un plan de ocupación de Íntag, diseñado desde las alturas del poder. Este plan empezó en 2013,cuando el propio mandatario ataca a las comunidades de Íntag. Como las comunidades no permitieron el ingreso de la Enami, los atacaron en las sabatinas. Se elaboron mentiras como acusar a Carlos Zorrilla de ser un teórico de protestas en Quito, en donde hubo incidentes que terminaron con el cierre de la Fundación Pachamama. Se hizo una campaña de linchamiento mediático y en las sabatinas contra Carlos Zorrilla, con cadenas nacionales, mostrando un supuesto manual hecho por Carlos. Han construido la no verdad como argumento, han recurrido al linchamiento mediático, han convertido campesinos en resistencia en tirapiedras. Es paradógico que el ministro del Interior, José Serrano, fue abogado de Íntag como lo fue de Sarayaku, y ahora él mismo elabora el plan para tomar presos a los dirigentes, como se ve en el documental. Se inventan delitos contra un inocente, como Javier Ramírez, lo encarcelan diez meses por supuesto sabotaje y terrorismo, y finalmente lo acusan de rebelión por un incidente en la cual no estuvo presente, pues estaba a dos kilómetros de distancia. Las pruebas que presentó no fueron aceptadas. El tejido social de Íntag está destrozado, hay una ocupación policial en la zona, hay 250 policías en una comunidad pacífica, supuestamente protegiendo a los técnicos de la Enami. Todos estos aspectos tiene esta historia siniestra que he develado, porque el Gobierno trata de tergiversar las cosas. 

"Cuando hago una película me interesa que sea útil, que contribuya a la luz, que conozcamos algo más de lo que ocurre, que rompamos el silencio. Un documental contribuye a abrir un hueco por donde penetra luz, y al oscurantismo le molesta

la luz".

¿Qué dificultades hubo para realizar este documental?

Las dificultades propias de una zona ocupada. Tu vas a Íntag y la policía te estorba, te acosa, te toma fotos. En los primeros días no dejaron pasar una caravana de solidaridad que venía desde Quito, aduciendo que no había salvoconductos para buses que se movían dentro del mismo cantón. Hay acoso a la población, era una zona pacífica donde no había policía. Han convertido una escuela en cuartel de policía y los niños deben caminar una hora hacia otra escuela. Es una historia silenciosa y siniestra, que sin duda debe conocerla el ministro del Interior y antiguo amigo de Íntag.

¿Qué intereses económicos hay en torno a la explotación del cobre en Íntag?

Esto viene desde hace 20 años. Es una lucha ejemplar, como las que se han dado en la Amazonía contra las petroleras. No hay estudios profundos que determinen qué cantidad de cobre hay o si es rentable, pero está claro que la propia exploración ha dejado contaminación. Hay ya contaminación en el río Junín. Antes se peleó contra las transnacionales, pero ahora es el Estado, una empresa pública la que les ocupa, pero eso no es verdad, es un proyecto de la empresa chilena Codelco, la mayor transacional del cobre en el mundo. Hay el interés del Gobierno de tener liquidez, porque han vendido el país a los chinos y tienen que pagar de alguna manera.

¿De qué vive la gente de Íntag?

De la agricultura, del cultivo del café por ejemplo, que se exporta hasta el Japón. Cultivan cacao, frutas, tienen artesanías y proyectos de ecoturismo. Viven en un bosque nublado húmedo. 

¿Qué expectativa tienes sobre la respuesta del público?

El festival Edoc es una plataforma de encuentro, de encuentro con otras realidades. Es un encuentro con los otros, con otras luces. Es una oportunidad para mostrar esta realidad que no se quiere mostrar, porque hay interés de callar. Cuando hago una película me interesa que sea útil, que contribuya a la luz, que conozcamos algo más de lo que ocurre, que rompamos el silencio. Un documental contribuye a abrir un hueco por donde penetra luz, y al oscurantismo le molesta la luz, por eso trata de eliminar todo lo disonante. Un documental contribuye a combatir la propaganda, por eso censuraron un documental anterior que colgué en Youtube. Todos aquellos que se oponen son un estorbo, todo lo que tiene color distinto al verde bilis que ellos manejan lo quieren eliminar. Quiero mostrar la vida en el otro Ecuador, en un país sometido a los intereses de eso que los campesinos llaman la "ambicia", una mezcla de ambición y codicia. 


Foto: Luis Argüello

"El documental es el último refugio de la libertad de expresión"

Hubert Sauper

Nació en 1966 en Kitzbühel, Tirol, Austria. Su película Darwin's Nightmare de 2004, que estuvo nominada para un Premio Óscar. Sauper ha vivido en Reino Unido, Italia, y Estados Unidos y ahora vive en Francia. Estudió dirección cinematográfica en Viena y Francia. Da clases de cine en Europa y Estados Unidos. Ha actuado en varios cortometrajes y dos películas: In The Circle of the Iris, dirigida por Peter Patzak, y Blue Distance, dirigida por Peter Schreiner.

El cineasta austriaco, nacido en 1966 en el Tirol, esperaba a este portal en la cafetería de Ochoymedio, el cine cultural del barrio de La Floresta que fue una de las sedes del Edoc en la capital. Sauper vive desde hace mucho tiempo en París, y ha trabajado en Francia la mayor parte de su carrera. El cineasta habla y entiende el español y responde a las inquietudes de PLANV sobre su trabajo en África. En lo profundo de ese continente, Hubert Sauper ha seguido la huella de los imperios coloniales tanto de Francia cuanto de Gran Bretaña, que dejaron intactos conflictos ancestrales entre los pueblos originarios y crearon otros tantos, que ha procurado retratar en sus obras. Sauper, sin embargo, ha sido financiado por la Unión Europea, entidad que ha respetado su dura crítica a los imperios coloniales de Europa y su legado de violencia y miseria en África. 

¿Cómo pueden ayudar el cine y los documentales en particular a difundir problemáticas como las de Tanzania y Sudán que retrataste en La Pesadilla de Darwin y en Venimos en Paz? ¿Qué dificultades hay para trabajar en esas zonas de conflicto armado?

Soy europeo y a veces me preguntan porqué trabajo en África. Pienso que la respuesta es porque las historias de África y Europa están interconectadas. La principal dificultad del documentalista es buscar un tema, un acceso físico a los lugares en donde se debe filmar, a la gente y a la mente de las personas involucradas. Es más fácil, sin embargo, hacerlo en África central que en Wall Street, porque en Europa, en París por ejemplo, la gente está mucho más a la defensiva frente a una cámara, hay mucho más cuidado con lo que se dice o se muestra, hay una cierta hipocresía. Cuando preguntas a un empresario francés sobre su vida no te responde. Curiosamente, hay más apertura, más espontaneidad en la gente de África. La gente en los pueblos de África es más calurosa, tengo una buena conexión con ellos, tanto entre la gente común como entre quienes ejercen el poder, que son gente que ha traicionado a su pueblo. Ellos muestran su cara fea con facilidad, son más transparentes, es más fácil grabar esas caras feas en Sudán que en Alemania.

¿Cómo dificultó tu trabajo la guerra civil en Sudán?

Que haya guerra civil no significa que el conflicto esté en todos los lugares. Hay sitios en donde es difícil, porque hay conflictos, pero a unos kilómetros de distancia se puede estar con seguridad. La cuestión es con qué tipo de personas estás. Es más un ejercicio sicológico que físico sobrevivir en la guerra.

¿Pero has llegado a correr peligro en esas zonas?

Sí, hemos sido atacados en algunas ocasiones. Pero el tema de la película son las razones de esos conflictos, la locura que promueve esos conflictos. La interpretación europea de esas guerras es que los negros son violentos, primitivos, peligrosos y eso no es verdad, las razones del conflicto provienen del exterior y es eso lo que quiero mostrar. Hay consecuencias del colonialismo en África, y la peor, en mi opinión, es la división del África en 50 pedazos, en muchas naciones. La historia de Sudán es parte de eso, es el último ejemplo de estas fronteras impuestas por los europeos, en donde hay una guerra en donde tu vida puede correr peligro. 

"La interpretación europea de esas guerras es que los negros son violentos, primitivos, peligrosos y eso no es verdad, las razones del conflicto provienen del exterior y es eso lo que quiero mostrar. Hay consecuencias del colonialismo en África, y la peor, en mi opinión, es la división del África en 50 pedazos, en muchas naciones".

¿Cuál ha sido la respuesta en Europa a tus películas, en especial, cuando son una denuncia del colonialismo francés y británico en la zona?

Hay lecturas diferentes. Hay personas que no entienden este tipo de películas y otras que sí. En círculos de cine e intelectuales tengo una gran recepción, he recibido muchos premios. Fuera de estos círculos, cuando pasan mis películas por televisión no hay una recepción similar. Hay un proverbio que dice que cuando tu señalas la luna, el tonto mira el dedo. Ese es el problema de toda forma de arte, que busca un discurso que no todos entienden, hay muchas personas que simplemente se quedan mirando el dedo. 

¿Puede el cine documental ser un arma contra los autoritarismos, contra la imposición de verdades oficiales por medio de la propaganda?

Somos un contrapoder. El poder del cine es muy grande. Es un poder indirecto. No estoy seguro si mi película va a cambiar la situación de Sudán, pero sí cambia la vida de los espectadores. Cuando se ve una película, muchas nuevas ideas se vuelven parte de tu pensamiento. Quién saber si tu ADN político se vuelva diferente por la influencia de una película. Es una lucha universal sin fin la de la razón y el humanismo, contra la represión, las dictaduras y el pensamiento único. Hay dictaduras de muchos tipos, en Europa la dictadura que impera es la del mercado, sino cumples sus reglas te quedas fuera de sistema. En África hay otros tipos de dictaduras, hay religiosas o politicas. Los evangelistas en Texas son dictadores también. Mostrar su rostro es una lucha contra eso. 

¿Conoces sobre la situación de censura y acoso a la prensa en Ecuador? ¿Se justifica el control de contenidos de la prensa?

No conozco sobre la situación de Ecuador en particular, pero estas actitudes son como una enfermedad. Si una sociedad quiere controlar el pensamiento está equivocada. Sobre Ecuador he conocido de situaciones como las ocurridas en Yasuní. Yo vivo a unas calles de la oficina de Charlie Hebdo en París. Luego del ataque terrorista el mundo entero habla de la libertad de expresión, pero creo que todos tenemos la ilusión de expresarnos, aunque nuestras opiniones a veces no pueden trascender en los medios. Pero el cine documental es el último refugio de la expresión libre, yo he estado trabajando por seis años en Sudán en mi película y no he recibido censuras de mis financistas, soy libre en cuanto soy autor. No sé hasta donde es posible mantener tanta libertad, no sé si en diez años sea posible. Yo recibo dineros de la Unión Europea, y estoy mostrando los errores de Europa en África, pero aún así sigo recibiendo financiamiento para mis películas. 

 

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